María Martín: “La ciencia es cultura, sin duda alguna”

ENTREVISTA | María Martín Directora de la Unidad de Comunicación de la UA

La periodista cultural sostiene el papel imprescindible de la ciencia para el desarrollo humano

María Martín / E. Tortosa

María Martín es la directora de la Unidad de Comunicación de la Universidad a la que pertenece UA Divulga, el nombre con el que la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (UCC+i) de la Universidad de Alicante quiere darse a conocer públicamente. Las UCC+i son organismos cuyo objetivo es hacer de nexo entre la comunidad científica y la sociedad civil para propiciar un acercamiento mutuo. Los pilares de estas unidades con apoyo gubernamental desde 2007 son el periodismo, la divulgación, la comunicación y la investigación sobre los puntos anteriores. La comunicadora explica los objetivos y la actividad de la UCC+i de la UA, además de reflexionar al respecto de los formatos y contenidos de uso común en divulgación científica.

Buena parte de la sociedad está de acuerdo en que “las ciencias” y “las letras” son disciplinas opuestas. La concepción de ambas como compartimentos estancos es un estereotipo contemporáneo que hunde sus raíces en la muy criticada conferencia “Las dos culturas”, pronunciada por el físico y escritor C.P. Snow hace ya sesenta años. En una sociedad como la actual, en la que la transversalidad es una competencia en demanda creciente, estas barreras se difuminan. Quizá, esta visión polarizante sea la responsable de que la ciencia no sea considerada cultura por gran parte de la población. Si preguntamos a la ciudadanía por las prácticas culturales en las que invierte su tiempo hábitos como escuchar música, leer e ir al cine son un lugar común. Algunos menos comentan su asistencia a espectáculos (teatro y conciertos) y la visita a monumentos y yacimientos, seguidos de cerca por los que declaran visitar museos, exposiciones y galerías de arte. La presencia de contenidos científicos es secundaria o residual en estos formatos, ocupando siempre puestos de la zona media o baja de la tabla. Así lo refleja la última Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España realizada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte entre 2014 y 2015.

Izquierda: Hábitos y prácticas culturales (en porcentaje, anual) / Elaboración propia. Fuente: MECD
Centro: Asistencia a museos por tipología (En porcentaje, anual) / MECD 
Derecha: Libros divulgativos leídos por temática (en porcentaje, trimestral) / MECD 

Por su parte, la técnica de la UCC+i de la UA sostiene firmemente que “la ciencia es cultura, sin duda” y apunta que cada vez más Unidades pretenden “aumentar la presencia de la ciencia en la cultura”. El objetivo esencial de UA Divulga, defiende Martín, “es acercarse a la ciudadanía devolviendo el input y la confianza que deposita en la comunidad científica”. Para que revierta adecuadamente, considera imprescindible transmitir los procesos investigadores y los resultados que se dan en el día a día de aulas y laboratorios de la Universidad, pero también hacer “comunicación pura y dura” de conocimientos científicos ya asentados. Para conseguirlo, “hay que tener en cuenta tanto el público como la acción y el mensaje que se quiere transmitir”, apunta la periodista suscribiendo las directrices del Libro Blanco de las UCC+i. Uno de sus múltiples públicos objetivo son los medios y agencias de comunicación, que a su vez actúan de “voceros de su actividad”, para los que se elaboran notas de prensa y material audiovisual “con adecuado rigor periodístico y científico”, sostiene. El público general es el objetivo de acciones como “Geolodía”, mientras que el infantil y juvenil es otro sector “fundamental para el desarrollo de nuevos talentos”, para lo que desarrollan actividades específicas como, “El Pati de la Ciència” o “Astropeques”, según la comunicadora, “enfocadas a la estimulación de vocaciones científicas”. Por su parte, intentan hacer partícipe al personal docente e investigador, que en muchas ocasiones ya estaba haciendo por su cuenta acciones divulgativas, indica Martín, brindándoles apoyo en la difusión de la ciencia y la tecnología. Un ejemplo de ámbito interuniversitario es “La Noche Europea de los Investigadores”, comenta la periodista. Otro público objetivo de la actividad de UA Divulga citado por Martín es el sector empresarial, “fundamental para la transferencia del conocimiento”. Para alcanzar a este sector y apoyar la labor que se realiza en las Oficinas de Transferencia de los Resultados de Investigación (OTRIs), “la Unidad pone en valor la investigación, el desarrollo y la innovación, a partir de los resultados conseguidos en las facultades”, apunta. 


Fotografía tomada durante el “Geolodía” 2018 / Repositorio de la Universidad de Alicante

En entrevistas anteriores para #Metacomunico se comenta la importancia de transmitir no sólo los contenidos científicos -resultados de investigación- sino también los metacientíficos -procesos de investigación, legislación, etc.- para fomentar el pensamiento crítico y la Apropiación Social de la Ciencia de forma integral. María Martín comenta que “en la medida de lo posible, se transmiten los procesos de investigación” pero que “hay que tener mucho cuidado con la difusión de las metodologías” ya que, frecuentemente, “están patrocinados, forman parte de proyectos europeos o están vinculados a una patente”. Esto es parte de su labor, que brinda “equilibrio a los intereses de los investigadores, la institución y el público”. La entrevistada comenta que en UA Divulga “las acciones de divulgación siempre llevan una comunicación en paralelo”. Destaca que una de las peculiaridades de UA Divulga es que la UCC+i está enmarcada en una Unidad de Comunicación global en estrechísima colaboración con el vicerrectorado de Investigación y Transferencia de Conocimiento, de manera que la capacidad de planificación y alcance es, a su juicio, “muchísimo más amplia”, lo que les permite hacer “una comunicación desde el principio del proyecto hasta los resultados”. En este sentido, la directora de la Unidad de Comunicación alaba la implicación de toda la cúpula del vicerrectorado en la creación de UA Divulga, “una apuesta firme y decidida”.

Con respecto a la utilización excesiva de la espectacularidad, Martín alerta sobre la posibilidad de que se pueda llegar a transmitir una imagen de la ciencia cercana a la magia y alejada de la realidad. La periodista coincide con el experto en ciencia, tecnología y sociedad José Antonio López Cerezo en que la solución a la inoportuna transmisión de esta visión distorsionada es mostrar la explicación detrás de cada demostración científica desvelando sus trucos, al contrario de lo que acostumbran a hacer los magos. Un ejemplo, cita la periodista, se da en la demostración “Matemagia: La magia de las matemáticas”, incluída en el programa “El Pati de la Ciència”. En ella, el público infantil asiste a un “truco de cartomagia” que no está fundamentado en otra cosa más que en operaciones aritméticas. Tras la sorpresa de los niños y niñas se explican los fundamentos matemáticos de lo que acaban de presenciar, evitando que atribuyan lo sucedido a fenómenos inexplicables. Martín se muestra también partidaria de utilizar la diversión como gancho para las actividades divulgativas, especialmente cuando están dirigidas al público infantil. “Ponerles una bata blanca y hacerles sentir científicos es una experiencia atractiva para padres e  hijos”, expresa, señalando que se trata de un estereotipo útil en esas edades. Más adelante, entrados en la adolescencia y juventud temprana, se deben mostrar progresivamente las dificultades de una carrera científica, afirma. Para ilustrarlo, pone como ejemplo la última “Noche Europea de los Investigadores”, en la que se realizó un taller de robótica en el que se evidencian “valores como la paciencia, la responsabilidad, la tolerancia al fracaso, la constancia y la competitividad” como componentes intrínsecos a la labor científica. Por todo ello, la comunicadora concluye: “no considero el adecuado uso de la espectacularidad o la diversión como una distorsión de la realidad”.


