El poder de la Metáfora

En el Marco del Máster en Historia y comunicación de la ciencia, específicamente en la clase de Temas Avanzados de Comunicación Científica impartida por la profesora Alicia de Lara, se solicitó la elaboración de una metáfora original para explicar la teoría de la relatividad especial de Einstein a partir de la lectura del Capítulo 3 de “El tejido del Cosmos” de Brian Greene. A continuación se presenta el texto resultante de esta dinámica.

Y Newton dice, ¿que el tiempo qué?

Einstein versus Newton, la guerra de las teorías del espacio-tiempo.

Debo confesar compañeros que a pesar de llevar alrededor de 18 años estudiando física, la relatividad especial es un tema demasiado caliente, es un cambio de paradigma mental tan elevado,  tan extremo, que seguramente a Newton le explotaría la cabeza de semejante aberración. Me parece sensato de parte de algunos tratar de hacerse a un lado de este ejercicio, y es que incluso en condiciones normales de enseñanza me pondría bastante nervioso con estas ideas.

En la vida cotidiana el tiempo es algo que transcurre como le da la gana, dos hermanos mellizos Juan y Antonio salen a sus trabajos en la mañana muy felices y campantes, el primero tiene una vida de oficina tranquila, todo el día en un escritorio llevando a cabo sus cuentas como su profesión de contador lo requiere, Antonio es un deportista, se dedica a las carreras de autos en particular a la carrera más rápida del mundo, siendo uno de los mejores corredores de F1 de todo el mundo.

En alguna ocasión Antonio invita a su hermano a ver una de las competencias en las que este participa, a pesar de que un vehículo de F1 viaja a velocidades tan elevadas como 350 km/h, sin embargo el tiempo en que Antonio tarda en dar una vuelta a la pista es el mismo para él y para su hermano, ¿y por qué habría de ser diferente?, esta con toda seguridad sería una pregunta que Newton se haría, con la actitud arrogante que siempre lo acompaña.

En la vida cotidiana el tiempo corre hacia adelante sin saber exactamente cuál es esta dirección, en dos relojes sincronizados no habría causa alguna que debería alterarlo, ya que él es absoluto, inmutable y eterno, es decir es una especie de deidad que nada ni nadie puede alterar, no importa qué condiciones de movimiento “normales” se tengan nunca será alterado, lindas las palabras de Newton ¿no? Esto es lo que todos vivimos en la “cotidianidad” y seguramente nadie se atreva en general a refutar esta condición sin más.

Ahora bien, las condiciones en las que se plantea la relatividad especial de Einstein son muy pero muy distintas. Primero,  las velocidades en la que los efectos de esta teoría se plantean son tan elevadas que la velocidad de un avión de los más rápidos de todo el mundo viajando a Mach 3, es decir al triple de la velocidad del sonido en el aire, es un simple gusano moviéndose a su velocidad acostumbrada y seguramente esto respecto a la velocidad de la luz puede ser aún muy rápido.

En estas condiciones de velocidad extremas parece ser que el tiempo y el espacio se ven alterados, imagínese por un momento montado en un pequeño corcel  de luz que se mueve al ritmo que lo haría su componente principal, según la relatividad el tiempo en el que ocurren los eventos para usted corre más lento y además las longitudes por usted recorridas se hacen más pequeñas que las que usted podría medir en condiciones regulares en la tierra, ¿no es esto demasiado extraño?, acaso ¿ha vivido usted esto alguna vez?

En este punto en el que Newton siente que ya no puede soportar más semejante blasfemia, aparece la perla de que nuestros movimientos no solo ocurren en el espacio, sino también en el tiempo, es decir que incluso estando en reposo nos movemos, esto sí que pone de cabeza todo lo planteado por la física clásica de Newton. El movimiento generalmente definido en términos del cambio de posición de un objeto dentro de un espacio tridimensional, es decir en su habitación usted se puede mover a derecha, izquierda, arriba , abajo en la dirección que su mente lo quiera, siempre limitado por ese pequeño espacio, ahora, Einstein sugiere que estando en reposo respecto al espacio usted sigue aún en movimiento pero ya no en relación al espacio sino  en proporción al tiempo, Newton ya no puede soportar más y se hecha a reír.

En esta dirección la idea de Einstein es, que cuanto más rápido nos movemos en el espacio, más lento lo hacemos en el tiempo y viceversa, en un ejemplo sencillo, Miguel y Andrés niños inocentes en sus primeros años de escuela juegan a la relatividad con números enteros así;

0+5=5

1+4=5

2+3=5

3+2=5

4+1=5

5+0=5

El dígito de la izquierda representa la velocidad en el espacio, y el de la derecha la velocidad en el tiempo, si la velocidad es baja en el espacio explica Miguel, entonces lo es muy alta en el tiempo, tanto como cinco, a medida que la velocidad aumenta en el espacio, la velocidad en el tiempo disminuye, hasta el punto que la velocidad en el tiempo es cero y la velocidad en el espacio es cinco, como se aprecia la suma siempre da 5. No importa qué condición de velocidad se tenga en el espacio o en el tiempo, ¡Ah! Exclama Andrés, el 5 es el número que representa la constancia de la velocidad de la luz, esta siempre es la misma, no importa con qué velocidad nos movamos en el espacio o en el tiempo.

Después de terminar la explicación Newton sale de la habitación pegando un portazo y Einstein se queda mirando como diciendo ¿y yo acaso qué hice?

Podría seguir intentando explicar pero creo que el tiempo se me agota, y debo ir a trabajar, si lo hago tan rápido como la luz tal vez me gane unos segundos extra, ja, feliz tarde.

Omar Bohórquez

 

Universidad Distrital Francisco José de Caldas realiza charlas de carácter epistemológico y social de la ciencia

El proyecto curricular  de licenciatura en Física (PCLF) convoca a toda la comunidad académica a la integración social del conocimiento

Izquierda: Dra. Nathaly Marín , Centro: Prof. Ángela Camacho ponentes del coloquio y Derecha Dr César Herreño Director del Coloquio

La Universidad Distrital Francisco José de Caldas organiza una serie de coloquios de licenciatura en física (CLF) en la sede de la Macarena. El evento se llevará  a cabo todos los martes del semestre en curso a las 2 PM en el Auditorio Hermanos San Juan de la institución.

El evento está dirigido por el doctor César Herreño, especialista en Magnetoplasmónica y egresado de esta misma institución. La iniciativa, que tuvo sus orígenes en el año 2016, presenta charlas semanales de diferentes temáticas que giran en torno a la formación de licenciados en física. Los tópicos son variados ya que van desde la epistemología, pasando por la enseñanza y hasta abarcar las diferentes áreas de la investigación disciplinar.

El doctor Herreño comentó que el objetivo principal del coloquio es generar un ambiente de carácter más académico dentro de la institución, así como también integrar las diferentes facultades de la universidad alrededor del conocimiento de carácter científico. El propósito de la iniciativa es fomentar las labores de carácter divulgativo, vitales para la apropiación de la institución por parte de la comunidad académica.

Este evento ya tiene en su haber alrededor de 40 conferencias diferentes entre las que se destacan las presentadas por el doctor Jorge Reynolds, inventor del primer marcapasos externo. Esta charla trató el tema del uso del transistor en los últimos setenta años. Además, se acogió la charla presentada por el profesor Javier Cano, en la que se abordó el descubrimiento de las ondas gravitacionales, “que ha sido, sin duda alguna, una de las más  concurridas y exitosas en el coloquio”, según ha afirmado Herreño.

El coloquio proyecta para la edición de este año temas variados, pero en particular se destacan  las charlas de carácter epistemológico y social de la ciencia: el marco jurídico de la enseñanza, la  historia, ciencia y sujeto,  y el  conflicto armado en una perspectiva desde las ciencias naturales.

Herreño ha señalado  que el evento ha ido en crecimiento en este par de años y que el objetivo es que toda la comunidad académica local forme parte de la construcción de estos espacios para así lograr una mejor proyección y divulgación de las ciencias,  en particular desde el punto de vista de la licenciatura.

