Activismo medioambiental en redes sociales: la figura de Greta Thunberg

El cambio climático, la construcción de un personaje y las carencias del periodismo científico

El cambio climático es la variación climática global de la Tierra. Este fenómeno está claramente influenciado por los humanos, y sus impactos se observan en todos los continentes. A pesar de su gravedad e importancia, y de los indicios que comenzaron a verse en el pasado siglo, no fue hasta 1968 que los principales órganos de las Naciones Unidas consideraron seriamente las cuestiones medioambientales. 

De este modo, en 1972, en la Primera Cumbre para la Tierra, se adoptaron los principios para la conservación y mejora del medio humano. Esta declaración planteó la cuestión del cambio climático por primera vez, y los gobiernos comenzaron a tener en cuenta las actividades que pudieran provocar un empeoramiento en el cambio climático. Este proceso encaminó que en 1989 se aprobase el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, pero la verdadera piedra angular vendría de la mano de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, ya que derivó en la adopción del Protocolo de Kyoto en 1997, que constituye la acción más influyente en materia de cambio climático que se haya emprendido hasta la fecha. 

Durante todo este proceso han sido numerosas las voces y asociaciones que se han alzado contra la contaminación y el cambio climático. La sociedad ha aumentado su preocupación sobre el medio ambiente y la contaminación, valiéndose de las redes sociales para divulgarlo.

Un ejemplo es el caso de la cuenta @CO2_earth, que con datos de un observatorio, cada dos semanas saca el mismo tweet: la concentración de CO2 de la semana anterior, en comparación con el mismo dato de un año atrás, y de hace 10 años. 

Es en este entorno, aunque mucho más actual, donde aparece nuestra protagonista principal de la historia: Greta Thunberg.

Hija de un actor y de una cantante de ópera, la historia de Greta, contada por ella misma y por sus padres, tanto en los medios como en libros que se pueden encontrar en cualquier librería, es sencilla: una niña sueca de 15 años, sensible, a la que diagnostican síndrome de Asperger, comienza a sentir apatía e incluso depresión, por lo que se le está haciendo al planeta. Cansada de esta situación, el 20 de agosto de 2018 emprende una huelga escolar, plantándose delante del Parlamento hasta que aseguren cumplir con el compromiso del Acuerdo de París contra el cambio climático.

Timeline hecho por Victoria Pérez Gascón

Su protesta continúa todos los viernes, creando así el movimiento “Fridays For Future” y alcanzando fama internacional. Esto lleva a una niña que comenzó con una huelga en solitario, a ser la cara visible de la lucha contra el cambio climático. Con este movimiento sin precedentes de concienciación ambiental, Greta consigue llegar a las más altas esferas, dando conferencias en los principales organismos internacionales, creando campañas con asociaciones e incluso reuniéndose con los jefes de estado de muchos países. 

Y todo esto, con 16 años. 

Para Eila Rodríguez, periodista y activista durante años con Greenpeace, la entrada de Greta fue un cambio muy significativo, ya que “los medios de comunicación y las redes son los que mueven las masas y pueden cambiar la opinión pública”. Greta, por su perfil, además de volverse un personaje internacional, “movilizó a la gente, juntándola, haciendo un grupo y convirtiéndose en un movimiento mundial” con los Fridays For Future. 

Independientemente de la llegada de Greta, asegura que durante los años que pasó dentro de la organización, la mayoría de voluntarios activistas eran gente joven con una ideología y pensamientos semejantes, que podían verse reflejados en el discurso que ha ofrecido durante estos dos últimos años Greta. 

Estos jóvenes eran los que generalmente se encargaban, dentro del departamento de comunicación, de las redes sociales. Estas tienen mucha importancia, ya que en las campañas en las que participó Eila, supusieron hasta un 70% del impacto. a veces, conseguían llegar a los medios por la cantidad de interacción que generaban. Esta interacción ya no solo pertenecía a las generaciones más jóvenes, sino que también llegaba hasta los “boomers” y la “generación de nuestros padres”, nacidos durante el Baby Boom posterior a la Segunda Guerra Mundial.

De entre las más destacadas para ella, están la campaña sobre la pesca de arrastre, que consistía en marcar en los supermercados aquellas marcas de conserva que usaban este método, ilegal en España y muy dañino para la fauna marítima. Además, también recuerda con cariño la foto delante de la catedral, en la que escribieron con luz “Save the Arctic” con una linterna y un modo de fotografía de larga exposición.

Eila durante una de las campañas- Foto cedida.

Detractores: negacionismo e ideología

Un ascenso a la esfera pública tan abrupto, con el reconocimiento mundial que conlleva, además de probablemente ser difícil de sobrellevar, sobre todo siendo tan joven; implica que por el camino aparezcan muchos seguidores, pero también detractores, y más teniendo en cuenta que en el cambio climático no solo cuenta el medioambiente, sino que hay intereses económicos y política que se entrelazan. 

