El aumento global de la iluminación LED blanca y azul del alumbrado exterior dificulta la observación astronómica y altera los ritmos naturales de personas y animales
La luz nocturna que provoca la contaminación lumínica está creciendo más deprisa que la población. Así lo explica un estudio de los investigadores Alejandro Sánchez de Miguel y Kevin J. Gastón, que muestra que la cantidad de luz artificial emitida por la noche creció un 49% entre 1992 y 2017 y sigue incrementándose. Los autores, investigadores de la Universidad de Exeter (Inglaterra), alertan de que este exceso de luz perjudica la observación astronómica, altera la salud humana y provoca cambios en muchos animales y ecosistemas. De Miguel ha declarado que “el verdadero impacto de la contaminación lumínica está en el medio ambiente y en la salud”.
En la imagen se observa la contaminación lumínica que llega al Puerto del Pico en la provincia de Ávila desde Talavera de la Reina y Madrid. Crédito: Stellarium Ávila.
El estudio señala que este crecimiento está unido al uso de luces LED, sobre todo las de color blanco y azul. Estas luces son muy intensas y se dispersan con facilidad, iluminan el cielo incluso en zonas que ya estaban antes muy iluminadas. Los autores explican que la contaminación lumínica es un problema tridimensional: la luz se emite en muchas direcciones, rebota en el suelo, en los edificios o en las nubes creando un resplandor. Una noche sin luna puede ser tan brillante como una con luna llena. Quedan muy pocos lugares con oscuridad natural.
Gran parte de la vida del planeta depende de la oscuridad. Muchos animales se alimentan, se orientan o se reproducen solo durante la noche y numerosos procesos naturales siguen los ciclos de luz y oscuridad. La iluminación artificial rompe comportamientos esenciales de insectos, aves y mamíferos. La investigación señala efectos en la salud humana, ya que la exposición a la luz artificial durante la noche altera los ritmos del sueño y puede influir en el estado de ánimo, el metabolismo o el sistema inmunitario.
La contaminación lumínica altera los ritmos del sueño de las personas, los ritmos circadianos y otros problemas de salud. Crédito: Pharmanord
La iluminación nocturna ha crecido porque facilita la actividad humana. La luz permite trabajar, moverse y orientarse durante la noche. También se usa para alumbrar monumentos y con fines publicitarios. Aunque parte del alumbrado se instala para mejorar la seguridad, los autores señalan que sus beneficios reales son menores de lo que suele creerse. En algunos casos, un exceso de luz puede reducir la atención al volante o crear una falsa sensación de seguridad.
La luz también se utiliza en actividades como la agricultura y la pesca. En algunos cultivos se emplea para controlar plagas o favorecer el crecimiento de las plantas y, en el mar, se usa para atraer presas durante la pesca. El estudio indica que estas prácticas amplían la presencia de la luz artificial más allá de las ciudades y hacen que la contaminación lumínica llegue a zonas que deberían estar en oscuridad.
Los autores advierten de que esta iluminación tiene un coste ambiental que va más allá del consumo de energía. La fabricación de los LED requiere materiales escasos, tierras y metales raros, cuya extracción tiene un impacto elevado. Hay millones de farolas, vehículos, aeropuertos y otras infraestructuras que emiten luz cada noche. Aunque los LED se presentan como una tecnología más eficiente, su uso masivo ha impulsado un mayor consumo de luz. Este efecto rebote hace que cualquier ahorro energético quede compensado por un aumento de la iluminación exterior, lo que incrementa las emisiones asociadas.
Asimismo, el aumento del brillo del cielo dificulta el trabajo de los astrónomos, que necesitan oscuridad para observar y los ciudadanos tampoco pueden ver las estrellas: el 80% de las personas vive bajo cielos contaminados y un tercio ya no puede ver la Vía Láctea. Esta pérdida afecta también a la cultura y al sentido de lugar, ya que durante miles de años las estrellas han sido una referencia para la orientación, la ciencia y la vida cotidiana.
Los autores insisten en que la contaminación lumínica debe tratarse como un problema ambiental de primer orden. Proponen reducir la intensidad de la iluminación exterior, limitar el uso de luz blanca y azul, orientar mejor las luminarias y establecer horarios de apagado. También recuerdan que proteger la oscuridad no significa renunciar a la luz, sino usarla de forma más responsable para conservar la noche como un recurso natural y cultural.
El investigador del IAA‑CSIC advierte que la luz nocturna afecta a la salud, a la biodiversidad y a la astronomía y denuncia que la transición al LED se ha hecho sin criterios ambientales
Alejandro Sánchez de Miguel, referente en el estudio de la contaminación lumínica a nivel internacional, es astrofísico e investigador en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, en la Oficina de Calidad del Cielo. Ha desarrollado metodologías pioneras para medir la luz artificial nocturna con satélites desde el espacio y colabora en iniciativas para la protección global del cielo oscuro. Sus investigaciones revelan como la luz nocturna es un tipo de contaminación como la del aire que está alterando los ecosistemas, afecta a la salud humana y compromete la capacidad científica de los observatorios. El investigador señala la necesidad de utilizar la luz de forma racional y alerta sobre un problema silencioso pero creciente sobre el que, a su juicio, existen soluciones fáciles de aplicar.
P: ¿Qué es exactamente la contaminación lumínica y por qué debería preocuparnos?
A.S: Es un tipo de contaminación como cualquier otra, igual que la del aire. Legalmente, la luz es una forma de energía que se introduce en la atmósfera y puede producir daños en la salud, en los ecosistemas y en usos legítimos del medio ambiente, como la observación astronómica. El problema es que, como hay intereses, hay conflicto, y se ha intentado rebajar el concepto a luz molesta. Pero la definición de la ONU es clara: toda luz nocturna que produce daño es contaminación lumínica. No se trata de apagarlo todo, sino de usar la luz de forma útil.
P: Tus trabajos con datos de satélite muestran un aumento sostenido del brillo del cielo. ¿Cómo está evolucionando la contaminación lumínica en el planeta? ¿Por qué la luz azul es la más perjudicial?
A.S: Los satélites históricos que usamos, como DMSP o VIIRS, no ven colores. Son ciegos a la luz azul, que es la forma más dañina de contaminación lumínica porque es la que más se dispersa en la atmósfera. Con la mejor calibración disponible vimos un crecimiento del 49% en los últimos 25 años, pero en la luz azul el aumento llega al 270%. Y eso que los satélites no la detectan bien. La transición al LED no se está haciendo de forma sostenible: en muchos lugares se han instalado lámparas de temperatura de color muy alta, las más contaminantes.
P: En sus estudios como Impactos ambientales de la luz artificial nocturna apuntas a que el brillo del cielo sigue aumentando por un inadecuado uso de la tecnología LED. ¿Es una contradicción disponer de una mejor tecnología actualmente pero que contamine más?
A.S: La palabra LED se ha convertido en un marchamo de calidad que no es real. Hasta 2017 no empezaron a igualar en eficiencia a las lámparas de sodio. La tecnología LED es maravillosa si se usa bien, pero no se está usando bien. Tiene capacidades enormes, direccionalidad, regulación, elección del color etc. que no se están aprovechando. El impacto ambiental de fabricar un LED es menos sostenible: requiere tierras raras y electrónica.
La palabra LED se ha convertido en un marchamo de calidad que no es real
Pero ha habido desinformación por parte de la industria y casos de corrupción ligados a su instalación. Y muchos ayuntamientos no tienen personal con formación técnica para evaluar lo que compran.
Imagen de las luces nocturnas de España y parte de Francia desde la Estación Espacial Internacional. Crédito: NASA
P: ¿Los observatorios profesionales se están viendo perjudicados por el aumento sostenido de la contaminación lumínica? ¿Cómo afecta a las observaciones científicas y a susresultados?
A.S: Es un tema delicado y a muchos observatorios no les gusta admitirlo, pero afecta. Obliga a exponer los telescopios más tiempo, reduce la eficiencia y aumenta los costes. Y hay una paradoja, muchos astrónomos no son plenamente conscientes del problema porque no trabajan en las partes del espectro más afectadas.
No es solo la contaminación lumínica, sino la química, la acústica, el cambio climático… Hay un nivel de amenazas tan grande, que la contaminación lumínica se ha quedado relegada. Además, ahora mismo la contaminación lumínica más grave para la astronomía no viene solo de las ciudades, sino de los satélites. Ya no queda ningún lugar completamente a salvo en todo el planeta.
A.S: Muchos. La contaminación lumínica habría aumentado por encima de las recomendaciones de la Unión Astronómica Internacional. Pero además habría problemas por vibraciones, polvo, turbulencias… Un observatorio necesita preservar las mejores condiciones naturales posibles, idealmente en cientos de kilómetros a la redonda. En Paranal ya se ven honguitos de luz a lo lejos. Construir una mega infraestructura a 25 km es incompatible con un telescopio como el VLT. Y el impacto ambiental más grande habría sido la construcción de la carretera: coger un sitio virgen supone un daño mayor.
Ya no queda ningún lugar completamente a salvo en todo el planeta
P: ¿Deberían existir zonas de protección lumínica internacional?
