Ana Belén Ropero | Profesora de nutrición y divulgadora

“EN ESPAÑA SOMOS MUY PRODUCTIVOS CON POCO DINERO”

Tras 15 años dedicada a la investigación, la denegación de dos proyectos hace a la profesora de la Universidad Miguel Hernández de Elche cambiar el rumbo hacia la divulgación científica


Ana Belén Ropero.

Hasta el año 2012 investigaba el papel de los estrógenos en la regulación de la glucosa en sangre. Sin embargo, la denegación de dos proyectos de investigación y la consecuente imposibilidad de independizarse, sumado a la influencia que tuvo un compañero, hizo que Ana Belén Ropero Lara (Ibi, Alicante, 1973) decidiera abandonar ese mundo y dedicarse a algo completamente distinto. Actualmente, la profesora de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche intenta que la sociedad aprenda a elegir lo que come.

Pregunta. ¿Qué cambios notables ha visto desde sus inicios en la investigación respecto a la situación actual?

Respuesta. Antes de la crisis era relativamente sencillo conseguir un proyecto, no necesitabas grandísimos currículums porque en España llevábamos una trayectoria ascendente en los últimos 20-30 años, estaba evolucionando e íbamos siendo más conscientes de la importancia de la investigación. Lo que sucedió es que ese aumento progresivo se vio muy afectado cuando comenzó la crisis. En mi caso, puede ser que notáramos los efectos un par de años después que el resto de sectores, pero al final nos pilló. Esa caída se ha ido acuciando más en los últimos años, lo cual ha cerrado muchas puertas. Antes había más posibilidades de crear tu propio grupo y ahora es más complicado, aunque, en realidad, no ha sido nunca sencillo.

P. Entiendo que esto afecta, sobre todo, a los jóvenes que intentan desarrollar una carrera profesional en la investigación.

R. Ahora mismo, gente muy preparada que se encuentra en el extranjero vuelve a España y se incorpora a un grupo con un contrato postdoctoral, es decir, no se independiza. Entonces, se quedan atascados sin poder pedir proyectos, pues para ello necesitas determinada posición dentro de una universidad o centro de investigación, una vinculación laboral. No te vale con tener un contrato de uno o dos años si el proyecto va a durar tres. Puesto que en este momento no se crean nuevas plazas, es muy difícil crear nuevos grupos. Además, incluso cuando llegas a una posición laboral que te permite oficialmente solicitar un proyecto, el cual fue mi caso, tampoco lo puedes tener. Una de las razones es que, si llevas una línea de investigación y quieras hacerte independiente con una parecida, el inconveniente es que te piden que sea claramente diferente de la del grupo de origen. Sin embargo, te exigen resultados previos, algo que no puedes tener si has estado haciendo otra línea de investigación. Es decir, tú no puedes pedir al jefe del grupo que te deje una partida de su dinero para hacer una línea de investigación diferente cuando él tiene que justificar en qué lo ha dedicado y cumplir con los objetivos de su línea.

“Como hay poco dinero, suben el listón y exigen mucho”

P. Parece difícil salir de esa situación.

R. Sí, el problema es que, como hay poco dinero, suben el listón y exigen mucho. La gente que se mantiene ahí es gente que lleva en el sistema varios años con una investigación consolidada. Dado que te piden resultados previos, es necesario entrar en el círculo. Lo que sucede es que, si los proyectos son para tres años, la investigación cuesta mucho de hacer. Es decir, tú no puedes esperarte a hacer tu investigación en el momento en que te dan tu proyecto. De alguna manera tienes que cubrirte las espaldas porque en ese periodo de tiempo no puedes hacer experimentos y publicar varios artículos – pueden pasar más de 6 meses desde que se envía uno hasta que se publica – para que luego te vuelvan a dar otro proyecto, es muy poco tiempo. Los proyectos a tres años son una visión muy cortoplacista de la investigación, pues esta requiere de más tiempo.

P. ¿Qué alternativas hay?

R. Lo que está permitiendo el sistema actual es que pueda haber más de un investigador principal en un grupo de investigación, lo cual favorece que esa gente tenga una posición algo mejor que postdoctoral, un poco más de relevancia. Por ejemplo, hay grupos de investigación que están formados por grupos más pequeños que sí pueden dirigir jóvenes investigadores, de modo que pueden tener más capacidad de libertad. Sin embargo, no siempre sucede eso, pues depende del investigador principal y su concepto de grupo de investigación. Llega un momento en que necesitas tener tu propia línea porque tienes tus ideas, algo lógico. Ahora mismo es imposible, el grupo tiene su financiación para su proyecto y no sobra dinero para comenzar uno aparte.

