“La investigación científica es difícil, pero el deporte o la música también”

ENTREVISTA | Isabel Abril Organizadora de Actividades de Divulgación Científica

La catedrática considera importante fomentar el interés científico infantil independientemente del camino profesional

Isabel Abril en su despacho / Francisco Conca

Isabel Abril, además de catedrática de Física Aplicada en la Universidad de Alicante, es la responsable de la organización y la coordinación de diversos proyectos de divulgación que fomentan el acercamiento entre la ciencia y la sociedad. Desde 2005, ha dirigido actividades enfocadas tanto a público infantil como adulto en las que la lengua valenciana tiene un papel protagonista. Entre ellas se encuentran el programa de divulgación científica El Pati de la Ciència o la edición alicantina de La Nit Europea de la Investigació, además de los cursos La Ciència pren la paraula y Divulgar Ciència al Segle XXI. En esta ocasión deja a un lado sus labores científicas y acoge en su despacho al redactor de Metacomunico para reflexionar sobre el papel de la ciencia básica, la espectacularidad y la desmitificación de la ciencia en la divulgación científica.

¿Cuál es el objetivo de las actividades divulgativas enfocadas al público infantil?
El objetivo general es fomentar el interés por la ciencia en los niños y niñas. Creo que los investigadores no hemos hecho la divulgación adecuada, y, como resultado, la sociedad percibe la ciencia como algo muy difícil. La investigación científica es difícil, pero el deporte o la música también. Una cosa es hacer una carrera o un partido de fútbol y otra cosa es llegar a ser como Messi. En ciencia es igual. No sólo queremos estimular las vocaciones científicas para que los niños sean científicos de mayores, también queremos que los que no vayan a serlo tengan interés por la ciencia. Es importante que les guste la ciencia igual que a muchos nos gusta la música, el teatro o la literatura sin ser músicos, dramaturgos o literatos. Muchos de ellos pueden llegar a ser, por ejemplo, los políticos que decidan la financiación científica. Por otro lado, sabemos que hay muy poca gente que quiere estudiar ciencia, lo cual es ciertamente extraño, me chirría, ya que realmente vivimos en una sociedad muy tecnocientífica.

En “El Pati de la Ciencia” participan escolares de 6 a 16 años / Universidad de Alicante

Usted fue premiada con la Mención de Honor del apartado “Física en la Sociedad” en el concurso Ciencia en Acción por la organización del programa de actividades infantiles El Pati de la Ciència. ¿Cómo surgió este proyecto? 
Es un proyecto de divulgación científica que nació en 2005. Muchos físicos queríamos celebrar el Año Internacional de la Física llevándola fuera de los despachos y los laboratorios. Vimos la oportunidad en un programa de La Escual de Verano de la UA. Se nos ocurrió incorporar la ciencia, haciendo que los niños vieran experimentos e hicieran actividades relacionadas de una manera lúdica. 

¿En qué consiste?
Es un programa con diferentes actividades que se llevan a cabo en el mes de julio. Por un lado tenemos los espectáculos científicos con experimentos sorprendentes. Cada año hacemos uno de física, otro de química y otro de matemáticas. Yo lo coordino pero lo llevan a cabo diferentes divulgadores, que son muy buenos y que varian, junto a sus espectáculos, en cada edición. Está dirigido a niños de 6 a 16 años, que muchas veces repiten. También hacemos talleres científicos como Jocs de ciencia, que están coordinados por Rafael García Molina de la Universidad de Murcia. Se diseñan varios experimentos para que los lleven a cabo los niños con apoyo de monitores científicos, que son alumnos de la Facultad de Ciencias. El objetivo es que comiencen a hacerse preguntas y a desarrollar hipótesis, fomentando el método científico y el pensamiento crítico. Otra actividad es la elaboración de camisetas científicas. Cada año escogemos a un científico y el dibujante del diario Información Enrique Pérez hace una ilustración suya en estilo comic que los niños llevan en una camiseta. Así les hacemos ver que los científicos son algo cercano. Primero hicimos a Albert Einstein, que ha quedado como el logo de El Pati de la Ciència. En el año 2006 escogimos a Santiago Ramón y Cajal porque era el centenario de la concesión del premio Nobel. Por último, regalamos un juguete científico diferente cada año, como peonzas luminosas o muñecos equilibristas. Esto les transmite la idea de que la ciencia es cotidiana y está presente incluso en lo que más les gusta. 


Ilustración de Enrique Pérez para la impresión de camisetas / VEU Revista Cultural de la UA

 Las camisetas también sirvieron para visibilizar a mujeres científicas 
Así es, tratamos de poner en valor el papel femenino en la ciencia porque somos las grandes olvidadas. Recuerdo que una niña pequeña me dijo “¿Es que no hay mujeres científicas?”. La tercera camiseta fue sobre Marie Curie y la cuarta sobre Hipatia de Alejandría, aprovechando la película de Ágora. También hemos hecho a Rosalind Franklin o Margarita Salas. Intentamos combinar los géneros. Este año tenemos a Stephen Hawking, que ha sido un referente en la física tanto por lo su faceta investigadora como divulgadora.

Otro elemento de las actividades infantiles es la espectacularidad.
Jugamos con la baza de que los seres humanos dirigimos la atención hacia cualquier cosa que se salga de lo común. Como el público objetivo son los niños, explotamos su naturaleza especialmente curiosa dirigiéndola hacia la ciencia para que la empiecen a considerar cultura. En general, cuando queremos culturizar a nuestros hijos los llevamos a ver cuadros, al conservatorio, estimulamos la lectura, etcétera, pero la ciencia queda en segundo plano. Queremos transmitir una idea de la ciencia como interesante y divertida. Más tarde, cuando vayan al colegio o al instituto, pueden estar interesados por la física, química o biología que les explica el profesor porque tienen una visión previa agradable, pensando: “Esto me interesó”.

La espectacularidad es un recurso común en las actividades divulgativas infantiles

No obstante, la ciencia no siempre es agradable. También conlleva riesgos e incertidumbres.
Tratamos de transmitir que la ciencia en sí misma no es ni buena ni mala, que depende de cómo se utilice. El descubrir y el entender es algo neutro. La energía nuclear, por ejemplo, es sólo una herramienta, que desgraciadamente ha sido utilizada para crear una bomba atómica que ha matado a mucha gente. 

Por un lado viene el descubrimiento y, por otro, su aplicación.
La ciencia básica es imprescindible, pero mucha gente no comprende que es la base de una pirámide. Es la ciencia aplicada del futuro. De repente, llega un genio y descubre una aplicación fenomenal, pero para ello tiene que tener un background imprescindible. Muchas veces el gobierno se olvida de estos aspectos. Se centra en la transferencia de tecnología, que está muy bien, pero olvida que la ciencia básica es fundamental a largo plazo y no se puede financiar a cuatro años vista.

A algunos adultos ajenos al ámbito científico les haría bien acudir a actividades de divulgación 
Desde el 2013 al 2017 organizamos una serie de cursos contra las pseudociencia llamados La ciencia pren la paraula: els problemes socials de les pseudociències en los que la mitad del público no era del ámbito científico. Venían personas interesadas en la ciencia de cualquier ámbito profesional y educativo. En ellos tratamos de poner en valor la ciencia y desmontar todos los engaños y estafas que se llevan a cabo en el ámbito de las pseudociencias. Hay mucha gente que se es estafada e incluso muere porque se ha dejado convencer y ha abandonado las terapias de la medicina científica. El año pasado comenzamos a impartir el curso Divulgar Ciència en el Segle XXI. Consiste en conferencias de una hora complementadas con media hora de debate entre los asistentes y el ponente. Este año las temáticas son la nanotecnología, la tabla periódica como icono cultural, la importancia de Darwin, la energía y la materia oscura. Vendrán como invitados, entre otros, Manolo Seara, director del programa de RNE “A hombros de gigantes”. Otro proyecto divulgativo en el que pueden participar adultos es La Nit Europea de la Investigació, en el que he colaborado organizando los stands científicos. Quiero añadir que la UA siempre ha brindado una ayuda económica imprescindible para llevar a cabo este tipo de propuestas.

En septiembre se realiza una nueva edición de Divulgar Ciència en el Segle XXI / RUA

La edición de El Pati de la Ciencia 2019 acaba de realizarse. ¿Qué otras actividades hay programadas?Este año hemos llevado a cabo varios espectáculos científicos en el marco de El Pati de la Ciència:  uno sobre electromagnetismo, otro sobre materiales sorprendentes y un tercero de matemáticas muy original. La próxima cita es en septiembre, con el curso Divulgar Ciència en el Segle XXI, al que se puede acudir tanto en formato presencial como online. Las conferencias se publican posteriormente en el repositorio de la UA para que cualquier persona pueda tener acceso a ellas.



Lourdes López: «El público participa, aprende y reflexiona en los museos científicos»

ENTREVISTA | Lourdes López Técnico de Comunicación del Parque de la Ciencias de Granada

La periodista defiende que la sorpresa lleva a la curiosidad y al interés

Lourdes López / Parque de las Ciencias

Lourdes López, periodista especializada en información científica, es Técnico de Comunicación del Parque de la Ciencias de Granada y autora de la tesis doctoral ‘Comunicación de la ciencia 2.0 en España: el papel de los centros públicos de investigación y las ediciones digitales de los periódicos de mayor audiencia’, que obtuvo con mención internacional y calificación cum laude. Desde 2001 ha desarrollado su carrera profesional en el ámbito de la comunicación pública de la ciencia en medios de comunicación y universidades andaluzas. Defiende que la curiosidad y la sorpresa que produce el conocimiento no desaparecen con la edad y que el impacto que la ciencia tiene en todos los ámbitos de la sociedad actual la convierte en un tema de interés para todos los ciudadanos, que tienen el derecho de estar formados e informados para tomar decisiones en materia científica que respondan a sus necesidades, valores y expectativas.

El Parque de las Ciencias de Granada alberga una gran cantidad de exposiciones y actividades. ¿Cómo seleccionan los contenidos científicos?
Los museos de ciencia y tecnología deben poner el foco en aspectos como la educación formal, la no formal y la informal, la implicación del público, la formación de capital científico, la inclusión y el fomento de la cultura científica. Todo ello además de responder a criterios periodísticos como la noticiabilidad o el interés del público, puesto que son entidades de comunicación pública de la ciencia que implican agentes institucionales y sociales.

Ciertamente son muchos criterios.
Los museos de ciencia aglutinan todas estas funciones por dos motivos. En primer lugar, al igual que los medios de comunicación, deben atender a los temas que son de interés del público y de interés público. En segundo lugar, se dedican a la educación no formal e informal de ciencias para todos los públicos organizando actividades, talleres y programas que complementan el currículum educativo de Science, Technology, Engineering and Mathematics (STEM), trabajando estrechamente con el sistema formal. También, participan en proyectos que unen a científicos y ciudadanos, facilitando que estos últimos sean actores del proceso de investigación. Asimismo, favorecen la inclusión organizando actividades abiertas a todos los públicos, fomentando la cultura científica a lo largo de toda la vida, sin límite de edad.

Público de diferentes edades interactuando con las instalaciones /  Parque de las Ciencias

En prensa se tienen en cuenta otros aspectos.
En el caso del periodismo científico, los criterios a los que debe responder la cobertura de la información científica son los mismos que para cualquier otra área periodística: actualidad, proximidad, prominencia, curiosidad, conflicto, suspense o emoción. Son las normas que rigen la información, por lo que no toda la ciencia responde a uno de estos indicadores.

Un elemento muy explotado en periodismo científico, relacionado con el suspense, la emoción y la curiosidad, es la sorpresa.
Basándome en mi experiencia, en prensa, la curiosidad y la sorpresa se fomentan siempre que lo que se comunique tenga conexión directa con los intereses sociales. Buenos ejemplos son noticias recientes como la fotografía del agujero negro que no solo ocupó las portadas de los principales periódicos nacionales, fue noticia de los informativos de radio y televisión, sino que además fue tema de conversación para la población general. En este caso la curiosidad por lo desconocido, lo que hay más allá de las fronteras de la Tierra, llamó muchísimo la atención. Esto ocurre con todos los contenidos relacionados con la astronomía y la astrofísica. Otro tema que despertó la curiosidad e interés, que fue de las noticias más leídas, fue la modificación genética realizada por el científico chino a dos bebés. En este caso al desconocimiento se le unió el impacto ético, social y sobre la salud que este tipo de técnicas pueden tener en el presente y en futuro.