“La gente mantiene su intención de voto a pesar de saber que sus políticos mienten”, afirma el psicólogo Lewandowsky

Stephan Lewandowsky, catedrático de Psicología Cognitiva en la Escuela de Psicología Experimental de la Universidad de Bristol, ha presentado su última investigación en la tercera edición del Congreso de Pensamiento Crítico y Divulgación Científica, donde explicó aquellos mecanismos del discurso público que logran transformar ciertas evidencias científicas bien consolidadas en controversias. El experto ilustró casos en los que el electorado mantiene su intención de voto a pesar de saber que sus políticos sostienen afirmaciones falsas.

La ponencia plenaria de la tercera edición de este Congreso, celebrada los pasados 6 y 7 de marzo en la facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universitat de València y que este año llevó por título «Ciencia e ideología», corrió a cargo de Stephen Lewandowsky, la más alta referencia académica e investigadora en el estudio del rechazo a la ciencia, en concreto en los casos del cambio climático y las teorías de la conspiración.

En su intervención, presentó parte de los resultados de su última investigación, llevada a cabo en el contexto norteamericano. Desplegó la evidencia arrojada por este trabajo, la cual demuestra que buena parte del contenido negacionista —especialmente del cambio climático— es sostenido y diseminado por un grupo muy reducido de internautas que presentan una alta coherencia política interna. A juicio del experto, estos grupos suministran información sesgada respecto a evidencias científicas bien asentadas, sembrando la duda.

Lewandowsky explicó uno de los mecanismos más usados para hacer pasar información falsa como veraz: el cherry-picking. Consiste en seleccionar de manera interesada un dato no significativo y elevarlo a la más alta representatividad. Según explicó el académico, la gente suele respaldar estos contenidos engañosos movidos por sesgos de confirmación, es decir, se adscriben a esa información porque expresa su visión del mundo, su ideología. Estos dos mecanismos son mucho más exitosos que la presentación de datos fiables o la educación, los cuales la investigación presenta como inoperativos para transformar la visión de las personas.

“Esta información falsa emitida por pocas personas a través de medios sin gran impacto acaba ocupando un lugar privilegiado y muy sonado gracias a la difusión que de ella hacen los medios de comunicación”, señaló el psicólogo. “Los políticos, tendentes a prestar mucha atención a los medios, adoptan también este tipo de creencias, las cuales derivan en una influencia real en las políticas que impulsan”, remarcó. Asimismo, el público que, según la investigación llevada a cabo, atiende a afirmaciones negacionistas sobre el cambio climático reduce drásticamente su intención de apoyar políticas para solucionarlo, además de que tampoco modifica su intención de voto tras conocer que sus políticos sostienen afirmaciones falsas.

En el ruedo de preguntas, y siempre referido al contexto estadounidense, el profesor Lewandowsky mencionó el papel menor que la religión juega en todo este proceso. Por otro lado, resaltó la fuerte relación entre los partidos de derecha defensores del libremercado y su tendencia al negacionismo de las vacunas. Esto sorprendió a los asistentes debido a la imagen opuesta que presenta España, donde los grupos antivacunas suelen asociarse con determinados partidos vinculados a la izquierda.

RAMÓN NOGUERAS, PSICÓLOGO
«La psicología tiene que hacer una limpieza de pseudociencia dentro de su seno; aquí nadie vigila si le estás diciendo al paciente cosas que son mentira».

Son numerosos los problemas estructurales que anidan en el seno de la psicología. Está infectada de pseudoterapias que están legitimadas por las instituciones oficiales, asimilada a corrientes que nada tienen que ver con la psicología y secuestrada por movimientos de corte sectario. Los colegios oficiales presentan infiltración de pseudociencias y son todavía laxos ante su prevención, incurriendo, con todo, en la vulneración de su propio código deontológico. Ramón Nogueras es psicólogo en la práctica privada y profesor en la Universidad de Granada y en la Universitat Abat Oliba y analiza en esta entrevista algunos de los factores que explican esta situación.

¿Qué son la psicología y la pseudopsicología?

La psicología es la ciencia que estudia la conducta humana. No creo que sea adecuado definirla como la ciencia que estudia la mente porque la mente es un concepto mal definido, incorrectamente operacionalizado. En cambio, cuando decimos que la psicología es la ciencia que estudia la conducta y el comportamiento humanos sí que nos encontramos frente a algo que podemos definir, medir y valorar. Por otro lado, la pseudopsicología es toda pseudociencia que pretende explicar el comportamiento humano sin usar el método científico.

Da la sensación de que la psicología está actualmente asimilada a la espiritualidad, a lo trascendental, hay gente que busca o espera eso de la psicología. ¿Se debe a la influencia de la pseudopsicología?

La pseudopsicología es algo que ha tenido una enorme exposición en la cultura popular, de manera que la imagen que la gente tiene de un psicólogo no es la de un científico de la conducta, sino la de un mamarracho con diván. Por otro lado, actualmente parece que estamos cayendo un poco en el extremo contrario, en el cerebrocentrismo, sin darnos cuenta de que la conducta abarca todo el organismo. Indudablemente, el cerebro es la sede de un montón de funciones esenciales, y conocerlo y estudiarlo es relevante. Pero en el ámbito clínico, las intervenciones en modificación de conducta para solventar depresión o ansiedad no requieren conocimiento del cerebro. Por ejemplo, saber que se activan ciertas estructuras al modificar los pensamientos negativos de un paciente con depresión no es relevante para el ejercicio clínico. Además, en muchas ocasiones, los estudios sobre el cerebro son correlacionales, es decir, no sabemos si es causa o consecuencia. Desconocemos si la gente se deprime porque tiene baja la serotonina o tiene baja la serotonina porque está deprimida. Centrarnos demasiado en el cerebro en lugar de en las interacciones del organismo con el entorno es un error. Pero ahora, que mil cosas llevan el prefijo neuro, hemos pasado de esa espiritualidad, del psicoanálisis y de la gestalt a que todo es cerebro. Otro ejemplo es la validación científica de las leyes del aprendizaje, cosa que se ha hecho sin ningún tipo de estudio sobre la anatomía cerebral implicada. En resumen: si pierdes un brazo, tu cerebro continúa funcionando igual, pero tu conducta se va a ver afectada y la psicología tiene que estudiar eso. No nos podemos quedar solo en una parte del cuerpo.

Para el ámbito clínico no es necesario conocer la expresión puramente cerebral.

Interesa el conocimiento validado que aportan las neurociencias, pero cuando queremos modificar una conducta, tenemos herramientas que se basan en intervenciones sobre el contexto. Un ejemplo clásico: durante la guerra de Vietnam, el consumo de heroína estaba disparado entre los soldados estadounidenses. Existía la convicción de que estos sujetos eran adictos y que cuando regresaran a Estados Unidos habría legiones de yonkis furiosos destruyendo América. Y la realidad es que cuando estos soldados vuelven a casa, menos del 1% mantiene las conductas adictivas. Porque el cambio de contexto es suficiente. Allí consumían porque estaban en un contexto estresante, peligroso, acompañados de otros consumidores, con acceso barato a la sustancia, etcétera. Pero solo con abandonar ese contexto la mayoría se reintegran en sociedad y dejan de consumir. Así observamos que la adicción no es solo explicada por un proceso puramente fisiológico y que, por lo tanto, no todos los adictos se comportan igual. Hoy en día, tengo la sensación de que la reducción al cerebro está de moda y la realidad es que ni tanto, ni tan calvo. Vamos dando pendulazos, que si todo es ambiente, que si todo es biología, cuando la realidad es que todo es contexto, el cual incluye cuestiones multifactoriales.

Parece que la psicología juega con desventaja frente a la pseudociencia, que no requiere de un esfuerzo y un cambio de conducta, y es que esta última puede parecer operativa, que funciona aunque solo sea un placebo.