P. Tras sus estancias en el extranjero, ¿qué diferencias más destacables diría que hay respecto a la investigación en España?

R. En España somos muy productivos con poco dinero. No obstante, hay ocasiones en las que nos exigimos demasiado. En Estados Unidos, donde hay más dinero para la investigación, hay gente mala, buena y regular, igual que aquí. Pretendemos todos publicar en Nature o Science, [las dos revistas científicas con más prestigio] y eso no puede ser así. Algo distinto en EEUU es que allí tus ingresos dependen de tus proyectos, mientras que aquí tenemos nuestro sueldo. Aquí, siendo profesor, aunque no obtengas tus proyectos, sigues teniendo un sueldo. Allí está más en riesgo.

“En 2012 decidí dejar completamente la investigación”

P. ¿Ha tenido que abandonar alguna vez una línea de investigación?

R. He estado haciendo investigación durante 15 años sobre el papel de los estrógenos en la regulación de la glucosa en sangre. Hice mi tesis en la UMH, me fui tres o cuatro años fuera y en 2005 volví a España al mismo grupo de origen con un contrato postdoctoral. En el año 2011 solicité financiación en un par de ocasiones para un proyecto e independizarme del grupo. No lo conseguí, pues estábamos en plena crisis y comenzaba el “cuello de botella”. En 2012 decidí dejar completamente la investigación y ahora estoy retomando otras líneas.

P. Tras apartarse de ese camino, comienza un proyecto de divulgación científica.

R. Después de eso, comencé Badali con mi compañera del área de nutrición Marta Beltrá, un proyecto de promoción de la salud a través de una web de nutrición y una base de datos de alimentos. Esto lo hemos podido hacer con pequeñas ayudas de la UMH porque lo único que necesitamos es un ordenador y conexión a internet, aunque eventualmente también vamos a reconducirlo a la investigación. Además, nos han ayudado compañeros y estudiantes. Estamos intentado conseguir financiación, pero si no lo conseguimos, el proyecto puede seguir adelante, más lentamente, pero sale.

Marta Beltrá y Ana Belén Ropero. Fotografía de Belén Pardos.

P. ¿Cómo comienza a interesarse por la divulgación?

R. Esto de dejar una vía profesional y tomar otra no es algo que se haga a la ligera. Yo tenía un compañero que hacía y hace cosas de divulgación, Ernesto Caballero, quien me metió en este mundo. Estoy muy agradecida, puesto que gracias a ello descubrí que me gustaba divulgar. Cuando no me aceptaban los proyectos, vi que podía ser una opción hacia la que dirigir mi carrera profesional y, además, necesaria para la propia ciencia y la investigación.

P. Ahora que la conoce más a fondo, ¿cómo ve la situación actual de la divulgación científica?

R. Actualmente hay mucho movimiento, pero es un saco muy grande donde se incluyen actividades diversas que creo hay que ir trabajando. En algún momento habrá que pararse a pensar en qué es realmente la divulgación y qué es lo que queremos divulgar. Para ello, tiene que haber un reconocimiento de las instituciones y la sociedad para que podamos replantear qué vamos a divulgar. Además, científicos y periodistas tenemos que trabajar de la mano.

“La sociedad no conoce lo que hacemos, con lo cual los gobernantes tampoco”

P. ¿Cree que la sociedad conoce cómo funciona la investigación?

R. Conforme comencé a meterme en este mundo, me iba dando cuenta de que esos problemas que teníamos en investigación tras las crisis eran porque realmente la sociedad no sabe lo que hacemos, con lo cual los gobernantes tampoco. De hecho, durante todo el tiempo que estuve en la investigación a mi madre no pude contarle lo que estaba haciendo porque no lo iba a entender. Pero, ¿el problema era de mi madre o mío por no saber explicárselo?