Vídeo de la actividad Matemagia: La magia de las matemáticas / Repositorio de la UA

María Martín destaca otro aspecto fundamental para llegar al gran público: “Hay que mirar a nuestro interlocutor a los ojos” y “bajar el nivel hasta hacerlo comprensible”. La periodista recalca que “esto no significa renunciar al rigor”, algo que provoca reticencias en muchos académicos, sino “tomarse ciertas licencias” como la utilización de símiles o elementos cercanos en lugar de terminología científica compleja, afirma. “Hay que perder el miedo a que alguien te escuche utilizar un lenguaje mucho más accesible y diga ¡qué barbaridad!”, comenta, apoyándose en palabras de Jorge Olcina a quien considera un referente en divulgación científica. El reconocido experto en climatología de la Universidad de Alicante, con el que han realizado algunas acciones para formar a investigadores locales, comparte la postura del descenso en los estándares terminológicos, indica Martín. Cuando Olcina trataba de explicar un fenómeno meteorológico de actualidad, añade la técnica, “muchos expertos se ponían en la tesitura de que si no era un fenómeno de gota fría de manual no se podía decir”. Él, sin embargo, era defensor de utilizar el término “aunque te estés saltando una de las reglas que hacen que científicamente lo sea”, ya que su filosofía es la de “introducir poco a poco determinados conceptos” para que la gente vaya perfeccionando paulatinamente su conocimiento, justifica la periodista de UA Divulga.

Al respecto de la situación actual de la UCC+i de la UA, María Martín recuerda que se trata de un proyecto todavía joven, con menos de un año de recorrido. Un aspecto fundamental, señala, consiste en que el eje de la comunicación lo llevan a cabo los técnicos de la Unidad, que son de formación periodística, pero el eje divulgativo es llevado a cabo por investigadores. Por ello, sus esfuerzos inmediatos se centran en la “actualización de un listado de expresiones de interés”, en el que tratan de registrar a todos los investigadores e investigadoras dispuestos a “canalizar sus inquietudes divulgadoras”, así como “la creación del portal UA Divulga para la recopilación y comunicación de estas acciones divulgativas”. Una de ellas es la próxima edición de “La Noche Europea de los Investigadores”, en la que han pasado de tener “únicamente profesores de la Facultad de Ciencias y la Escuela Politécnica Superior” a recibir solicitudes de “las facultades de Humanidades, Ciencias de la Salud, Derecho, Económicas o Educación”. “El flujo es constante, esta cultura está creciendo”, apunta. Por último, añade que “es una pena que esta labor se realice de forma altruista”, calificando como “caldo de cultivo favorable” el hecho de que la FECYT haya comenzado a reconocer las acciones divulgativas y de transferencia del conocimiento por parte de los investigadores. 

Captura del Directorio de UCC+i de España / FECYT

Estas acciones y reflexiones están enfocadas a aumentar la cuota de contenidos científicos en lo que la sociedad entiende por cultura, haciendo que en el subconsciente colectivo la palabra cultura evoque algo más allá de las bellas artes y las humanidades. Actualmente existen más de ochenta Unidades de Cultura Científica y de la Innovación en España, estando la mayoría de ellas vinculadas a universidades. 

«Un audio descontextualizado puede desinformar tanto como una noticia falsa»

ENTREVISTA | Rocío Pérez Periodista y coordinadora de MalditaCiencia

La periodista especializada en ciencia apunta que consumimos y reenviamos, realimentando la desinformación


Rocío Pérez / Fotografía por Paloma López Learte

La semana pasada la entrevista a Belén Laspra comenzaba con una cita célebre del padre del empirismo, Francis Bacon. En este caso el redactor se toma la licencia de ampliar la cita parafraseando a Robert Proctor, pionero en hablar de la agnotología: “El conocimiento es poder, pero la ignorancia, también”. La agnotología consiste en la creación deliberada de ignorancia, una táctica usada frecuentemente para manipular la opinión pública. Un ejemplo son las noticias falsas, sin embargo, la desinformación toma otras formas y no siempre tiene intenciones oscuras ni esconde autores tan influyentes como políticos o grandes empresas. Sea como fuere, los expertos en ciencia, tecnología y sociedad coinciden en la necesidad de ejercer el pensamiento crítico y posicionarse en una actitud de escepticismo leal para aumentar la Alfabetización Científica y la Apropiación Social de la Ciencia en la era de la comunicación 2.0. En palabras más llanas, contrastar el origen de la información recibida mediante una búsqueda activa permite a los individuos estar mejor informados y ser menos manipulables. 

En un mundo hiperconectado en el que se reciben grandes volúmenes de información de forma diaria esta tarea no siempre es fácil. Bien lo sabe Rocío Pérez, periodista científica en MalditaCiencia, la rama del medio sin ánimo de lucro Maldita.es encargada de comprobar la veracidad de la información científica que recibimos de maneras muy diversas. Además de combatir la desinformación mediante el periodismo de datos, es redactora de El Confidencial desde 2013 y colaboradora de medios como Jot Down, Agencia Sinc o el blog de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU “Mujeres Con Ciencia”. En esta entrevista profundiza en las actitudes y formatos en los que se presenta la desinformación, la crisis de confianza en los periodistas y medios de comunicación y la oportunidad que tienen para recuperar su credibilidad. 

La desinformación toma diferentes formas y utiliza muchos canales, ¿cuáles son?

La desinformación en los medios llevamos viéndola toda la vida, solo que antes sólo los que tenían acceso a los medios podían desinformar, y ahora puede hacerlo cualquiera porque las redes sociales y los sistemas de comunicación por mensajería nos lo ponen al alcance de la mano. Un tuit, un estado de facebook o un vídeo grabado con la cámara del móvil son herramientas muy útiles para desinformar: son instantáneos y tienen el potencial de llegar a cualquier rincón de la red. Los formatos pueden ir desde la tradicional «noticia» (o algo que se le parece) hasta un audio grabado para un amigo. Funcionan porque son conocidos y cotidianos pero a la vez nos llegan descontextualizados, sin detalles, sin fecha, sin ubicación… Eso impide que podamos comprobar los detalles e incluso que intentemos hacerlo. Simplemente consumimos y reenviamos, realimentando nosotros a su vez la desinformación. Como muchos además nos llegan de personas conocidas… Más fácil es que nos la cuelen.

¿Hay algún colectivo especialmente vulnerable a los mensajes desinformativos?

No sé si especialmente vulnerable, pero desde luego que las personas más mayores no están más a salvo. Tendemos a pensar que por estar menos expuestos a las redes sociales están más protegidos. Si alguien de verdad no está expuesto en absoluto, lo estará, pero a día de hoy, prácticamente todo el mundo tiene, al menos, una aplicación de mensajería a su alcance. Con esto ya les llega la desinformación. Y el problema aquí es que cuanto menos manejo de la información en la red, menos herramientas y mecanismos tiene una persona para distinguir la buena información de la desinformación. Algunos estudios sugieren que las personas mayores de 60 años tienen una mayor probabilidad de compartir noticias falsas porque nunca en su vida han tenido que hacer ese ejercicio. Siempre han sido consumidores pasivos de información y no han tenido que plantearse una postura crítica activa.

Esta postura se le resiste a la ciudadanía para con la información científica, especialmente si va acorde a su sistema de creencias.

No más que con cualquier otro tipo de información. Quien tiene ciertos conocimientos científicos o sobre salud sí se para a reflexionar y comprobar, pero son una minoría. Es mucho más fácil que nos creamos y compartamos algo sin pararnos a comprobarlo. La mayoría de nosotros defiende una forma de pensar porque cree que es la correcta, y considera que la contraria es errónea, interesada o malvada. Así que estamos mucho más dispuestos a buscarle las pegas a esa que a la nuestra. Es importante (aunque difícil y poco común) ser tan exigente con la información que en principio mejor nos encaja como con la que no lo hace.

Charla de Rocío Pérez para la Asociación de Divulgación Científica de Alicante

Los consumidores suelen argüir la falta de tiempo.