“Si somos capaces de transmitir el impacto del desarrollo científico en nuestras vidas, el interés está asegurado”

¿Se utiliza también la curiosidad en los museos de ciencia y tecnología?
En cuanto a los museos de ciencia, todos los espacios, contenidos y actividades están pensados y diseñados para despertar la curiosidad y la sorpresa. Es sorprendente y emocionante ver cómo, por ejemplo, ante un módulo de agujero negro, se sorprenden del mismo modo un anciano de 80 años que un niño de 3. De esa sorpresa, nace la curiosidad y de la curiosidad las ganas y el interés por profundizar en el conocimiento.

Para generar sorpresa se suelen utilizar contenidos espectaculares, con los que algunos expertos se muestran críticos. 
Depende del significado de espectacularidad. En el sentido positivo de la palabra hay muchos hallazgos científicos que son y han sido espectaculares porque han mejorado y cambiado el curso de la humanidad y esos por si solos captan el interés de la sociedad si se explican de una forma cercana. Creo que los medios de comunicación serios y los periodistas especializados no utilizan este recurso en el sentido negativo de la palabra. Por eso, además de fomentar la cultura científica, es importante promover el espíritu crítico de los ciudadanos para discernir lo que es pseudoinformación de información seria y rigurosa.

La visita al Planetario puede ser una experiencia espectacular / Parque de las Ciencias

¿Se promueve el espíritu crítico desde los museos de ciencia y tecnología?
En los museos, incluido el Parque de las Ciencias,  hay múltiples formatos que fomentan el pensamiento crítico porque en todos ellos el ciudadano participa, reflexiona y aprende a partir de su propia experiencia. Algunos ejemplos son talleres, exposiciones, cafés científicos, proyectos de ciencia ciudadana, encuentros con científicos o ferias de ciencia. Los reversed science cafés y las speed talks son metodologías de participación y encuentro entre público y científicos que propician una interacción bidireccional. En ellos ambas partes conversan y dialogan, enriqueciendo y favoreciendo el aprendizaje mutuo. El proyecto europeo SPARKS publicó un toolkit al respecto cuya consulta puede ayudar a conocerlos mejor.

Algunos expertos ven en los contenidos metacientíficos una herramienta para el fomento del pensamiento crítico y la apropiación social de la ciencia. 
Estoy de acuerdo en que también es muy importante divulgar los contenidos sobre la actividad científica, el método científico, el proceso de producción científica, no sólo por una cuestión de apropiación, sino también por una cuestión de adquisición de herramientas para hacer frente a la desinformación. En los últimos años, estamos asistiendo a la proliferación de información falsa en todas las áreas y también en ciencia. La mayoría de esta información llega a través de redes sociales y son transmitidas por redes de confianza que otorgan cierta credibilidad a contenidos pseudocientíficos. Algo que se puede frenar si uno tiene formación e información sobre el método científico y sabe que unos resultados creíbles y rigurosos están sustentados en un largo y arduo proceso de investigación. Además, esos resultados son creíbles en tanto en cuanto han sido evaluados-aprobados por la comunidad científica a través de su publicación en revistas científicas de alto impacto, presentación en congresos, etc. El mejor arma contra la desinformación es, sin duda, la formación en todos los aspectos de la ciencia.

El proyecto SPARKS implica a la ciudadanía en el I+D+i científico y tecnológico / Sparks Project

¿Se utilizan los contenidos metacientíficos en prensa?
En el caso de los medios, la metodología prácticamente nunca es motivo de noticia a no ser claro que sea un tema polémico como la modificación genética. Es muy difícil encontrar en una noticia alusión al método empleado, cuando en cierto modo es lo que marca la rigurosidad de los resultados que se están divulgando en la noticia. En cuanto a la legislación, depende del impacto. Sí se trata en temas muy sociales como la salud o la tecnología. Como decía, temas como la modificación genética o las células madre siempre van a tener cabida en una noticia.

Entonces se cumple la premisa de que cuanto más cercano es el tema para el público, más interés genera…
Si se hace partícipe al público y se le acerca la ciencia mostrándola como un elemento que está en todas y cada una de sus acciones cotidianas e influye en su bienestar y calidad de vida, tiene interés para todos. Pierde interés en el momento en el que se ve como algo lejano, complejo e incomprensible. Sin embargo, todo el desarrollo científico tiene impacto directo o indirecto en nuestras vida, por eso si somos capaces de transmitirlo con este enfoque el interés está asegurado. 

En la Feria de la Ciencia del Parque de las Ciencias 2019 la ciudadanía se implicó masivamente.
Efectivamente, la Feria de la Ciencia es un ejemplo de implicación social en la comunicación científica y un medio inmejorable para fomentar vocaciones en los más jóvenes. Todas las ediciones son un éxito de público y de participación, la de este año ha reunido a más de 1.400 participantes, entre docentes, estudiantes e investigadores de todas las provincias andaluzas que han presentado sus experiencias científicas en el museo. Además, ha recibido más de 13.000 visitas. 


Escolares durante la Feria de la Ciencia 2019 / Parque de las Ciencias

¿Comparte con Belén Laspra que los museos son lugares adecuados para incorporar la voz pública en la toma de decisiones sobre temas de relevancia social?
Por supuesto que sí. Los museos de ciencia son lugares de encuentro entre la comunidad científica y la sociedad general. Además, son espacios concebidos para reflexión y para el desarrollo del pensamiento crítico. De hecho, los museos de ciencia están desempeñando un papel fundamental en la implementación de la investigación e innovación responsables, que implica a los ciudadanos en todas las fases del proceso científico. El Parque de las Ciencias participa en diferentes proyectos europeos que incluyen acciones encaminadas a este fin. Algunos como Sparks, INPROFOOD o VOICES, financiados por la UE, ya fueron realizados. Otros, como el proyecto LIFE Adaptamed, financiado por el programa europeo LIFE, o los proyectos SYSTEM y SPACEEU,  se están desarrollando actualmente financiados por el programa Horizon 2020. Además de estas experiencias realizadas en torno a diferentes temas de interés social como el cambio global, el reciclaje, la alimentación o la ciencia ciudadana, el museo cuenta desde el el año 2004 con un Consejo Infantil y Juvenil que participa y asesora en las actividades, contenidos y temas que se abordan en el museo.

¿Qué actividades tiene programadas el Parque de las Ciencias de Granada para el verano de 2019?
El Parque de las Ciencias es un museo vivo en continua evolución, con una actividad constante. Entre las actividades del verano destacan los campamentos de verano para los más pequeños ‘Verano con ciencia’, las exposiciones temporales ‘Play. Ciencia y Música’,  ‘WOW. Las maravillas de la vida salvaje’, ‘Tecnología para la salud’ y ‘Anfibios y reptiles ibéricos’, la ventana a la ciencia ‘Evolución y conservación de las plantas de la Universidad de Sevilla’, los talleres de las exposiciones temporales, programas de Planetario como ‘Beyond the sun. En busca de una nueva Tierra’ o ‘Escher. Universos infinitos’, el BioDomo, el Mariposario Tropical, los contenidos permanentes de los Pabellónes ‘Viaje al Cuerpo Humano’; ‘Cultura de la Prevención’; ‘Eureka’; ‘Percepción’; ‘Biosfera’; ‘Explora’; ‘Explora el desván del cuerpo humano’ y mucho más que puede consultarse en la web del museo o en sus perfiles sociales de Facebook y Twitter

Colocación de una banderola gigante con motivo del Día de Andalucía / Parque de las Ciencias



María Martín: “La ciencia es cultura, sin duda alguna”

ENTREVISTA | María Martín Directora de la Unidad de Comunicación de la UA

La periodista cultural sostiene el papel imprescindible de la ciencia para el desarrollo humano

María Martín / E. Tortosa

María Martín es la directora de la Unidad de Comunicación de la Universidad a la que pertenece UA Divulga, el nombre con el que la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (UCC+i) de la Universidad de Alicante quiere darse a conocer públicamente. Las UCC+i son organismos cuyo objetivo es hacer de nexo entre la comunidad científica y la sociedad civil para propiciar un acercamiento mutuo. Los pilares de estas unidades con apoyo gubernamental desde 2007 son el periodismo, la divulgación, la comunicación y la investigación sobre los puntos anteriores. La comunicadora explica los objetivos y la actividad de la UCC+i de la UA, además de reflexionar al respecto de los formatos y contenidos de uso común en divulgación científica.

Buena parte de la sociedad está de acuerdo en que “las ciencias” y “las letras” son disciplinas opuestas. La concepción de ambas como compartimentos estancos es un estereotipo contemporáneo que hunde sus raíces en la muy criticada conferencia “Las dos culturas”, pronunciada por el físico y escritor C.P. Snow hace ya sesenta años. En una sociedad como la actual, en la que la transversalidad es una competencia en demanda creciente, estas barreras se difuminan. Quizá, esta visión polarizante sea la responsable de que la ciencia no sea considerada cultura por gran parte de la población. Si preguntamos a la ciudadanía por las prácticas culturales en las que invierte su tiempo hábitos como escuchar música, leer e ir al cine son un lugar común. Algunos menos comentan su asistencia a espectáculos (teatro y conciertos) y la visita a monumentos y yacimientos, seguidos de cerca por los que declaran visitar museos, exposiciones y galerías de arte. La presencia de contenidos científicos es secundaria o residual en estos formatos, ocupando siempre puestos de la zona media o baja de la tabla. Así lo refleja la última Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España realizada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte entre 2014 y 2015.

Izquierda: Hábitos y prácticas culturales (en porcentaje, anual) / Elaboración propia. Fuente: MECD
Centro: Asistencia a museos por tipología (En porcentaje, anual) / MECD 
Derecha: Libros divulgativos leídos por temática (en porcentaje, trimestral) / MECD 

Por su parte, la técnica de la UCC+i de la UA sostiene firmemente que “la ciencia es cultura, sin duda” y apunta que cada vez más Unidades pretenden “aumentar la presencia de la ciencia en la cultura”. El objetivo esencial de UA Divulga, defiende Martín, “es acercarse a la ciudadanía devolviendo el input y la confianza que deposita en la comunidad científica”. Para que revierta adecuadamente, considera imprescindible transmitir los procesos investigadores y los resultados que se dan en el día a día de aulas y laboratorios de la Universidad, pero también hacer “comunicación pura y dura” de conocimientos científicos ya asentados. Para conseguirlo, “hay que tener en cuenta tanto el público como la acción y el mensaje que se quiere transmitir”, apunta la periodista suscribiendo las directrices del Libro Blanco de las UCC+i. Uno de sus múltiples públicos objetivo son los medios y agencias de comunicación, que a su vez actúan de “voceros de su actividad”, para los que se elaboran notas de prensa y material audiovisual “con adecuado rigor periodístico y científico”, sostiene. El público general es el objetivo de acciones como “Geolodía”, mientras que el infantil y juvenil es otro sector “fundamental para el desarrollo de nuevos talentos”, para lo que desarrollan actividades específicas como, “El Pati de la Ciència” o “Astropeques”, según la comunicadora, “enfocadas a la estimulación de vocaciones científicas”. Por su parte, intentan hacer partícipe al personal docente e investigador, que en muchas ocasiones ya estaba haciendo por su cuenta acciones divulgativas, indica Martín, brindándoles apoyo en la difusión de la ciencia y la tecnología. Un ejemplo de ámbito interuniversitario es “La Noche Europea de los Investigadores”, comenta la periodista. Otro público objetivo de la actividad de UA Divulga citado por Martín es el sector empresarial, “fundamental para la transferencia del conocimiento”. Para alcanzar a este sector y apoyar la labor que se realiza en las Oficinas de Transferencia de los Resultados de Investigación (OTRIs), “la Unidad pone en valor la investigación, el desarrollo y la innovación, a partir de los resultados conseguidos en las facultades”, apunta. 


Fotografía tomada durante el “Geolodía” 2018 / Repositorio de la Universidad de Alicante

En entrevistas anteriores para #Metacomunico se comenta la importancia de transmitir no sólo los contenidos científicos -resultados de investigación- sino también los metacientíficos -procesos de investigación, legislación, etc.- para fomentar el pensamiento crítico y la Apropiación Social de la Ciencia de forma integral. María Martín comenta que “en la medida de lo posible, se transmiten los procesos de investigación” pero que “hay que tener mucho cuidado con la difusión de las metodologías” ya que, frecuentemente, “están patrocinados, forman parte de proyectos europeos o están vinculados a una patente”. Esto es parte de su labor, que brinda “equilibrio a los intereses de los investigadores, la institución y el público”. La entrevistada comenta que en UA Divulga “las acciones de divulgación siempre llevan una comunicación en paralelo”. Destaca que una de las peculiaridades de UA Divulga es que la UCC+i está enmarcada en una Unidad de Comunicación global en estrechísima colaboración con el vicerrectorado de Investigación y Transferencia de Conocimiento, de manera que la capacidad de planificación y alcance es, a su juicio, “muchísimo más amplia”, lo que les permite hacer “una comunicación desde el principio del proyecto hasta los resultados”. En este sentido, la directora de la Unidad de Comunicación alaba la implicación de toda la cúpula del vicerrectorado en la creación de UA Divulga, “una apuesta firme y decidida”.