P. ¿Qué opinión le merecen las noticias científicas en medios generalistas?

R. Revistas muy prestigiosas como Science cuentan con gabinetes de prensa que elaboran noticias que se entienden con facilidad y que los periodistas utilizan. Pero, ¿esas noticias son para la sociedad o para el ámbito científico? Yo creo que para este segundo. En muchas ocasiones, nos encontramos que un medio audiovisual tiene que contar en 30 segundos de qué ha tratado un artículo científico. A mí eso no me gusta porque no puedes coger un trabajo de investigación y en tan poco tiempo mostrárselo a gente que no tiene la suficiente cultura científica como para valorarlo. Generalmente, los resultados de una investigación son algo muy puntual, es decir, han tenido lugar en una situación concreta y con una serie de factores específicos. Sin embargo, los medios lo intentan extrapolar, lo cual es un error. No puede ser que pretendamos presentar a la sociedad un trabajo de investigación como algo concluyente. La investigación raramente nos puede dar esa respuesta rápida o ese titular que nos llame mucho la atención. Opino que ahí lo estamos haciendo mal tanto científicos como periodistas.

P. ¿Qué propondría para solucionar esto?

R. Se tiene que formar a la gente mediante divulgación científica, fuera de medios generalistas y sobre temas que ya estén muy afianzados y estudiados. Es decir, hasta que muchos grupos de investigación no se han puesto de acuerdo en unos resultados y coinciden, uno no puede decirle a la sociedad que eso es totalmente cierto. Y esto hay que hacerlo sin prisa. La comunicación científica requiere de tiempo para que salga bien. Los científicos tenemos que aceptarla, pues es parte de nuestro trabajo y se lo debemos a la sociedad. Además, hay que fomentar la actitud crítica desde pequeños para que, teniendo tú la información, seas capaz de valorarla y decidir. Sin embargo, me da la sensación de que hoy en día no la tenemos, ni en nutrición ni en nada. Y esa información tiene que venir de la investigación y la ciencia, sacarla del laboratorio, lo cual es complicadísimo.

P. Usted divulga a través de un blog, pero, ¿qué medio considera más adecuado para hacerlo?

R. La divulgación puede consistir desde la difusión de un artículo que se acaba de publicar, hasta cosas que se saben desde hace muchos años, algo común en nutrición y lo cual practicamos en Badali. Esto se puede hacer a través de muchos canales, como puede ser internet, donde gran parte de la información que se encuentra no tiene base ninguna y donde normalmente no se incluyen referencias. Otra opción son los eventos, tales como ferias. A este respecto, la ciencia corre un peligro importante, sobre todo en nutrición. Y es que, para llevar a cabo esas ferias, se necesita de una financiación que las instituciones públicas no tienen, por lo que en la actualidad se acude mucho a patrocinadores, que obviamente no ven con buenos ojos la crítica a sus productos. Mi opinión es que la divulgación hay que hacerla desde entidades institucionales. Una muy buena idea es a través de las Unidades de Cultura Científica.

P. ¿Cree que la profesión del científico está muy estereotipada?

R. Yo creo que sí, la gente no conoce cómo somos, por eso nos valora tanto, nos cree gente de mucho estudio. Pero nosotros somos personas normales que tienen características peculiares igual que las pueden tener periodistas o gente de cualquier profesión. Me gustaría que la gente realmente entendiera cómo funciona la investigación, algo complicado porque requiere de mucho tiempo.

“La investigación es muy exigente, requiere de mucho tiempo y es muy dura”

P. ¿Estos estereotipos afectan también a los investigadores?

R. Por mi experiencia personal, creo que sí. Los referentes que nosotros tenemos son gente excepcional. No solo por ser muy buenos, sino también porque hicieron de la ciencia su modo de vida. Para nosotros nuestro español en ciencias de la salud es Ramón y Cajal, un señor especial que dedicó su vida a esto. Y luego, para las mujeres, Marie Curie. Pero claro, son excepciones. Muchas veces te encuentras que los jóvenes que quieren iniciarse entran con la visión que tiene la sociedad, es decir, el estereotipo de que esta profesión es especial, lo que supone una idealización. Reconozco que yo tenía esa visión, pero con el tiempo va cambiando La investigación es muy exigente, requiere de mucho tiempo y es muy dura. Las personas vamos evolucionando y nos damos cuenta de que no hay que vivir encerrada en tu laboratorio, sino que también tienes que responder a la sociedad, tienes una vida personal…