Una comprobación rápida del origen de un titular, si es un medio serio o no, de si detrás de una afirmación hay un dato real, si un supuesto experto lo es o no…en principio no tiene por qué llevar más de un par de minutos. Pero para un usuario no entrenado puede ser más trabajoso distinguir una fuente fiable de la que no lo es. Por otro lado, hay webs que no son medios pero se esfuerzan mucho en parecerlo, y ahí la confusión es más difícil de evitar. Los medios de comunicación deberían ser rigurosos, pero sería ingenuo no reconocer que sufren una crisis de confianza por parte de los lectores y espectadores, que es uno de los motivos de que la desinformación campe a sus anchas. Existen algunos proyectos periodísticos nacidos precisamente con la idea de dedicarse específicamente a la verificación y así ayudar a los consumidores de información a distinguir. Maldita.es es un proyecto con distintas ramas (Maldito Bulo, Maldito Dato, Maldita Ciencia, Maldita Inmigración, Maldito Feminismo y Maldita Hemeroteca) que se basa en dos pilares principales. Por un lado, el periodismo. Lo que hacemos es lo que han hecho los periodistas desde siempre: comprobar fuentes, comprobar datos, comprobar origen, comprobar contexto… Y luego explicar todo lo que sabemos sobre un asunto. El otro es la idea de comunidad, de crear una relación de confianza con nuestro público que haga que ellos nos avisen de los bulos y desinformaciones dudosas que se topan por las redes, nos ayuden cuando puedan a comprobarlas/desmentirlas y después nos echen una mano para difundir los desmentidos y contenidos que creamos a partir de nuestras comprobaciones. Se trata de que, en la batalla contra la desinformación, las fuerzas estén tan igualadas como sea posible. Los malos (que no podemos saber quiénes son, pero están ahí) son muchos y están organizados. Nosotros tenemos que estarlo también.

Se me ocurre que esta tarea de verificación podría realizarla el Estado.

En mi opinión eso no es en absoluto algo que se pueda legislar. El periodismo debe ser independiente de la legislación, que al final proviene del poder ejecutivo y legislativo. Esto es un principio periodístico básico, pero si hace falta, para ilustrarlo podemos concretarlo en algunos ejemplos que serían muy delicados por no decir imposibles de legislar: ¿qué ocurriría con las piezas periodísticas que discrepen de las fuentes oficiales? ¿Qué ocurriría con la sátira? ¿O con el periodismo de opinión?  ¿Qué hacemos con toda esa desinformación que es, en realidad, información fiable sacada de contexto (rescatada del pasado o ubicada en otro sitio)? No creo que sean cuestiones que se puedan regular con normas o leyes.

¿En quién recae entonces la responsabilidad de comprobar las fuentes?

Lo primero, en los propios periodistas y medios de comunicación. En cierto modo el problema de la desinformación es una oportunidad para que el periodismo reivindique su función social ante los ciudadanos: hay que recuperar esa confianza en los medios, que los lectores sepan que ante el entorno pantanoso que puede ser internet y las redes sociales (a veces, ojo, que las redes también tienen cosas muy buenas), los medios son un lugar fiable donde informarse. Por otro lado, esos mismos ciudadanos y consumidores tienen que asumir que ellos también tienen una responsabilidad con cómo son las cosas a día de hoy. Por un lado, evitando compartir aquello que no tengan claro que es verdad. Por otro, ejerciendo su poder como consumidores, no dando visibilidad y visitas a aquellos contenidos que no sean fiables.

“Hay otra ciencia y tecnología cotidiana que pasa desapercibida”

ENTREVISTA | Belén Laspra Experta en Ciencia, Tecnología y Sociedad

Belén Laspra / Cedida por la autora

“Sciente potentia est”. O, traducido al castellano, “El conocimiento es poder”. La célebre cita, atribuida al pionero del pensamiento científico moderno Francis Bacon, sostiene que el saber en sí mismo otorga cierta potestad. Belén Laspra, experta en estudios sociales de la ciencia, defiende una suerte de versión contemporánea de la cita en su libro “La Alfabetización Científica” (Ed. Los Libros de la Catarata, 2018). La actual investigadora del Departamento de Filosofía de la Universidad de Oviedo desarrolla su carrera profesional en el campo de la cultura científica, el punto de encuentro entre la sociedad, la ciencia y la tecnología que cotiza al alza. Para ello, ha colaborado con instituciones tan relevantes en la materia como la Fundación Española de la Ciencia y la Tecnología (FECYT), la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) o el Institute for Social Research (ISR) y el International Center for the Advancement of Scientific Literacy (ICASL) de la Universidad de Michigan. 

Rechazar un tratamiento basado en flores de Bach, escoger un alimento en función de sus características nutricionales o comprar un electrodoméstico considerando su eficiencia energética son ejemplos cotidianos de Apropiación Social de la Ciencia (ASC), apunta Laspra. Los estudios de la doctora en Filosofía miden la implantación de la ASC en la sociedad, mediante la que “los individuos integran los conocimientos científicos y los utilizan para guiar sus decisiones en la vida diaria”. Uno de los elementos que la componen es la Alfabetización Científica, que se define como “todo lo que -un individuo o grupo- sabe de ciencia, sobre la comunidad científica y sobre el sistema tecnocientífico”. Este conjunto incluye desde conocimientos científicos, como “qué es un átomo”; hasta meta-científicos, como “el rol de un grupo de control en un experimento o la ley de ciencia vigente”. 

Para adquirir estos conocimientos consumimos información procedente de fuentes y canales diversos. Internet es un canal que “posibilita el acceso” y las redes sociales actúan como “facilitadoras del capital social en sentido sociológico”, señala la filósofa. “Por Facebook llegan artículos de I Fucking Love Science o Materia, pero también de Unexplained on Gaia; en Twitter puedes encontrar a la NASA o a la Sociedad de Terraplanistas”, advierte, enfatizando la abundancia y la variabilidad en el rigor que presentan los contenidos web. Laspra explica las diferencias entre la Comunicación 1.0 y la 2.0 mediante el cambio en los criterios de validez de la información, apoyándose en el sociólogo Massimiano Bucchi. En la primera, “la autoridad de la fuente y la reputación del canal garantizaban la calidad”, en la segunda, “la información válida es la contrastada”, afirma. La investigadora recalca la importancia de cuestionar tanto la información y las fuentes novedosas como los conocimientos y actitudes asentados, ejerciendo lo que describe como “un sano escepticismo”. “El mejor modo de poner en práctica el pensamiento crítico es hacer preguntas”, incluyendo “fuentes no afines al pensamiento propio”, propone, ya que el sistema educativo proporciona un bagaje “necesario pero insuficiente” para lidiar con los “desafíos y controversias científicas” del futuro, como ya notó el experto Jon Miller. El referente estadounidense en alfabetización científica considera que buscar y adquirir información para solventar cuestiones inmediatas en lugar de memorizarla de forma preventiva representa un cambio en el modelo de aprendizaje tradicional. Miller justifica este cambio por la irrupción de las TICs en los hogares, como refleja Belén Laspra en su citado libro.


“En la Comunicación 2.0 la información válida es la que está contrastada”

Según la doctora, el perfil de una persona con alto nivel de ASC posee estudios reglados, muestra interés por la ciencia y tecnología y está representado especialmente en varones de 30-40 años. El 20% de la población española presenta este perfil, normalmente acompañado de una actitud pro-científica y una percepción positiva pero crítica con la ciencia, indica Laspra. Por contra, las creencias religiosas afectan de forma negativa a la ASC debido a “componentes sociológicos, psicológicos, e históricos”, aunque “hay personas que parecen ser capaces de conjugar ambas”, ya que es un tema “muy complejo relacionado con las pseudociencias y las fake news”, añade. La investigadora recalca que fomentar el interés en la ciencia y la tecnología es un objetivo cuya importancia va más allá de fomentar la apropiación. Pese a la existencia de legislación que pretende “impulsar la cultura científica, tecnológica e innovadora a través de la educación, la formación y la divulgación”, reconoce que “necesita traducirse en estrategias concretas”, pues aún queda mucho por hacer. “Necesitamos una política científica más robusta”, concluye.