No solo eso, sino que a fin de cuentas, y esto es un fenómeno muy estudiado, tendemos a darle más peso a las cosas que nos gustan. Y la pseudopsicología se basa en muchas cosas que son agradables de creer, que suenan bonitas. Cuando le dices a alguien que tiene una depresión porque ha dejado de hacer cosas reforzantes en su vida y que la clave para superarlo es mediante un protocolo de actuación conductual, pues eso no tiene épica. Que te sientes atraído por tu padre es mucho más épico, o las constelaciones familiares, que te dicen que lo que te sucede es que estás canalizando una frustración de tu abuela durante la guerra civil. Y en parte es culpa nuestra: no hemos hecho buena divulgación, buena difusión.

Y, sin embargo, la psicología es cada vez más popular.

La notoriedad que está tomando la psicología es un fenómeno relativamente reciente. El último Nobel de Economía fue para Richard Thaler, que investiga en behavioural economics, un campo en el que han visto que la gente no toma decisiones racionales con respecto al gasto. Thaler ha descrito que los pequeños microincentivos del entorno pueden afectar decisivamente la conducta económica de las personas. Esto es algo que los conductistas descubrieron en los años veinte, treinta, del siglo pasado. Le han dado un Nobel por decir algo que es más viejo que la tos, y se lo dan porque es ahora cuando está recibiendo relevancia este asunto. Y nosotros, los psicólogos, no hemos sido capaces de explicar a la gente que la psicología es una ciencia como cualquier otra, con su corpus de conocimiento, con todos los fenómenos que tenemos descritos y todo lo que somos capaces de hacer. Y, entonces, ¿quién nos come la merienda? Gente mediocre como Rafael Santandreu, que es un humanista reconvertido a cognitivo.

Esto lleva a una pregunta clave: ¿dónde han estado los psicólogos? ¿Qué ha pasado con ustedes durante todo este tiempo?

En primer lugar, se aprecia una falta muy grave de rigor desde el principio. Incluso en facultades que son bastante cognitivas y conductuales, con un peso y presencia fortísimo de investigación científica, también hay espacio para las chorradas. ¿Por qué se imparten asignaturas de terapia psicoanalítica en la universidad como si fuera una cosa válida? Es verdad que lo que más peso tiene en la mayoría de facultades españolas es la psicología como ciencia, se enseñan métodos de investigación científica, estadística, anatomía del sistema nervioso y modelos de intervención y tratamiento de corte cognitivo o conductual, es decir, apoyados por la evidencia. Pero los sinsentidos pseudocientíficos siguen con su hueco, su coto. Los posgrados ya son un auténtico pitorreo, y el ejercicio profesional, más de lo mismo. Te obligan a certificar tu despacho como si fuera un centro de salud, pero nadie supervisa si ahí estás aplicando psicoanálisis o gestalt, por ejemplo, que son dos pseudociencias como dos pianos. Lo que importa es que esté certificado como centro de salud y que las puertas tengan un ancho. Pero nadie vigila si tú le estás diciendo al paciente cosas que son mentira.

Y, a mayores, los Colegios Oficiales de Psicólogos (COP) son juez y parte en todo esto.

Exacto. El 18 de diciembre del año pasado el COP de Cataluña tuvo una asamblea para aprobar la creación de una comisión de psicoanálisis. Hace dos años escuché en una conferencia organizada por este colegio que la hiperémesis (vómitos frecuentes) en el embarazo es un signo de que la madre está rechazando inconscientemente al feto. Esto es una barbaridad: nuestro código deontológico dice claramente que, desde el respeto a las tendencias, el psicólogo tiene que basar su práctica en la ciencia. Constituir esa comisión y sostener este tipo de afirmaciones vulnera el código. Pero, ¿cuánta gente en los colegios tiene práctica privada en la que hacen gestalt, o humanista, o psicoanálisis o sistémica o cualquier otra pseudoterapia? Incontables. Luego, lo de la condescendencia con las diferentes escuelas es algo que me hace mucha gracia también. En física no hay «diferentes tendencias». En física hay física, y luego hay físicos que manifestarán discrepancias sobre cómo interpretar un experimento o presentar un modelo teórico, pero no existen «escuelas». Uno acude a la lista de tratamientos apoyados por la evidencia científica que publica la APA, la Asociación Estadounidense de Psicología, y resulta que no están esas «escuelas». Pero claro, la nómina de muchos depende de eso.

Como motivos por los que sucede esto, se suelen esgrimir dos: por un lado, que estas «escuelas» son fuente de ingresos para muchos, y por otro, que todos tenemos tendencias irracionales y que la alfabetización científica no te aleja de caer en ideas sin fundamento. ¿Por qué hay tantos psicólogos aplicando estas pseudoterapias?

Porque no se hace suficiente énfasis en la importancia del rigor científico durante la carrera. La psicología es una carrera que la gente sigue pensando que es de humanidades. Y eso no es malo per se, las humanidades son muy importantes y se estudian poco en las facultades, en especial la filosofía de la ciencia, que está ausente y que nos podría enseñar mucho sobre qué hacemos en ciencia. Por otro lado, la gente entra en psicología con un prejuicio sobre qué es la psicología y no se mueven de ahí durante todo el proceso universitario. A veces escuchas cosas como «no me gustó la carrera porque era muy conductista». Este tipo de ideas son un paso en falso, porque esto no va de lo que a uno le guste, esto va de lo que es. La evidencia dice lo que dice y la gente que tiene ansiedad se cura con modificación de conducta o con terapia cognitiva. Y ya está.

También es habitual dar con psicólogos que hacen pseudopsicología y que simultáneamente también están aplicando otro tratamiento que sí tiene evidencia.

Eso es lo más común. La mayoría de los psicólogos se definen como eclécticos, cosa que me parece una solemne memez. El otro día, le pregunté a una amiga lo que estaba haciendo con su psicóloga. Me dijo una serie de cosas que sonaban a Terapia de Aceptación y Compromiso, una terapia de tercera generación, reconocida como terapia  basada en la evidencia que usa herramientas de meditación y mindfulness, una continuación de la terapia cognitiva. Pero, en realidad, no lo sé a ciencia cierta porque el psicólogo no se moja, quizá en parte porque no quiere perder al paciente. Queda muy bien decir que haces lo necesario para que el paciente mejore, cuando en realidad eso es un gravísimo error, porque si trabajas sin marco teórico, cuando algo funcione, no vas a saber por qué funciona. Y si no funciona, tampoco sabes por qué no funciona, de manera que no puedes corregir. Si yo aplico un programa de reestructuración cognitiva para un paciente con depresión, el paciente o lo hace bien o no lo hace bien. Si lo hace bien y no funciona seguro que puedo identificar exactamente qué es lo que no está funcionando y puedo elegir otra herramienta. Pero los hay que dan recomendaciones generales y que cuando algo no funciona alegan que el paciente se «resiste» a la terapia. Eso es muy cómodo.

Un caso hipotético: te viene un paciente que, por su forma de expresarse, puedes detectar que está en sintonía con la órbita del pensamiento pseudopsicológico o New Age, por ejemplo. Tú le aplicas Terapia Cognitivo-Conductual y es posible que no obtengáis resultados, porque esa persona está esperando otra cosa.

En muchos de esos casos lo que sucede es que la persona no hace lo que le pides. Las terapias basadas en evidencia (modificación de conducta, cognitiva pura, activación conductual, aceptación y compromiso, etc.) se fundamentan en que el paciente tiene que hacer cosas entre las sesiones y el que no quiere no las hace. Ahí sí cabe hablar de resistencia. Muchas veces las pseudoterapias se caracterizan precisamente porque lo único que hace el paciente es acudir a hablar y soltar dinero, sin que realmente se haya diseñado un plan de actividades. Al final, la terapia eficaz es una terapia que enseña habilidades al paciente, y cuando el paciente avanza en la terapia es porque progresa en la obtención de esas habilidades: aprender a manejar sus emociones, aprender otro estilo de comunicación, aprender conducta asertiva, aprender a exponerse gradualmente al estímulo que le provoca la fobia con el fin de relajarse en presencia de ese estímulo; en todo ello hay una conducta concreta, el paciente hace algo o el paciente deja de hacer algo. Generalmente, el paciente sustituye esta conducta que no le va bien por esta otra que le va mejor. Lo que sucede en las pseudoterapias es que el paciente se tira tres años en «terapia» y cuando preguntas qué ha aprendido contesta que «se conocen mejor». ¿Qué diablos es eso?