P. ¿Cómo ve la situación de la mujer en la ciencia?

R. Yo conozco mujeres que son investigadoras principales y la mayoría entra dentro de dos categorías: o bien no tienen familia o pareja, o bien la pareja se dedica a lo mismo. En los hombres no ocurre esto. Actualmente, el peso de llevar una familia todavía recae en la mujer y eso es casi imposible de compaginar con una vida dedicada a la investigación, a menos que tu pareja también lo haga y pueda así comprenderlo y apoyarte. Además, el sistema tampoco está preparado para eso porque solo se tienen en cuenta los 4 meses de la baja maternal, pero tras ese tiempo sigues teniendo un niño que cuidar. Muchas mujeres quieren llevar esa vida idealizada de investigador y entran en conflicto con algo que también quieren: ser madre. De hecho, yo he visto malos comportamientos de investigadores hacia mujeres cuando han visto que son ellas las que trabajan en la investigación y los maridos los que han dejado su trabajo para irse, o venir aquí, con ella. O gente que, si los dos se dedican a la ciencia, dan por hecho que es el hombre el que va a ser investigador principal, cuando en realidad es ella la mejor o la que tiene más interés.

(ENTREVISTA EJEMPLO) ELISEO PASCUAL: “El trabajo del médico es tomar decisiones informadas de acuerdo al mejor conocimiento disponible” 

Catedrático de Medicina (Emérito)

Reumatólogo

Eliseo Pascual también es profesor del Master en Enfermedades Infecciosas y Salud Internacional

Eliseo Pascual también es profesor del Master en Enfermedades Infecciosas y Salud Internacional

Nombrado recientemente catedrático emérito de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, Eliseo Pascual es experto a nivel mundial en gota y artritis, entre otras enfermedades reumáticas. Proviene de una familia de médicos y estudió en el Hospital General de Asturias. A los 25 años, se fue al Hospital Jefferson de Filadelfia (EEUU), donde hizo la especialidad de Medicina Interna. La de Reumatología, en la Universidad de Pennsylvania (EEUU). Ha sido presidente de la Sociedad Española de Reumatología y ha dirigido la unidad docente de Reumatología del Hospital de Alicante durante 40 años.

Se percibe cierta confusión por parte de la sociedad en torno la especialidad de Reumatología. Por ejemplo, el hecho de que no exista ninguna enfermedad o dolencia del aparato locomotor que reciba el nombre de reuma, pero sí se utilice el término entre la población.

La desorientación viene, en parte, porque es una especialidad relativamente reciente. La palabra reuma es un término popular utilizado para referirse a los dolores musculoesqueléticos y cuando la reumatología nació la usaron para denominarla. Una mala elección porque confunde más que aclara. Desde finales del siglo XIX y principios del XX, se estableció la diferencia entre especialidades de intervenciones quirúrgicas y médicas. El objetivo de estas últimas consiste en entender las enfermedades lo mejor posible, saberlas reconocer y, además, tratarlas con los medios de los que se ha dispuesto en cada momento, ahora mucho más abundantes y adecuados. La Reumatología pertenece a la medicina interna y se constituye como tal a partir de los años 30-40. Engloba al grupo de enfermedades que producen inflamación y daño en las articulaciones y a aquellas enfermedades sistémicas del tejido conectivo que tienen participación musculoesquelética, además de a un grupo amplio de procesos comunes, como la artrosis, enfermedades metabólicas de hueso – donde predomina la osteoporosis – y un conjunto de procesos muy frecuentes de origen muscular y tendinoso, que sin ser graves, pueden resultar muy dolorosos y limitantes.

Un buen número de dolencias se agrupan bajo la denominación de enfermedades reumáticas con múltiples causas. 

Los problemas en el aparato locomotor suponen alrededor del 20% de las consultas en los centros de salud. Hay dos grandes grupos de enfermedades reumáticas. El primero, engloba los reumatismo inflamatorios y deformantes. Si no se tratan, pueden producir daño articular; incluso, una invalidez importante. Hoy en día, existen excelentes tratamientos. El segundo, incluye las enfermedades del tejido conectivo o sistemáticas. Pueden afectar a otros órganos (por ejemplo, el pulmón o el riñón). Para tratarlas, los reumatólogos trabajamos cuando es preciso de manera cercana con otros servicios, como nefrólogos o neumólogos. Nos ayudamos mutuamente, aprendemos los unos de los otros y los beneficiados son los pacientes. Es en los problemas menos frecuentes o en algunos muy comunes pero que hay que saber identificar en base clínica – o sea, mediante historia y exploración cuidadosa –  donde tener un buen radar y disponer de tiempo suficiente para historiar y explorar al paciente resulta fundamental.

Debe ser muy complicado emitir un diagnóstico sin tener evidencias.