A.S: Sí. Igual que hay zonas protegidas para la radioastronomía. La legislación ya contempla que cualquier proyecto que genere contaminación directa o indirecta debe tener un estudio de impacto ambiental, pero no se está aplicando. La contaminación lumínica viaja cientos de kilómetros. Necesitamos áreas de protección internacional para la astronomía y mecanismos para que las administraciones respondan si degradan un observatorio. La astronomía es uno de los pocos ejemplos reales de desarrollo sostenible que existen.
P: ¿Qué medidas sencillas se podrían aplicar en las ciudades y las administraciones para reducir la contaminación lumínica sin renunciar a la seguridad ni a la iluminación urbana?
A.S: Formación técnica, cumplimiento de la ley y reducción de la potencia. En Madrid se bajó un 50% la iluminación y nadie se dio cuenta. La gente prefiere luz cálida, pero no se le pregunta. Y necesitamos educación ambiental, si las organizaciones que crean conciencia social ignoran este problema, las leyes no se cumplen. También es clave elegir temperaturas de color bajas y usar la luz solo donde y cuando hace falta.
Dirigir correctamente las luminarias exteriores al suelo, junto con una adecuada temperatura de color cálida son parte de las medidas más eficaces para reducir la contaminación lumínica.
P: ¿Qué le preocupa más: que estemos perdiendo capacidad científica en los observatorios o que estemos transformando el planeta sin darnos cuenta?
A.S: La degradación del planeta. La ciencia seguirá haciéndose, siempre habrá alguien mirando hacia arriba. Pero los impactos ambientales y en la salud los tenemos encima. En mi caso, una de las cosas que más me ilusiona fue ver uno de mis artículos sobre contaminación lumínica citado en una investigación sobre el tipo de cáncer por el que murió mi padre. Los efectos de la contaminación lumínica afectan a los ciclos circadianos, a la melatonina y al crecimiento de ciertos tumores. La ciencia nos ayuda a saber hasta dónde podemos llegar en la degradación.
El doctor enginyer de camins Joan Olmos Lloréns, una de les principals veus contra la València del mite del progrés, analitza la situació de l’Horta de València després de l’eliminació del Consell de l’Horta.
El canvi climàtic és fa palés cada dia més i València és un dels escenaris on les seues conseqüències són més visibles. El professor Olmos, amb una experiència professional que combina universitat, gestió pública i activisme és, actualment, una de les veus més lúcides per a entendre l’evolució de l’urbanisme i del medi ambient del Cap i Casal, especialment de tots els canvis que està sofrint l’Horta en les últimes dècades. La seua visió ofereix una perspectiva crítica sobre el present i el futur de València amb una combinació de l’ecologisme, la societat i l’urbanisme.
L’urbanista al despatx de sa casa, a València. Font: Joan Olmos Lloréns.
La seua trajectòria és molt diversa: universitat, administració i activisme. Com ha influït tot això en la teua manera d’entendre l’urbanisme?
Jo sempre he intentat fugir d’una visió estrictament tècnica d’aquest camp. L’urbanisme no és només una disciplina d’enginyeria, és també una qüestió social, política i ambiental. La meua experiència en diferents àmbits m’ha portat a defensar la interdisciplinarietat. No es poden entendre problemes complexos com el territori o el canvi climàtic des d’una sola mirada. Allà on he pogut expressar-me, he mostrat la meua preferència per juntar opinions professionals que puguen contribuir a explicar i entendre el medi ambient: geògrafs, biòlegs, urbanistes, enginyers de camins, forestals… I, per suposat, al món de l’ecologisme.
Aquesta visió interdisciplinària també implica una manera concreta d’entendre la ciència?
Sí. Com diu Carl Sagan en El món i els seus dimonis (1995), “la ciència no és perfecta, però és el millor instrument que tenim per analitzar la realitat”. El problema és quan es prescindeix de la ciència, és a dir, quan es substitueix el pensament científic pel pensament màgic. Això passa molt en urbanisme, per exemple, en els casos en què una gran infraestructura es ven com si anara a solucionar tots els problemes. No hi ha solucions miraculoses.
«Les universitats haurien de tindre un paper molt més actiu en la formació d’un pensament crític, i no sempre el tenen»
Sovint has criticat la identificació entre creixement i progrés. Encara estem instal·lats en aquesta idea?
Absolutament. Encara es pensa que créixer és sempre positiu. Més carreteres, més ports, més urbanització. Però el creixement té costos, i molts d’ells no es comptabilitzen. És el que anomenem costos externs: impactes ambientals, sanitaris o socials que paguen totes les persones. Si entenguérem això, moltes decisions urbanístiques hagueren sigut diferents.
Quin paper ha jugat l’activisme en tot aquest procés?
L’activisme ecologista hi ha tingut un paper fonamental. Encara que moltes batalles s’han perdut, l’activisme ha deixat una empremta important. Ha generat consciència i ha documentat una responsabilitat històrica. Moviments com la defensa del Cabanyal o de l’Horta han demostrat que la societat pot influir. Ara bé, també és cert que la mobilització ha disminuït.
Per què creus que passa això?
Probablement perquè s’ha instal·lat una certa resignació. A més, les institucions no sempre han estat a l’altura. Les universitats, per exemple, haurien de tindre un paper molt més actiu en la formació d’un pensament crític, i no sempre el tenen.
«L’Horta és molt més que un espai agrícola. És un patrimoni cultural, històric i ambiental únic. Però continua sent percebuda com un espai disponible per a urbanitzar»
Parlem de l’actualitat. Com valores les polítiques urbanes recents a València en relació amb el canvi climàtic?
No són encoratjadores. Es continua apostant per models basats en el creixement i la construcció. Fins i tot després de fenòmens extrems com la DANA, en lloc de replantejar-se el model territorial, s’està parlant de reconstruir en els mateixos llocs i amb la mateixa lògica. Això és un error.
En aquest context, quin paper juga l’Horta de València?
L’Horta és molt més que un espai agrícola. És un patrimoni cultural, històric i ambiental únic. Però continua sent percebuda com un espai disponible per a urbanitzar. La legislació mateixa ho reflecteix: el sòl no urbanitzable es defineix en negatiu, el positiu és el sòl urbanitzable, aquell destinat a ser urbà.
La recent eliminació del Consell de l’Horta, impulsada per l’actual govern valencià al·legant causes burocràtiques i econòmiques, ha generat preocupació entre els sectors agraris i ambientals. Creus que la desaparició d’aquest organisme pot agreujar la situació?
Sens dubte. El Consell de l’Horta tenia limitacions, però era un instrument de protecció i coordinació. Sense aquest tipus d’estructures, l’Horta queda més exposada a la pressió urbanitzadora. I si a això sumem la falta de relleu generacional en l’agricultura, el panorama és preocupant.
L’Horta de Godella amb la ciutat de València al fons. Camí Vell de Godella, 2013. Per Rosa Pardo i Marín.
Per què costa tant protegir l’Horta?
Hi ha diversos factors. Econòmicament, l’agricultura no és rendible en molts casos. Culturalment, ser llaurador ha estat infravalorat. I políticament, no hi ha hagut una defensa prou forta per cap part. Tot això fa que l’Horta perda davant d’altres interessos.
Creus que encara hi ha marge per a revertir aquesta situació?
Sí, però cal actuar. Una de les claus és fomentar el cooperativisme i facilitar que gent jove puga dedicarse a l’agricultura amb condicions dignes. També cal valorar el coneixement acumulat: la gestió de l’aigua, les sèquies, els sistemes de reg… tot això és un patrimoni extraordinari.
I des del punt de vista urbanístic, què caldria fer?
Necessitem un nou urbanisme. Un urbanisme que no es base només en construir, sinó en fer ciutats habitables, amb proximitat, amb menys dependència del cotxe i més respecte pel territori. València té una oportunitat única amb l’Horta, però cal saber aprofitar-la.
Per acabar, mantens l’optimisme?
Citant a Kant, “l’optimisme és una obligació moral”. No podem rendir-nos. Encara que el context no siga el millor, tenim la responsabilitat de continuar treballant i transmetent una visió crítica. El futur dependrà, en gran part, de la capacitat de les noves generacions per entendre i defensar el territori.
Teresa Franquesa, ambientóloga, sostiene que muchos jóvenes recurren hoy a la desconexión como mecanismo de defensa frente a la sobrecarga mental y la amenaza climática.
La ambientóloga española Teresa Franquesa Codinach posee una larga trayectoria profesional en numerosas disciplinas, como la enseñanza, comunicación científica, ordenación del territorio, gestión del medioambiente y educación ambiental. Gracias a su doble formación, doctora en Ciencias Biológicas y máster en Psicología Social, posee un carácter polifacético que le ha permitido trabajar en diversos campos.
Cofundadora de la Sociedad Catalana de Educación Ambiental (SCEA), ha trabajado en el ayuntamiento de Barcelona, dirigiendo el Plan Clima 20-30, así como estrategias de sostenibilidad y educación ambiental. Su libro “Cambio climático y ecoansiedad” busca divulgar conocimiento sobre la crisis climática y el miedo crónico que esto puede causarnos, ayudándonos a tomar consciencia y romper el aislamiento mediante el paso a la acción de manera conjunta. A juicio de la investigadora, la solastalgia puede llevar a la pérdida de nuestras raíces, sobre todo en la actualidad, y en especial a la generación Z.
(Izquierda) Teresa Franquesa Codinach, ambiéntologa y divulgadora española, cofundadora de la Sociedad Catalana de Educación Ambiental (SCEA). Foto cedida por la entrevistada. (Derecha) Cambio climático y ecoansiedad. De la preocupación a la acción. Libro de Teresa Franquesa Codinach publicado en 2024.