Y si además los afectados no saben que son afectados…

Esa es una de las razones por las que me dedico a hacer divulgación. No puedes confiar en que la gente tenga una idea real de qué es la psicología. Muchas veces me viene gente que me dice que creía que la psicología era directamente una pseudociencia. Por eso me dedico a dar charlas y tener un blog, porque si no, los de la pseudopsicología ganan.

Existe la creencia generalizada en la comunidad científica y escéptica de que la divulgación y la educación son la clave para superar esa ignorancia, el medio para que la gente deje de creer en ideas sin fundamento, pero la realidad es que esta afirmación no está demostrada.

Es puro deseo. Yo hago divulgación porque tengo la certeza de que si no la hacemos, los otros se nos comen todo el campo. Pero no tengo fe en que a base de divulgación la gente vaya a desarrollar sentido crítico. Hay investigaciones que demuestran que el conocimiento acerca de sesgos cognitivos no previene necesariamente de caer en ellos. Es muy tentador difundir las noticias que te gustaría que fueran ciertas sin comprobarlas o creer que algo es de una manera porque te suena bien. Es parte de cómo funcionamos. La conducta normal de la gente es procesar la información de manera sesgada. A veces hablamos de los sesgos como si fueran aberraciones pero son la norma. Lo raro es pensar racionalmente. La divulgación tiene un papel, pero no creo que sea la panacea. Además de que corre el peligro de llegar a difundir ideas pseudocientíficas. En psicología sucede a manos de divulgadores muy famosos.

¿Podría poner un ejemplo de alguno de esos pasos en falso?

Malcolm Gladwell, en su volumen legendario, Outliers: the story of success, nos habla de la investigación de K. Anders Ericsson en práctica significativa o deliberada, que es un tipo de entrenamiento en el que el sujeto desarrolla gradualmente conductas de mayor dificultad. Por ejemplo, a la hora de tocar un instrumento. Mucha gente alcanza un nivel de competencia en el que se estanca. La práctica deliberada consistiría, en este caso, en programar de forma rigurosa una serie de sesiones en las que cada vez atacas piezas musicales más difíciles y al mismo tiempo recibes retroalimentación continua sobre cómo lo estás haciendo. Gladwell agita todo esto y lo reduce a la idea de que la experticia se alcanza tras 10.000 horas de dedicación y sencillamente no es cierto, ya que no valen por igual todos los tipos de práctica, además de que reduce a cero el impacto del talento y de las diferencias innatas. El problema de la divulgación es que, a veces, por el afán de divulgar se incurre en excesivas simplificaciones y lo que acabas diciendo ya no es exactamente lo que la investigación apunta. Asimismo, muchas veces la divulgación llega solo a la gente que ya está convencida, así que poco hacemos.

Pongamos una persona habituada a consumir pseudopsicología, amante de las constelaciones familiares. ¿Qué tan susceptible es a cambiar su forma de verlo gracias a la divulgación? Quizá su elección esté más movida por una cuestión de distinción social que otra cosa.

Puede haber muchos reforzadores por los que una persona elige esto, como el reconocimiento social del grupo al que perteneces; otro puede ser el deseo de tener certidumbre y abrazar explicaciones fáciles. El ejercicio de cuestionarse a sí mismo es muy difícil y nada agradable de hacer.

¿Te llegan a consulta muchos afectados por pseudopsicología?

No te sé decir con exactitud, pero sí es frecuente. Además es una de las primeras preguntas que hacemos: si el paciente ya ha acudido a terapia antes y de qué tipo. En el mejor de los casos, se trata de gente que ha perdido mucho tiempo y dinero y no ha solucionado sus problemas y, en el peor, son auténticas historias de terror plenamente denunciables por abusivas y antiéticas sobre las que no hay ningún control.

¿Por qué los psicólogos no hacen nada respecto a todo esto? ¿Qué sucede realmente como para que no se ataje este problema?

Por un lado se trata de comodidad. No hay incentivos para hacer una psicología científica y cuestionar tu propia práctica clínica es duro, trae consecuencias negativas y mucho trabajo. Además de que los psicólogos no estamos libres de caer en el sesgo de creer en lo que nos gusta. Por otro lado, hablas de «los psicólogos» como si fuésemos una profesión que está unida, vertebrada y esto no es así. En Estados Unidos, cada año, una gran cantidad de psicólogos pierden su licencia porque mantienen relaciones duales con sus pacientes. Esto se vigila y se sanciona, mientras que aquí no. Marino Pérez, uno de los grandes conductistas en España, en Contingencia y drama, menciona la falta de cohesión de la profesión. No es solo por la presencia de las pseudociencias, sino que con respecto a algunas cuestiones no hay definiciones comunes. ¿Qué es la inteligencia? ¿Qué es la personalidad?

Entre que la psicología es una ciencia joven, la pseudopsicología lleva mucho tiempo afianzándose y que la profesión está fracturada, es difícil asentar bases para una futura cohesión, incluso entre quienes hacéis una psicología basada en la evidencia.

La psicología tiene que hacer una limpieza de pseudociencia dentro de su seno. Los psicólogos tenemos que dejar de aceptar que otros psicólogos se definan como psicoanalistas o gestálticos y sostener claramente que eso no es psicología. Los colegios son juez y parte. Deberían tener mayor implicación y supervisión, como entidades públicas. Esto quizá tendría que pasar por reconocer plenamente a la psicología como profesión sanitaria. En este aspecto los colegios sí que han hecho muchísimo, así como para que entremos en atención primaria, donde tenemos investigaciones que demuestran fuertes descensos en la prescripción farmacológica cuando hay psicólogos en este sector. Una vez limpia la casa, debemos mantener una charla muy seria entre nosotros al respecto de la desvertebración en nuestro dominio.

¿Cree que ese cambio vendrá desde dentro o desde fuera?

Supongo que debe ser una mezcla de ambas. Necesitamos un mayor reconocimiento de la psicología por parte de los organismos públicos para obligar a una regulación también mayor. Ahora mismo, un psicólogo, con su titulación y sus acreditaciones pertinentes en regla, puede ejercer aunque esté haciendo constelaciones familiares, diciéndole a una paciente que su padre la violó porque su madre no le daba suficiente sexo.  O puede decirle a unos padres que su hijo es autista porque no le mostraron suficiente afecto de pequeño. Necesitamos también que la gente ahí fuera se dé cuenta de que esto es una barbaridad y demande psicología de verdad, cosa que está pasando. Cada vez hay un acercamiento mayor a la psicología científica, yo lo estoy notando. Y para que suceda, los psicólogos somos los primeros que tenemos que empezar a dar guerra, y no callarnos qué es y qué no es psicología.

 

Para saber más: La psicología científica y la pseudopsicología

Ciencia a contracorriente

Cinco científicos españoles muestran la realidad actual de la investigación y hacia dónde se dirige

Cuesta abajo. El río, demostrando la ley de la gravedad, sigue su camino hacia el mar. 1.332 millones de kilómetros cúbicos de agua lo acogen y disfrazan de océano. Está perdido, las moléculas de agua que antes se agolpaban una al lado de la otra ahora están separadas. No volverán a unirse entre ellas. Sin embargo, las hay luchadoras. Van a contracorriente. No quieren dejarse llevar, se resisten. Algunas lo consiguen. Para otras, la fuerza ha podido con ellas. Aun así, no se dan por vencidas.

Esta es la situación por la que actualmente atraviesa la investigación científica en España, nadando en el sentido contrario al que se le quiere imponer, evitando empujones y tratando de que la corriente no se lleve todo lo conseguido hasta ahora. Corriente que, desde hace unos años, ha ganado velocidad en un cauce cada vez más estrecho y empinado en el que parece no caber más agua. Los científicos españoles, esas moléculas de H2O que no quieren ser arrastradas, trabajan por mejorar un país en el que la gran mayoría de habitantes desconoce cómo, por qué y para qué lo hacen. Su oficio, sin embargo, repercute en beneficio de todos.