El fomento e incentivación de la actividad de museos, planetarios y centros divulgativos es un objetivo recogido en el artículo 38 de la Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación vigente.  No obstante, la investigadora se apoya en varios estudios en el contexto español para cuestionar que la asistencia a los mismos sea indicativa de interés en materias tecnocientíficas. “Proporcionan información en abundancia”, reconoce. El problema es que en el imaginario popular no figuran como lugares capaces de dar respuesta a preguntas”, diagnostica. La experta afirma que “existe un nicho de oportunidades” y sugiere involucrar a la ciudadanía en la toma de decisiones en cuestiones de interés social en estos espacios, algo a su juicio necesario en “una sociedad democrática marcada por el desarrollo científico tecnológico”. Jurados, encuestas deliberativas o paneles de consulta son estrategias que considera adecuadas para incorporar la voz pública en los museos de ciencia y tecnología. “Son espacios muy adecuados para albergar este tipo de acciones”, apunta, señalando que poseen grandes aforos, recursos tecnológicos, horarios flexibles, personal especializado y acceso a expertos. Estas características permiten la incorporación de simulaciones de la toma de decisiones en temas socialmente relevantes como los alimentos transgénicos, el cambio climático, la reproducción asistida, el virus del papiloma humano o la experimentación con células madre, para que “los visitantes puedan familiarizarse con la participación y practicarla”, afirma. 


“Los individuos tienen que tomar decisiones en ciencia y tecnología”

Al respecto de las exposiciones museísticas, sugiere un giro en los contenidos desde la “ciencia en mayúsculas” hacia la “ciencia cotidiana”, siguiendo “la máxima educativa de empezar por lo conocido para llegar a lo desconocido”. Considera que la ciencia de los grandes descubrimientos, los importantes avances tecnológicos y los premios Nobel está representada, pero no tanto la que se utiliza a diario y pasa desapercibida. Por ello, invita a los responsables de los contenidos expositivos a mostrar los principios científicos que hay detrás del día a día de las personas, con el objetivo de incrementar su interés. Mostrar la ciencia y la tecnología tras el funcionamiento de una placa vitrocerámica o de inducción, el pronóstico meteorológico, el color de la ropa o el gel de ducha son contenidos que pueden “hacer de estas entidades lugares de apropiación científica”, apunta.  La episteme y la téknē pueden ser percibidas como saberes elevados, propios de grandes figuras como Francis Bacon, pero como sugiere la experta, también incluyen la ciencia y la tecnología más mundana, imbricada hasta la médula de nuestra cotidianeidad.

“Saber más de ciencia puede salvarnos la vida”

El catedrático invita a la ciudadanía a implicarse en la búsqueda y aplicación de información científica

ENTREVISTA | José A. López Cerezo Experto en Ciencia, Tecnología y Sociedad

José Antonio López Cerezo / Dpto. Filosofía Universidad de Oviedo

La ciencia y la sociedad parecen comportarse como líquidos inmiscibles: aunque tratemos de hacer una mezcla homogénea de ambas, con el tiempo tienden a ocupar lugares diferenciados. O, al menos, así lo percibe una buena parte de la sociedad. Por el contrario, José Antonio López Cerezo, miembro del Grupo de Investigación de Estudios Sociales de la Ciencia que elabora y analiza parte de las encuestas bienales de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT), defiende que la ciencia está integrada en el día a día de cualquier ciudadano y que debemos tenerla en cuenta para tomar decisiones mejor informadas. La sociedad y la ciencia forman una mezcla homogénea más cercana a una emulsión. Este grupo, en el que acompaña a las investigadoras Montaña Cámara Hurtado y Belén Laspra, estudia la incidencia de la ciencia en la vida de las personas, un proceso conocido como Apropiación Social de la Ciencia (ASC) en el que consideran fundamental que la ciudadanía tome un papel protagonista.

El también Catedrático de Lógica y Filosofía de la ciencia de la Universidad de Oviedo reconoce como padre del término ASC al físico colombiano Eduardo Posada Flórez, si bien él fue uno de los primeros en traer esta noción a España. El investigador explica que el proceso consta de tres dimensiones: cognitiva, valorativa y operativa. La primera consiste en la recepción de información científica a través de medios digitales o tradicionales como internet, la prensa o el entorno social. Ésta va compañada de la integración del conocimiento en el sistema de creencias propio, algo que conlleva “cambiar las actitudes y valoraciones de un individuo”, como comenta López Cerezo. La última dimensión, en la que se han centrado sus indagaciones, consiste en la modificación del comportamiento. Para estudiar la fase operativa de la ASC, el grupo de investigación de López Cerezo ha contribuido a elaborar diversos cuestionarios cuya intención es detectar cuándo el conocimiento científico es puesto en práctica.

Tratar de arreglar por cuenta propia un aparato averiado, buscar información acerca de un ingrediente alimentario controvertido o consultar a un profesional de la salud por un nuevo fármaco son respuestas consideradas indicativas de un alto nivel de ASC. Como el lector habrá podido notar, el factor común de estos ejemplos es “la tendencia a buscar información científica para resolver aspectos particulares de la vida”, resumido en palabras del investigador. No obstante, no todas las formas de ASC van acompañadas del ejercicio del pensamiento crítico. La confianza ciega en la ciencia, encarnada en profesionales como científicos y tecnólogos, puede convertir al ciudadano en “un simple intermediario de un mandato científico en un comportamiento individual”, una posición que coloca a la ciencia “en un pedestal” y que la trata “de una forma similar a la religión”. Para que la ciudadanía ejerza la apropiación de una forma más saludable es necesario que tome “un papel protagonista en la búsqueda, el filtrado y la selección de información científica”, apunta López Cerezo.

“Estar cercano a la ciencia no sólo es saber más ciencia, sino también llevarla a la vida cotidiana”

Pese al énfasis en el cuestionamiento de las fuentes, el catedrático no se muestra partidario de un escepticismo total justificado por la desconfianza en las instituciones, un fenómeno que califica de “difícilmente comprensible”. Sin embargo, añade que “los analistas coinciden en que hay una larga cantidad de crisis y escándalos vinculados al desarrollo científico-tecnológico que han adquirido visibilidad en las últimas décadas en el mundo occidental”. Cita, entre otras, el caso de las vacas locas, el engaño de Volkswagen con los motores diésel o las dioxinas en los pollos belgas. En este contexto, el investigador recuerda que “reconocer las limitaciones y los riesgos de la ciencia no tiene nada que ver con ser anticientífico” y aporta un concepto clave: el escepticismo leal. Esta actitud crítica, acuñada por el investigador demoscópico Martin Bauer, consiste en “el apoyo a la ciencia desde un cierto escepticismo”, explica el catedrático. Ampliando la definición, el entrevistado añade que esta actitud consiste en “estar con la ciencia” siendo conscientes de que hay “tanto elementos valiosos -la mayoría de ellos- como otros que pueden suscitar el rechazo o la mirada cautelosa” y pone como ejemplo práctico la petición de una segunda opinión médica.

Para evitar que el escepticismo leal derive en una actitud anticientífica “hay que diferenciar entre desmitificar la ciencia y descalificarla”, apunta el experto, que considera que la ciencia no es infalible en tanto que es una actividad humana. Por contra, presenta sus limitaciones, incertidumbres y riesgos. En ese sentido reconoce que las estrategias de comunicación social están trasladando una imagen demasiado tradicional de la ciencia, presentándola como unívoca e infalible, una táctica que califica de “contraproducente”. Para reforzar su punto de vista, se apoya en un ejemplo: “Firma como científico el ingeniero de montes que trabaja para una empresa privada dedicada a la fabricación de pasta de papel pero también el ecologista que milita en una organización que se opone a las prácticas de la empresa”. El resultado son “científicos enfrentados con científicos”. “La ciencia debe ser más humilde”, asevera, lo que no quita que considere un gran error su deslegitimación, ya que “reconocer la credibilidad y utilidad de la ciencia es fundamental”. En esa línea, apunta que, a un nivel macrosocial, “un aumento de la cultura científica hace que mejoren todos los indicadores que tienen que ver con educación, competitividad empresarial, desarrollo, etc.”.