¿Cómo define el concepto de solastalgia y qué similitudes y diferencias guarda con el término ecoansiedad?
La persona que introdujo este concepto fue el filósofo australiano Glen Albercht en 2003, cuando una población australiana asistió a la destrucción de su entorno tras la explotación de unas minas. Esta población siempre se había sentido confortada por su entorno y la experiencia de destrucción del mismo le causó una sensación de pérdida, a la cual Albercht denominó solastalgia, por su paralelismo con nostalgia. La diferencia sería que la nostalgia implica añoranza del pasado, mientras que la solastalgia implica una sensación de pérdida en el presente, al ver que el lugar que habitamos está siendo desfigurado, provocando un sentimiento de no pertenencia. Sería una especie de nostalgia de casa, estando en casa. Ya no la reconocemos como tal, suscitando un sentimiento de desamparo.
Albercht definió solastalgia como una respuesta anímica a la destrucción del propio lugar, relacionada con un sentimiento de pérdida que conlleva tristeza. Más tarde, se popularizó el concepto de ecoansiedad, que incluye una gama muy amplia de emociones difíciles: miedo, rabia, culpa, etc. Así, yo asociaría la solastalgia más con la tristeza, mientras que la ecoansiedad puede asociarse también a otras emociones.
“Sería una especie de nostalgia de casa, estando en casa. Ya no la reconoces como tal, suscitando un sentimiento de desesperación”
Como las minas de Riotinto, donde se lleva a cabo la extracción del mineral y el paisaje se transforma.
Claro, porque cuando sentimos un lugar como propio, que contribuye a la creación de nuestra identidad, al ser degradado, podemos experimentar este duelo o solastalgia. Entonces, este sitio especial pasa a estar borroso, y esa interconexión que sentíamos puede desaparecer.
¿Podría la solastalgia asemejarse a un duelo migratorio? Un migrante libra pequeñas batallas en silencio de forma cotidiana con respecto a barreras lingüísticas, culturales, de carácter…
El duelo migratorio tiene un punto común con la solastalgia que es la pérdida del entorno que dota de esta identidad, pero, en este caso no es por destrucción, sino por distancia. Este duelo estaría a caballo entre un fenómeno de nostalgia y de solastalgia.
¿Y al volver a casa por vacaciones y ver que el descampado de al lado de tu casa se ha transformado en un bloque de pisos?
Esto sí correspondería a la idea de solastalgia, porque no reconoces tu lugar, en el cual creciste, formaste tu identidad…
¿Considera que todas las generaciones están sometidas al fenómeno de solastalgia de igual manera? Por ejemplo, la generación Z impactada por el “doomscrolling”.
La generación Z ha crecido oyendo que nos encontramos en un punto de no retorno y eso causa angustia. Un mecanismo de defensa saludable es desconectar para no abrumarse. De hecho, muchos jóvenes reconocen evitar pensar en esto porque se sienten impotentes. Joanna Macy, activista estadounidense, decía que, tras la apatía aparente no hay falta de interés, sino falta de recursos para sostener el sufrimiento.
Prueba de ello es un estudio que relata que entre 2023 y 2025, los jóvenes españoles de 18-30 años que creen que el cambio climático es importante, ha bajado del 90% al 76%. Preocupación e implicación climática no son sinónimos, pero sí es verdad que encontramos presente este mecanismo de defensa. No debemos olvidar que también existe una desconfianza fundada hacia la capacidad y la voluntad de las instituciones para hacer frente a este problema, asociando el cambio climático con retórica.
“Joanna Macy, activista estadounidense, decía que, tras la apatía aparente no hay falta de interés, sino falta de recursos para sostener el sufrimiento”
Gráfico lineal del porcentaje de personas con total seguridad de que está ocurriendo el cambio climático por sexo y edad en España. Fuente: Observatorio transición justa 2025.
Una especie de mercaderes de la duda por mecanismo de defensa.
Bueno, existen muchos intereses en mantener el business as usual y sembrar dudas de todo tipo. Siempre los intereses venden unos relatos y tenemos que saber si los compramos o no.
Este punto de no retorno con el cual la generación Z ha crecido, y cuyos cambios climáticos, al ser un fenómeno a largo plazo, no se atisban de forma inminente…
Diría que sí los veremos, por desgracia. De hecho, ya los estamos viendo. Otra cosa es que los identifiquemos como tales, pero el cambio del clima es un hecho.
¿Puede este contexto crear una disonancia cognitiva en esta generación, lo que debe estar haciendo versus lo que podría hacer, culpabilizándose de no poner su granito de arena, desencadenando patologías psíquicas?
Sentir tensión y preocupación en una situación como esta es normal, la situación es inquietante. No diría que esto sea ningún tipo de patología, porque es normal sentir miedo, rabia o tristeza. Lo que ocurre nos importa. No es un signo de debilidad, sino una señal que hace que estemos alerta. Siempre digo, no estamos locos, estamos despiertos. De hecho, Thomas Doherty dice que la función de la ecoansiedad no es hacerte feliz, sino mantenerte vivo.
Emoción proviene del término emovere (= agitar), de manera que las emociones nos agitan. Las emociones son como una alarma que nos empuja a actuar cuando algo en nuestro entorno vital no va bien, y tenemos que tomar precauciones, como si fuese una alarma de incendios: cuando suena la alarma, el problema no es la molestia que causa el ruido, sino que se está quemando la casa. No se trata de mirar a la ecoansiedad, sino la causa de esta.
Quizás deberían pensar para la tercera película de la saga Inside Out una nueva emoción que represente la preocupación climática.
El problema es que el discurso apocalíptico no ayuda, cansa. En cambio, un relato positivo, esperanzador, resulta más poderoso que una alerta constante, empujando a la sociedad a llevar a cabo acciones. Existe un gran abanico de posibilidades para actuar. La cuestión es encontrar aquella iniciativa en la que cada uno sienta que está desarrollando sus posibilidades. Kate Raworth dice siempre, no seas optimista si esto te relaja, no seas pesimista si te angustia, sé activista en tu sitio y en tu medida de capacidad de influencia.
Respecto a la salud mental, existe un proceso de pasos esenciales para cuidar de uno mismo: primeramente, escucharse y reconocer sus emociones, aceptarlas; en segundo lugar, comunicar con nuestro alrededor para tener feedbacks positivos que nos recuerden que el cambio es posible; seguidamente, encontrar aquello que podemos hacer que esté en nuestra mano, siendo realistas (sobre todos los jóvenes…); posteriormente, mantener una red de apoyo, con iniciativas comunitarias, para transformar el miedo en energía; y, por último, cuidarse emocionalmente, por ejemplo, dosificando el consumo de información con el fin de evitar la saturación, ya que a veces puede resultar saturadora y redundante.
“Kate Raworth dice siempre, no seas optimista si esto te relaja, no seas pesimista si esto te angustia, sé activista en tu sitio y en tu medida de capacidad de influencia”
En relación a la saturación de información en jóvenes, ¿cómo ve la iniciativa de prohibir el uso de redes en menores de 16 años en España?
Hoy en día hay muchos padres que intentan que sus hijos no tengan un móvil hasta que tengan una determinada edad, pero no todos tienen la misma consciencia, y muchos les dan el móvil a sus bebés para que se entretengan. Esta falta de visión crítica de no pensar en las repercusiones que una persona de temprana edad esté sometida a cantidades ingentes de información no adaptadas hace que se planteen este tipo de restricciones. Una manera de acotar la utilización de redes sería implantar, como ya se ha hecho en otros países como Australia, redes sociales exclusivas para menores.
El ecólogo Ramón Margalef se refería a que “la problemática fundamental puede resumirse en que la tierra se nos hace pequeña”. Respecto a la crisis ambiental global, ¿podríamos hablar de solastalgia? ¿Estamos a tiempo de revertir las consecuencias de nuestros actos?
Cabe recordar que esta citación de Margalef es de los años setenta y, además, él fue un pionero en indicar esto cuando muy poca gente veía los límites de la Tierra. La actividad humana llega a todas partes, no queda apenas territorio virgen. Tenemos una influencia monstruosa sobre el plantea, su funcionamiento y sus características.
¿Existe una enorme solastalgia? Bueno, es una manera de verlo. Retomando la metáfora del incendio, cuando suena la alarma y te das cuenta que se te ha quemado la cocina, hay dos posibles actitudes: o rendirse y aceptar que no hay nada que hacer, o luchar por salvar el resto de las habitaciones. Yo soy partidaria de esta segunda actitud, tenemos oportunidades y tenemos capacidad de acción.
Afirmar que nada tiene arreglo es una actitud un poco presuntuosa, puesto que conlleva presuponer que sabemos lo que va a pasar. Mejor actitud sería admitir que no sabemos exactamente lo que va a pasar. Y en esta incertidumbre, podemos actuar. Rebecca Solnit dice: la esperanza no es comprar un billete de lotería y sentarnos a esperar que nos toque, la esperanza es un hacha para derribar puertas y abrirse paso. Esta es una esperanza activa, y no pasiva. Así, a cada uno nos toca asumir nuestras propias responsabilidades, entendiendo estas como la habilidad para responder a una situación y luchar para cambiarla, activándonos de manera realista. Entendiendo que no estamos solos y que lo que tiene sentido es sumar en el cambio colectivo.