Así lo defienden cinco investigadores españoles a los que, a pesar de pertenecer a diferentes campos y trabajar en cuatro comunidades autónomas distintas, muchas de sus experiencias les unen. Desconocían las dificultades a las que tendrían que enfrentarse cuando comenzaban. Más aún que estas fueran a empeorar. Con los años, finalmente, su experiencia les ha enseñado que en el camino hay más piedras de las que hubiesen imaginado. Sus trayectorias, tan distintas y parecidas a la vez, también les han hecho ver que España es un camino adoquinado en el que es difícil caminar sin que el pie tropiece.

Están llenos de ideas, proyectos que permitan que la sociedad española, esa para la que son unos desconocidos, tenga una vida mejor. Son conscientes de que queda mucho trabajo por delante. Esta dificultad, esta enorme roca, no les desmotiva. Cogen fuerzas para intentar moverla. Algunos lo han pasado mejor, otros, peor, pero todos tienen algo que decir. Todos desean enseñar a la sociedad que están ahí para ellos, que necesitan su apoyo y que la única manera de avanzar es hacerlo juntos. No quieren ir cuesta abajo y que el torrente, la tendencia actual, pueda con ellos.

ANA BELÉN ROPERO. LA DIFICULTAD PARA CONSEGUIR PROYECTOS DE INVESTIGACIÓN

Ana Belén Ropero intenta que los españoles aprenden a elegir los alimentos.

La profesora de nutrición de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche Ana Belén Ropero Lara (Ibi, Alicante, 1973) sabe lo que es sentirse atascada en el sistema. Tras pasar en el extranjero más de tres años, volvió en 2005 a España. Sin embargo, acabó con un contrato postdoctoral en el mismo grupo de la UMH en el que estuvo realizando su tesis.

Hasta el año 2011, cuando ya sumaba 15 años como investigadora, Ropero estudió el papel de los estrógenos en la regulación de la glucosa en sangre. Con ganas de iniciar su propia línea de investigación e “independizarse” [de su grupo], ese año solicitó financiación para un proyecto en un par de ocasiones. Sin embargo, las duras exigencias que desde entonces rigen la concesión de las ayudas impidieron que así fuera y que, un año más tarde, decidiera dejar completamente la investigación.

Debido a esas circunstancias, sumadas a la influencia de un compañero, su vida dio un giro. Junto a una colega del área de nutrición de la UMH, decidió poner en marcha un proyecto que nada tenía que ver con lo que había hecho hasta el momento: Badali, una base de datos que recoge información nutricional de alimentos e incluye recomendaciones de consumo.

“La sociedad no sabe lo que hacemos, con lo cual los gobernantes tampoco”, sostiene Ropero

Este blog de divulgación científica, en el que se encuentra inmersa actualmente, le hizo darse cuenta del posible origen de algunas de las principales dificultades en la I+D española: “Conforme comencé a meterme en este mundo, me iba dando cuenta de que esos problemas que teníamos en investigación tras las crisis eran porque realmente la sociedad no sabe lo que hacemos, con lo cual los gobernantes tampoco”. De hecho, la también profesora de la UMH asegura que durante su etapa como investigadora no se vio capaz de contar a su madre en qué trabajaba “porque no lo iba a entender”.

Para que esta situación mejore, la ya reconocida divulgadora parece tener claro qué es necesario hacer: “Se tiene que formar a la gente mediante divulgación científica, desde entidades institucionales y sobre temas que ya estén muy afianzados y estudiados”.

LUISA MARÍA BOTELLA. VOCACIÓN PARA MANTENERSE

Luisa María Botella Cubells

Luisa María Botella lleva años investigando la enfermedad rara HHT.

El de Luisa María Botella (Valencia, 1959), científica del Centro de Investigaciones Biológicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CIB-CSIC), es el ejemplo de que la vocación lo puede [casi] todo. Por recomendación de sus padres, pues ella quería ser docente, Botella decidió estudiar la carrera de biología, “aunque por aquel entonces las salidas eran incluso más oscuras que ahora”, reconoce. Ahí conoció la genética, momento en que se dio cuenta de que eso era lo que quería para su vida.

Tras varios años dedicada a la investigación básica con insectos, y durante los cuales se vio sin dinero y sin proyecto en una ocasión [no sería la última], la bióloga descubrió su verdadera pasión: la Telangiectasia Hemorrágica Hereditaria (HHT) o síndrome de Rendu-Osler-Weber, una enfermedad rara que hasta el año 2001 no había sido estudiada. Esta circunstancia no era nada excepcional, pues como Botella recuerda “por aquella época había poca financiación para su estudio [el de las enfermedades raras]”.

Debido a la crisis, la investigadora se vio por segunda vez sin financiación y sin proyecto

Después de mucha insistencia, pues la investigadora no podía dejar de pensar en los pacientes de HHT, consiguió reunir todo lo necesario para investigar la enfermedad: el dinero, el proyecto, el personal, los pacientes y los médicos. Tal y como asegura, esto supuso “la época dorada del laboratorio”. No obstante, la crisis hizo estragos en todo lo conseguido hasta la fecha y, en el año 2011, se vio de nuevo sin financiación, sin un proyecto de investigación y con tan solo una compañera en el laboratorio.

Su vocación, ya claramente encaminada hacia el estudio de esta enfermedad, no le dejó tirar la toalla: Botella se presentó en 2012 al concurso de televisión Atrapa un millón, emitido por Antena3, para conseguir dinero y donarlo a la Asociación de Pacientes de HHT, creada en 2005. Los 15.000 € que logró ganar supusieron, tal y como asegura, “la semilla para hacer más cosas”.

Y así fue, pues poco más tarde la bióloga participó en una campaña de difusión de HHT con los medios, que tuvo como resultado una serie de “donaciones solidarias”. El laboratorio de Botella, quien considera de vital importancia hacer llegar la información a la sociedad para el buen funcionamiento de la investigación, comenzó a ser el de antes.

DIEGO GUTIÉRREZ. EL EJEMPLO DE QUE ESPAÑA NO SIGUE EL RITMO A EUROPA

Diego Gutiérrez es experto en realidad virtual.

Películas como Parque Jurásico (1993) o Toy Story (1995), la primera creada por completo con efectos digitales, despertaron el interés de Diego Gutiérrez Pérez (Zaragoza, 1970) por la informática gráfica. Años más tarde, Disney, una de las productoras de la cinta sobre juguetes animados, reclama sus servicios.

El investigador de la Universidad de Zaragoza ha conseguido, además, llamar la atención de otras importantes compañías e instituciones estadounidenses como Adobe y la NASA, la cual se interesó por una cámara que el grupo de Gutiérrez creó en 2013, en colaboración con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), para conocer la estructura interna de nuestro satélite. “Es tan rápida que se puede ver luz en movimiento. La NASA pensó implementar esta tecnología para mapear las cuevas de la luna en lugar de mandar un astronauta”, asegura Gutiérrez, quien también imparte clases en la institución aragonesa.

“Ningún político ha apostado por la investigación, nunca”, sentencia Gutiérrez

Un poco más cerca, en Europa, el trabajo del investigador tampoco ha pasado inadvertido: el pasado año el Consejo Europeo de Investigación (ERC) le concedió un proyecto de 1,7 millones de euros para estudiar los posibles vínculos entre el mundo físico de la luz y la forma en que nuestro cerebro interpreta las imágenes. Cuando nos acercamos más en el mapa, sin embargo, la situación cambia. “Esta es una cantidad de dinero que está muy por encima de lo que consigues en España. Todos tenemos que hacer malabares con el dinero que podemos conseguir aquí. Cada vez está más difícil y ningún político ha apostado por la investigación. Nunca. En Europa es diferente”, señala el profesor.