Con respecto a la utilización excesiva de la espectacularidad, Martín alerta sobre la posibilidad de que se pueda llegar a transmitir una imagen de la ciencia cercana a la magia y alejada de la realidad. La periodista coincide con el experto en ciencia, tecnología y sociedad José Antonio López Cerezo en que la solución a la inoportuna transmisión de esta visión distorsionada es mostrar la explicación detrás de cada demostración científica desvelando sus trucos, al contrario de lo que acostumbran a hacer los magos. Un ejemplo, cita la periodista, se da en la demostración “Matemagia: La magia de las matemáticas”, incluída en el programa “El Pati de la Ciència”. En ella, el público infantil asiste a un “truco de cartomagia” que no está fundamentado en otra cosa más que en operaciones aritméticas. Tras la sorpresa de los niños y niñas se explican los fundamentos matemáticos de lo que acaban de presenciar, evitando que atribuyan lo sucedido a fenómenos inexplicables. Martín se muestra también partidaria de utilizar la diversión como gancho para las actividades divulgativas, especialmente cuando están dirigidas al público infantil. “Ponerles una bata blanca y hacerles sentir científicos es una experiencia atractiva para padres e  hijos”, expresa, señalando que se trata de un estereotipo útil en esas edades. Más adelante, entrados en la adolescencia y juventud temprana, se deben mostrar progresivamente las dificultades de una carrera científica, afirma. Para ilustrarlo, pone como ejemplo la última “Noche Europea de los Investigadores”, en la que se realizó un taller de robótica en el que se evidencian “valores como la paciencia, la responsabilidad, la tolerancia al fracaso, la constancia y la competitividad” como componentes intrínsecos a la labor científica. Por todo ello, la comunicadora concluye: “no considero el adecuado uso de la espectacularidad o la diversión como una distorsión de la realidad”.


Vídeo de la actividad Matemagia: La magia de las matemáticas / Repositorio de la UA

María Martín destaca otro aspecto fundamental para llegar al gran público: “Hay que mirar a nuestro interlocutor a los ojos” y “bajar el nivel hasta hacerlo comprensible”. La periodista recalca que “esto no significa renunciar al rigor”, algo que provoca reticencias en muchos académicos, sino “tomarse ciertas licencias” como la utilización de símiles o elementos cercanos en lugar de terminología científica compleja, afirma. “Hay que perder el miedo a que alguien te escuche utilizar un lenguaje mucho más accesible y diga ¡qué barbaridad!”, comenta, apoyándose en palabras de Jorge Olcina a quien considera un referente en divulgación científica. El reconocido experto en climatología de la Universidad de Alicante, con el que han realizado algunas acciones para formar a investigadores locales, comparte la postura del descenso en los estándares terminológicos, indica Martín. Cuando Olcina trataba de explicar un fenómeno meteorológico de actualidad, añade la técnica, “muchos expertos se ponían en la tesitura de que si no era un fenómeno de gota fría de manual no se podía decir”. Él, sin embargo, era defensor de utilizar el término “aunque te estés saltando una de las reglas que hacen que científicamente lo sea”, ya que su filosofía es la de “introducir poco a poco determinados conceptos” para que la gente vaya perfeccionando paulatinamente su conocimiento, justifica la periodista de UA Divulga.

Al respecto de la situación actual de la UCC+i de la UA, María Martín recuerda que se trata de un proyecto todavía joven, con menos de un año de recorrido. Un aspecto fundamental, señala, consiste en que el eje de la comunicación lo llevan a cabo los técnicos de la Unidad, que son de formación periodística, pero el eje divulgativo es llevado a cabo por investigadores. Por ello, sus esfuerzos inmediatos se centran en la “actualización de un listado de expresiones de interés”, en el que tratan de registrar a todos los investigadores e investigadoras dispuestos a “canalizar sus inquietudes divulgadoras”, así como “la creación del portal UA Divulga para la recopilación y comunicación de estas acciones divulgativas”. Una de ellas es la próxima edición de “La Noche Europea de los Investigadores”, en la que han pasado de tener “únicamente profesores de la Facultad de Ciencias y la Escuela Politécnica Superior” a recibir solicitudes de “las facultades de Humanidades, Ciencias de la Salud, Derecho, Económicas o Educación”. “El flujo es constante, esta cultura está creciendo”, apunta. Por último, añade que “es una pena que esta labor se realice de forma altruista”, calificando como “caldo de cultivo favorable” el hecho de que la FECYT haya comenzado a reconocer las acciones divulgativas y de transferencia del conocimiento por parte de los investigadores. 

Captura del Directorio de UCC+i de España / FECYT

Estas acciones y reflexiones están enfocadas a aumentar la cuota de contenidos científicos en lo que la sociedad entiende por cultura, haciendo que en el subconsciente colectivo la palabra cultura evoque algo más allá de las bellas artes y las humanidades. Actualmente existen más de ochenta Unidades de Cultura Científica y de la Innovación en España, estando la mayoría de ellas vinculadas a universidades. 

«Un audio descontextualizado puede desinformar tanto como una noticia falsa»

ENTREVISTA | Rocío Pérez Periodista y coordinadora de MalditaCiencia

La periodista especializada en ciencia apunta que consumimos y reenviamos, realimentando la desinformación


Rocío Pérez / Fotografía por Paloma López Learte

La semana pasada la entrevista a Belén Laspra comenzaba con una cita célebre del padre del empirismo, Francis Bacon. En este caso el redactor se toma la licencia de ampliar la cita parafraseando a Robert Proctor, pionero en hablar de la agnotología: “El conocimiento es poder, pero la ignorancia, también”. La agnotología consiste en la creación deliberada de ignorancia, una táctica usada frecuentemente para manipular la opinión pública. Un ejemplo son las noticias falsas, sin embargo, la desinformación toma otras formas y no siempre tiene intenciones oscuras ni esconde autores tan influyentes como políticos o grandes empresas. Sea como fuere, los expertos en ciencia, tecnología y sociedad coinciden en la necesidad de ejercer el pensamiento crítico y posicionarse en una actitud de escepticismo leal para aumentar la Alfabetización Científica y la Apropiación Social de la Ciencia en la era de la comunicación 2.0. En palabras más llanas, contrastar el origen de la información recibida mediante una búsqueda activa permite a los individuos estar mejor informados y ser menos manipulables. 

En un mundo hiperconectado en el que se reciben grandes volúmenes de información de forma diaria esta tarea no siempre es fácil. Bien lo sabe Rocío Pérez, periodista científica en MalditaCiencia, la rama del medio sin ánimo de lucro Maldita.es encargada de comprobar la veracidad de la información científica que recibimos de maneras muy diversas. Además de combatir la desinformación mediante el periodismo de datos, es redactora de El Confidencial desde 2013 y colaboradora de medios como Jot Down, Agencia Sinc o el blog de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU “Mujeres Con Ciencia”. En esta entrevista profundiza en las actitudes y formatos en los que se presenta la desinformación, la crisis de confianza en los periodistas y medios de comunicación y la oportunidad que tienen para recuperar su credibilidad. 

La desinformación toma diferentes formas y utiliza muchos canales, ¿cuáles son?

La desinformación en los medios llevamos viéndola toda la vida, solo que antes sólo los que tenían acceso a los medios podían desinformar, y ahora puede hacerlo cualquiera porque las redes sociales y los sistemas de comunicación por mensajería nos lo ponen al alcance de la mano. Un tuit, un estado de facebook o un vídeo grabado con la cámara del móvil son herramientas muy útiles para desinformar: son instantáneos y tienen el potencial de llegar a cualquier rincón de la red. Los formatos pueden ir desde la tradicional «noticia» (o algo que se le parece) hasta un audio grabado para un amigo. Funcionan porque son conocidos y cotidianos pero a la vez nos llegan descontextualizados, sin detalles, sin fecha, sin ubicación… Eso impide que podamos comprobar los detalles e incluso que intentemos hacerlo. Simplemente consumimos y reenviamos, realimentando nosotros a su vez la desinformación. Como muchos además nos llegan de personas conocidas… Más fácil es que nos la cuelen.

¿Hay algún colectivo especialmente vulnerable a los mensajes desinformativos?

No sé si especialmente vulnerable, pero desde luego que las personas más mayores no están más a salvo. Tendemos a pensar que por estar menos expuestos a las redes sociales están más protegidos. Si alguien de verdad no está expuesto en absoluto, lo estará, pero a día de hoy, prácticamente todo el mundo tiene, al menos, una aplicación de mensajería a su alcance. Con esto ya les llega la desinformación. Y el problema aquí es que cuanto menos manejo de la información en la red, menos herramientas y mecanismos tiene una persona para distinguir la buena información de la desinformación. Algunos estudios sugieren que las personas mayores de 60 años tienen una mayor probabilidad de compartir noticias falsas porque nunca en su vida han tenido que hacer ese ejercicio. Siempre han sido consumidores pasivos de información y no han tenido que plantearse una postura crítica activa.

Esta postura se le resiste a la ciudadanía para con la información científica, especialmente si va acorde a su sistema de creencias.

No más que con cualquier otro tipo de información. Quien tiene ciertos conocimientos científicos o sobre salud sí se para a reflexionar y comprobar, pero son una minoría. Es mucho más fácil que nos creamos y compartamos algo sin pararnos a comprobarlo. La mayoría de nosotros defiende una forma de pensar porque cree que es la correcta, y considera que la contraria es errónea, interesada o malvada. Así que estamos mucho más dispuestos a buscarle las pegas a esa que a la nuestra. Es importante (aunque difícil y poco común) ser tan exigente con la información que en principio mejor nos encaja como con la que no lo hace.

Charla de Rocío Pérez para la Asociación de Divulgación Científica de Alicante

Los consumidores suelen argüir la falta de tiempo.

Una comprobación rápida del origen de un titular, si es un medio serio o no, de si detrás de una afirmación hay un dato real, si un supuesto experto lo es o no…en principio no tiene por qué llevar más de un par de minutos. Pero para un usuario no entrenado puede ser más trabajoso distinguir una fuente fiable de la que no lo es. Por otro lado, hay webs que no son medios pero se esfuerzan mucho en parecerlo, y ahí la confusión es más difícil de evitar. Los medios de comunicación deberían ser rigurosos, pero sería ingenuo no reconocer que sufren una crisis de confianza por parte de los lectores y espectadores, que es uno de los motivos de que la desinformación campe a sus anchas. Existen algunos proyectos periodísticos nacidos precisamente con la idea de dedicarse específicamente a la verificación y así ayudar a los consumidores de información a distinguir. Maldita.es es un proyecto con distintas ramas (Maldito Bulo, Maldito Dato, Maldita Ciencia, Maldita Inmigración, Maldito Feminismo y Maldita Hemeroteca) que se basa en dos pilares principales. Por un lado, el periodismo. Lo que hacemos es lo que han hecho los periodistas desde siempre: comprobar fuentes, comprobar datos, comprobar origen, comprobar contexto… Y luego explicar todo lo que sabemos sobre un asunto. El otro es la idea de comunidad, de crear una relación de confianza con nuestro público que haga que ellos nos avisen de los bulos y desinformaciones dudosas que se topan por las redes, nos ayuden cuando puedan a comprobarlas/desmentirlas y después nos echen una mano para difundir los desmentidos y contenidos que creamos a partir de nuestras comprobaciones. Se trata de que, en la batalla contra la desinformación, las fuerzas estén tan igualadas como sea posible. Los malos (que no podemos saber quiénes son, pero están ahí) son muchos y están organizados. Nosotros tenemos que estarlo también.

Se me ocurre que esta tarea de verificación podría realizarla el Estado.

En mi opinión eso no es en absoluto algo que se pueda legislar. El periodismo debe ser independiente de la legislación, que al final proviene del poder ejecutivo y legislativo. Esto es un principio periodístico básico, pero si hace falta, para ilustrarlo podemos concretarlo en algunos ejemplos que serían muy delicados por no decir imposibles de legislar: ¿qué ocurriría con las piezas periodísticas que discrepen de las fuentes oficiales? ¿Qué ocurriría con la sátira? ¿O con el periodismo de opinión?  ¿Qué hacemos con toda esa desinformación que es, en realidad, información fiable sacada de contexto (rescatada del pasado o ubicada en otro sitio)? No creo que sean cuestiones que se puedan regular con normas o leyes.

¿En quién recae entonces la responsabilidad de comprobar las fuentes?