“Rebecca Solnit dice: la esperanza no es comprar un billete de lotería y sentarnos a esperar que nos toque, la esperanza es un hacha para derribar puertas y abrirse paso. Esta es una esperanza activa, y no pasiva”
Esto requiere mucha fuerza de voluntad para salir de una zona de confort en la cual estamos bien, estamos a gusto…
Dormiditos…
Sí, totalmente.
Como la alarma de incendios: un poco de preocupación es lo que nos hace estar alerta y no dormirnos en el sopor de la tarde…
“Eres más de Huelva que un choco”. Choquero es el gentilicio coloquial con el que se autodenominan los onubenses, habitantes de la provincia de Huelva. Pero, ¿podría un ser humano “mojarse los pies” en las aguas del planeta rojo o Marte? Estas aguas marcianas están más cerca de lo que creemos, y quizás podemos encontrar algún choquero en ellas…
La Sierra de Aracena y Picos de Aroche, al norte de la provincia de Huelva, alberga un ecosistema vivo único en el mundo: el nacimiento del río Tinto. Este se encuentra en el interior de la Peña de Hierro, un yacimiento mineralógico que cesó su actividad en los años 70, aunque a día de hoy todavía se lleva a cabo la explotación minera en otras latitudes del cauce de este río. El mineral extraído por la compañía Rio Tinto Company Limited (RTC) era entonces transportado en ferrocarril hasta la capital de la provincia, donde se fundía con el río Odiel gracias a las vigas de hierro del Muelle del Tinto, emblemático bien de interés cultural de Huelva. Una vez allí, el mineral partía en buques hacia tierras inglesas, por aquel entonces gerentes de la compañía, proceso que duró hasta 1975.
Yacimiento minero Peña de Hierro (izquierda). Foto: Ana Isabel Serrano Mendoza. Muelle del Tinto (derecha). Foto: María Isabel Mendoza Sierra.
Debido al emplazamiento de su nacimiento, el río Tinto posee una importante particularidad… ¡Es rojo! Este peculiar color se debe a la presencia de microorganismos en este “subsuelo marciano”, donde encontramos bacterias autótrofas, es decir, sintetizan sus propios compuestos orgánicos a través de compuestos inorgánicos con la ayuda de una fuente de energía. En función de la fuente de energía utilizada, podemos distinguir los organismos fotoautótrofos, que adquieren la energía química a partir de la luz (por ejemplo, las plantas durante el proceso de fotosíntesis), y los organismos quimioautótrofos, que adquieren la energía química a partir de procesos de oxidación de materia inorgánica.
En el caso de las bacterias presentes en este río, nos encontramos ante esta segunda posibilidad, donde individuos de la especie Thiobacillus ferrooxidans utilizan compuestos inorgánicos de azufre y hierro, contenidos en los minerales de pirita y la calcopirita, oxidándolos con ayuda del CO2 atmosférico para la creación de materia orgánica. Estas oxidaciones poseen distintas repercusiones: por un lado, la génesis de ácido sulfúrico (H2SO4) a partir de compuestos azufrados conlleva a una disminución del pH de estas aguas (pH ácido en torno a 2,3, sabiendo que el agua de consumo humano posee un pH de 7) y, por otro lado, la transición de hierro ferroso (Fe2+) a hierro férrico (Fe3+) conlleva al enrojecimiento del agua (como un caramelo masticable, a medida que este se chupa va perdiendo el color, y en este caso en nuestra lengua la que acaba apareciendo roja). Asimismo, bajo esta alta acidez, los metales de los minerales se liberan más fácilmente, disolviéndose en el agua, por lo que estas bacterias poseen un gran interés en minería para la extracción y recuperación de metales (proceso de lixiviación de mineral).
Comparación de la recuperación de oro en lixiviación de mineral en ausencia de tratamiento biológico (izquierda) y en presencia del efecto oxidante de la bacteria Acidithiobacillus ferrooxidans (derecha). Fuente: Gil Robles, 2020.
Este ecosistema oligotrófico y anóxico (escaso en nutrientes para los seres vivos que lo habitan y bajos contenidos en oxígeno, respectivamente) posee características geoquímicas y mineralógicas muy similares a las que se han podido observar en Marte. Así, tanto la National Aeronautics and Space Administration (NASA) como la European Space Agency (ESA), así como científicos del Centro de Astrobiología de Madrid, están estudiando este lugar con el fin de crear instrumentos que puedan detectar vida extraterrestre, como por ejemplo en Europa, una de las lunas de Júpiter. El Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) lleva a cabo un proyecto intitulado Life-detection Mars Analog Project (LMAP), el cual explora ambientes extremos (aridez, alta radiación UV, elevado contenido en sales, temperaturas extremas) en busca de vida, la cual podría ser análoga al planeta marciano. Tanto los sulfatos (jarosita) como los óxidos de hierro (hematita) comparten localización con la cuenca del río Tinto y Marte, además de que estos minerales preservan de manera fidedigna restos de materia orgánica, por lo que son buenos indicadores de posible existencia de vida extraterrestre. Un muestreo llevado a cabo en territorio terrestre ha permitido analizar tres tipos de biomarcadores (inmunológicos, lipídicos y genéticos) que permitirían comparar las comunidades microbianas presentes en la Tierra con potenciales señales de vida marciana en su subsuelo helado en el marco de la misión IceBreaker.
Cauce del río Tinto (izquierda). Foto: Ana Isabel Serrano Mendoza. Trayectoria del rover en el cráter Jezero de Marte. Fuente: NASA.
Recientemente, se han aprobado nuevas misiones espaciales, como es el caso del regreso de Artemis II, la cual busca ahondar más los conocimientos que poseemos acerca de nuestro satélite, la Luna, con una nave tripulada que ha orbitado alrededor de este astro. Otra misión activa de la NASA es la Mars 2020 Perseverance Rover, esta vez no tripulada, cuyo objetivo es la recolección de muestras de roca y regolito (roca y polvo) de la superficie del cráter Jezero en Marte.
Ambas misiones tienen como propósito conocer en mayor profundidad los secretos del Universo, pero, ¿y si estos secretos se encontrasen más cerca de lo que pensamos? En The Martian (atención spoiler), el protagonista cultiva patatas en Marte. Pero no hace falta viajar tan lejos… e ir simplemente a “nuestro Marte en la Tierra” para observar una especie floral endémica (Erica andevalensis) que soporta estas condiciones extremas.
Ver a un choquero mojándose los pies en Marte quizás sea más fácil de lo que parece. Además, incluso si estas aguas poseen una gran acidez, tienen el mismo pH que una famosa bebida comercial (sí, increíble pero cierto), así que, ¡no dudes en probar la experiencia si no tienes miedo a un pequeño tatuaje temporal naranja durante un par de días!
La catedrática del Departamento de Genètica de la Facultat de Biologia de la Universitat de València explica el modelo animal de Drosophila melanogaster y su vital relevancia para la investigación de enfermedades raras de origen genético.
La doctora Molto y el estudiante de doctorado Alexandre Llorens Trujillo en el laboratorio.
La doctora María Dolores Molto es especialista en genética de la Facultad de Biología de la Universitat de Valencia (UV). Su línea de trabajo son las enfermedades raras de origen genético. Uno de sus proyectos fue sobre la ataxia de Friedreich, una enfermedad rara del sistema nervioso, que afecta el movimiento y marcha de las personas jóvenes. Para entender mejor esta enfermedad, recibió ayuda de unos seres particulares: moscas de la fruta (Drosophila melanogaster). La doctora Molto explica la importancia de estos animales en la investigación y cómo ayudaron para entender mejor la ataxia de Friedreich.
¿Cómo se empleó la mosca de la fruta para estudiar la ataxia de Friedreich?
Los afectados con ataxia de Friedreich tienen un gen mutado, el cual produce una proteína llamada frataxina. El resultado final de la mutación es que el gen no se expresa (activa) lo suficiente y no sintetiza (produce) la cantidad de proteína necesaria para mantener la salud de las células.
La mosca también tiene un gen que codifica la frataxina y fuimos el primer grupo en identificarlo. Dado que podemos reproducir la enfermedad en Drosophila, tenemos la posibilidad de estudiarla. Así que desarrollamos un modelo en el cual las moscas tenían una cantidad de frataxina reducida para entender sus funciones.
¿Cuál es la función de la frataxina en el organismo?
La frataxina trabaja dentro de las mitocondrias, que son como las fábricas de energía de la célula. Esa energía les permite funcionar. La frataxina regula los niveles de hierro y ayuda a que dentro de la mitocondria funcionen enzimas muy importantes que sirven para obtener energía.
Sin frataxina, las mitocondrias no funcionan correctamente. Hemos visto que hay enzimas que se ven afectadas, tanto en pacientes como en moscas. Ambos casos sintetizan menos energía y aumentan lo que llamamos especies reactivas de oxígeno (ROS), que causan estrés oxidativo y muerte celular.
Durante unos años, se discutió si las especies reactivas de oxígeno eran parte del origen de la enfermedad. Con las moscas pudimos confirmar la hipótesis: la falta de frataxina causa estrés oxidativo, el cual daña las mitocondrias, que a su vez lesionan las células nerviosas.
¿Cómo ayuda a pacientes o médicos entender la enfermedad de Friedreich?