La medicina basada en la evidencia, fundamentada en pruebas y bien entendida, es la deseable. Pero en todas las especialidades nos encontramos ante problemas que han resultado difíciles de estudiar y de comprender, por lo que no existen criterios sólidos establecidos. En estos casos, el médico debe estar preparado para entender qué le pasa al paciente, no solo para clasificarlo y alcanzar una etiqueta diagnóstica de acuerdo a criterios establecidos. Y ahí es donde residen muchos de los problemas y donde es necesario emplear tiempo para entender lo que ocurre. Precisamente, en Reumatología, lo que más información te aporta es tener una conversación relajada con el paciente y, a continuación, explorarlo. Algo que, hoy en día, resulta complicado por los tiempos de consulta limitados. Es importante no iniciar la petición de pruebas complementarias sin tener claro, tras una historia y exploración suficientes, qué se pretende buscar con ellas. Además, creo que el ordenador en las consultas absorbe la atención del médico a expensas de la necesaria atención al paciente y las consecuencias de esta falta de atención seguro que no son menores.

Algunas enfermedades reumáticas tienen un componente genético. 

Algunas tienen una predisposición genética clara, por ejemplo, el lupus (enfermedad autoinmune). Hay familias donde dos o más miembros lo padecen. También en la artritis reumatoide o las espondiloartropatías (artritis inflamatorias crónicas). Pero, en general, es poco probable que si alguien en la familia sufre uno de estos problemas, haya otros miembros que lo vayan a tener. La epidemia verdadera de las enfermedades reumáticas, como en el caso de la artrosis, es causada por la obesidad. Se necesitan programas de información pública que trasladen a la sociedad todos los problemas que se derivan del sobrepeso, que además generan importantes costes sanitarios. Por ejemplo, es absurdo operar de artrosis de rodilla a alguien que tiene un importante sobrepeso para implantarle una prótesis, ya que fallará con mayor facilidad. Lo primero debe ser un buen programa de reducción y de fortalecimiento muscular. La mejor prevención es realizar ejercicio adecuado desde la juventud y no dejarlo con el tiempo. También la dieta razonable, sin olvidar que los alimentos que engordan o aportan colesterol pueden tomarse, si se hace de forma limitada y razonable. Todo ello proporciona salud, optimismo, fuerza y años de vida.

En el caso de la gota los hábitos alimenticios también son cruciales, ¿alguno en concreto que resulte especialmente perjudicial?

La gota es una consecuencia de la subida del ácido úrico, una sustancia poco soluble que se produce en nuestro organismo y que fácilmente se deposita en forma cristalizada. Es un error buscar un alimento concreto que produzca gota. El abuso de alcohol, por ejemplo, es una causa pero no la única, puesto que también padecen esta patología personas que no lo consumen. El vino en cantidades prudentes no altera el ácido úrico y la cerveza es un problema solo para los que sufren niveles elevados de ácido úrico. Por su parte, las bebidas azucaradas lo generan probablemente más que el marisco.

¿Por qué sube el ácido úrico?

El ácido úrico sube porque en personas que comen de forma excesiva – y que en muchos casos padecen síndrome metabólico- su riñón excreta el ácido úrico con mayor dificultad y por eso sube en la sangre.  Los cristales siempre dan lugar a inflamación ligera y asintomática que, de forma ocasional, se dispara y produce ataques muy agudos de artritis, en los que se hincha la articulación y que suelen ser muy dolorosos. Puede darse en el pie, la rodilla, la muñeca y las manos, todas ellas articulaciones de bastante uso. La explicación de cómo se forman esos cristales y por qué, la publicó nuestro equipo en un artículo en la revista Nature Rheumatology Reviews el año pasado, con la colaboración con Lia Addadi, una experta mundial en biomineralización (formación de cristales por seres vivos.

Y respecto a la artritis ¿cuál es la causa y el tratamiento?

La artritis es una inflamación de la articulación. Algunas, como la artritis séptica o la gota son curables. En otras que suelen afectar a varias articulaciones a la vez (poliartritis), el tratamiento consiste en suprimir de la forma más completa posible la inflamación. Afortunadamente, ahora tenemos muy buenos medios para conseguirlo. La más común es la artritis reumatoide, que se enmarca dentro de las enfermedades autoinmunes. Las conocemos bien, pero no acabamos de entender qué las desencadenan. Sabemos que hay una base genética, pero eso no es todo.