Es por esto que se obtienen reacciones de personas negacionistas – sí, personas que aún con todas las evidencias científicas, niegan el cambio climático y sus efectos -, como el partido republicano o las políticas más conservadoras. En estos tiempos uno de sus mayores ejemplos es el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que anunció en 2019 la retirada de EEUU del Acuerdo de París.


La presidenta de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental, María García, tiene claro este último punto, ya que afirma que la negación viene de la parte política y económica desde los 90 y el siglo XX, donde se tienen que tomar decisiones políticas que conllevan un cambio de modelo económico y la presión de las compañías y los intereses en combustibles fósiles, hacen que los políticos no quieran dar los pasos necesarios.

“Eso es dando la cara, porque por detrás se están diversificando: muchas empresas petroleras son las primeras que están apostando económicamente por energías renovables. Algunos líderes han dado pasos atrás porque siguen empeñados en una serie de negocios e inversiones que no tienen mucho futuro, por lo que ponen trabas y niegan el cambio climático, lo que contradice a los propios estados de EEUU, porque las mayores inversiones en energías renovables y cambios de modelo de construcción, se están produciendo dentro de las compañías de este país”, aseguraba la periodista.

Personajes públicos como el ex vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, han mostrado su descontento con Donald Trump y su forma de tratar la cuestión climática, asegurando que a él no lo representa y que “no habla en nombre del pueblo americano en lo que se refiere al clima”.

En este sentido el vicerrector de Planificación, Tecnologías y Sustentabilidad de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), Gumersindo Feijoo, es claro, los datos objetivos como fuente para desarmar esta corriente: “Si tú entras con una persona negacionista a decir «cambio climático sí o no», entras en una creencia, pero esto no es una creencia, son datos, con lo cual hay que enseñar. Si tú enseñas tus datos, la otra persona tiene que demostrarlo “¿tienes un medidor en tu casa de CO2 y te da algo diferente? Genial. ¿No lo tienes? Entonces no puedes refutarlo”.

En España, a pesar de no haber lobbies negacionistas como en EEUU, sí encontramos cierta resistencia en políticos de partidos con un carácter más conservador, como puede ser el expresidente del gobierno José María Aznar, e incluso en algunos medios de comunicación, como en este caso, La COPE.

Naomi Seibt: la “anti Greta”

Teniendo en cuenta la fama alcanzada por Greta y los enemigos a los que ataca con su discurso, no es de extrañar que tarde o temprano haya aparecido su homónima en el bando negacionista, fichada por el Heartland Institute y la Administración Trump: la adolescente alemana Naomi Seibt.

Para el experto en comunicación política y periodismo digital, Carlos Toural, el diálogo de la denominada “anti Greta” es en su mayor parte vacío, ya que intenta llevarlo a su terreno y “le contesta porque si no lo hace, da la impresión a los usuarios de no tener argumentos”. 

Para Toural, Trump es “una especie de algoritmo completamente aleatorio”, ya que gestiona él mismo sus propias redes, siendo una variable incontrolable en cuanto a comunicación. “Este perfil puede ser el mismo perfil de una persona que está en la playa, pasa un niño corriendo, le cae arena y le grita”, afirma.

Greta, un producto “ad hoc”

A pesar de que Greta comenzó con un apoyo mundial enorme, cada vez hay más reticencia, fuera del negacionismo, con respecto a su figura, al proceso de creación o incluso a su financiación y expectativas a largo plazo. Un ejemplo de esto son los estudios sobre la figura de Greta como líder carismática, de Manuel Granados García, en el que define su discurso basado en el prototipo de heroína, la evocación de la niñez y la infancia perdida, y debido a eso el victimismo y resentimiento hacia unos líderes que “le han quitado su niñez”.

La alusión a la infancia, desde el punto de vista comunicativo es todo un éxito en el discurso, ya que consigue dotar de importancia suprema al problema, invocando la inocencia perdida. Es por eso, que para Toural todo se trata de la construcción de un producto, una estrategia de marca, un personaje, en donde las redes sociales adquieren una importancia vital, ya que estamos en una era de consumo de información, en la que Greta ha sabido aprovecharlo para convertirse en un fenómeno de consumo de masas. Una creación “ad hoc”.

Las personas como Greta silencian el verdadero discurso”, María Josep Picó

Pero no es la voz más crítica. La transparencia en la financiación es un tema muy importante en este caso para María Josep Picó, profesora asociada en la Universitat Jaume I. En el caso de la fundación creada por Greta, no ha conseguido encontrar la información suficiente y eso plantea una incógnita: ¿Quién financia los costes del activismo de Greta?

El hecho de que una niña de ahora 17 años consiga llegar a dar un discurso en las Naciones Unidas, para ella plantea serias dudas conforme al trasfondo, e incluso sentencia: “Las personas como Greta silencian el verdadero discurso”.