A partir de estudiar estos mecanismos que dan origen a la enfermedad, el equipo postuló posibles tratamientos. Identificamos una proteína reguladora que permite activar ciertos genes, llamada NRF2. Cuando hay niveles elevados de estrés oxidativo, NRF2 es liberado y se une al ADN, activando genes que protegen frente al estrés oxidativo. En las moscas que simulan la enfermedad, NRF2 no se libera y no activa esa protección, pero encontramos un método para liberar a NRF2 y activar las defensas antioxidantes.
En este sentido, el primer tratamiento para la ataxia de Friedreich fue aprobado en el año 2024 y justo actúa en ese nivel, activando a NRF2. Aunque no es totalmente curativo, sí ofrece un beneficio y, cuando tienes pacientes con estos problemas, cualquier mejora es bien recibida.
La ataxia de Friedreich afecta el equilibrio y el movimiento e inicia durante la adolescencia. Prostock-studio/Shutterstock
¿Por qué no investigar directamente en humanos en vez de en moscas?
Los organismos más sencillos, como es el caso de Drosophila, nos permiten realizar experimentos que por cuestiones éticas no podríamos realizar en humanos. Además, en una escala temporal, es muchísimo más rápido trabajar con ellas. Esto es lo que en biomedicina llamamos organismos modelo.
Los organismos modelo han sido fundamentales porque han permitido determinar la función de los genes y cómo sus productos (proteínas) se integran en el funcionamiento de la célula.
Si ponemos el caso de las enfermedades raras, como la ataxia de Friedreich, sabemos que aproximadamente un 80% de ellas tienen un origen genético. En muchas de ellas, basta una mutación en un único gen para que se desarrolle la enfermedad. Los modelos animales nos permiten conocer cómo funcionan los genes.
Además, es más rápido trabajar con modelos animales. Puedes investigar muchas generaciones en poco tiempo porque se reproducen más rápido. A estos animales podemos alterarlos genéticamente con facilidad y el riesgo bioético es muchísimo menor.
¿Se parecen en algo las moscas al humano? Porque de primeras cuesta ver alguna similitud.
Si nos comparamos a simple vista, evidentemente, no nos parecemos en nada. Sin embargo, si hacemos un estudio profundo, tenemos muchas similitudes y compartimos muchas funciones básicas. Pensemos que tanto los humanos como las moscas necesitamos movernos, respirar, comer e incluso aprender. Tenemos una historia evolutiva compartida. Esto implica que muchos de los órganos tienen un origen común y en el desarrollo de estos órganos están participando unos genes claves que se han mantenido conservados a lo largo de la evolución. Por lo tanto, ¡estamos compartiendo genes!
Si regresamos al campo de las enfermedades, puedo decir que el 70% de los genes que sabemos que en humanos producen una enfermedad tienen su equivalente en la mosca. Cuando en la mosca se alteran, reproducen características que se asemejan a la enfermedad.
Si te das cuenta, no somos tan distintos.
Existiendo otros animales, como ratones, ¿por qué elegir moscas para realizar estudios?
La historia de Drosophila tiene más de un siglo. Durante todo ese tiempo se han construido todo tipo de herramientas y estrategias sofisticadas para hacer estudios genéticos en ellas. Prácticamente puedes tener mutaciones para todos los genes de la mosca; es muy fácil generar mutantes. Podemos hacer que un gen se exprese (active) en el momento o en el tejido que queramos. Podemos cambiar cuánto se expresan sus genes o podemos silenciarlos (apagarlos). Todo esto tiene una ventaja muy importante para poder estudiar la función de un gen.
Otra ventaja que tienen frente a organismos vertebrados, como los ratones, es que, además de ser pequeños, tienen ciclos de vida más cortos y una gran capacidad reproductiva, por lo que son muy abundantes. Con una pareja puedes tener muchísimos descendientes, a nivel de centenares. Con las moscas puedes hacer lo que se llaman estudios a gran escala.
Incluso puedes realizar cruces entre moscas con diferentes mutaciones y ver si la descendencia, al combinar esas mutaciones, mejora o sale más perjudicada. Además, necesitan poco espacio, cuidados y materiales. Hasta podemos prepararles su propia comida aquí en el laboratorio.
Alumna trabajando con las Drosophilas. Utiliza dióxido de carbono para anestesiarla y un pincel suave para manipularlas.
Al trabajar con moscas mutadas, ¿qué nivel de riesgo existe si llegaran a escapar del laboratorio?
Como tenemos moscas transgénicas (genéticamente modificadas), necesitamos unas instalaciones específicas para trabajar con ellas. Nosotros las creamos en el 2018. Cotidianamente, la llamamos Fly Room, pero su nombre es Sala Mensua, en honor al profesor José Luis Mensua, quien fundó el Departamento de Genética en nuestra Facultad.
Esta sala cumple todas las condiciones para trabajar con moscas. Tiene una doble puerta para entrar y los investigadores tienen que ingresar con una bata específica para no llevarse moscas retenidas en la ropa. También cuenta con un sistema de ventilación que evita que las moscas puedan salir al exterior.
Sin embargo, el nivel de riesgo es muy bajo, ya que las moscas con las que trabajamos no son patógenas. Además, si escaparan, es muy poco probable que sobrevivieran fuera del laboratorio, porque están adaptadas a esas condiciones. Por otro lado, los transgenes (genes modificados) que portan no son peligrosos y es extremadamente improbable que se transfieran a las moscas silvestres (de la naturaleza), ya que eso requeriría que llegaran a reproducirse con ellas. En cualquier caso, tampoco suponen un riesgo para la salud de las personas.
¿Cómo se trabaja con estos animales en el día a día de una investigación?
Dentro de la Flyroom, las moscas viven dentro de tubos de plástico. A cada tubo lo rellenamos con un poco de papilla que les preparamos a las moscas con azúcar, harina de maíz y levadura. Para que no escapen, pero tengan oxígeno, sellamos el tubo con un poco de algodón.
Mientras esperamos a necesitarlos o a que se reproduzcan, los tubos de ensayo con las moscas se colocan en una incubadora. Es otro cuarto que regula la temperatura para que puedan vivir y reproducirse con mayor facilidad.
Cuando trabajamos con ellas, usamos lupas binoculares para poder analizarlas a mayor tamaño. También tenemos un sistema para anestesiar (dormir) a los adultos —las moscas inician como larvas— porque vuelan y se mueven, así que para observarlos, necesitamos que estén anestesiados y quietos. Luego utilizamos pinceles suaves para manipularlos sin lastimarlos.
Cuando termina una investigación o ya no se necesita de algún grupo de moscas, las depositamos en una morgue. No las podemos liberar porque son animales transgénicos y no sobreviven en el exterior. Así que la morgue tiene alcohol al 70%, el cual las noquea para que mueran pacíficamente.
En 2013 se reguló el cuidado de varios animales de laboratorio y en el 2023 entró en vigor la Ley de Bienestar Animal. ¿Qué normas y regulaciones protegen a las moscas durante la investigación?
Las leyes de bienestar animal son muy estrictas en España, ya que se sigue la normativa europea. Sin embargo, las leyes están dirigidas sobre todo a organismos vertebrados o a algún invertebrado en el cual se sabe que puede sentir cierto tipo de dolor. Las moscas no entran dentro de estos grupos. Por lo tanto, no hay en sí una regulación específica.
Moscas con diferentes mutaciones en sus tubos de ensayo.
Las moscas no son lo que se dice guapas. La mayoría las llamaría una plaga. ¿A usted no le causa desagrado o miedo trabajar con ellas?
La doctora ríe.
¿Las moscas? ¿No las has visto nunca? Son pequeñitas.
Se las puede confundir con plagas porque hay moscas que afectan a la fruta, pero estas son completamente inofensivas. Es más, yo las veo preciosas. Por ejemplo, tienen muchos colores de ojos: blancos, negros, rojos, naranjas, marrones, y son preciosos. Hasta hay mutantes que no tienen ojos. Algunas tienen alas planas y otras rizadas; algunas tienen alas pequeñitas e incluso hay algunas sin alas.
Son pequeños animales, valiosísimos para la investigación genética de las enfermedades raras y la embriología. Yo las veo preciosas.
Actualización 28 de abril 2026: se agrega información en pie de foto. Se agrega enlace a imagen del ciclo de vida de la mosca de la fruta.
El radón es la segunda causa de cáncer de pulmón. Juandy Dady/Shutterstock
¿Está tu hogar lleno de material radioactivo? El gas radón es un riesgo para la salud que suele pasar desapercibido. Se trata de un gas invisible e inodoro, pero no inofensivo. Este elemento radioactivo es la segunda causa de cáncer de pulmón en el mundo tras el tabaquismo y podría estar flotando en tu casa sin que te percates de su presencia.
La pelea contra el cáncer de pulmón se ha centrado en el tabaquismo. Sin embargo, aunque no fumes, es difícil evitar el radón. Este gas radiactivo es considerado la fuente de radiación natural más frecuente a la que los humanos nos exponemos. ¡Supera la exposición al Sol, que es todo un reactor de fisión nuclear! Sin embargo, no todos nos enfrentamos a la misma cantidad de radón.
