La perspectiva de género es la causa principal de desigualdad sanitaria en Guatemala

La religión sustenta la inequidad entre sexos en las relaciones sociales, según la antropóloga de la UMH Purificación Heras González   

María Navarro Esclapés

El sistema hegemónico patriarcal, fundamentado en la perspectiva de género, marca el rumbo de las relaciones interpersonales y las condiciones de vida de los individuos. Así lo demuestra la antropóloga y profesora de la UMH Purificación Heras González, a través de su trabajo de campo efectuado en Quiché, Guatemala. A partir de dos desplazamientos al país centroamericano, la investigadora profundiza en la disparidad sanitaria entre hombres y mujeres, amparada por el poder de los dogmas religiosos en el país.

En 2006, la investigadora mantuvo un primer contacto con las condiciones de salud del área xinca, etnia casi extinta situada en Centroamérica que se caracteriza por hablar una lengua totalmente distinta al maya y azteca. En esta primera etapa, observó cómo el sistema de género determina la salud de las mujeres. Asimismo, la breve estancia en el país centroamericano le mostró el notable papel de la religión como conductora principal de la sociedad guatemalteca. Tanto es así, que su poder radica en la influencia sobre la toma de decisiones, y la confección de hombres y mujeres bajo valores androcéntricos. Tres años más tarde y durante un período de casi cinco meses, Purificación Heras se trasladó de nuevo a Guatemala. Esta vez, a la región noroccidental de Quiché. Allí, visitó a las comadronas de la Asociación Médicos Descalzos de Chinique. La organización, durante aquel entonces, trabajaba en la recogida de testimonios de comadronas tradicionales de 12 municipios de Quiché. Gracias a su participación en la recolección y su experiencia en el entorno social, la profesora de la UMH logró concretar dos observaciones primordiales para su investigación: la compleja relación entre la medicina tradicional y el sistema médico hegemónico y los obstáculos con la religión para la toma de decisiones sobre la salud.

La Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil realizada en 2002 señala que tan sólo el 57’5% de mujeres indígenas posee total potestad sobre sus ingresos

La pobreza continúa siendo la gran herida abierta para los habitantes originarios de Guatemala, quienes forman parte del 80% de la población catalogada como pobre. Esta disparidad en la distribución de recursos se ve reflejada en la configuración geográfica de Guatemala en función de la pobreza, donde el foco principal se sitúa en la región VII, ocupada por Huehuetenango y Quiché, con un índice del 79%. En relación al género, la escasez afecta con mayor crudeza a mujeres y jóvenes. Dentro del marco de análisis del estudio de campo, la autora plantea el concepto de género como núcleo principal en torno al cual orbita su investigación. Aunque se le llama género a la construcción social determinada por un conjunto de roles considerados como “naturales” de cada hombre y mujer, a juicio de la investigadora, el género es el resultado de un proceso histórico que nada tiene que ver con la categoría biológica de sexo.

El hecho de que exista una clara distinción de géneros con sus correspondientes roles, ha supuesto, según Heras, el origen de disparidades entre hombres y mujeres, en las que el género femenino resulta desfavorecido. Este hecho se ve reflejado en la medicina de género, concepción androcéntrica de la sanidad que perjudica a la salud y atención de las mujeres. Ejemplo de ello es la opresión que sufren las féminas al no poder recibir atención sanitaria sin el consentimiento del cónyuge. Asimismo, también existe sumisión en la economía de las mujeres guatemaltecas, y es que tan sólo el 57’5% de mujeres indígenas posee total potestad sobre sus ingresos, según la Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil de 2002.  

Ante esta situación, Purificación Heras concluye con propuestas tales como, la identificación de los distintos grupos de mujeres y la aplicación de las prácticas clínicas en función de sus necesidades, el reconocimiento justo de la medicina tradicional maya y la puesta en valor de la religión como apoyo a la estructura de género. Todo ello con miras a desmontar el sistema patriarcal establecido, mantenedor de la subordinación de la mujer.

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