Lo primero, en los propios periodistas y medios de comunicación. En cierto modo el problema de la desinformación es una oportunidad para que el periodismo reivindique su función social ante los ciudadanos: hay que recuperar esa confianza en los medios, que los lectores sepan que ante el entorno pantanoso que puede ser internet y las redes sociales (a veces, ojo, que las redes también tienen cosas muy buenas), los medios son un lugar fiable donde informarse. Por otro lado, esos mismos ciudadanos y consumidores tienen que asumir que ellos también tienen una responsabilidad con cómo son las cosas a día de hoy. Por un lado, evitando compartir aquello que no tengan claro que es verdad. Por otro, ejerciendo su poder como consumidores, no dando visibilidad y visitas a aquellos contenidos que no sean fiables.

“Hay otra ciencia y tecnología cotidiana que pasa desapercibida”

ENTREVISTA | Belén Laspra Experta en Ciencia, Tecnología y Sociedad

Belén Laspra / Cedida por la autora

“Sciente potentia est”. O, traducido al castellano, “El conocimiento es poder”. La célebre cita, atribuida al pionero del pensamiento científico moderno Francis Bacon, sostiene que el saber en sí mismo otorga cierta potestad. Belén Laspra, experta en estudios sociales de la ciencia, defiende una suerte de versión contemporánea de la cita en su libro “La Alfabetización Científica” (Ed. Los Libros de la Catarata, 2018). La actual investigadora del Departamento de Filosofía de la Universidad de Oviedo desarrolla su carrera profesional en el campo de la cultura científica, el punto de encuentro entre la sociedad, la ciencia y la tecnología que cotiza al alza. Para ello, ha colaborado con instituciones tan relevantes en la materia como la Fundación Española de la Ciencia y la Tecnología (FECYT), la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) o el Institute for Social Research (ISR) y el International Center for the Advancement of Scientific Literacy (ICASL) de la Universidad de Michigan. 

Rechazar un tratamiento basado en flores de Bach, escoger un alimento en función de sus características nutricionales o comprar un electrodoméstico considerando su eficiencia energética son ejemplos cotidianos de Apropiación Social de la Ciencia (ASC), apunta Laspra. Los estudios de la doctora en Filosofía miden la implantación de la ASC en la sociedad, mediante la que “los individuos integran los conocimientos científicos y los utilizan para guiar sus decisiones en la vida diaria”. Uno de los elementos que la componen es la Alfabetización Científica, que se define como “todo lo que -un individuo o grupo- sabe de ciencia, sobre la comunidad científica y sobre el sistema tecnocientífico”. Este conjunto incluye desde conocimientos científicos, como “qué es un átomo”; hasta meta-científicos, como “el rol de un grupo de control en un experimento o la ley de ciencia vigente”. 

Para adquirir estos conocimientos consumimos información procedente de fuentes y canales diversos. Internet es un canal que “posibilita el acceso” y las redes sociales actúan como “facilitadoras del capital social en sentido sociológico”, señala la filósofa. “Por Facebook llegan artículos de I Fucking Love Science o Materia, pero también de Unexplained on Gaia; en Twitter puedes encontrar a la NASA o a la Sociedad de Terraplanistas”, advierte, enfatizando la abundancia y la variabilidad en el rigor que presentan los contenidos web. Laspra explica las diferencias entre la Comunicación 1.0 y la 2.0 mediante el cambio en los criterios de validez de la información, apoyándose en el sociólogo Massimiano Bucchi. En la primera, “la autoridad de la fuente y la reputación del canal garantizaban la calidad”, en la segunda, “la información válida es la contrastada”, afirma. La investigadora recalca la importancia de cuestionar tanto la información y las fuentes novedosas como los conocimientos y actitudes asentados, ejerciendo lo que describe como “un sano escepticismo”. “El mejor modo de poner en práctica el pensamiento crítico es hacer preguntas”, incluyendo “fuentes no afines al pensamiento propio”, propone, ya que el sistema educativo proporciona un bagaje “necesario pero insuficiente” para lidiar con los “desafíos y controversias científicas” del futuro, como ya notó el experto Jon Miller. El referente estadounidense en alfabetización científica considera que buscar y adquirir información para solventar cuestiones inmediatas en lugar de memorizarla de forma preventiva representa un cambio en el modelo de aprendizaje tradicional. Miller justifica este cambio por la irrupción de las TICs en los hogares, como refleja Belén Laspra en su citado libro.


“En la Comunicación 2.0 la información válida es la que está contrastada”

Según la doctora, el perfil de una persona con alto nivel de ASC posee estudios reglados, muestra interés por la ciencia y tecnología y está representado especialmente en varones de 30-40 años. El 20% de la población española presenta este perfil, normalmente acompañado de una actitud pro-científica y una percepción positiva pero crítica con la ciencia, indica Laspra. Por contra, las creencias religiosas afectan de forma negativa a la ASC debido a “componentes sociológicos, psicológicos, e históricos”, aunque “hay personas que parecen ser capaces de conjugar ambas”, ya que es un tema “muy complejo relacionado con las pseudociencias y las fake news”, añade. La investigadora recalca que fomentar el interés en la ciencia y la tecnología es un objetivo cuya importancia va más allá de fomentar la apropiación. Pese a la existencia de legislación que pretende “impulsar la cultura científica, tecnológica e innovadora a través de la educación, la formación y la divulgación”, reconoce que “necesita traducirse en estrategias concretas”, pues aún queda mucho por hacer. “Necesitamos una política científica más robusta”, concluye.

El fomento e incentivación de la actividad de museos, planetarios y centros divulgativos es un objetivo recogido en el artículo 38 de la Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación vigente.  No obstante, la investigadora se apoya en varios estudios en el contexto español para cuestionar que la asistencia a los mismos sea indicativa de interés en materias tecnocientíficas. “Proporcionan información en abundancia”, reconoce. El problema es que en el imaginario popular no figuran como lugares capaces de dar respuesta a preguntas”, diagnostica. La experta afirma que “existe un nicho de oportunidades” y sugiere involucrar a la ciudadanía en la toma de decisiones en cuestiones de interés social en estos espacios, algo a su juicio necesario en “una sociedad democrática marcada por el desarrollo científico tecnológico”. Jurados, encuestas deliberativas o paneles de consulta son estrategias que considera adecuadas para incorporar la voz pública en los museos de ciencia y tecnología. “Son espacios muy adecuados para albergar este tipo de acciones”, apunta, señalando que poseen grandes aforos, recursos tecnológicos, horarios flexibles, personal especializado y acceso a expertos. Estas características permiten la incorporación de simulaciones de la toma de decisiones en temas socialmente relevantes como los alimentos transgénicos, el cambio climático, la reproducción asistida, el virus del papiloma humano o la experimentación con células madre, para que “los visitantes puedan familiarizarse con la participación y practicarla”, afirma. 


“Los individuos tienen que tomar decisiones en ciencia y tecnología”

Al respecto de las exposiciones museísticas, sugiere un giro en los contenidos desde la “ciencia en mayúsculas” hacia la “ciencia cotidiana”, siguiendo “la máxima educativa de empezar por lo conocido para llegar a lo desconocido”. Considera que la ciencia de los grandes descubrimientos, los importantes avances tecnológicos y los premios Nobel está representada, pero no tanto la que se utiliza a diario y pasa desapercibida. Por ello, invita a los responsables de los contenidos expositivos a mostrar los principios científicos que hay detrás del día a día de las personas, con el objetivo de incrementar su interés. Mostrar la ciencia y la tecnología tras el funcionamiento de una placa vitrocerámica o de inducción, el pronóstico meteorológico, el color de la ropa o el gel de ducha son contenidos que pueden “hacer de estas entidades lugares de apropiación científica”, apunta.  La episteme y la téknē pueden ser percibidas como saberes elevados, propios de grandes figuras como Francis Bacon, pero como sugiere la experta, también incluyen la ciencia y la tecnología más mundana, imbricada hasta la médula de nuestra cotidianeidad.

“Saber más de ciencia puede salvarnos la vida”

El catedrático invita a la ciudadanía a implicarse en la búsqueda y aplicación de información científica

ENTREVISTA | José A. López Cerezo Experto en Ciencia, Tecnología y Sociedad

José Antonio López Cerezo / Dpto. Filosofía Universidad de Oviedo

La ciencia y la sociedad parecen comportarse como líquidos inmiscibles: aunque tratemos de hacer una mezcla homogénea de ambas, con el tiempo tienden a ocupar lugares diferenciados. O, al menos, así lo percibe una buena parte de la sociedad. Por el contrario, José Antonio López Cerezo, miembro del Grupo de Investigación de Estudios Sociales de la Ciencia que elabora y analiza parte de las encuestas bienales de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT), defiende que la ciencia está integrada en el día a día de cualquier ciudadano y que debemos tenerla en cuenta para tomar decisiones mejor informadas. La sociedad y la ciencia forman una mezcla homogénea más cercana a una emulsión. Este grupo, en el que acompaña a las investigadoras Montaña Cámara Hurtado y Belén Laspra, estudia la incidencia de la ciencia en la vida de las personas, un proceso conocido como Apropiación Social de la Ciencia (ASC) en el que consideran fundamental que la ciudadanía tome un papel protagonista.

El también Catedrático de Lógica y Filosofía de la ciencia de la Universidad de Oviedo reconoce como padre del término ASC al físico colombiano Eduardo Posada Flórez, si bien él fue uno de los primeros en traer esta noción a España. El investigador explica que el proceso consta de tres dimensiones: cognitiva, valorativa y operativa. La primera consiste en la recepción de información científica a través de medios digitales o tradicionales como internet, la prensa o el entorno social. Ésta va compañada de la integración del conocimiento en el sistema de creencias propio, algo que conlleva “cambiar las actitudes y valoraciones de un individuo”, como comenta López Cerezo. La última dimensión, en la que se han centrado sus indagaciones, consiste en la modificación del comportamiento. Para estudiar la fase operativa de la ASC, el grupo de investigación de López Cerezo ha contribuido a elaborar diversos cuestionarios cuya intención es detectar cuándo el conocimiento científico es puesto en práctica.

Tratar de arreglar por cuenta propia un aparato averiado, buscar información acerca de un ingrediente alimentario controvertido o consultar a un profesional de la salud por un nuevo fármaco son respuestas consideradas indicativas de un alto nivel de ASC. Como el lector habrá podido notar, el factor común de estos ejemplos es “la tendencia a buscar información científica para resolver aspectos particulares de la vida”, resumido en palabras del investigador. No obstante, no todas las formas de ASC van acompañadas del ejercicio del pensamiento crítico. La confianza ciega en la ciencia, encarnada en profesionales como científicos y tecnólogos, puede convertir al ciudadano en “un simple intermediario de un mandato científico en un comportamiento individual”, una posición que coloca a la ciencia “en un pedestal” y que la trata “de una forma similar a la religión”. Para que la ciudadanía ejerza la apropiación de una forma más saludable es necesario que tome “un papel protagonista en la búsqueda, el filtrado y la selección de información científica”, apunta López Cerezo.

“Estar cercano a la ciencia no sólo es saber más ciencia, sino también llevarla a la vida cotidiana”

Pese al énfasis en el cuestionamiento de las fuentes, el catedrático no se muestra partidario de un escepticismo total justificado por la desconfianza en las instituciones, un fenómeno que califica de “difícilmente comprensible”. Sin embargo, añade que “los analistas coinciden en que hay una larga cantidad de crisis y escándalos vinculados al desarrollo científico-tecnológico que han adquirido visibilidad en las últimas décadas en el mundo occidental”. Cita, entre otras, el caso de las vacas locas, el engaño de Volkswagen con los motores diésel o las dioxinas en los pollos belgas. En este contexto, el investigador recuerda que “reconocer las limitaciones y los riesgos de la ciencia no tiene nada que ver con ser anticientífico” y aporta un concepto clave: el escepticismo leal. Esta actitud crítica, acuñada por el investigador demoscópico Martin Bauer, consiste en “el apoyo a la ciencia desde un cierto escepticismo”, explica el catedrático. Ampliando la definición, el entrevistado añade que esta actitud consiste en “estar con la ciencia” siendo conscientes de que hay “tanto elementos valiosos -la mayoría de ellos- como otros que pueden suscitar el rechazo o la mirada cautelosa” y pone como ejemplo práctico la petición de una segunda opinión médica.

Para evitar que el escepticismo leal derive en una actitud anticientífica “hay que diferenciar entre desmitificar la ciencia y descalificarla”, apunta el experto, que considera que la ciencia no es infalible en tanto que es una actividad humana. Por contra, presenta sus limitaciones, incertidumbres y riesgos. En ese sentido reconoce que las estrategias de comunicación social están trasladando una imagen demasiado tradicional de la ciencia, presentándola como unívoca e infalible, una táctica que califica de “contraproducente”. Para reforzar su punto de vista, se apoya en un ejemplo: “Firma como científico el ingeniero de montes que trabaja para una empresa privada dedicada a la fabricación de pasta de papel pero también el ecologista que milita en una organización que se opone a las prácticas de la empresa”. El resultado son “científicos enfrentados con científicos”. “La ciencia debe ser más humilde”, asevera, lo que no quita que considere un gran error su deslegitimación, ya que “reconocer la credibilidad y utilidad de la ciencia es fundamental”. En esa línea, apunta que, a un nivel macrosocial, “un aumento de la cultura científica hace que mejoren todos los indicadores que tienen que ver con educación, competitividad empresarial, desarrollo, etc.”.