Los niveles de radón varían por todo el planeta, dependiendo de los minerales presentes en cada región. Hay países con poco, como Islandia, mientras que otros tienen cantidades exorbitantes, como República Checa. Pero, ¿qué hay de España? El mapa de radón español podría hacer creer que no hay demasiado: el Levante, el sur y la mayoría del norte no presentan niveles altos. Sin embargo, Galicia, Extremadura, León y Castilla y partes de Madrid acumulan altas cantidades. Este gas radiactivo puede causar cáncer, pero antes de colarse a tu salón, inicia como uranio en las entrañas de la Tierra.
Mapa potencial del radón por provincia. Es crucial mencionar que la mejor forma de visualizarlo es por municipio.
El uranio no se convierte en radón por arte de magia, sino con un poco de física y química. Todos los elementos de la tabla periódica están compuestos por tres partículas subatómicas: protones, neutrones y electrones. Los dos primeros forman el núcleo atómico y alrededor de este “orbitan” los electrones. Existen núcleos diminutos, como el del hidrógeno, que solo tiene un protón, y núcleos masivos, como el uranio, que cuenta con 234 partículas.
Los núcleos atómicos colosales se vuelven inestables bajo su propio peso. Para estabilizarse, pasan por un proceso natural llamado desintegración nuclear, de la que existen tres formas: alfa, beta y gamma. Centrémonos en la primera. La desintegración alfa es un evento cataclísmico a nivel atómico en el que el núcleo del elemento se parte, formando dos nuevos elementos: helio y otro elemento con un núcleo más pequeño que el original. Durante esta partición nuclear se liberan altas cantidades de energía, lo que conocemos como radiación.
La serie del uranio muestra cómo la desintegración nuclear forma nuevos elementos. Cada vez que un elemento se desintegra, libera radiación.
El uranio, el torio y el radio son metales, pero el radón es un gas. Este gaseoso elemento puede escapar de la corteza terrestre y colarse a nuestro mundo, en la superficie terrestre. En el exterior, el radón se disipa rápidamente por la atmósfera y no representa un peligro. Sin embargo, puede infiltrarse en nuestros hogares y almacenarse ahí.
Nuestras casas están sobre la tierra y desde sus profundidades, como un ratón silencioso que aprovecha cualquier grieta u agujero, el radón puede escabullirse sin que nos percatemos. Si la ventilación no es la adecuada, este inquilino radiactivo se queda por ahí, flotando, y podemos inhalarlo sin notarlo.
Aunque el radón es un gas, en términos atómicos sigue siendo enorme y puede sufrir desintegración nuclear dentro del pulmón. La cantidad masiva de energía (radiación) que libera al transformarse en polonio daña el ADN. Podemos imaginar al ADN como castillo de arena y a la radiación como una ola: cuando la energía impacta con la molécula de la vida, esta se desmorona.
Los daños en el ADN causan mutaciones, cambios en los genes (instrucciones) que contiene. Ciertas mutaciones vuelven inútiles a los genes porque la instrucción que contienen deja de tener sentido. Dos grupos de genes son esenciales para mantener el cáncer a raya: los genes supresores de tumores, que regulan la división celular y evitan que las células se reproduzcan demasiado rápido, y los oncogenes, que inducen la división celular.
Ambos tipos de genes deben estar en equilibrio, como si estuviesen en una balanza, ya que si dejan de funcionar correctamente, las células se dividen sin control. Podemos imaginarlo como una presa: siempre deseamos que tenga agua; si falta, dejamos que pase más; si sobra, cerramos las compuertas para que no llegue más y se desborde. Si no se puede frenar el paso del agua, eventualmente la presa se desborda. Las células se parecen: tienen que multiplicarse, pero si no pueden frenar, forman un tumor.
La radiación liberada por la desintegración nuclear es capaz de romper el ADN y causar serias mutaciones genéticas. Ormalternative/Shutterstock
Si se vive en una zona alta en radón (puedes consultar tu municipio), es conveniente tomar algunas medidas. En las plantas bajas, casas y sótanos es fundamental sellar bien el suelo y las fisuras con cemento para evitar que el gas se infiltre. La ventilación también ayuda, aunque las ventanas podrían no ser suficientes. A veces, conviene instalar un extractor. Esto se determina midiendo la cantidad de radón en casa.
Un hachazo no derriba un árbol, al igual que una desintegración nuclear del radón no causa cáncer. Sin embargo, como varios golpes con el hacha tiran un pino, años respirando un gas radiactivo en casa pueden causar serias mutaciones en las células del pulmón, causando cáncer. Por ello, es crucial saber si vives en una zona de alto riesgo. A veces con abrir la ventana y sellar las grietas por casa es suficiente, pero ciertas construcciones requieren de un extractor, pero todo comienza sabiendo que existe un gas rastrero que puede ser un inquilino silencioso, pero no bienvenido.
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Mapa del Potencial de Radón de España CSN, 2017
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Tarakanov, V. (2023). What is Radon and How are We Exposed to It? International Atomic Energy Agency. 2026, https://www.iaea.org/newscenter/news/what-is-radon-and-how-are-we-exposed-to-it#:~:text=It%20can%20also%20diffuse%20into,to%20protect%20the%20people’s%20health.
El Grupo de Expresión Génica e Inmunidad de la Universidad Católica de Valencia detectó patrones moleculares que permiten diferenciar enfermedades con síntomas similares
Karen Giménez Orenga en el laboratorio del del Grupo de Expresión Génica e Inmunidad de la Universidad Católica de Valencia. Fuente :: Cedida por la UCV
Un estudio liderado por la investigadora Karen Giménez Orenga, del Grupo de Expresión Génica e Inmunidad de la Universidad Católica de Valencia (UCV), apunta a que antiguos virus integrados en el ADN humano, conocidos como retrovirus endógenos humanos (HERV), podrían convertirse en biomarcadores clave para el diagnóstico y seguimiento de enfermedades como el síndrome de fatiga crónica —también conocido como encefalomielitis miálgica—, la fibromialgia y el covid persistente.
La investigación, enmarcada en la tesis doctoral que ha defendido la investigadora, ha incluido el análisis de muestras de sangre de 302 pacientes con diagnóstico clínico definido, distribuidos en cuatro estudios experimentales independientes. Los resultados señalan el potencial de los HERV y de otros elementos virales relacionados como herramientas capaces de distinguir entre patologías que comparten síntomas similares.
Los HERV son secuencias procedentes de antiguos virus que infectaron a nuestros antepasados y quedaron integradas en el ADN, transmitiéndose de generación en generación. Durante décadas se consideraron “ADN basura” porque no codificaban proteínas como los genes clásicos. Sin embargo, hoy se sabe que cumplen funciones reguladoras y pueden influir en la respuesta inmunitaria.
El estudio evidencia que “la activación de estos retrovirus no es un fenómeno puntual, sino que puede mantenerse en el tiempo y estar vinculada a alteraciones del sistema inmunitario y a una mayor intensidad de los síntomas en pacientes con encefalomielitis miálgica, fibromialgia y covid persistente”, precisa Giménez Orenga.
Según la investigadora, los resultados “abren la puerta a mirar más allá de los genes codificantes y a explorar otras secuencias del genoma”, aunque insiste en que “se trata de datos preliminares que deberán validarse en cohortes más amplias”.
«La activación de estos retrovirus no es un fenómeno puntual, sino que puede mantenerse en el tiempo y estar vinculada a alteraciones del sistema inmunitario y a una mayor intensidad de los síntomas»
Biomarcadores para diferenciar enfermedades similares
Uno de los estudios realizados en el marco de la tesis, centrado en covid-19 y covid persistente, detectó la presencia mantenida de la proteína HERV-W ENV incluso meses después de la infección. Esta persistencia podría estar relacionada con una activación inflamatoria prolongada, cuando el sistema inmunitario no logra regresar a su estado basal, lo que contribuiría a síntomas como la fatiga crónica. Este hallazgo, tal y como apunta la biotecnóloga, sugiere que no todos los pacientes logran recuperar del mismo modo el equilibrio inmunitario tras pasar el virus.
Además, el análisis de marcadores inflamatorios, niveles de citoquinas y otros parámetros clínicos permitió distinguir a nivel molecular la covid persistente del síndrome de fatiga crónica y de la fibromialgia. En la práctica, esto significa que, aunque los pacientes puedan presentar síntomas parecidos, su organismo muestra señales distintas que permiten diferenciarlas.
Otra línea de la investigación permitió clasificar a los pacientes con encefalomielitis miálgica en subgrupos según el grado de activación de los HERV, lo que ayuda a explicar la heterogeneidad de la enfermedad y la distinta severidad de los síntomas. Este enfoque podría facilitar en el futuro estrategias terapéuticas más personalizadas.
En paralelo, el estudio del viroma sanguíneo reveló una mayor presencia del Torque Teno Mini Virus 9 (TTMV9), un virus común que suele utilizarse como indicador del sistema inmunitario. Su aumento en ciertos pacientes sugiere que en algunos casos podría existir una respuesta antiviral debilitada. Esto indica que el organismo podría tener más dificultades para controlar determinados virus y mantener una respuesta inmune eficaz.
Aunque estos hallazgos aún no se traducen en una prueba diagnóstica disponible, sientan las bases para el desarrollo futuro de herramientas clínicas basadas en biomarcadores moleculares.
Colaboración científica y proyección internacional
La investigación ha combinado trabajo de laboratorio con colaboración clínica especializada. La obtención y caracterización de los pacientes se realizó junto al Biobanco para la Investigación Biomédica y en Salud Pública de la Comunidad Valenciana (IBSP-CV) y con profesionales clínicos expertos en encefalomielitis miálgica.