“Debemos desmitificar la ciencia sin desacreditarla”

López Cerezo añade que “saber de ciencia puede, desde enriquecernos como personas, hasta salvarnos la vida en la actual sociedad del riesgo, rodeados de amenazas con origen en el desarrollo industrial de base tecnológica”. La creación de espacios de participación ciudadana, la existencia de fuentes de información científica libres, ricas y plurales, la estimulación de organizaciones, asociaciones ciudadanas, las ONG relacionadas con la ciencia y la tecnología y el aumento de los contenidos metacientíficos en comunicación son algunos de los ingredientes que el investigador considera necesarios para aumentar el “engagement” o implicación ciudadana. “Muchas veces tendemos a infravalorarlos -a los ciudadanos- y creo que es un grave error”, afirma. “Debemos implicarlos”, concluye el filósofo.

Diez universidades españolas, entre las 500 mejores del mundo

Estados Unidos lidera el Ranking de Shanghai desde su primera publicación en 2003

La primera universidad española de la clasificación de las universidades del mundo, conocida como Ranking de Shanghai, es la  Universidad de Barcelona, situada en el puesto 151. Hay que descender un poco más para encontrar a las universidades de Madrid, Pompeu Fabra y la Universidad de Granada. La Autónoma de Madrid y Autónoma de Barcelona se sitúan a partir del puesto 301 además de la Universidad del País Vasco. Mientras que para hallar a las tres siguientes instituciones se tiene que volver a descender hasta el puesto 401 a partir del cual se encuentran la Politécnica de Valencia, la Universidad de Santiago de Compostela y la Universidad de Valencia. Por otra parte, las siguientes 15 universidades en el listado se encuentran en el top 1.000, donde se encuentran a partir del puesto 501 a la Universidad Politécnica de Madrid, Universitat Jaume I o Universidad de Sevilla, entre otras.

La Universidad de Granada se encuentra en el puesto 45 del ranking de ingeniería, la posición más destacable para una universidad española. Para hallar a la Universidad Miguel Hernández de Elche en esta clasificación, se debe descender hasta el puesto 601. La investigación tiene un papel muy importante en esta universidad, especialmente en las que se refiere a biotecnología, salud, ingeniería, tecnología de la información y las comunicaciones, además de otros campos.

El Ranking Académico de las Universidades del Mundo analiza más de 1.200 universidades, tanto públicas como privadas, de las cuales se publican las 500 mejores según los criterios de la clasificación. Su primera publicación fue en el año 2003. La metodología tiene en cuenta los siguientes indicadores: premios Nobel y Medallas Fields de alumnos, antiguos alumnos y profesores; la cantidad de investigadores más citados dentro de las diferentes categorías; los artículos publicados en el ámbito de Ciencia y Naturaleza y la indexación de las revistas donde están publicados dichos artículos; y, el porcentaje de publicaciones o el rendimiento académico según el número total de investigadores. Por último, se debe señalar que para cada indicador se asigna una puntuación máxima de 100.

Los primeros puestos están ocupados todos los años por las universidades estadounidenses, como la Universidad de Harvard, que lidera la clasificación, la de Stanford o el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), entre otras. Además, universidades británicas como Cambridge y Oxford ocupan el tercer y séptimo puesto respectivamente. Asimismo, aparecen universidades de Australia, China, Canadá y de otros países europeos como Francia y Alemania.

El Ranking de Shanghai divide las universidades en diversos campos de conocimiento: Ciencias del Deporte, Ciencias Naturales y Matemáticas, Medicina Clínica y Farmacia, Ciencias Sociales, Ingeniería/Tecnología y Ciencias de la computación y Ciencias de la Vida y Agricultura.

La novedad de  este último año ha sido la inclusión de Ciencias del Deporte como rama de conocimiento. En este ámbito se evalúa un total de 300 universidades. Entre las 50 primeras, sólo hay ocho estadounidenses, las cuales no aparecen hasta la onceava posición, que la ocupa la Universidad South Carolina – Columbia. Sin embargo, la Universidad de Harvard  que lidera el ranking global, no aparece en este campo.

Del resto de los cuatro campos de conocimiento se ha evaluado un total de 200 universidades. Si se pone el foco en las 50 primeras, encontramos que en cuatro de los cinco campos de conocimiento, más de la mitad de universidades son de origen norteamericano. La excepción la encontramos en la rama de Ingeniería/Tecnología y Ciencias de la Computación, que sólo cuenta con 20 universidades.

La Universidad de Harvard En las ramas de Ciencias Sociales y Ciencia de la Vida y Agricultura, Harvard es la universidad que lidera el ranking. Sin embargo, en la rama de Medicina Clínica y Farmacia figuran 15 universidades europeas. Por último, es destacable la presencia de la Universidad de Tokyo en el área de Ciencias Naturales y Matemáticas, que ocupa la octava posición.


La investigación en áreas de comunicación

El campo de Ciencias de la Información y Documentación y el de la Comunicación aparecen en la clasificación contemplados de forma separada. En términos mundiales, en el de Ciencias de la Información y Documentación del ranking del año 2018, destaca el dominio estadounidense en el Top 5, siempre liderado por la Universidad de Harvard. Además, 13 de las 15 primeras universidades son también de Estados Unidos. En 2017, en los primeros puestos existe una gran diversidad de países y el Top 5 lo conformaban facultades no solo estadounidenses, sino que países como China, Hong Kong o Bélgica entraron a formar parte de las mejores posiciones del ranking. Respecto al campo de la Comunicación, está encabezado por la Universidad Estatal de Ohio en los dos años en los que se ha realizado la clasificación.Si se pone el foco en el caso español en ambos ámbitos analizados, en 2018 la Universidad de Granada es el primer centro español que aparece en la lista del campo de Ciencias de la Información y Documentación. Sin embargo, reduce su posición hasta la número 28, mientras que en el año anterior se situaba en el puesto 11. Con la Universidad Carlos III de Madrid se produce la misma situación y pierde un total de nueve posiciones entre 2017 y 2018, situándose este año en la número 51. Por otra parte, en el ranking de 2018 de la Comunicación,España está representada por ocho universidades, siendo la mejor posicionada la Universidad Pompeu Fabra, en el puesto 120.

Raquel Bernal, Enrique Fernández, Raúl Icardo, Paula López, Judith Maldonado, Belén Martínez, Dámaso Mondejar, Andrea Palazón, Javier Segura, Laura Torralba y Francesca Zoicas.

Recomendaciones para mejorar la relación entre periodistas y científicos amantes de la divulgación

La propuesta ha sido elaborada por un grupo de estudiantes del Máster de Historia de la Ciencia y la Comunicación Científica, a partir de un trabajo colaborativo. El equipo, formado tanto por científicos como por comunicadores, debatió y analizó aspectos que influyen en la calidad de la información científica que se publica, con el objetivo de proponer este listado abierto a la reflexión y al debate. 

Aprender, fuente: Pixabay.

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Timeline Historia de la Ciencia 1543-1953

Alumnos del Master de Historia de la Ciencia y la Comunicación Científica han trabajado en la elaboración de esta cronología interactiva  que comprende desde la publicación del «De Revolutionibus Orbium Coelestium» de Copérnico en 1543, hasta la descripción el Descubrimiento de la estructura de doble hélice del ADNpor  Watson y Crickn en 1953. Esperamos que se convierta en un recurso útil para todos los amantes de la divulgación científica.