“Debemos desmitificar la ciencia sin desacreditarla”

López Cerezo añade que “saber de ciencia puede, desde enriquecernos como personas, hasta salvarnos la vida en la actual sociedad del riesgo, rodeados de amenazas con origen en el desarrollo industrial de base tecnológica”. La creación de espacios de participación ciudadana, la existencia de fuentes de información científica libres, ricas y plurales, la estimulación de organizaciones, asociaciones ciudadanas, las ONG relacionadas con la ciencia y la tecnología y el aumento de los contenidos metacientíficos en comunicación son algunos de los ingredientes que el investigador considera necesarios para aumentar el “engagement” o implicación ciudadana. “Muchas veces tendemos a infravalorarlos -a los ciudadanos- y creo que es un grave error”, afirma. “Debemos implicarlos”, concluye el filósofo.

“Nuestra toxina es bastante popular, es como la ricina de la serie Breaking Bad”

Álvaro Martínez del Pozo pertenece al grupo de investigación de la UCM que busca transformar toxinas en tratamientos


Catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Álvaro Martínez del Pozo, se dedica a la ciencia en sus diferentes formas: como docente, investigador y divulgador del conocimiento científico.
Es Licenciado (1981) y Doctor (1986) en Ciencias Químicas, dentro de la especialidad de Bioquímica. Además de la UCM, ha trabajado en universidades de otros países, como la Universidad Rockefeller de Nueva York, la Northeastern de Boston y la Universidad de Kyoto. Dentro de su trayectoria investigadora, forma parte de un equipo más amplio, donde participan profesores y becarios en el estudio de la estructura y funciones de las proteínas, aunque la especialidad de Álvaro Martínez son las proteínas tóxicas y su capacidad para interaccionar con membranas biológicas.  Además de la investigación, participa activamente en la comunicación científica, tanto en el ámbito de la docencia como en la divulgación. Ha publicado libros como “El nacimiento de la química de proteínas” o “¿Por qué somos como somos? El genoma humano paso a paso”. Además, ha participado en conferencias y ha colaborado en medios de comunicación, ahora mismo, participa en el programa de RNE “A hombros de gigantes”.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de proteínas tóxicas?

Si un producto natural hace daño, resulta tóxico, es una toxina. Por tanto, al contrario de lo que se puede pensar, una toxina es un producto natural. Algunas toxinas son proteínas y esas son en las que nos centramos nosotros.

¿Qué tipo de proteínas están estudiando?

Utilizamos proteínas que, además de ser tóxicas, de producir un daño, sean capaces de interaccionar con membranas. En general, las proteínas tóxicas que interaccionan con membranas proceden de organismos que las tienen que producir solubles, por lo que son proteínas solubles en agua y, a la vez, interaccionan con membranas, una dualidad que es un poco rara. Normalmente, las proteínas o se asocian a las membranas o están solubles en agua, y estas toxinas que nosotros usamos hacen las dos cosas.

¿De dónde proceden estas proteínas en nuestra naturaleza?

Trabajamos con tres tipos: las que proceden de hongos microscópicos, principalmente de la familia de los aspergillus, que puede sonarnos porque es uno de los que se usa industrialmente para producir penicilina. Las que se obtienen de las anémonas marinas, unas proteínas que dañan a otros organismos creando poros. Y, una tercera, en la que estamos empezando a trabajar ahora, la que proviene de venenos de araña, en concreto, de la viuda negra.

La inmunoterapia, medicina personalizada o fármacos inteligentes están a la orden del día. ¿En qué cuadro de la investigación oncológica se situarían sus estudios?

Desde ese punto de vista, que no es el único que manejamos, sería una forma de inmunoterapia. Lo que nosotros hacemos en cáncer de colon, principalmente, es buscar una proteína que esté en la superficie de las células cancerosas de colon y que no esté en las demás células. A esto se le denomina antígeno. Si consigues un anticuerpo que únicamente reconozca esa proteína, solo identificará las células tumorales y eso es un tipo de inmunoterapia.

¿Cómo lo hacen?

Utilizamos un método bastante eficaz, a la parte del anticuerpo que reconoce la célula tumoral, le unimos una toxina, una proteína extremadamente tóxica que solo va a resultar tóxica cuando entre en la célula. Con esa unión conseguimos lo que se denomina una inmunotoxina.


» Una inmunotoxina es una proteína artificial formada por dos dominios unidos que actúan de forma coordinada: uno detecta la célula maligna uniéndose a ella y el otro produce su muerte.

Fuente: Agencia SINC

Hablaríamos de alternativas a otras terapias más invasivas, como la radioterapia…

Sí, se puede inyectar y no produce ningún efecto secundario porque el anticuerpo no se une solo a las células tumorales y las elimina. No es una cosa que hayamos inventado, se lleva trabajando desde hace muchos años, pero nosotros lo hemos implementado a nivel molecular.

Son procesos muy específicos, pero, en un caso hipotético, ¿sería posible lograr una solución única para el cáncer?

No con la estrategia que estamos utilizando nosotros, porque es un tratamiento dirigido a un cierto tipo de cáncer de colon concreto. Aunque la estrategia general se podría aplicar, pero habría que elegir cada antígeno concreto y producir el anticuerpo determinado en cada caso.

Además de los tratamientos oncológicos, están trabajando en otros campos de estudio y enfermedades, ¿cuáles son?

Yo me centro en los estudios básicos del comportamiento de la proteína, saber cómo son capaces de interaccionar con la membrana. Otra línea es el papel insecticida de las proteínas de los hongos, que las producen para que ciertos insectos no se los coman. También las propiedades insecticidas del veneno de araña, para producir un insecticida biocompatible, ya que solo se producen esas proteínas tóxicas frente a ciertos insectos y sería totalmente inocuo para los humanos. Es una visión a largo plazo para tratar de producir, además de las inmunotoxinas, otras proteínas que tuviesen propiedades insecticidas.

Para quienes no estamos familiarizados con el trabajo en laboratorio puede ser complejo comprender el proceso de la investigación… ¿qué fases se siguen?

La primera dificultad es elegir el antígeno, buscar qué proteína tienen las células cancerígenas que no tienen las demás. La segunda, crear el anticuerpo; se produce en microorganismos recombinantes: en bacterias y levaduras. La tercera es eliminar las partes del anticuerpo que no necesitamos. Y, la cuarta, es la que nosotros tenemos más optimizada, elegir la toxina adecuada.

Y, ¿qué toxina habéis elegido?

Nuestra toxina es bastante popular, es como la ricina de la serie Breaking Bad. Se trata de una proteína extremadamente tóxica, pero solo cuando entra en la célula, puede circular y no pasa nada. La hemos unido a un anticuerpo y se introduce en la célula. Y hemos modificado tanto el anticuerpo como la toxina para que no las reconozca el sistema inmune humano, lo que se denomina una molécula humanizada. Cuando la inyectas, el sistema inmune la reconoce como propia y no la elimina, por lo que el tiempo de circulación es mayor y se incrementa la posibilidad de que llegue al tumor y lo elimine.

¿Qué tipo de técnicas se emplean para buscar estos resultados?

Utilizamos una variedad de técnicas grandísima. Combinamos el ADN de la toxina con el ADN del anticuerpo para que formen un todo. Primero hay que conseguir el ADN, manipularlo para crear la construcción que queremos, luego lo clonamos y lo producimos en distintos organismos, principalmente en bacterias como la escherichia coli o levaduras.

Una vez producida, usamos técnicas de purificación como cromatografía o centrifugación, técnicas que separan macromoléculas en función de sus propiedades. Cuando la tenemos, hay que medir la actividad tóxica, la enzimática y la capacidad para funcionar del anticuerpo. Con el objetivo de caracterizar la función de la proteína con células en cultivo, células cultivadas en una placa.

¿Y una vez conseguida?

Se da el paso al animal, utilizamos ratones, les insertamos artificialmente un tumor humano y, finalmente, les tratamos ese tumor. Y ahí es cuando paramos nosotros, porque lo siguiente sería el salto a la clínica.

¿Cuál es la mayor dificultad a la que se enfrenta el grupo?

Eso es facilísimo de contestar. La falta de recursos y de apoyo institucional. Así de claro, sin paliativos.

También está muy implicado en la divulgación científica…

Sí, todo el grupo lo está y hace divulgación… es muy divertido y el público al que llega está entregado.

¿Cuál cree que es el papel del investigador como comunicador de la ciencia?

Trabajamos en una universidad pública, todos nuestros proyectos están financiados con dinero público, es una manera de retornar a la sociedad lo que está pagando con sus impuestos y explicarles para qué vale su dinero.


«La cultura es de letras y es de ciencias. Tenemos un deber por hacer para que disminuya el analfabetismo científico de ciertos sectores de la sociedad»


¿Es complicado?

Vivimos en una sociedad cada vez más tecnificada, a veces hasta a los científicos nos cuesta distinguir lo que es real, hay cosas que parecen mágicas. Sin ir más lejos, sin los conocimientos necesarios, el teléfono móvil parece algo mágico. Y cuando ves cosas de campos diferentes ocurre lo mismo. Si eso lo aplicamos al resto de la sociedad y no amplían su cultura científica, muchos charlatanes se van a aprovechar de eso, van a vender como soluciones científicas cosas que no lo son.

Parece una labor difícil e importante…

Con un poco más de formación científica, muchas de las cosas que pasan hoy no ocurrirían. Aumentar el conocimiento general y científico de la gente amplía la libertad de decisión y previene frente a los engaños. La cultura es de letras y es de ciencias, y nosotros tenemos un deber por hacer para que disminuya el analfabetismo científico de ciertos sectores de la sociedad.

Ángel Pérez Ruzafa: “No se debe pensar que el Mar Menor sea solo agua”

El catedrático explica que la laguna costera murciana mantendrá su capacidad de autorregularse siempre que la acción humana respete su curso natural

El Mar Menor, laguna costera murciana, ha estado muy presionado a lo largo de las últimas décadas por la entrada continua de materia orgánica. Se ha encontrado, sobre todo en los últimos años, en el punto de mira de todos los murcianos. A pesar de su poder de recuperación, ha hecho falta un enfoque multidisciplinar y conocer el mecanismo del Mar Menor y de otras lagunas costeras para acertar con el diagnóstico del estado de la laguna y ponerle así, una solución adecuada y eficaz. Ángel Pérez Ruzafa es catedrático de Ecología por la Universidad de Murcia (UMU), docente e investigador en esta misma universidad y, además, licenciado en Bellas Artes. En esta entrevista cuenta algunas experiencias fuera del territorio español y, sobre todo, la necesidad de abordar la problemática del Mar Menor desde un punto de vista amplio, crítico y positivo.

Ángel Pérez Ruzafa, catedrático de Ecología de la Universidad de Murcia.

Ha realizado numerosas actividades tanto en España como fuera de ella, ¿cree que alguna de sus acciones fuera de nuestro territorio como, por ejemplo, la expedición en el Hespérides, le ha ayudado a tener una perspectiva propia y definida del estudio del Mar Menor?

Sí, absolutamente. Cuando uno trabaja únicamente en un sistema, la visión que tiene de cómo funciona está muy condicionada por su propio funcionamiento. He tenido la suerte de haber trabajado en numerosas islas costeras, en la Antártida, en las islas Galápagos, en el Caribe además del Mediterráneo. Esto nos proporciona una perspectiva global del funcionamiento de las lagunas costeras y permite encontrar matices, diferencias y cosas comunes, algo determinante para poder interpretar cómo funciona un ecosistema. Por ejemplo, nos podemos encontrar en la Antártida con un erizo de mar, esperando al tocarlo que se asemeje a lo que acostumbramos a ver en las zonas del mediterráneo, pero en realidad parece papel de fumar. Aquí comprendes el papel que juega el carbonato y su metabolismo. En un agua fría como la de la Antártida, el carbonato es muy soluble y precipitarlo para formar un esqueleto es carísimo energéticamente, pero en las aguas cálidas como las del Mar Menor, el carbonato precipita con mucha facilidad, por lo que podemos encontrar conchas de gran tamaño.

¿Podría contar alguna experiencia que haya vivido en aquella expedición del Hespérides a la Antártida?