El último informe de la UGT señala que los trastornos del aparato locomotor, junto con la depresión y la fatiga son las tres causas principales de baja laboral.  ¿Qué se puede hacer para reducir los problemas derivados de estas dolencias, tanto en términos de pacientes afectados como de costes?

Una mayoría de estos afectados lo son por procesos menores. Lo que no quiere decir que no sean dolorosos ni invalidantes en mayor o menor medida, pero bastante tratables. Actualmente, se está analizando también aquí en Alicante un protocolo en el que un reumatólogo atiende de forma inmediata a aquellos que han recibido una baja por un problema del aparato locomotor. Los resultados, ya disponibles, muestran que es posible disminuir casi un 50% el tiempo de baja laboral. Falta analizarlos y si resultan favorables, que autoridades y mutuas los implementen. O eso parecería lo sensato y económicamente aconsejable. Otra iniciativa que se comparte con otras especialidades es la asistencia regular de un reumatólogo a un centro de salud para ver enfermos con alguna dolencia reumática, junto con el médico de atención primaria, con objeto de compartir conocimientos y formas de hacer.

¿Cuál es la clave para una buena formación en esta especialidad?

Es muy importante que los residentes adquieran una buena formación médica – esencialmente de Medicina Interna y de sus diferentes especialidades – ya que esto les permite abordar y orientar adecuadamente, además de consultar a colegas sobre los problemas que surjan en sus pacientes. Asimismo, en la formación de la propia especialidad, tienen que asimilar los conocimientos y adquirir el hábito de ser consecuentes con sus decisiones, siempre bajo la supervisión de los médicos responsables del programa de formación. Con ello, cuando acaban, deben no solo haber adquirido los conocimientos necesarios, sino también haber aprendido a implementarlos con seguridad. Y es muy importante saber identificar lo que se desconoce y aprender a indagar, preguntando a otros colegas o en la literatura. También tienen que aprender a tratar adecuadamente a los pacientes. Generar conexión con ellos durante el interrogatorio para obtener la historia clínica. Y, sobre todo, durante la explicación, para que el paciente se haga una idea clara de qué le ocurre, qué puede significar para él, y cómo puede tratarse. Lo frecuente es que los pacientes nos lleguen con mucha más preocupación de la que se justifica por el problema que sufren.

¿Cómo beneficia a los futuros profesionales el hecho de que hoy en día los conocimientos estén ampliamente disponibles? 

Lo importante es saber seleccionar los conocimientos y, sobre todo, entender los asuntos que se estudian. En Medicina, como en casi todas las disciplinas, si no se entiende muy bien, el conocimiento es inútil. Los estudiantes, tras aprender una materia, deben sentirla como familiar y poder reconocer y orientar razonablemente un problema relacionado con ella cuando se les presente, aunque sea a un nivel tan básico como guiar a quien consulta hacia el médico adecuado.

Tras casi cuarenta años como docente y recientemente nombrado emérito ¿en qué cree que consiste ser un buen profesor de medicina?

En la formación de residentes de especialidad, opino que la clave, en buena medida, consiste en inspirar. Yo tengo una visión de la docencia muy anglosajona y considero que la figura del mentor es importante. Yo lo soy de algunos colegas de diferentes edades y en general mucho más jóvenes, todos ellos personas muy brillantes, con presentes muy sólidos y futuros muy prometedores. El mentor establece una relación de igualdad, cómoda y sin compromisos por ninguna de las partes y le ayuda a modelar su carrera profesional y a ampliar sus redes. Le inspira, lo que quiere decir que le hace darse cuenta de que es capaz de hacer por sus propios medios cosas que inicialmente tenía como inalcanzables. Es una relación entrañable y preciosa, creo que por ambas partes. Ves crecer a colegas y amigos profesionalmente más jóvenes. Y es una figura perfecta para un profesor emérito.

La figura del profesor emérito es por tanto una fuente de inspiración y experiencia para los estudiantes.

Yo continúo de forma activa investigando y publicando artículos con los colegas. Y también con la docencia, especialmente con los trabajos de fin de grado, que deben ser una experiencia de madurez útil y estimulante para el alumno. Lo que está claro es que para ser buen profesor de medicina, hay que ser buen médico, ya que además de conocimiento somos un modelo de actitudes para los estudiantes. Y como les digo a mis alumnos, el trabajo del médico y lo que deberá aprender es a tomar decisiones informadas de acuerdo al mejor conocimiento disponible, y además saber actuar eficientemente de acuerdo a esas decisiones.

Alicia de Lara

Vía UMH Sapiens