 

Las universidades de Barcelona destacan por su calidad investigadora en el panorama nacional

Alumnos de Periodismo Científico de la UMH analizan el Ranking de Shanghái sobre I+D en centros académicos de todo el mundo

La Universidad Pompeu Fabra, la Universidad de Barcelona y la Universidad Autónoma de Barcelona se encuentran entre las cinco universidades españolas con mejor valoración en el Ranking de Shangái de 2017. Este acreditado ranking clasifica las universidades de todo el mundo principalmente por su capacidad investigadora. Según el vicerrector de Investigación e Innovación de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, Manuel Miguel Jordán Vidal, este ranking ha alcanzado mucho prestigio en el ámbito de la investigación ya que evalúa la calidad de investigadores y estudiantes.

El Ranking de Shanghái se realiza anualmente desde el año 2003 y evalúa más de 1.200 universidades – tanto públicas como privadas – entre las que se seleccionan las 500 mejores. Los criterios que tiene en cuenta este ranking son: premios Nóbel y medalla Fields (máximo galardón otorgado por la academia matemática) tanto obtenidas por sus profesores como por sus alumnos; investigaciones publicadas en revistas académicas de alto impacto, especialmente Nature y Science; investigadores altamente citados y rendimiento per cápita del equipo investigador a tiempo completo respecto al tamaño de la institución, entre otros.

Los gráficos que se muestran a continuación analizan algunos de los resultados del ranking de Shanghai. En primer lugar, se presenta un listado de los diez países con más universidades dentro del top 100 del ranking de 2017. Después, se exponen las diez universidades con mejor valoración en los últimos cinco años.

Asimismo, el análisis se centra en la posición de las universidades españolas dentro del ranking de Shangai: se detalla qué universidades del país aparecen en el ránking de 2017 y, además, cuáles destacan en cada uno de los campos de estudio. Este estudio también valora la aparición de las universidades de España desde 2003. Por último, se contempla la aparición de la Universidad Miguel Hernández (UMH) en el ranking.

Top ten de países en el top 100 del Ranking de Shanghái (2017)

 

En el año 2017, Estados Unidos continúa liderando el ranking con una gran diferencia respecto al resto, un 48% que supone casi la mitad de presencia en el top 100. El país europeo con más fuerza es Reino Unido, aunque se observa una gran distancia respecto al primer país con su 9% respecto al 48% de este. Australia es el tercer país en aparecer, con un 6%, siendo así tres países de continentes diferentes los integrantes del top 3. Suiza es el siguiente con un 5%, seguido muy de cerca por Canadá, Alemania y Países Bajos con un 4% cada uno y Japón, Francia y Suecia con el 3 %. Para encontrar a China, país creador de este ranking, hay que trasladarse hasta el meridiano de la tabla donde comparte un porcentaje del 2% con Bélgica y Dinamarca. Rusia, Noruega, Singapur, Finlandia e Israel ocupan la parte baja de estos 100 primeros países con un sencillo 1%.

Top ten de universidades en el Ranking de Shanghái, comparativa de los últimos 5 años

El top diez de las mejores universidades en el Ranking de Shanghái no presenta grandes cambios en los últimos cinco años. Desde el año 2013 hasta el 2017 las mismas diez universidades se han disputado los primeros puestos, destacando los casos de Harvard y Stanford, ya que la primera ha encabezado la clasificación durante los últimos cinco años y la segunda ha mantenido el puesto de subcampeona durante el mismo periodo de tiempo. En cuanto al resto de universidades (Berkeley, MIT, Cambridge, Princeton, Columbia y Chicago) su clasificación en el top no ha variado de forma significativa y apenas se han desplazado un puesto o dos. Este inmovilismo se debe en gran medida al gran peso que tienen los Premios Nobel y Medallas Fields en el sistema de evaluación del Ranking de Shanghái, contabilizando los galardones ganados tanto por el profesorado como por los alumnos de las universidades. De esta forma se favorece a las universidades más antiguas y de más prestigio. Por tanto, no es de extrañar que Harvard sea la universidad con más premios Nobel (158 en total y 144 computables para el Ranking de Shanghái), entre los cuales se encuentra Adam Riess, ganador del Premio Nobel de Física en 2011. Sin embargo, son reseñables los casos del California Institute of Technology y de Oxford, ya que el California Institute pasó de estar en el sexto puesto en el 2013 a quedar noveno en el 2017, mientras que Oxford ascendió en un solo año (del 2015 al 2016) del puesto número diez al número siete debido probablemente a los ganadores del Premio Nobel J. Michael Kosterlitz (premio de Física en el 2016) y Sir John Gurdon (premio de Medicina en el 2012).

Universidades españolas que aparecen en el último Ranking de Shanghái

  1. Pompeu Fabra
  2. Universidad de Barcelona
  3. Universidad de Granada
  4. Autónoma de Barcelona
  5. Autónoma de Madrid
  6. Complutense de Madrid
  7. Universidad de Santiago de Compostela
  8. Politécnica de Valencia
  9. Universidad Jaume Primer
  10. Universidad del País Vasco
  11. Universidad de Valencia

En el top 500 aparecen prácticamente las mismas universidades españolas que han formado parte del Ranking de Shanghai durante los últimos 5 años (2012-2017). En el podio de esta clasificación destaca la presencia de Barcelona, siendo la Pompeu Fabra y la Universidad de Barcelona primera y segunda respectivamente. La Universidad de Granada se sitúa, por primera vez, en tercer lugar por delante de universidades tan prestigiosas a nivel nacional como la Autónoma de Madrid, que desciende hasta una quinta posición. Respecto al resto de universidades que aparecen en el ranking, su clasificación no varía en gran medida, excepto en el caso de la Universidad de Valencia relegada a una última posición, cuyo descenso es considerable respecto a años anteriores. La Universidad de Zaragoza, presente en este top desde 2012,  desaparece en esta última selección.

Evolución de la aparición de las universidades españolas en el Ranking de Shaghái

 

Respecto a la evolución de las universidades españolas en el Ranking de Shanghai se puede observar que ha sufrido un vaivén constante. En 2003, primer año en el que se efectuó el listado aparecen 13 universidades españolas. Este hecho coincide con el gran aumento del presupuesto destinado a la investigación científica en España se situó en el 1,07% del PIB del país.

Por otra parte, existe una “tendencia inversa en España con respecto a lo sucedido en la Unión Europea. Mientras que en España el gasto público pasa, entre los años 2000 y 2010, del 74,4% al 78,2%, en la Unión Europea (de 21 países) dichas cifras son 85,5% y 76,4%”, según un estudio de Josep-Oriol Escardíbul Ferrá y Carmen Pérez Esparrells en la Revista de Educación y Derecho de la Universidad de Barcelona.

Según el informe del Observatorio del Sistema Universitario de 2015, en el período 2009-2015, los ingresos totales de las universidades públicas españolas disminuyeron un 20,2%. Pese a ello, durante este periodo, las instituciones universitarias han mantenido su presencia en el Ranking. Durante el último año de la legislatura de Mariano Rajoy, se produjo una leve subida del presupuesto de un 0,4%.

Universidades españolas destacan en el último Ranking de Shanghái

Cataluña es la comunidad autónoma española con más presencia en el ranking. En cada área de conocimiento aparece una, o más, universidades catalanas. Entre las que destaca la Universidad de Barcelona, presente en tres de estas áreas. Sin embargo, la universidad mejor posicionada en su rama es la Universidad de Granada; puesto 45 en Tecnología y Ciencias de la computación. Un caso sorprendente ya que en el 2015 se encontraba entre los puestos 101 y 150.

Ciencias naturales y Matemáticas es el área con más representación española, con hasta seis universidades presentes. Un dato destacable cuando hace apenas cuatro años tan solo aparecían tres centros españoles en este campo. En cualquier caso, continúa siendo la Universidad Autónoma de Madrid la mejor posicionada de entre todas las españolas especializadas en estas ciencias.

Aunque España cuenta cada año con más representación en las listas del Ranking de Shangai, ha perdido notablemente su presencia en el campo de las Ciencias sociales; donde en 2014 contaba con cuatro universidades.