Experiencias hay muchas y de muchos tipo. Algunas de ellas, desde el punto de vista biológico, son el tipo de observaciones que comentaba. Luego hay otras experiencias desde el punto de vista propio, como por ejemplo mi primera inmersión que, a pesar de las ganas, fue muy problemática. Tengo mucha flotabilidad por lo que tuve que ponerme mucho peso. Llevaba también un bloque cemento que era la base de una boya que marcaba la estación de muestreo y una boya pequeña para que el comandante pudiera saber dónde estaba cada buceador. Llevaba la máquina de fotos en la otra mano. A pesar del peso que llevaba no conseguía bajar. Cuando ya renunciaba a la inmersión y asumiendo que me estaba perdiendo mi primera inmersión en la Antártida de repente intenté subir y no podía porque estaba totalmente líado con el hilo. Empezaron a cortarlos y aún así yo subía muy poco a poco. En esa situación el otro hombre se asustó pero yo guardé la calma. Para empeorarlo más, en uno de los tirones de la boya me sacó la máscara de buceo y tuve que respirar de las burbujas. En las inmersiones el factor limitante es la temperatura, no pueden durar más de 20 minutos porque puedes entrar en congelación. La mía duró 40 minutos, salí prácticamente aterido y congelado, me sacaron y lo primero que yo di fue mi máquina de fotos. Pero como los principios de seguridad son muy rigurosos, me la cogió el alférez médico y lo primero que hizo fue tirarla y cogerme a mí. Claro, yo una vez entré en calor, no sabía si matarlo o no, con lo que me había costado la cámara. Con suerte, subiendo la boya, estaba todo tan liado que la cámara subió con ella.

Ya en relación con el Mar Menor, ¿qué técnicas se han utilizado en los últimos años para salvar la situación?

En realidad no se trata de técnicas, se trata de capacidad de diagnóstico. La clave es comprender cómo funciona el sistema. El gran problema con el Mar Menor ha sido, por un lado, lo que podríamos llamar la maldición de Casandra. En la historia, Apolo se enamora de Casandra de Troya. Éste le entregaría a Casandra el don de conocer la verdad a cambio de entregarse a él. Una vez concedido el don, ella se negó a cumplir y Apolo añadió una maldición: ”Vas a conocer la verdad y nadie te va a creer.” Casandra advirtió lo que iba a pasar con el Caballo de Troya pero nadie la creyó. Los científicos tenemos a veces esa sensación. Tenemos capacidad de anticipar los problemas y de saber las consecuencias de las actividades humanas y la responsabilidad de dar alertas que a veces son ignoradas. A eso se une a veces las miserias humanas, incluso dentro del ámbito científico, donde por intereses, necesidad de financiación, por afán de protagonismo o simplemente porque no creer y tener otra verdad, niegan lo que otro dice, aunque sea cierto. Llegó un momento en que el sistema se forzó tanto que al final se rompió. Lo más delicado en estos casos es no equivocarse en el planteamiento del problema o el diagnóstico y tomar medidas acordes con él. Todo problema tiene solución, y si no lo tiene es porque está mal planteado. La situación es compleja, pero el Mar Menor ha sido un ejemplo de que cuando se estudian las cosas, se conocen, y no se tiene más afán que el de conocer la verdad, se pueden hacer diagnósticos acertados que sean útiles y efectivos.

Entonces, ¿en qué situación nos encontramos ahora mismo?

Gracias a las medidas que se tomaron, la entrada de nutrientes ha descendido de manera importante, el Mar Menor se ha recuperado antes de lo que se predecía. En el mar Menor y otras lagunas costeras, hasta el 40% de las especies se renuevan cada año, es decir, pueden estar un año y no en otro. Eso da un poder de adaptación enorme ya que a las especies que entran nuevas no les afecta lo que ocurrió el año anterior y, si se encuentran buenas condiciones, el sistema se organiza bien. En la medida en que las condiciones se habían mejorado, el sistema se recuperaba. La desaparición de Caulerpa prolifera fue, a priori, síntoma de mala calidad de agua. Sin embargo, el hecho de que desapareciera fue positivo para el Mar Menor, ya que era una especie invasora que entró cuando se dragó el Estacio (1973) pero dejó fondos disponibles para que las nuevas especies los colonizaran en unas condiciones incluso anteriores a la apertura del Estacio. Por tanto, gracias a todo ello, el Mar Menor se puso en poco tiempo mejor de lo que había estado en los últimos 30 años.

¿Se trata de una situación estable?

No, es muy inestable porque se basa en una buena capacidad homeostática, es decir, la capacidad de mantener su condición interna estabilizada y, además, es una estructura compleja. Esto requiere que existan medidas muy drásticas que limiten al máximo la entrada de nutrientes. Con la presión de las actividades humanas en el campo de Cartagena, la estabilidad solo se puede conseguir si existe una infraestructura estable de gestión del agua, pero no la hay. Requiere inversión con financiación tanto autonómica como nacional y posiblemente europea. Para que eso sea viable se necesita una buena coordinación entre gobiernos autonómicos, regionales y ayuntamientos. Es muy importante tener claro que el problema está ahí, porque si seguimos pensando que el problema está en un grupo político determinado o en el propio Mar Menor, no lo vamos a resolver. Hay planteada una reunión del comité científico para valorar cuál es la situación a día de hoy y cómo está la situación en todos los campos y con los distintos grupos de trabajos.

¿Podríamos estimar cuánto tiempo será relativamente estable?

En cosas de la naturaleza es muy difícil establecer tiempos. El Mar Menor ha sorprendido con su capacidad y rapidez de recuperación, pero el momento en que se pueda producir una rotura es imprevisible. Siempre lo comparo con apretar un globo. Tú aprietas un globo y tiene resiliencia, se va recuperando pero, ¿cuántas veces lo tienes que apretar para que explote? Imposible de anticipar. Lo que sí sabes es que, una vez lo hayas explotado no lo vas a poder recuperar y ya no vuelve a ser un globo.

¿Se pensó que ya se había llegado al punto de no retorno?

Esa posibilidad estaba sobre la mesa. Tenía la esperanza de que no se hubiera roto del todo, pero no lo sabía. Cuando cesaron los vertidos y empezamos a ver los indicadores, rápidamente nos dimos cuenta de que el Mar Menor no había sobrepasado el punto de no retorno. Una vez sobrepasado, el sistema ya no responde, pero si emite respuesta al tratamiento es que no se ha roto del todo. El principio de incertidumbre y la posibilidad de que algo ocurra siempre está presente. Y la ley de Murphy también se cumple. Si la ley de la termodinámica predice que todo tiende al desorden, esa es la situación más estable por lo que las probabilidades de que eso ocurra siempre son, en teoría y a priori, mayores de que que las cosas funcionen bien. Entonces ahí los catastrofistas tenía más probabilidad de acertar.

“Nos dimos cuenta de que el Mar Menor no había sobrepasado el punto de no retorno”

¿Han cesado totalmente los vertidos de nitratos provenientes de la Agricultura?

No, no han cesado en su totalidad y puede ser preocupante. Pero sí se han reducido muy significativamente, entorno a un 80-90%. La verdad es que en los últimos meses hemos detectado que se están retomando. Seguimos estando muy por debajo de lo que durante los últimos 20 años ha estado entrando, pero como decíamos, la infraestructura no está estable ni resuelta. Por tanto, existe la posibilidad de que en un momento dado ocurra cualquier situación que no podemos controlar y vuelva a provocar un desastre. El Mar Menor ha estado más de 20 años defendiéndose y podemos esperar que, ante una adversidad, pueda estar más recuperado y vuelva a tener la capacidad de amortiguar el problema. Pero, como sabemos, en ocasiones las recaídas son peores que la enfermedad en sí y no conviene jugar con fuego.

Además del cese de introducción de nutrientes, ¿qué otras medidas en el ámbito científico se han hecho? ¿Se han extraído o introducido especies?

No, pero tampoco han sido necesarias ya que el Mar Menor ha funcionado bien. Una de las cosas que se ha visto es que tiene la peculiaridad de neutralizar mejor el exceso de producción. Las especies pesqueras se reproducen fuera de las lagunas, luego las colonizan y aprovechan esa producción para crecer, pero se vuelven a ir o lo sacan los pescadores. Por lo que el exceso de producción no se queda dentro, ayuda a la laguna a descargarse de ese exceso. En la mayoría de las lagunas eso es insuficiente para que tengan aguas limpias, siendo la mayoría de aguas turbias. El Mar Menor tiene una singularidad que hace que retire más producción que las otras lagunas gracias a las comunidades bentónicas, entran continuamente nutrientes con una tasa de renovación mucho más alta que Caulerpa prolifera y además, a diferencia de esta, sirven de alimento. Posee otra particularidad, y es que tiene islas volcánicas que dan comunidades rocosas con muchos filtradores y poliquetos que retiran materia orgánica. Por lo tanto de por sí, gracias a sus especies, el Mar Menor es un sistema productivo desde el punto de vista pesquero pero al mismo tiempo también con aguas muy transparentes.

¿Qué es lo que mantiene la productividad de la laguna?

Todo eso se basa en la heterogeneidad ambiental. Esta heterogeneidad la da el hecho de que la comunicación con el Mediterráneo esté restringida. Por eso cuando se propone abrir y dragar los canales podemos darnos cuenta que no terminan de comprender cómo funciona la laguna costera. A pesar de la segunda ley de la termodinámica, la vida consigue ser compleja ofreciendo resistencia al flujo de energía. En una laguna costera, el flujo está garantizado por el gradiente (de salinidad y temperatura entre la laguna-mediterráneo o laguna-tierra) y eso la mantiene productiva. La resistencia, por su parte, la ejercen los canales de comunicación. Si se cierran deja de haber flujo y la laguna se muere porque no hay energía para mantenerla. Pero si se abren, la laguna se homogeniza y se pierden los flujos y la estructura. Por el contrario, si los canales restringen el flujo de agua y de las especies, se mantienen los gradientes y por tanto la productividad. Al mismo tiempo se genera un trabajo que hace que la zona sur sea distinta a la norte y que los movimientos y las estructuras de sedimentos y especies varíen según la zona. De manera que si se hace un impacto en un sitio, las otras especies no lo estás sufriendo. La mayor singularidad del Mar Menor es que tiene una capacidad de autorregulación y homeostática. Pero esto debe ser comprendido para acertar, no equivocarse en las medidas de gestión y decidir no dragar los canales, porque entonces es cuando la sentencias. No se debe entender que la laguna es solo agua.

¿Qué medidas de concienciación social se han hecho?

No se ha hecho nada de forma específica más allá de lo que han ido haciendo los grupos ecologistas. A veces con mensaje no totalmente acertado o excesivamente dramático y sensacionalista y poco realista pero en cualquier caso siempre viene bien. Es preferible tener hipersensibilidad, aunque moderada, a insensibilidad. Y sobre todo, es necesario que haya una presión sobre los políticos para que perciban un problema y busquen asesoramiento. También se han dado muchas charlas. Yo he dado muchas en colegios, asociaciones de vecinos, tantas que he perdido la cuenta. Eso ayuda a que la gente comprenda lo que hay y lo que está ocurriendo. Al final Murcia es una región muy informada sobre ecología marina, sobre lo que es un nitrato, la Caulerpa prolifera, la clorofila y eso siempre es bueno.

Habiendo estudiado también Bellas Artes en la UMU y basándome en el proyecto lalalab en el que ha participado, ¿cree que las artes pueden tener un papel importante en estos temas, como en la concienciación social?

Sí, claramente. Arte y ciencia se consideran mundos completamente distintos. Normalmente la ciencia es la racionalidad y el arte es la espontaneidad, el expresionismo y los sentimientos. Pero a la hora de la verdad se complementan y las diferencias dejan de ser importantes. En una buena obra de arte los patrones están bien estructurados, la obra tiene estructura, y tiene patrones a distintas escalas dependiendo del campo artístico. La ciencia plantea un mundo aparentemente caótico y le busca regularidades y las interpreta. La ventaja adaptativa de los humanos respecto a otros animales es haber llegado a esa capacidad de interpretar patrones al extremo, por lo que es capaz de anticipar los problema antes de llegar a tenerlos. Un científico utiliza esa capacidad para interpretar patrones y el artista para generarlos. Generando un buen patrón, los cerebros se enganchan a él porque tratan de interpretarlo. Si el patrón es muy complejo se rechaza porque no puedes con él, y si es muy sencillo te aburre.

En el fondo son el mismo mecanismo pero es verdad que activan partes distintas: en uno te permite racionalizar las cosas y hacer diagnósticos y el otro te abre la sensibilidad para comprender las cosas. Y las grandes verdades no entran por la razón, entran por el sentimiento. Por lo tanto, aunar las dos cosas es lo perfecto. Por un lado se razonan los problemas y se buscan soluciones y, por el otro, se ven los caminos de entrada para que la sociedad perciba lo importante de hacer las cosas bien y que funcionen. Por lo tanto arte y ciencia constituyen una combinación perfecta.