A pesar de las condiciones actuales en las que lamenta se encuentra la I+D+i en nuestro país, donde cree que hace falta “promover la buena investigación” e “inspirar a la sociedad” para que estudie carreras científicas y tecnológicas, Diego Gutiérrez ha rechazado propuestas para irse al extranjero. “No es tan extraño. No todo el mundo quiere irse. Hay gente que sí y me parece muy bien. La pena es la que quiere quedarse y se ve obligada a irse porque aquí no hay nada. Hay muchos que tomamos la decisión de quedarnos porque valoramos muchas otras cosas. Cualquier decisión es perfectamente válida y respetable”, defiende el zaragozano.

MARÍA BLASCO. LA IMPORTANCIA DE ESQUIVAR OBSTÁCULOS Y DESPERTAR VOCACIONES

María Blasco es una de las pocas mujeres que dirigen un centro de investigación español. /CNIO

Confía en que la inmunoterapia, a la que hasta hace poco “no se le había prestado mucha atención”, sea la alternativa del futuro para combatir el cáncer. No lo afirma cualquiera, pues actualmente ostenta el cargo de directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Sin embargo, el suyo tampoco ha sido un camino fácil, debido a “las dificultades, barreras y sesgos” a los que asegura que han de enfrentarse las mujeres a lo largo de su vida. Aun así, María Blasco Marhuenda (Alicante, 1965) ha conseguido escalar por la pirámide laboral y demostrar que hay estereotipos que no siempre resultan ser ciertos: “Cuando pensamos en científicos, pensamos en hombres, sin embargo, la ciencia está hecha mayoritariamente por mujeres”, afirma la investigadora.

“Ahora es más difícil que hace una década atraer talento o encontrar financiación”, asegura Blasco

Por primera vez desde que Blasco volvió de su estancia postdoctoral en Nueva York en 1997, su grupo ha sufrido una disminución de tamaño, lo cual ha afectado al número de proyectos que pueden realizar. “Ahora es más difícil que hace una década atraer talento o encontrar financiación, nos afectan unas políticas muy restrictivas de contratación de personal que nos hacen ser menos competitivos. Esto es una indicación de lo mal que está la situación”, señala la directora del CNIO, quien en 2014 formó parte de la primera Selección Española de Ciencia, elaborada por la revista QUO, junto a investigadores de la talla de Juan Luis Arsuaga o Margarita Salas.

No obstante, la científica se muestra optimista y está convencida de que España es un país que “importa en el mundo de la investigación”. Además, Blasco confía en el potencial de la divulgación científica para lograr un acercamiento entre la población y los investigadores. “Ya no solo es importante lo que investigamos, sino que lo comuniquemos de forma efectiva, que hagamos partícipe a la sociedad de nuestro trabajo”. De esta forma, tal y como afirma, se pueden “tender puentes para formar, informar y despertar vocaciones”.

Para conseguir tal propósito, la investigadora sugiere varias medidas: “Lo primero que habría que hacer es mejorar la educación científica. Algo que también ayudaría sería aumentar los espacios dedicados a la ciencia en los medios de comunicación. Por nuestra parte, investigadores y centros de investigación debemos abrirnos a la sociedad en la medida de lo posible.

ALBERTO RUIZ. LA DEDICACIÓN PARA LOGRAR OBJETIVOS

Alberto Ruiz es catedrático en la Universidad de Cantabria.

Dos años más tarde, en 2016, nos encontramos con otro de los elegidos para formar parte de la Selección Española de Ciencia. Alberto Ruiz Jimeno (Logroño, 1952), catedrático de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Cantabriacolabora con el que califica como “posible centro de referencia mundial en investigación científica”: la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN). 

Todos y cada uno de los logros que acumula le han enseñado que trabajar duro tiene recompensa. “Los problemas se van superando con la dedicación y la perseverancia, nunca hay que rendirse”, asegura el investigador. De hecho, reconoce que llegar a su posición actual no ha sido una tarea fácil, sino fruto de su gran empeño. “He tenido que trabajar con mucho tesón y a la vez entusiasmo, porque siempre he creído en lo que hacía. Lograr un puesto permanente en la universidad era muy difícil cuando yo terminé el doctorado, como lo es ahora mismo, pero finalmente llegó”, afirma el también coordinador de la Red Temática Nacional de Futuros Aceleradores.

Ruiz opina que el principal problema en España es que “se dedica muy poco presupuesto a I+D”

Recientemente declarado el investigador español más citado, el catedrático aparece en más de 1.000 artículos científicos. Su larga trayectoria y sus amplias colaboraciones con algunos de los centros de investigación más importantes del mundo, le han hecho tener una visión muy definida de la ciencia en nuestro país: “Ha avanzado muchísimo, gracias al interés de los propios científicos, su internacionalización y su dedicación. No obstante, el problema que tenemos en España es que se dedica muy poco presupuesto a I+D, sobre todo en los niveles más altos del Gobierno”.

Igualmente, el físico lamenta que los gobernantes no tengan “una conciencia clara de la importancia de la investigación científica, tanto básica como aplicada”, lo cual considera un impedimento para lograr estar “en primera línea de los países industrializados y avanzados”. En su opinión, “un Ministerio de Ciencia sería muy aconsejable”, aunque añade que “no es suficiente con tener un Ministerio, sino que la I+D se considere realmente como inversión y no como gasto”.


Las cinco piedras que, según los investigadores entrevistados, dificultan el viaje por la senda de la investigación española:

1. Disminución de los presupuestos para I+D.

El Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2017, presentado el pasado 4 de abril a las Cortes Generales y aprobados por el Congreso de los Diputados el 31 de mayo, destina un total de 621,9 millones de euros a investigación científica, 105 millones menos que hace tan solo diez años. Además, estos han sufrido un descenso constante desde 2009 hasta 2016, año en que se vuelven a incrementar en un 5 %.

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2. Visión cortoplacista de la investigación.

En España, los proyectos de investigación no exceden de los tres años para su ejecución, tiempo que los científicos consideran escaso para cumplir con todos los objetivos exigidos. Como ejemplo, las “Consolidator Grant” del Consejo Europeo de Investigación (ERC), ayuda de excelencia obtenida por el investigador Diego Gutiérrez, pueden extenderse durante cinco años.

3. Ausencia de un Ministerio de Ciencia y nula formación científica de los gobernantes.

Desde 1966 hasta 2011, salvo el periodo 1996-2000, la I+D+i estuvo gestionada desde un ministerio cuya denominación hacía alusión expresa a la ciencia, la investigación, la innovación o la tecnología. Con el inicio del primer gobierno de Mariano Rajoy Brey en 2011, y hasta la actualidad, la gestión de la investigación ha corrido a cargo del economista Luis de Guindos a través del Ministerio de Economía y Competitividad, el cual pasa a llamarse desde 2016 Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.

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4. Sociedad con una cultura científica pobre.

Aunque en la VIII Encuesta de Percepción Social de la Ciencia, publicada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología en 2017, se refleja un mayor conocimiento científico y tecnológico por parte de la sociedad española, con respecto a la encuesta de 2015, un porcentaje importante aún no tiene claras ciertas cuestiones: un 46,7 % de los encuestados afirmó que los antibióticos curan infecciones causadas tanto por bacterias como por virus, en lugar de únicamente por bacterias; y un 23,7 % aseguró que el Sol gira alrededor de La Tierra, y no al contrario.

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5. Demasiados requisitos para la solicitud de un proyecto de investigación.

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El célebre divulgador científico Carl Sagan dijo una vez: “Vivimos en una sociedad absolutamente dependiente de la ciencia y la tecnología y, sin embargo, la hemos organizado inteligentemente para que casi nadie las entienda”. Estos cinco investigadores, con la fuerza que encuentran en su vocación, seguirán luchando por hacerse entender y por un país que conozca y valore su esfuerzo. Un país donde la corriente no les arrastre, sino les impulse.

María Blasco | Directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas

“LA CIENCIA ESTÁ HECHA MAYORITARIAMENTE POR MUJERES”

Dirige uno de los centros de investigación más importantes en España y, por primera vez desde que volvió a España en 1997, la falta de presupuesto le ha impedido llevar a cabo varios proyectos


Maria Blasco. /CNIO

En 2014 fue incluida dentro de la primera Selección Española de Ciencia, elaborada por la revista QUO. María Blasco Marhuenda (Alicante, 1965), directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), tiene claro que España es un país “que importa en el mundo de la investigación”. No obstante, la investigadora lamenta que la actual crisis económica impida “atraer talento y conseguir financiación”.