El proyecto ha contado con financiación pública y privada, entre ellas ayudas predoctorales del programa VALi+d de la Generalitat Valenciana y el respaldo de la organización británica ME Research UK, además de fondos autonómicos y universitarios.
Durante este periodo, la investigadora ha realizado estancias en la Universidad de Cagliari (Italia) y en la Universidad de Oxford (Reino Unido), y ha consolidado colaboraciones con equipos internacionales como el del investigador Hervé Perron en GeNeuro.
Karen Giménez Orenga confía en que “aunque la investigación avanza de forma progresiva, el conocimiento sobre estas patologías complejas sigue creciendo y cada hallazgo contribuye a mejorar su comprensión y abordaje clínico”.
El director del Instituto de Investigación y Ciencia Marina de la Universidad Católica de Valencia y colíder del proyecto COLMED, explica cómo las medusas pueden convertirse en un recurso con potencial biomédico
José Tena en su despacho de la UCV. Fuente :: Guillermo González
Cada verano —y cada vez con mayor frecuencia también fuera de temporada— grandes concentraciones de medusas llegan a las costas del Mediterráneo. Un fenómeno asociado al desequilibrio de los ecosistemas marinos que afecta tanto al turismo como a la pesca artesanal.
Frente a esta realidad, el proyecto COLMED propone un cambio de enfoque: convertir la captura accidental de medusas en una oportunidad dentro de la biotecnología azul. Tras dos años de trabajo, el equipo del IMEDMAR-UCV y del del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) ha enviado a revisión el artículo científico en el que demuestran el potencial del colágeno de estas especies para aplicaciones biomédicas.
Cooliderando esta investigación se encuentra José Tena, doctor en Ciencias Biológicas y director del IMEDMAR-UCV, con una amplia trayectoria en el estudio de los ecosistemas marinos. A lo largo de su carrera ha participado en numerosos proyectos de investigación centrados en la calidad ambiental y la biología marina, además de desarrollar una destacada labor docente y divulgativa.
Durante años las medusas han sido vistas como una molestia para la pesca y el turismo. ¿Cómo surge la idea de convertir esa captura accidental en una oportunidad científica? Quienes trabajamos en biología marina nunca hemos visto a las medusas como una molestia. Es cierto que cuando llegan de forma masiva afectan al turismo y a la pesca, pero el problema real es el desequilibrio de los ecosistemas marinos. La reducción de sus depredadores ha favorecido su proliferación.
A partir de ahí, nos planteamos si aquello que hoy se percibe como un inconveniente podía tener también algún valor. Aunque el 98 % del cuerpo de la medusa es agua, contiene compuestos interesantes y ya existían algunos estudios previos que apuntaban a la calidad de su colágeno.
«El problema real es el desequilibrio de los ecosistemas marinos. La reducción de sus depredadores ha favorecido su proliferación»
El proyecto se ha centrado especialmente en la medusa de barril (Rhizostoma pulmo). ¿Qué características tiene esta especie y por qué resultaba especialmente interesante para el estudio? Es una especie pelágica, es decir, vive suspendida en el agua del mar Mediterráneo, y puede formar grandes enjambres. En los últimos años estas proliferaciones se han intensificado por la falta de sus depredadores naturales. Precisamente por su abundancia y su impacto en la pesca, son especialmente interesantes como recurso potencial.
Especies de medusas analizadas durante el proyecto. Fuente :: Ballesteros, A., Torres, R., Pascual-Torner, M., Revert-Ros, F., Tena-Medialdea, J., García-March, J. R., Lloret, J., & Gili, J.-M. (2025). Jellyfish Collagen in the Mediterranean Spotlight: Transforming Challenges into Opportunities. Marine Drugs, 23(5), 200. https://doi.org/10.3390/md23050200
El colágeno se ha popularizado mucho en los últimos años, especialmente en cosmética y suplementos. Desde el punto de vista científico, ¿qué es exactamente el colágeno y por qué es una proteína tan relevante en ámbitos como la medicina o la alimentación? El colágeno es una proteína fundamental en nuestro organismo. Representa más de un tercio de todas las proteínas que tenemos en el cuerpo y es esencial para estructuras como la piel, los tendones o los tejidos musculares.
En medicina se utiliza como material de soporte y en cosmética para reforzar la función de la piel. También puede emplearse en forma hidrolizada, es decir, descompuesto en aminoácidos que el organismo puede utilizar para sintetizar su propio colágeno.
Uno de los resultados más relevantes del proyecto es que el colágeno extraído de la medusa de barril mantiene la estructura característica del colágeno tipo I, el más utilizado en aplicaciones biomédicas. ¿Qué implica este hallazgo desde el punto de vista práctico? El colágeno tipo I es uno de los más interesantes desde el punto de vista biomédico porque es el que mejor se adapta a muchas aplicaciones en medicina, cosmética o alimentación. Lo relevante es que el colágeno de las medusas presenta esa estructura y, además, con una calidad muy elevada.
De hecho, las medusas tienen un tipo de colágeno de mejor calidad que el que podemos encontrar en porcinos o bovinos. Esto abre una posibilidad de transformar un problema en un recurso potencial para aplicaciones biomédicas.
¿Cómo se obtiene el colágeno a partir de las medusas y qué partes del organismo resultan más útiles para este proceso? El proceso es complejo. Se trabaja con el organismo completo, aunque la parte más interesante es la umbrela, donde se concentra la mayor masa corporal. Como está formada gran parte por agua, el primer paso es eliminarla mediante deshidratación. Después, el material se procesa en laboratorio para extraer el colágeno y separarlo de otros compuestos.
A pesar de la calidad del colágeno obtenido, ¿en qué punto real de desarrollo se encuentra el proyecto: estamos cerca de una aplicación industrial o todavía en una fase experimental? Todavía estamos en una fase inicial. Sabemos que el colágeno es de muy buena calidad, pero para que el producto tenga un interés industrial real es necesario optimizar todo el proceso de extracción. La alta proporción de agua en el cuerpo de la medusa hace que la cantidad de colágeno que se obtiene sea reducida. Eso implica que, a día de hoy, sería un producto caro. El reto ahora es mejorar los procesos y hacerlos más eficientes para que puedan trasladarse al ámbito industrial.
«Todavía estamos en una fase inicial. Sabemos que el colágeno es de muy buena calidad, pero para que el producto tenga un interés industrial real es necesario optimizar todo el proceso de extracción»
El proyecto ha trabajado directamente con cofradías del Mediterráneo. ¿Cómo ha sido esa colaboración y qué ha aportado el conocimiento de los pescadores al desarrollo científico? Ha sido una colaboración muy enriquecedora. A veces se piensa que hay distancia entre científicos y pescadores, pero en realidad compartimos el mismo objetivo de entender y conservar el medio marino. El conocimiento que tienen los pescadores sobre el mar es enorme y ha sido clave para el proyecto. Nos han ayudado a localizar enjambres de medusas, y eso ha permitido avanzar en la investigación y mejorar las técnicas de trabajo. Sin su participación habría sido mucho más difícil obtener resultados.
Capturas accidentales de medusa Rhizostoma pulmo procedentes de pescadores artesanales españoles en el marco del proyecto COLMED. (A) Fragmentos de medusa desgarrados por las redes de pesca; (B) capturas accidentales de medusas recuperadas; y (C) redes de pesca enredadas con medusas. Fuente :: Ballesteros, A., Torres, R., Pascual-Torner, M., Revert-Ros, F., Tena-Medialdea, J., García-March, J. R., Lloret, J., & Gili, J.-M. (2025). Jellyfish Collagen in the Mediterranean Spotlight: Transforming Challenges into Opportunities. Marine Drugs, 23(5), 200. https://doi.org/10.3390/md23050200
Si las medusas pasan de ser un residuo a convertirse en un recurso económico, ¿existe el riesgo de generar un nuevo desequilibrio ecológico en el Mediterráneo? El equilibrio del ecosistema marino ya está alterado, y precisamente por eso vemos más medusas que hace décadas. Además, su ciclo de vida hace muy difícil que puedan desaparecer por explotación pesquera. Las medusas producen miles de larvas, de las que en condiciones naturales solo sobrevive un pequeño porcentaje. El problema es que ahora, al haber menos depredadores, muchas más llegan a convertirse en medusas adultas, lo que genera esas proliferaciones masivas. Por eso creemos que aprovecharlas como recurso no supondría un riesgo de sobreexplotación.
A la luz de los resultados obtenidos, ¿cree que la valorización de las medusas podría convertirse en una fuente real de ingresos para la pesca artesanal y, al mismo tiempo, marcar una nueva línea estratégica en la gestión de los recursos marinos? Potencialmente sí, pero a día de hoy todavía no estamos preparados para introducirlo como alternativa real de ingresos. Haría falta desarrollar infraestructuras, sistemas de almacenamiento y toda una red de empresas que trabajen en la extracción y el procesamiento del colágeno. Por otro lado, yo creo que sí, que puede abrir una línea interesante con este proyecto. No obstante, como ocurre en otros ámbitos de la investigación, los avances requieren tiempo, pero apunta a que esta línea puede generar innovación y transferir conocimiento útil a la sociedad.