Álvaro López: «Como astrónomos nos dedicábamos también a la artesanía, fabricando variados “trastos” para adaptar nuestros instrumentos fotográficos a los telescopios»

El astrónomo Álvaro López estuvo a cargo del Observatorio astronómico de la Universidad de Valencia durante 32 años, periodo donde realizó intensa fotografía de asteroides, se adquirieron por medio de diferentes acuerdos internacionales instrumentos astronómicos y se construyeron mecanismos y dispositivos de investigación científica únicas, hoy valiosas piezas de museo que se aún se conservan y pueden ser interrogadas por su propio creador.

Álvaro López García, Químico y Doctor en física nuclear, fue el director del Observatorio astronómico de la Universidad de Valencia entre los años 1968 al 2000. (Autor fotografía: JuanPablo Méndez)

En el año 1968 Álvaro López García, un joven químico de 27 años de edad, se propuso la ambiciosa tarea de recuperar el Observatorio Astronómico de la Universidad de Valencia, un centro de investigación que en esos años estaba desmantelado y sin uso.

¿Cómo llegó a hacerse cargo del Observatorio de la Universidad de Valencia?

Luego de estudiar química en la Facultad de Ciencias de la avenida Blasco Ibáñez, hice mi doctorado en física nuclear. Apenas acabé fui al Departamento de Matemáticas pues supe que iniciaba la sección de astronomía, y la astronomía era mi pasión juvenil. Al año siguiente hablé con el decano de la Facultad y pude subir a la torre del observatorio, la que estaba hecha un desastre, completamente abandonada.

El observatorio ocupaba la cúpula de arriba, una habitación circular abajo, la torre 1, y un despecho más abajo, la torre 2. Con ayuda de algunos estudiantes comenzamos a ordenar y poner el observatorio en condiciones. Con el tiempo ocupamos la torre 2 y luego la torre 1, y ahí estuvimos hasta el año 2000 cuando se trasladó la facultad y el edificio se convirtió en el rectorado de la Universidad.

(Fuente: Google Earth)

¿Cuál fue la primera tarea que se propuso cuando se hizo cargo del Observatorio?

El primer objetivo fue poner a punto el telescopio refractor Grubb de 15 cm de apertura, además de trabajar en diversas materias con otros estudiantes como cálculos numéricos y cálculo de órbitas, entre otras. Laboramos con un ordenador IBM 1620, un equipo muy usado en ciencia para esa época. Recién en el año 1985 pudimos comenzar con astrometría, específicamente con fotografías de asteroides y cálculo de órbitas, trabajo que se extendió hasta el año 1998 cuando la contaminación lumínica propia de la ciudad imposibilitaba seguir trabajando en esa área.

Modelo IMB 1620, modelo I, Nivel H, del año 1959. (Fuente: Wikipedia)
Fotografía del Telescopio Grubb de Dublín del año 1909. La flecha indica una cámara para fotografía estelar adherida. (Autor fotografía: JuanPablo Méndez)

¿Cómo realizaba las fotografías astronómicas?

Cuando comenzamos con las fotografías utilizamos placas de celuloide de 6×9 dejando atrás las fotografías en soporte de vidrio. Empleamos una cámara de los años 30 que me regaló mi padre, pero como astrónomos nos dedicábamos también a la artesanía, fabricando variados “trastos” para adaptar nuestros instrumentos fotográficos a los telescopios.

Como el telescopio que poseíamos era de un solo tubo, teníamos la dificultad de tomar fotografías de larga exposición, de unos 7 a 10 minutos, y de seguir al objeto celeste al mismo tiempo. Para conseguirlo nos guiábamos con la ayuda de un mapa del cielo con el que buscábamos una estrella fija y la utilizábamos para seguir al asteroide. Contábamos con 5 porta placas o chasis, por lo que podíamos hacer fotografías a 5 asteroides cada noche.

¿Qué hacía con toda la información que reúna?

Toda esa información se fue acumulando y enviando a la revista Minor Planets Circulars (MPCs) de forma periódica, trabajo que se mantiene hasta el día de hoy.

Cámara de madera y metal fabricada por Álvaro López para la fotografía de asteroides.
(Autor fotografía: JuanPablo Méndez)
Mapa estelar utilizado por López para la ubicación de una estrella fija a modo de “ancla” para el seguimiento del asteroide. (Autor fotografía: JuanPablo Méndez)
Celuloide que muestra una captura de un asteroide (en círculo rojo). Los Puntos rojos marcan estrellas fijas alrededor que sirven como referencia. (Autor fotografía: JuanPablo Méndez)
Gráfica con el número de Observaciones anuales enviadas al MPCs por Álvaro López entre 1985 a 1998. Momento en que el Observatorio se trasladó a nuevas oficinas. (Fuente: minorplanetcenter.net)

¿Cómo conseguía apoyo o financiamiento para llevar adelante la investigación?

El año 1989 fui al Observatorio de Pulkovo en San Petersburgo, Rusia, donde hablé el Instituto de Astronomía Teórica, lugar donde se gestó un convenio para la construcción de un telescopio especial para fotografía astronómica, un astrógrafo, y un medidor de placas marca Ascorecord.

Los equipos llegaron en 1991 y se instalaron para su uso, pero lamentablemente no se llegaron a ocupar en profundidad, por incompatibilidad del material y luego por la llegada del CCD para la fotografía a finales de los años 90.

Medidor de placas Ascorecord fabricado en San Petersburgo en el año 1991. (Autor fotografía: JuanPablo Méndez)
Astrógrafo doble. (Fotografía por Ángel Flores. AVA)

En el año 1995 se forjó un convenio entre el Observatorio Astronómico de la UV y la Asociación Valenciana de Astronomía. ¿Cómo se originó la idea?

En el año 1971 comenzamos a publicar en el periódico una página sobre efemérides astronómicas, “el cielos en el mes de…”, además de promover las visitas públicas al Observatorio. Fue así como todos los meses llegaban unas 20 personas, las que luego comenzaron a reunirse por cuenta propia para luego formar la Asociación Valenciana de Astronomía (AVA). Muchos años después, en 1995, y tras una conferencia que ofrecí en el planetario de Castellón, fuimos a comer con unos miembros del AVA, cena donde surgió la idea de montar de manera compartida entre la Universidad de Valencia y AVA, un Observatorio astronómico alejado de la contaminación lumínica.

Ese mismo año se dio inicio a este convenio donde la Universidad ofrecería los telescopios y AVA otorgaría el lugar y construiría los edificios para las instalaciones. De esta forma nació el Centro Astronómico Alto Turia (CAAT) y un convenio que duraría hasta el año 2006, cuando la Universidad decidió construir su propio Observatorio, a solo dos kilómetros de distancia en la misma localidad de Aras de los Olmos.

Centro Astronómico Alto Turia en la localidad de Aras de los Olmos. La cúpula de la derecha albergó el astrógrafo doble entre 1998 a 2005. (Fotografía por Ángel Flores. AVA)

En el año 1973 realizó su primera publicación en la revista Urania de Barcelona “Actividades del Observatorio Astronómico de la Facultad de Ciencias de Valencia: 1968-1973”. ¿Algún proyecto hoy en día?

Si bien trabajé en el Observatorio realizando fotografías de asteroides hasta el año 2011 cuando finalmente me jubilé, hoy continúo realizando observaciones a distancia. El telescopio que ahí se encuentra funciona automáticamente y es capaz de enviarme toda la información por internet a la computadora de mi casa, datos con los que puedo trabajar 3 o 4 días.

Además estoy escribiendo mi tercer libro sobre asteroides, astrometría y astronomía esférica, textos que recogen mis asignaturas realizadas como profesor. Espero sea una memoria, una autobiografía de mi trabajo de todos estos años.

Mariano Higes: “Venden a la opinión pública que al prohibir determinados insecticidas se soluciona el problema, pero las colmenas se siguen muriendo”

El investigador en patología apícola considera necesario atajar la desaparición de los polinizadores atendiendo a las características climáticas y agrícolas de cada región.

Mariano Higes Pascual, doctor en Veterinaria por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), colabora con el departamento de Sanidad Animal de dicha facultad y es responsable del Área de Patología Apícola del Centro de Investigación Apícola y Agroambiental de Marchamalo (CIAPA, Guadalajara), adscrito al Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal (IRIAF) de la Consejería de Agricultura de Castilla-La Mancha. Desde este centro, al que accedió como funcionario en el año 1992, dirigió su propia tesis doctoral sobre el parásito Varroa destructor de la abeja melífera y descubrió junto a su grupo a uno de los patógenos más dañinos para estos insectos a nivel mundial, Nosema ceranae, procedente de Asia. En el CIAPA, cuyo aspecto exterior es el de unas apacibles instalaciones agrícolas o ganaderas, Higes trabaja junto a su grupo en un sofisticado laboratorio al que llegan colonias de abejas enfermas, colmenas contaminadas por múltiples pesticidas y apicultores preocupados por la salud de los polinizadores, a quienes tratan de dar soluciones y respuestas.

Mariano Higes Pascual. Imagen cedida

¿Fue su llegada al CIAPA el inicio de una nueva etapa para este centro?

Cuando llegué como funcionario en 1992 apenas había investigación ni contábamos con los laboratorios que hay ahora. El centro se creó para dar respuesta al sector apícola de la Alcarria que quería que la miel tuviera Denominación de Origen y demandaba cursos de formación y ayuda contra la Varroa, que entró en 1985 en España. Por aquel entonces se hacía poca investigación en este centro, pero yo decidí llevar a cabo aquí mi doctorado, que duró once años, y leí la tesis en 2008. Desde que mi compañera Raquel Martín entró en 1999 con una beca postdoctoral, empezamos a crear un grupo de investigación con el que logramos el descubrimiento que nos puso en el punto de mira de la investigación en patología apícola a nivel mundial: la presencia del hongo microsporidio [parásito intracelular de los animales que produce pequeñas esporas] Nosema ceranae, de origen asiático, en Apis mellifera, la abeja europea.

¿Cómo llega el Centro Apícola de Marchamalo a convertirse en uno de los referentes mundiales en el ámbito de la salud de las abejas?

Sospechábamos de N. ceranae desde 2000, en la etapa en que se empezaron a morir las colmenas masivamente. Por aquel entonces Varroa era el principal parásito de las abejas, prácticamente el único conocido hasta el momento, pero al analizar las muestras procedentes de colmenas arrasadas encontramos esporas de microsporidio en el aparato digestivo de las abejas. Entonces solo se conocía a Nosema apis, un parásito ya descrito con el que la abeja europea lleva conviviendo mucho tiempo, y los biólogos nos dijeron que tenía que ser esa especie, quizá con algún tipo de mutación. Pero los síntomas clínicos eran otros, así como su fenología. El problema es que solo existía una publicación de China describiendo a N. ceranae en su abeja autóctona, Apis cerana, y no había ningún método de detección a nuestro alcance.

¿Qué hicieron entonces para comprobar sus sospechas?

Logramos dar con una solución cuando el laboratorio adquirió la primera máquina de PCR [por las siglas en inglés de Reacción en Cadena de la Polimerasa, también llamada termociclador] en 2003. Todavía no era común emplear la secuenciación masiva de ADN para detectar la presencia de patógenos concretos en una muestra, por eso tuvimos que diseñar nuestros propios primers [pequeñas secuencias de ADN que inician la reacción de secuenciación y que son específicas de cada especie]de N. ceranae. En cuanto los tuvimos, empezamos a poner las muestras en el termociclador y en las primeras reacciones dieron positivo: N. ceranae estaba parasitando a la abeja melífera europea. En 2005, comunicamos la presencia de este parásito asiático en nuestras abejas y en ese momento saltamos al foco internacional.

«Cuando se nos ocurrió sugerir que el causante de esta mortalidad podía ser Nosema ceranae, tuvimos a todo el sector en contra»

¿Cómo respondió la comunidad científica ante este descubrimiento?

La respuestas de los grupos de investigación que trabajan en nuestro ámbito fue en parte sorprendente, pero también esperable. A finales de los años noventa se empezó a detectar en Francia el fenómeno de mortalidad masiva de las abejas, el llamado “síndrome de despoblación de las colmenas”. Desde el principio, se asoció a los pesticidas neonicotinoides que se habían empezado a utilizar allí. A raíz de esto el sector apícola empezó a pedir indemnizaciones y, cuando se nos ocurrió sugerir que el causante de esta mortalidad podía ser N. ceranae, tuvimos a todo el sector en contra. Además, algunos grupos de investigación se alinearon con la postura de los neonicotinoides e iban a destajo contra quienes sostenían otras hipótesis.