En el último ranking, la Universidad Miguel Hernández de Elche ha conseguido entrar por primera vez entre las cien mejores Universidades del mundo en el Área de Ciencia y Tecnología de los Alimentos (Ingeniería), es la decimotercera a nivel nacional. Además, también se ha colocado entre las 400 primeras en Ciencia Agrícolas y en Ciencia de la Biología humana (Ciencias médicas), apartado en el que se ha posicionado entre las 8 mejores de España. Según Manuel Miguel Jordán Vidal, estas son las ramas en las que más destaca la Universidad ilicitana junto al área de las Ciencias Sociales.

Javier Aguado, Luisa Bernal, Esther González, Christian Marques, Javier Oliva, Sara Sarrión y Alfredo Teja

Gabriel González Pavón: “La tecnología del Instituto de Instrumentación para la Imagen Molecular (I3M) es sin duda la mejor tecnología del mundo y, en muchos sentidos, exclusiva para poder tener una imagen en tiempo real en el quirófano”

El director médico de Onconvisión explica cómo nace la Cámara Sentinella desarrollada por el I3M

Gabriel González Pavón / Foto: cedida por Gabriel González Pavón

Gabriel González Pavón, licenciado en medicina y cirugía por la Universidad de Barcelona es el director médico de Oncovisión, empresa líder en desarrollo y comercialización de equipos para diagnóstico por imagen y tratamiento del cáncer. Entre sus productos clínicos incluye una gamma cámara intraoperatoria única en el mercado denominada Sentinella y un revolucionario equipo para el diagnóstico del cáncer de mama llamado Mammi PET, ambos desarrollados originalmente por el Instituto de Instrumentación para la Imagen Molecular (I3M).

¿Cuál es el origen de Oncovisión?

El nombre oficial de la empresa Oncovisión es Gen-Imaging S A. Oncovisión es un Spin-off  del Instituto de Instrumentación para la Imagen Molecular (I3M) que dirige el profesor José María Benlloch, aunque originalmente la transferencia de tecnología se hacía desde el Instituto de Física Corpuscular (IFIC), anterior instituto al que pertenecía el profesor. Esta spin-off es una empresa que no hubiera surgido si no existiera la tecnología original común a la gamma cámara Sentinella y el PET (por las siglas en inglés de Positron Emission Tomograhy) dedicado al diagnóstico del cáncer de mama que se llama Mammi, y también en la investigación pre-clínica en equipos llamados Albira.  La tecnología del I3M se ha transferido y se ha  convertido en productos que se están comercializando en más de cuarenta países alrededor del mundo. En el caso de Sentinella se ha utilizado con éxito en más de cien mil pacientes con cerca de treinta tipos  de cáncer.

¿Qué es lo que hace que estos equipos sean mejores que otros utilizados en el mismo campo?

La cámara Sentinella es el componente principal de un equipo para hacer cirugía radioguiada, y permite  ver cuál es la extensión de tumores malignos. El proceso consiste, en primer lugar, en utilizar una inyección de material radioactivo de muy baja dosis sobre la zona donde está el tumor. La manera en que el organismo de las personas se defiende de tumores e infecciones se parece a los compartimientos casi estancos de los barcos, que corresponderían a las partes de nuestro cuerpo.  Cada zona está vigilada por uno o varios ganglios linfáticos. Cuando hay un tumor en cualquier órgano del cuerpo se inyecta en la zona apropiada a cada caso esa pequeña dosis de radiación, que es equivalente a la que se recibe tomando el sol durante pocas horas en la playa, con lo que incluso se puede utilizar en mujeres embarazadas, ya que carece de daño potencial. Esa inyección de radiación va a drenar a los ganglios linfáticos del área a la cual se ha aplicado la dosis, para permitir a la cámara Sentinella detectar si el tumor ha drenado a esos ganglios, lo que se confirma realizando una biopsia de cada uno de ellos. El sistema de drenaje de los tumores es primero a los ganglios locales y luego a ganglios regionales más lejanos; si el tumor no ha drenado a los ganglios locales esto quiere decir que no se ha extendido. Por eso la cirugía radioguiada es mínimamente invasiva, al evitar tener que quitar todos los ganglios linfáticos para analizarlos y solo extirpar aquellos a los que pudo haber drenado el tumor.

¿Cuál es el procedimiento al que sustituye la cámara Sentinella?

Si tomamos como ejemplo lo que se hacía antes en un tumor en la mama, el procedimiento previo era extirpar el tumor de la mama o la mama completa y quitar la mayoría de los ganglios de la axila. Se estaba trabajando de una manera muy agresiva. Se producía con mucha frecuencia un problema denominado Linfedema, que es cuando se bloquea el drenaje de los vasos linfáticos y se acumula líquido, en este caso en el brazo del lado en el que se quitaron los ganglios de la axila. Muchas mujeres, tras la extirpación de tumores de mama se producían un Linfedema que podía llevar el brazo a tener casi el diámetro de la pierna, algo muy molesto, e incluso causar discapacidad. La cámara Sentinella permite encontrar cualquier ganglio linfático, por pequeño o profundo que sea, evitando las alternativas más primitivas que eran las cirugías ‘a ojo’ basándose en conocimientos anatómicos.  Cada persona es diferente, y con Sentinella se puede hacer por fin cirugía a medida.

“La cámara Sentinella  permite encontrar cualquier ganglio linfático por pequeño o profundo que sea, evitando las alternativas primitivas que eran las cirugías ‘a ojo’ basándose en conocimientos anatómicos. Con Sentinella se puede por fin hacer cirugía a medida” 

¿Cuándo nace la cámara Sentinella y quiénes intervinieron directamente en su fabricación?

Lo que se llama prueba de concepto se produjo entre el año 2003 y el año 2006.Tras obtener aprobaciones regulatorias y cuando ya se había evaluado en hospitales en Valencia y Barcelona, pasó a utilizarse también en Madrid y otras ciudades de España, confirmando que hacia una aportación clínica muy importante en numerosos tipos de cáncer. Es entonces cuando la empresa Gen-Imaging cambió a una denominación más comercial, más práctica (Oncovisión). Encontró financiación de capital riesgo (la empresa Española Bullnet Capital) para poder desarrollar el negocio y convertir los prototipos en productos que cumplieran con los estándares exigidos, que se fabricaran de una manera fiable y segura y, sobre todo, que tuvieran en cuenta todas las normas de seguridad internacionales, a la vez que fueran fáciles de usar. El modelo original fue creado por el profesor José María Benlloch y su equipo y el trabajo de desarrollo posterior se hizo desde Oncovisión con cirujanos y médicos nucleares de todas partes de España.

¿Cuántos equipos  de cámara Sentinella se están utilizando actualmente a nivel mundial?     

En España, la cámara está instalada en 38 y en el resto del mundo hay más de cien aparatos al servicio de instituciones de gran prestigio en la Unión Europea, Estados Unidos, Australia, Japón, China y en algunos países de América Latina y Oriente Medio. Nos gustaría que fuera algo a lo que tuvieran acceso pacientes de todo el mundo, y por ello pensamos que nuestro éxito ha sido limitado. Aunque cada año se van instalando numerosos equipos, nos gustaría poder abarcar más, para poder ayudar a más personas, y en ello estamos. Oncovisión era una PYME, empresa pequeña, pero ha ido creciendo y desarrollando otras líneas con las mismas tecnologías, que trabaja directamente en algunos países y en otros lo hace a través de distribuidores. La innovación continuada resulta capital para introducir mejora prácticas, según las van proponiendo médicos nucleares o cirujanos. La nueva tecnología ayuda a que las personas puedan vivir más y mejor, y este es un buen ejemplo. En manos de expertos, Sentinella ayuda a las personas afectadas a superar sus tumores malignos. Es una de esas innovaciones que tienen cada día un impacto enorme para la vida.

¿Cómo describiría usted el trabajo realizado por el doctor José María Benlloch y el I3M?