Apenas diez minutos separaban el laboratorio de la Dra. María Dolores Bargues Castelló de la zona cero de una de las catástrofes climáticas más devastadoras de nuestro país. Catedrática de Parasitología de la Universidad de Valencia, subdirectora del Centro Colaborador de la OMS en Fascioliasis y del Centro de Referencia de FAO/Naciones Unidas para Parasitología, la Dra. Bargues lideró una respuesta científica inmediata tras la inundación del 29 de octubre de 2024 en Valencia.
El trabajo dirigido por Bargues contó con el soporte de los proyectos PROMETEO (Generalitat Valenciana) y CIBERINFEC (CIBER-ISCIII, Ministerio de Sanidad), centrados en la prevención de riesgos epidémicos asociados a la DANA en Valencia. Su equipo cartografió el desastre a través de cuatro cuencas fluviales, identificando una diversidad de virus, bacterias y parásitos ocultos bajo el lodo y el barro, la mayoría eran patógenos para los seres humanos. A juicio de la también ex-presidenta de la Sociedad Española de Medicina Tropical y Salud Internacional, el enfoque One Healthes la única vía para afrontar y gestionar los riesgos de un futuro marcado por la emergencia climática.
Dra. María Dolores Bargues Castelló. Imagen cedida por la entrevistada
Ha trabajado en varios proyectos tanto internacionales como nacionales de gran envergadura. ¿Cómo se siente cuando el objeto de estudio ocurre solo a 10 minutos de su puesto de trabajo?
Fue una sensación de «tengo que hacer algo». Ante eventos catastróficos así, los agentes infecciosos circulan libremente por el medio ambiente y no tardamos ni tres días en reaccionar. Nos lanzamos a la calle con lo que teníamos; contábamos con más medios humanos que materiales, pero estoy muy orgullosa del esfuerzo que pudimos realizar.
Al final de la investigación se indica que el estudio está dedicado a los habitantes de Valencia y a los voluntarios. ¿Cómo vivió el equipo esa solidaridad mientras se realizaba el muestreo?
La palabra es sobrecogedor. En el terreno, es decir en la zona afectada, toda la gente se volcó en ayudarnos, incluso en sitios donde el acceso estaba prohibido por el peligro persistente. Hasta los mismos bomberos nos ayudaron a tomar muestras en parkings totalmente inundados. Fue una colaboración imprescindible y gratamente satisfactoria. Y desde el punto de vista científico, contamos desde el primer momento, con la colaboración del Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias, de la Universidad de La Laguna, liderado por el Dr. Jacob Lorenzo-Morales y del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Valencia, a través del grupo MiniAging del Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, dirigido por la Dra. Consuelo Borrás.
En el artículo se aborda el enfoque One Health como la única vía capaz de abordar de manera integral las consecuencias de desastres climáticos complejos. ¿Cómo ayuda este concepto a entender lo que pasó en Valencia el 29 de octubre?
Lo que pasó en Valencia tuvo consecuencias inmensurables que debían abordarse de forma multidisciplinar. El enfoque One Health integra la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas. No solo analizamos agentes infecciosos, sino también las prácticas y conocimientos de la población, los animales que actúan como reservorios y la heterogeneidad del entorno. Sin una coordinación interdisciplinar hubiera sido imposible gestionar lo sucedido en Valencia. Gracias a este enfoque se ha podido definir un marco estratégico para poder mitigar y gestionar los eventos catastróficos, que van a ser cada vez más frecuentes debido al cambio climático.
«Nos tiramos a la calle con lo que teníamos: más medios humanos que materiales»
El estudio divide la zona afectada en cuatro cuencas. ¿Por qué fue tan importante cartografiar con detalle el territorio?
La zona afectada era tan inmensa que lo primero que hicimos fue evaluar las trayectorias del flujo hídrico para entender cómo se desplazaban los riesgos. Cartografiamos cuatro cuencas principales: el afluente del río Gabriel y río Júcar, el río Magro, la Rambla del Poyo y el río Turia. A su vez, cada una de estas cuatro cuencas fluviales o de ramblas comprende cuatro subzonas inundadas con características diferenciadas según la altitud decreciente que seguía el flujo del agua (desde el interior hasta el mar): desde las áreas silvestres y montañosas, pasando por las llanuras agrícolas y áreas urbanas, hasta llegar a la zona del lago de la Albufera. Es importante cartografiar con detalle el territorio porque no se puede explicar lo que encuentras en las zonas de baja altitud sin saber qué había en las zonas altas del interior ya que hubo un desplazamiento hídrico masivo.
¿Qué tipo de muestras recogieron durante las primeras semanas tras la riada? ¿Y qué les sorprendió más al analizarlas?
Durante las tres primeras semanas recogimos más de 111 muestras medioambientales, como muestras de agua, barro – lodo y polvo en condiciones de gran dificultad. Lo que más me impactó fue la inmensa diversidad de agentes patógenos identificados: una treintena de microorganismos entre virus, bacterias, protozoos y amebas de vida libre, así como vectores de enfermedades como mosquitos, flebótomos y caracoles dulceacuícolas. Además de que la gran mayoría eran patógenos humanos y las muestras evidenciaban una fuerte contaminación fecal, tanto de origen humano como animal, lo que explica la alta incidencia de cuadros de gastroenteritis y diarreas en la población.
En el estudio mencionan que la presencia de los microorganismos también tiene un origen animal. ¿Cómo influye en el riesgo sanitario la muerte de casi 3000 animales?
La muerte de estos animales liberó al entorno numerosos patógenos que pueden transmitirse entre animales y humanos (zoonosis), contaminando el agua y, sobre todo, el lodo, lo que aumentó el riesgo de infección por contacto directo. El lodo resulta más peligroso que el agua porque actúa como un medio donde los patógenos se depositan y se concentran. Por este motivo cuando se da una catástrofe por inundación, la principal vía de transmisión es la contaminación fecal por contacto directo. Es esencial el uso de mascarillas y guantes, el lavado exhaustivo de cualquier alimento o bebida que vayamos a ingerir y la protección de pequeñas heridas en la piel para reducir el riesgo de infecciones.
Contaminación de aparcamientos subterráneos y alcantarillas. Fuente: Mas-Coma et al., 2025 DOI: 10.1016/j.onehlt.2025.101093
El estudio indica que el 60% de los fallecidos fueron ancianos, principalmente por factores físicos como vivir en plantas bajas o su menor movilidad ante el agua. Ustedes introducen el concepto de ‘inflammaging’ para analizar una amenaza distinta: la que aparece durante la limpieza y las hospitalizaciones posteriores. ¿Por qué este estado de ‘inflamación crónica’ hace que un patógeno del lodo, que quizá solo daría una diarrea leve a un joven, se convierta en una amenaza vital para una persona mayor?
El envejecimiento conlleva un fenómeno llamado «inmunosenescencia», que es el proceso de envejecimiento del sistema inmunitario. A medida que una persona envejece, sus defensas se vuelven menos eficaces y más desreguladas. Este proceso implica también una mayor inflamación crónica. Por eso, un patógeno del lodo que solo causaría una molestia leve en un joven puede ser más patógeno para una persona mayor por su menor capacidad para combatir las infecciones. Además, los ancianos fueron el grupo más vulnerable no solo biológicamente, sino también económica y psicológicamente, ya que la mayoría residían en plantas bajas de las calles céntricas de las poblaciones inundadas, donde los destrozos y las pérdidas fueron mayores.
«Solo si ciencia, salud y política actúan de forma coordinada, las sociedades podrán afrontar el cambio climático»
El estudio habla de la necesidad de crear una “línea base extrapolable”. ¿Cómo puede este trabajo ayudar a gestionar futuras catástrofes climáticas, que cada vez son más frecuentes?
Las inundaciones representan el 40% de los desastres naturales y son responsables de un elevado número de víctimas. Con este trabajo hemos definido una línea de base que cualquier país puede extrapolar: un modelo que enseña cómo coordinar ciencia y política, y cómo monitorizar los agentes patógenos antes, durante y después de la crisis. Lo ocurrido en Valencia nos ha mostrado las deficiencias y ahora tenemos un modelo de referencia sobre cómo actuar para salvar vidas en catástrofes futuras similares. Además, fue vital que el conocimiento sobre estos agentes infecciosos llegara de inmediato a los hospitales y centros de salud para poder aplicar cuanto antes las medidas preventivas. Publicar el artículo de forma temprana en una revista científica de Open Access fue la mejor manera de compartir los resultados para su consulta y aplicación.
En las conclusiones menciona la necesidad de elegir gestores con “talento y habilidades verificadas”. ¿Qué considera que falló en la cadena de mando a la hora de la gestión de la gota fría?
Lo más importante que podemos destacar de nuestra experiencia es que es necesaria una respuesta rápida, y coordinada.Sobre todo, liderada por especialistas. Solo si la ciencia, salud y política actúan de forma coordinada y adaptable, la sociedad podrá afrontar eficazmente los retos globales como el cambio climático o las emergencias sanitarias. Necesitamos fortalecer los sistemas de alerta temprana, incorporar la vigilancia ambiental pre y post- desastre, diseñar infraestructuras resilientes y apostar decididamente por la cooperación interdisciplinar bajo el marco de One Health. De aquí se desprenden múltiples lecciones que deben ser asimiladas tanto por los profesionales de las disciplinas implicadas como por los responsables políticos y de gestión gubernamental.