Pregunta. ¿Cómo ve la situación de la investigación española en relación a la de otros países?

Respuesta. Creo que una de las grandes diferencias entre la investigación en nuestro país y en otros es que su devenir está sujeto a los cambios políticos. En otras partes del mundo, bien sea porque la financiación de la ciencia no se cuestiona, bien porque las instituciones se sustentan gracias a una fuerte inversión privada o a la filantropía, la investigación no sufre tantos vaivenes; tiene mayor estabilidad. Esto tiene que cambiar si queremos que en España se siga haciendo investigación de primer nivel. Todavía no nos terminamos de creer que somos respetados internacionalmente por nuestra ciencia.

“Ahora es más difícil que hace diez años atraer talento o encontrar financiación para un proyecto”

P. Tras una amplia trayectoria en la investigación, ¿qué diferencias más destacables nota desde sus primeros proyectos a los últimos?

R. La crisis ha sido un punto de inflexión. Ha frenado la progresión más o menos constante que vivíamos en España desde finales de los 90, cuando los investigadores que nos habíamos ido fuera tuvimos la oportunidad de regresar a laboratorios que nada tenían que envidiar a los de Estados Unidos, por ejemplo. Tras la crisis y los consabidos recortes –que al CNIO han afectado menos que a otros centros–, hemos perdido momemtum. Aunque España sigue claramente en el mapa y en nuestras instituciones hay grandes investigadores, algunos se plantean ir a otros países y, además, ahora es más difícil que hace diez años atraer talento o encontrar financiación para un proyecto. Por citar algunos números, ha habido una disminución de un 40% en el dinero dedicado para los proyectos de investigación financiados estatalmente. Pero no solo eso, ahora nos afectan unas políticas muy restrictivas de contratación de personal que también nos hacen ser menos competitivos.

P. ¿Ha tenido que abandonar una línea de investigación por falta de presupuesto? ¿Qué le ha supuesto?

R. Sí. Mi grupo ha disminuido de tamaño y hay proyectos que no podemos realizar. Es la primera vez que me pasa desde mi vuelta a España en 1997. Esto es una indicación de lo mal que está la situación.

“España es un país que importa en el mundo de la investigación”

P. Si tuviera enfrente al responsable de dar dinero a su proyecto, ¿qué le diría?, ¿cómo lo convencería de que aquello en lo que quiere investigar merece la pena y es necesario para la sociedad?

R. Por primera vez en nuestra historia, España es un país que importa en el mundo de la investigación y es reconocido como tal internacionalmente. Hay centros e investigadores de élite. Eso es un hito. No solo somos país de vacaciones, somos país que innova y crea productos que son competitivos, y que ayuda a atraer inversión de farmacéuticas extranjeras, etc. Pero esto se está poniendo en peligro por los motivos que he indicado. Hay mucho que perder no financiando la investigación.

La directora del CNIO (segunda a la izq.) con otros investigadores del centro. /CNIO

 

P. La mujer está poco representada en los altos cargos. Según las estadísticas, conforme aumenta la responsabilidad y categoría del puesto, la presencia de la mujer va disminuyendo. ¿Ha tenido que hacer frente a un mayor número de barreras hasta llegar a ser directora del CNIO?

R. La sensación es que a las mujeres se nos examina con lupa, se nos cuestiona más. Y cuanto más arriba en la escala de responsabilidad se esté, este escrutinio es de mayor intensidad. Las barreras a las que se enfrentan las mujeres para avanzar en la carrera profesional están en las estadísticas. Mientras que, en las universidades, las mujeres representan la mitad o algo más de los estudiantes, el porcentaje femenino cae paulatinamente a medida que uno sube por la pirámide laboral. El último informe de Científicas en Cifras es la mejor radiografía. El 79% de los cargos de dirección y cátedras de las universidades públicas están ocupados por hombres y sólo hay tres mujeres rectoras. Esta situación no es elegida sino fruto de las dificultades, barreras y sesgos a los que nos enfrentamos las mujeres a lo largo de nuestra vida.

P. ¿Considera que la profesión investigadora está estereotipada?

R. Sí lo está, tanto o más que cualquier otra profesión. Cuando pensamos en científicos, pensamos en hombres, sin embargo, la ciencia está hecha mayoritariamente por mujeres.

“Es importante que hagamos partícipe a la sociedad de nuestro trabajo”

P. ¿Qué importancia atribuye a la divulgación científica?

R. La divulgación ha ido ganando importancia en los últimos años y hoy en día es uno de los ejes maestros de los planes de programas como el Horizonte 2020. Los índices de excelencia que cada año evalúan a los centros de investigación de todo el mundo también han empezado a incluir las actividades de science outreach y comunicación/divulgación entre los parámetros que valoran. Es decir, ya no sólo es importante lo que investigamos, sino que lo comuniquemos de forma efectiva, que hagamos partícipe a la sociedad de nuestro trabajo. En el CNIO, desde hace años, informamos acerca de las investigaciones más relevantes y realizamos también actividades dirigidas a la comunidad educativa, así como otras actividades de outreach. Actualmente, estamos trabajando en un proyecto para potenciar este aspecto, que para nosotros es vital dentro de nuestra estrategia global de Responsible Research & Innovation (RRI).

P. ¿Qué opinión le merecen las noticias científicas en medios generalistas?

R. Es un fenómeno difícil de controlar y cuanto más se expande internet, mayor es la dificultad. No obstante, la prensa científica, los periodistas especializados, suelen ser rigurosos con la información. Es cierto que a veces te encuentras con titulares ambiguos o directamente falsos, pero no tengo la percepción de que esto ocurra con frecuencia en medios de comunicación profesionales. Por parte de los centros de investigación, nuestra labor es hacer llegar a los periodistas información precisa. Además, nuestro departamento de comunicación siempre está disponible para gestionar entrevistas, hacer aclaraciones o proporcionar material adicional a los periodistas. Somos muy cuidadosos con qué cosas contamos y cómo lo hacemos.

P. ¿Qué propondría para mejorar el nivel de cultura científica de la población española?

R. Hace unos días publicaba la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) los resultados de su encuesta sobre Percepción Social de la Ciencia. Los datos, aunque mejores que los de pasadas ediciones, reflejan la falta de interés por la ciencia de la mayor parte de los españoles. Muchos aseguran, además, que este desinterés es fruto de su falta de comprensión. Hay datos preocupantes, como que sólo el 55% piensa que la ciencia tiene más beneficios que prejuicios. Lo primero que habría que hacer es mejorar la educación en ciencia. Algo que también ayudaría sería aumentar los espacios dedicados a la ciencia en los medios de comunicación. Por nuestra parte, investigadores y centros de investigación debemos abrirnos a la sociedad en la medida de lo posible. Tender puentes para formar, informar y despertar vocaciones.

P. ¿Cómo ve el futuro de la investigación oncológica y los tratamientos contra el cáncer?

R. Hay muchas esperanzas depositadas en la inmunoterapia. Históricamente, no se le había prestado mucha atención al uso del propio sistema inmune del paciente para combatir el cáncer, pero en los últimos años esta aproximación ha mostrado buenos resultados y seguro que tendrá un importante papel a medio plazo.

Diego Gutiérrez | Investigador en informática gráfica

“UN PAÍS CIENTÍFICAMENTE EDUCADO NO SE CONSTRUYE EN DOS DÍAS”

El investigador de la Universidad de Zaragoza cuenta con una financiación de 1,7 millones de euros del Consejo Europeo de Investigación, una de las becas más prestigiosas en Europa


Diego Gutiérrez.

Diego Gutiérrez Pérez (Zaragoza, 1970) es investigador del Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón. Tras una dilatada carrera, empresas como la NASA, Disney y Adobe, entre otras tantas, solicitan sus servicios. Sin embargo, el también profesor de la Universidad de Zaragoza lamenta que en España haya que “hacer malabares” con el dinero que dan para la investigación.