¿Cómo es posible que la comunidad científica se oponga a unos resultados que han sido demostrados?

Muchos de nuestros compañeros no quisieron darle bola a N. ceranae porque cuando alguien se ha convertido en referente saben que si sale un proyecto o publican cualquier trabajo al respecto es esa persona la que va a revisarlos. Si son más competentes en otro problema, como Varroa, por ejemplo, tratan de argumentar que ese problema es el fundamental para que cuando salgan las líneas de investigación se vean favorecidos. También hay competencia por la autoría de los descubrimientos y luchas por el reconocimiento. Pero nosotros trabajamos con muchos grupos de muchas universidades de España (en la Complutense, en Murcia, en Castilla y León…) y acabamos entrando en contacto con quien trabaja con Nosema y, en conjunto, formamos una red muy grande.

«No existen registros históricos de prevalencia de las enfermedades que afectan a las abejas, por tanto, hasta hace poco no hemos tenido con qué comparar las epidemias»

Junto a N. ceranae existen otros parásitos, entre ellos diversos virus, que se hospedan en la abeja melífera europea y otros polinizadores. ¿Qué saben a día de hoy de su presencia en nuestras colmenas?

La muerte masiva de colonias que tuvo lugar a principios de los 2000, sobre todo en el sur de Europa, probablemente se debió en gran medida al ataque de N. ceranae, porque la prevalencia era muy alta entonces. Sin embargo, y aunque los datos sobre N. ceranae siguen siendo muy similares, no podemos saber si ahora se están dando las mismas circunstancias que entonces o si es otro parásito el que más está influyendo, porque no existen registros históricos de prevalencia de las enfermedades que afectaron a las abejas en el pasado y, por tanto, cuando nos hemos encontrado frente a una infección por Nosema, por Varroa o por algún virus, no hemos tenido con qué comparar la epidemia. Por esta razón hemos ido haciendo una serie de estudios para empezar a tener esos datos poblacionales de los distintos parásitos a lo largo del tiempo y empezar a comprender sus fluctuaciones.

Mariano Higes mostrando un panal. Imagen cedida

¿Y desde cuándo están llevando a cabo esos estudios?

El primer estudio a nivel nacional lo hicimos en los años 2006 y 2007 y el segundo fue en 2010 y 2011. Los datos recogidos nos permitieron ver que N. ceranae y Varroa destructor tenían un patrón poblacional ascendente, mientras que N. apis estaba estabilizado. También detectamos la presencia de diversos virus poco estudiados hasta entonces, como el de las alas deformes [DWV por sus siglas en inglés] y el de las realeras negras e, incluso, tripanosomátidos, como Lotmaria passim, sobre el que estamos trabajando ahora. El último de estos estudios lo hemos hecho con muestras de 2014 y hemos visto que N. ceranae tiene ya una prevalencia estable del 75%.

Pero las colmenas no solo sufren la invasión de todos estos patógenos, sino que además se enfrentan también a los pesticidas y probablemente otros químicos que se emplean en agricultura hoy en día. ¿Cuáles son y cómo llegan hasta las colmenas?

En el proyecto de 2014 también analizamos las colmenas mediante muestras de polen y de cera, que son bioacumuladores de sustancias químicas, y en ellas hemos encontrado acaricidas como cumafós y fluvalinato, o los insecticidas clorfenvinfos y clorpirifos, que los apicultores aplican tratando de controlar los patógenos. Además, las láminas de cera que se compran y se meten en las colmenas ya vienen llenas de contaminantes, como los pesticidas organofosforados y piretroides, que alteran el metabolismo de las abejas impidiendo su normal desarrollo. Es sorprendente, pero hasta ahora parece que nadie se ha planteado el daño que estas sustancias pueden causar o han preferido mirar para otro lado.

Cabe preguntarse ahora si han estudiado ya las posibles interacciones entre todos estos agentes, naturales y químicos, que están asolando las colmenas desde tantos frentes distintos. ¿Qué puede contar sobre ello?

Efectivamente, una vez que hemos identificado a todos los patógenos de las abejas, vamos a comenzar un proyecto que se va a centrar en los efectos de las interacciones entre los más frecuentes. Probablemente, la causa de la destrucción de las colmenas sea la suma de todo. Todas las abejas tienen ahora mismo el DWV insertado en su genoma, por ejemplo, del mismo modo que nosotros tenemos el de la varicela. Lo que sucede es que, cuando bajan sus defensas por la acción de Varroa o Nosema, el virus se replica y provoca una infección abierta. En el nuevo proyecto también queremos comprobar la toxicidad crónica de los pesticidas, las sinergias entre ellos y cómo interfieren con los patógenos, mediante infecciones controladas en laboratorio, primero, y con experimentos en condiciones controladas en el campo, después. Vamos a tratar de eliminar los plaguicidas de la cera para ver si así podemos controlar mejor a los principales patógenos. Si esto es posible, podremos sugerir la creación de una normativa que limite la aparición de residuos en la cera.

«Cuando acabé mi ponencia y pregunté por la causa de la prohibición de tres neonicotinoides únicamente, el comisario europeo solo me dijo que se trataba de una decisión política»

De entre todos los pesticidas parece que los neonicotinoides se han ganado la aversión de gran parte del sector apícola y de los ecologistas y el público general también, pero usted aún no los ha mencionado ¿Qué opina de su prohibición?

Lo que ha sucedido con los neonicotinoides es realmente curioso. Cuando se puso el foco en estos pesticidas en Francia, a finales de los noventa, el Ministerio de Agricultura francés decidió prohibirlos antes de que se tuvieran evidencias científicas, que llegaron en 2001. Probablemente querían vengarse de Bayer, una de las empresas fabricantes de esos pesticidas, que acababa de absorber a su rival francesa, Rhône-Poulenc. Pero realmente no sé qué habrá detrás de esas decisiones y me preocupa. De hecho, el año pasado tuve la oportunidad de preguntarlo en la Comisión Europea, cuando nos llamaron a varios científicos el día anterior a la votación de todos los países contra los neonicotinoides. En mi presentación mostré al comisario que en la literatura científica había la misma cantidad de información sobre los neonicotinoides que sobre Nosema, Varroa u otras posibles causas del síndrome de despoblamiento de las colmenas. Mostré mi sorpresa por que se pusiera el foco solo en tres de los muchos plaguicidas existentes. Cuando al acabar pregunté por la causa de esta prohibición, el comisario solo me dijo que era una decisión política. Están vendiendo a la opinión pública que al prohibir los neonicotinoides se soluciona el problema y eso es falso porque las colmenas se siguen muriendo.

Entonces, ¿los neonicotinoides no deberían preocuparnos aquí pese a la alarma lanzada desde la Comisión Europea en 2018?

En nuestras colmenas los neonicotinoides no tienen un peso decisivo, lo cual es esperable por la estructura agraria que tenemos en España, en la que predominan el olivo, la vid y el cereal, que no se tratan con neonicotinoides Es más, ninguna de las revisiones bibliográficas sobre la presencia de residuos de plaguicidas en las colmenas dice que los neonicotinoides sean los más prevalentes. Realmente todas ellas apuntan a los acaricidas y a los insecticidas organofosforados, entre otros problemas, pero se decidió prohibir algo que, aunque quizá en determinadas zonas está causando el descenso de las poblaciones de abejorros y contaminando el agua de consumo humano, no es el mayor de los problemas en lo que respecta a las abejas. Como investigador me produce una gran desmoralización que se esté gastando tanto dinero en generar mucho conocimiento al respecto y que a nivel político solo se haya tomado una decisión sesgada, cuando en Europa que requieren medidas políticas igual de firmes para luchar contra Varroa, Nosema y muchos otros insecticidas. Y el conflicto que veo a medio plazo es que, si sigue esta tendencia, se van a ir prohibiendo en cadena más sustancias y sería importante saber en qué va a consistir la búsqueda de alternativas.

Si esto es así, ¿cuál cree que será la alternativa cuando ya se hayan prohibido todos los plaguicidas?

Aunque sé que no es un asunto fácil, mi visión es que en Europa, como en el resto del mundo, vamos a tener que seguir produciendo alimento para mucha gente y con la agricultura actual y el escenario que plantea el cambio climático, con plagas cada vez más difíciles de combatir, se va a tener que seguir utilizando algún producto. Si no hay plaguicidas, porque se hayan ido prohibiendo poco a poco, la alternativa que encuentro es el uso de plantas modificadas genéticamente. Hasta ahora, en Europa están teniendo muchas restricciones, pero si van prohibiendo todos los insecticidas, no va a quedar otra que emplearlas, ¿Y si se abre la mano en el uso de los transgénicos, va a ser más o menos perjudicial para los polinizadores? Hay datos que indican que no, otros que sí. Acabando con una parte del problema, quizá estamos generando otros.

«La apicultura profesional está en el sur, con mayor número de colmenas y con unas condiciones climáticas y una práctica apícola distintas a las del norte, más tradicional, pero contaminado por otras sustancias»

Pero, entonces, ¿cuál sería un buen enfoque para estudiar y abordar el conflicto entre prácticas agrícolas,apicultura y patógenos?

Actualmente ya se están intentando estandarizar protocolos de trabajo a nivel europeo y se están haciendo modelos matemáticos para predecir el comportamiento de los patógenos y de las colonias según las condiciones ambientales. Todos estamos buscando un modelo en el que, introduciendo la cantidad de patógenos que haya en una población, obtengamos el valor de un índice de salud de la colmena. El principal problema es que no se está llevando a cabo una investigación regionalizada, que encuentro necesaria por las diferencias climáticas y agrícolas que existen entre el norte y el sur de Europa. En el sur encontramos una apicultura profesional, con colmenares más grandes, mucha cría, mucha Varroa y un solo pico de crecimiento anual ligado al clima, que favorece la prevalencia de N. ceranae. Además, la agricultura de secano se ha tratado con gran cantidad de herbicidas. Por su parte, en el norte de Europa la práctica apícola es más tradicional y menos intensiva. Aquí Nosema es menos virulenta que en el sur y todavía está bastante presente N. apis, pero tienen muchos problemas con sustancias que han contaminado el suelo y las aguas por su abundante uso en los cultivos intensivos de colza. Sin embargo, ahora ha salido Horizonte2020, el Programa Marco de la Unión Europea que va a destinar siete u ocho millones de euros a estos proyectos, y creo que los gestores no tienen intención de que se aplique este enfoque regional.

Mariano Higes tomando muestras en un campo de girasoles. Imagen cedida

Si usted pudiera hacer una propuesta, ¿cómo salvaría a las abejas?

Yo propondría que no desaparecieran las ovejas del campo, que se mantuviera el sistema agrario que ha habido aquí siempre, porque tendría un impacto mucho más positivo para el medio ambiente que echar herbicidas. Con la presencia de ganado se controla la aparición de las hierbas no deseadas, así como la aparición de muchas plagas, que ahora mismo proliferan, entre otros motivos, por la madera que queda putrefacta en el campo. En mi pueblo, cuando estaban las ovejas, los romeros florecían, el espliego también… Y ahora hay flora invasiva y el agricultor, como ya no pasan los rebaños después de cosechar, tiene que echar más herbicidas. Estos cambios en el uso tradicional del campo nos llevan hacia unas técnicas agrícolas diferentes que tienen impacto sobre los polinizadores. Por otro lado, las abejas son unos animales muy resilientes y probablemente puedan amortiguar los efectos de la contaminación ambiental mucho más fácilmente que otros polinizadores. Creo que son mucho más sensibles los saltamontes, las mariposas, los abejorros. Si quedaran solo las abejas, podrían seguir cumpliendo una parte de su trabajo, pero hay gran cantidad de insectos en peligro de extinción que cumplen muchas otras funciones aparte de la de polinización y ahí habría que poner también el foco.

¿Cómo se imagina el mundo si no logran frenar la desaparición de las abejas?

No me suelo poner catastrofista. Están más afectados otros polinizadores que las abejas. Las de las abejas son colonias muy resilientes y que están manejadas por un apicultor, que si se muere una compra otra. En un caso extremo lo que en España podría pasar es que en lugar de haber tres millones de colmenas hubiera uno, porque ni el medio ambiente soporte una carga mayor y desaparezcan flores. Se están perdiendo muchos ecosistemas, por la sequía pero también por muchas prácticas agrarias. Hemos cambiado las mulas por tractores de 500 caballos. Te dan dinero por cada hectárea en la que echas semillas de girasol aunque no lo recojas y le echan tratamientos. Y sí creo que puede influir el uso de los herbicidas totales que se están cargando muchos ecosistemas, por lo que el problema es global y va mucho más allá de las colonias de abejas, pero parece que no interesa todavía afrontar con decisión la situación que se nos viene encima.