El periodismo científico, en jaque

Al cansancio progresivo de la gente hacia las noticias de Greta por su sobreexplotación mediática, se ha sumado una crisis económica y una pandemia, que han puesto el punto de mira de las informaciones y las preocupaciones de la población, en otros asuntos: el bolsillo y la salud.

A pesar de ello, la pandemia por coronavirus muestra otra realidad ligada, y es que la polución y contaminación están relacionadas con la salubridad: cuanta más contaminación, más posibilidades de empeoramiento sanitario y enfermedades respiratorias, lo que está directamente relacionado con una mayor probabilidad de sufrir un cuadro grave en caso de contagio por COVID. 

En este sentido, también hay otros factores que han facilitado el desarrollo de las enfermedades infecciosas, como la resistencia a los antibióticos, las zoonosis, las desigualdades socioeconómicas e incluso las cuestiones culturales. 

La tendencia de la cultura de consumo tampoco ayuda, ya que no afecta únicamente a la sostenibilidad, sino que también lo hace en cuanto al consumo informativo. En España llegó a haber 35 revistas científicas divulgativas, de las que muchas tuvieron que cerrar en cuanto apareció Internet y la posibilidad de la información gratuita.

“Es necesario reforzar la especialización y contar no solo con cosas de relleno, sino que sean casi diarias”, María García

El periodismo se encuentra en crisis, por lo que a pesar de que la población consume con interés las noticias de carácter medioambiental y científico, las redacciones no apuestan por un periodista especializado, sino que la responsabilidad recae en un periodista generalista que, probablemente, no tenga una correcta formación y además tenga trabajo de otras secciones.

Esto hace que las noticias y reportajes no estén bien explicados, o bien por poca profundidad, por no tener las fuentes correctas, o por no saber adecuar el lenguaje para el público, por lo que no llega al receptor de un modo correcto, ni el impacto es el que debería ser.

Alicia de Lara, periodista especializada en comunicación científica y medioambiental, desarrolla esta hipótesis en su trabajo “Persiguiendo la calidad: un debate entre periodistas, científicos y lectores sobre la cobertura del cambio climático en los medios españoles”. En él señala la falta de recursos o de profundidad de la información. 

Es por eso, que María García reivindica que se cuente con un periodista especializado, porque “se nota mucho, por ejemplo, cuando llegan los incendios en verano. Cuando haces un tema de incendios no puedes ponerle el micrófono a la primera persona que pasa por la calle, sino que debes hablar con las brigadas forestales, asociaciones de montes, organismos judiciales…”. Es por ello que cree necesario un refuerzo y especialización, contando no únicamente cosas para rellenar, sino informaciones diarias. Un ejemplo serían las noticias sobre energía, agua o movilidad, demandados y leídos por el público.

Otro hándicap es que hoy en día cualquier persona puede divulgar en redes, por lo que la tendencia es que haya una cantidad exorbitada de bulos e informaciones incorrectas, difíciles de subsanar una vez llegan a la población y se extienden; y es que para María Josep Picó, lo primero con respecto a la buena divulgación es tener unos “buenos resultados”, es decir; resultados que sean interesantes, trasladándolos del modo más atractivo posible a la ciudadanía, sin perder la veracidad. 

Para ello, y debido a la gran cantidad de bulos y desinformación que se dio durante los primeros meses de coronavirus, plataformas como el gigante de Facebook o WhatsApp han ideado diferentes modos de minimizar el impacto de las falsas informaciones.

En el caso de Whatsapp, poniendo límite a los mensajes altamente reenviados,  ralentizando así su propagación. En caso de Facebook, la plataforma utiliza alarmas que aparecen en informaciones falsas y perjudiciales para la salud, desmentidas por la OMS. 

Greta vuelve a la escuela

Hace unas semanas que la adolescente sueca anunció el fin de su “gira medioambiental” y su regreso a la escuela

Es innegable que la figura de Greta ha marcado sobre el mapa el punto 13 de la ODS, que es el cambio climático, poniendo en entredicho a políticos de todo el mundo, y haciendo a todos partícipes en sus redes de los viajes en barco para no dejar una gran huella de carbono, las campañas en las que participaba, o los logros que conseguía. 

A pesar de ello, también ha dejado escéptica a una parte de la población sobre sus intereses, apuntando incluso a un futuro político, o poniéndose en entredicho su transparencia, como con el dinero recibido del premio Gulbenkian para la Humanidad, donado en parte a asociaciones para la lucha contra la COVID.

Esto último, como pandemia mundial, ha frenado sus últimos actos y comunicaciones, dejando en un segundo puesto el plano medioambiental, que tendrá que recobrar poco a poco su espacio, aún sin una voz tan popular y con un discurso tan marcado e internacional.

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