La historia del profesor José María  Benlloch y la innovación que él ha sido capaz de desarrollar en España, en base a su formación y experiencia como físico en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales (CERN) en Ginebra, en Massachusetts Institute of Technology (MIT) y en Fermi National Accelerator (Fermilab) en los Estados Unidos y en muchos otros lugares es una de esas historias de las que yo siempre he sido admirador y de la que estoy muy orgulloso de formar parte, porque se ha ayudado a miles de personas y se ha reconocido el mérito de un brillante investigador. El profesor Benlloch ha sido reconocido, entre otros, con el premio de la Fundación Rey Jaime I en la modalidad  “Nuevas Tecnologías” y también con el Premio Nacional de Investigación “Leonardo Torres Quevedo”, del máximo prestigio. I3M es hoy sin duda uno de los mejores centros de imagen molecular del mundo y el profesor Benlloch, su director, siempre ha tenido claro que lo vital en la innovación científica y tecnológica es que tenga una aplicación práctica, su transferencia a la industria, creando futuro, empleo y riqueza. Con esta transferencia, la investigación más avanzada y la ciencia están al servicio de la vida de las personas.

José María Benlloch: “Investigación biomédica hay de muy alta calidad, desafortunadamente no siempre saca partido la industria española”

La actividad del Instituto de Instrumentación para la Imagen Molecular (I3M) narrada por su director    

José María Benlloch / Foto: cedida por José María Benlloch

José María Benlloch es el director del Instituto de Instrumentación para la Imagen Molecular (I3M) actualmente, aunque su formación en física nuclear y de partículas difiere a lo que hace el instituto, Benlloch cuenta con una destacada carrera como investigador tanto fuera como dentro del I3M. Se doctoró en física de partículas en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales (CERN). Su tesis doctoral consistió en los primeros datos obtenidos de un experimento de colisión de electrones y positrones acelerados a muy alta velocidad y energía. Para medir los resultados del experimento se utilizó un detector parcialmente creado en Valencia; a partir de estos datos, se concluyó la existencia de tres generaciones de neutrones ligeros y también se infirió de forma indirecta la existencia de una partícula elemental llamada quark top. Tras concluir su primera estancia post doctoral en el Fermi Nacional Accelerator Laboratory (Fermilab) en Estados Unidos regresó a España y se dio cuenta de que lo que aprendió en  detectores de partículas podría ser bastante útil para la medicina.

¿Cuál es el propósito a largo plazo de la actividad que realizan como institución?

A nosotros lo que nos gustaría a largo plazo es cada vez tener mayores ideas y contribuir al diagnóstico, a un diagnóstico mejor, más preciso y anterior, más precoz de distintas enfermedades. Estamos fundamentalmente interesados en el cáncer pero también en enfermedades mentales, tenemos un proyecto europeo que coordinamos nosotros de detección temprana de esquizofrenia y de otros problemas mentales como la depresión severa e incluso en el futuro nos gustaría contribuir al tratamiento. Estamos empezando a hacer algunas cosas con ultrasonidos y con nanoparticulas.

“Estamos fundamentalmente interesados en el cáncer pero también en enfermedades mentales, tenemos un proyecto europeo que coordinamos nosotros de detección temprana de esquizofrenia y de otros problemas mentales como la depresión severa e incluso en el futuro nos gustaría contribuir al tratamiento”

El instituto tiene su origen en la física de partículas. ¿Es una iniciativa de la Universidad Politécnica de Valencia o tiene algún otro origen?

Es una iniciativa del rector de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), al que yo pertenezco. Anteriormente yo pertenecía a otro instituto del CSIC, el Instituto de Física Corpuscular (IFIC), entonces en ese sentido también tiene origen en ese instituto que se dedica justamente a la física de partículas y donde hice mi tesis doctoral y me formé inicialmente, luego continué mi formación en el CERN y en el Fermilab en Estados Unidos. Posteriormente el rector de la Universidad Politécnica de Valencia, el CSIC, el delegado del CSIC en Valencia y el presidente del CSIC llegaron al acuerdo de crear este instituto.

¿Cuánto tiempo llevan en esta actividad? 

En la actividad del PET llevamos aproximadamente desde el año 1998, es decir,  casi veinte años. Otras líneas de investigación son más recientes, hemos trabajado alrededor de 3 años en resonancia magnética y en ultrasonido un año a partir de la incorporación de una persona que había estado algún tiempo investigando en ese campo; en rayos X, TAC, etc, llevamos mucho tiempo, a lo mejor unos diez o doce años.

¿Cuentan con el apoyo de alguna institución privada?

Contamos con financiación privada a través de proyectos y contratos, tenemos muchos contratos de empresas privadas para desarrollar equipamiento.

¿El personal que conforma el instituto tiene una formación en física o cuentan con personas que se dedican a la ciencia médica?

Tenemos muchos físicos en el instituto e ingenieros, fundamentalmente ingenieros electrónicos e informáticos y algún ingeniero mecánico. Médicos desafortunadamente no tenemos en el instituto, sin embargo trabajamos conjuntamente con ellos en los hospitales, es decir, nosotros pensamos que es de vital importancia trabajar con los médicos porque al final son los usuarios de los aparatos que desarrollamos por lo cual es importante que desde el principio intervengan en el diseño para que sea ergonómico y para que sea útil. Entonces sí trabajamos con médicos, pero no dentro del instituto.

¿Cuáles son los hospitales de Valencia que colaboran con el instituto?

El Hospital la Fe de Valencia es un hospital que comparte actividades de investigación con la Universidad Politécnica de Valencia y la Universidad de Valencia, pero también hemos trabajado con el Hospital Clínico, con el Hospital General y con el Hospital Universitario Doctor Peset. Fuera de Valencia también hemos colaborado con muchos hospitales, en  Europa y en Estados Unidos; en Europa con el Netherlands Cancer Institute que está en Amsterdam  y se dedica a la oncología, también con la Universidad de Karolinska (Instituto Karolinska) de Estocolmo y en Estados Unidos con el Massachusetts General Hospital, con la Clínica Mayo, es decir, hemos colaborado con muchos hospitales también.

¿Los equipos que han fabricado están siendo implementados o están en una etapa de desarrollo o de investigación?

Estamos en una etapa de desarrollo en la parte de tratamiento, en la parte de diagnóstico hay muchos equipos que están ya en los hospitales.

¿Puede mencionar algún equipo que ya esté siendo utilizado?  

El primer equipo que hicimos era una cámara pequeñita, una gamma cámara para la detección del ganglio centinela en intraoperatorio, esto lo utilizan los cirujanos para encontrar rápidamente dónde están los ganglios durante la intervención quirúrgica. Los ganglios están conectados directamente con el tumor y por lo tanto podrían tener una metástasis tumoral. Este aparato se encuentra en muchos hospitales de España, diría que por lo menos treinta hospitales de España lo tienen y también fuera de España, a lo mejor en total puede haber ciento cincuenta hospitales que tienen esta cámara. También existe un mamógrafo que desarrollamos aquí para la detección de tumores mamarios y está siendo implementado en muchas partes del mundo como por ejemplo China, Japón, Taiwán y Singapur.

¿España se encuentra en este momento bien posicionada en cuanto a investigación en el campo de la medicina?  

En el campo de la medicina desde luego hay muchos investigadores excelentes y en el campo biomédico; de hecho en España la mayoría se dedica al campo biomédico, en cambio lo nuestro es más bien ingeniería, ingeniería biomédica y no la pura biomedicina. Investigación biomédica hay de muy alta calidad, desafortunadamente no siempre saca partido la industria española, sino que de estas investigaciones se favorece muchas veces la industria extranjera; en la actualidad esto está empezando a cambiar, comienzan a surgir empresa biomédicas en España. Con relación a la ingeniería biomédica o física médica también está muy bien posicionada, no solo por nuestro instituto también por otros grupos de España reconocidos internacionalmente.