Pregunta. ¿Cuándo comienza su interés por la investigación?

Respuesta. Yo siempre he sido de ciencias, hice ingeniería industrial porque en aquel momento en Zaragoza era lo único que había y tampoco sabía muy bien si quería hacer una cosa u otra. Los dos últimos años vi que no me gustaba y en el Proyecto Fin de Carrera decidí buscar algo nuevo: la informática gráfica. Lo que me llevó a decantarme por este campo fue ver películas como Toy Story o Parque Jurásico a mediados de los 90.

“Todos tenemos que hacer malabares con el dinero que podemos conseguir en España”

P. ¿Qué diferencias principales nota desde sus inicios en la investigación respecto a la situación actual?

R. Todos hemos sufrido con la crisis, cada vez hay menos dinero en España, eso es un hecho. Hay menos becas, con lo cual son más competitivas, los proyectos son más difíciles de conseguir, te dan menos dinero, etc. La ventaja en mi grupo es que lo que nosotros hacemos solo requiere de ordenadores, y eso es algo relativamente barato. Por suerte, lo peor que nos puede pasar es que estos vayan más lentos. En otros campos, por ejemplo, requieren de cultivos biológicos o de máquinas más caras. Ahí lo han pasado peor. Aun así, todos tenemos que hacer malabares con el dinero que podemos conseguir en España. En Europa es diferente. Aquí cada vez está más difícil y ningún político ha apostado por la investigación. Nunca. Ahora parece que con la Ley de la Ciencia que se firmó hace poco la gente se lo está tomando un poco más en serio. Pero falta que pase un tiempo para ver si eso es más que un acto de firmar un papel.

P. ¿Alguna vez le han denegado un proyecto?

R. Sí, a todos nos han denegado proyectos. Al principio, sobre todo, recién terminada tu tesis doctoral intentas mandar proyectos tú solo, sin tu supervisor de tesis, y te los suelen negar. Cuesta mucho al principio, hace falta tener un poco de fe en ti mismo porque piensas “j***r, ¿por qué me van a dar a mí proyectos si se los pueden dar a mi director de tesis?”. Pero hay que insistir. A nivel europeo son proyectos durísimos con un índice de aceptación muy bajo, no es una métrica de lo bueno o malo que eres. Lo normal es que te acepten uno de cada ocho o diez.

P. Imagino que, conforme te vas afianzando y teniendo una carrera profesional, va siendo más sencillo que reconozcan tu trabajo y te financien.

R. Sí, sobre todo aquí. No quiero sonar pretencioso, pero ahora ya consigo los proyectos nacionales con una relativa facilidad. Hacemos bien nuestro trabajo, mandamos proyectos con sentido, son bien evaluados y ya tenemos la confianza de la gente que nos evalúa. Sin embargo, al principio cuesta hacerse un hueco. Hay que insistir, no queda otra.

P. En 2016 el Consejo Europeo de Investigación (ERC) le da 1,7 millones de euros para investigar si existen puentes entre el mundo físico de la luz y cómo el cerebro interpreta las imágenes.

R. Lo que pretendemos es seguir avanzando en temas de generación de imágenes fotorrealistas, tomando como ejemplo la realidad virtual, pero que se puedan realizar a la velocidad de las imágenes de los videojuegos, es decir, 16 milisegundos máximo por fotograma. Para eso lo que pensamos es que, quizás, toda la simulación física de la luz que hacemos para las imágenes tan “chulas” que aparecen en el cine, pero que cuestan 10 horas, no son necesarias porque el cerebro no entiende ese idioma de ecuaciones, sino otras cosas. El ejemplo que pongo siempre es el de los artistas. Cuando un artista pinta una capa de terciopelo, sientes que es real, casi puedes tocarlo y sentirlo. Cuando te acercas, ves que son manchas de colores. Es decir, ahí no hay física de la luz, hay otra cosa que el artista sabe plasmar muy bien, que es lo que hace que el cerebro entienda que es terciopelo.

El investigador con compañeros de su grupo. Fotografía aportada por Diego Gutiérrez.

P. Para estos proyectos necesitarán contar con un equipo interdisciplinar.

R. La forma en que te dan las ayudas ERC es un poco especial. El proyecto lo conceden a un investigador solo, lo que evalúa Europa es si esta persona en concreto, con su trayectoria, parece capaz de hacer lo que dice y si es interesante. Una vez se recibe la financiación es necesario contar con gente de distintos campos, por supuesto. Sin embargo, en el momento de la evaluación no te piden que tengas ya ese equipo, digamos que se fían de que, si lo has hecho antes, seas capaz de sacarlo adelante.

“El análisis que a veces te hacen de los gastos de dinero puede llegar a ser absurdo”

P. Al ser una financiación tan difícil de conseguir y tan importante, ¿necesitan estar justificando los gastos constantemente?

R. No. Europa funciona diferente, y más con las ERC, las más prestigiosas y mejor valoradas. En España, lamentablemente, te dan poco dinero y encima el análisis que a veces te hacen de los gastos de dinero puede llegar a ser absurdo, hasta el punto de que vas a un congreso, coges un taxi del hotel al aeropuerto y te preguntan quién iba en el taxi, incluso tres años después. Lo triste es que se preocupan más de esos 17 euros de taxi, por poner un ejemplo, que de la ciencia que has desarrollado. En el tema económico hay que hacer mucho papeleo. En Europa, sin embargo, es un poco más fácil, y las ERC más aún. Si consigues una, que es muy difícil, ya se fían de ti. El control no es tan minucioso.

P. ¿Es muy difícil conseguir esa financiación europea en España?

R. Son muy pocas, pero no soy el único. Sí que es verdad que es una cantidad de dinero que está muy por encima de lo que consigues en España. Cuando la consigues es “fiesta”. La Universidad de Zaragoza es una de las que más becas de estas tiene, creo que unas siete. Es decir, no soy el único, pero son muy difíciles de conseguir.

P. Creó junto a su grupo una cámara fotográfica capaz de tomar un billón de fotografías por segundo y esto llamó la atención de la NASA, quienes se pusieron en contacto con ustedes para ver si podían usarla para hacer un mapa de la topología interna de la luna.

R. La cámara esa la hicimos en colaboración con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en 2013. Es tan rápida que se puede ver luz en movimiento. A nivel intuitivo, lo que logramos es que, a la velocidad a la que capturamos imágenes, somos capaces de preguntar a cada fotón individualmente dónde ha estado. Dos años después, la NASA se dio cuenta y pensó implementar esta tecnología para mapear las cuevas de la luna, que no se sabe lo que hay ni cómo son, en lugar de mandar un astronauta.

P. ¿Cómo funciona ese mapeo utilizando esta cámara?

R. Pensaron en montar un prototipo de la cámara en un satélite que orbitara la luna y la bombardeara con fotones. Estos penetran por la luna, van rebotando por dentro del cráter y algunos vuelven al sensor. Entonces, sabiendo cuándo hemos lanzado cada fotón, la velocidad de la luz y el tiempo exacto que ha tardado en llegar al sensor, podríamos deducir el espacio que ha recorrido y de ahí, intentar reconstruir la cueva.

P. También han colaborado con Adobe y Disney.

R. Sí, colaboramos con muchas empresas de generación de contenido visual. Estas son dos de ellas, hemos trabajado con otras. Con Adobe seguimos trabajando constantemente y con Disney surgen bastantes colaboraciones.

Proyecto de investigación con Disney Research Zürich en 2014 sobre la impresión de pelo en 3D para la creación de figuras personalizadas.

P. Han querido contratarle en el extranjero, pero lo ha rechazado y ha preferido quedarse en España.

R. Sí, no es tan extraño. No todo el mundo quiere irse. Hay gente que sí y me parece muy bien. La pena es la que quiere quedarse y se ve obligada a irse porque aquí no hay nada. Hay muchos que tomamos la decisión de quedarnos porque valoramos muchas otras cosas. Cualquier decisión es perfectamente válida y respetable. Cada uno valora lo que tiene que valorar y al final toma la decisión de quedarse o de irse. Pero sí, he podido irme a otros sitios.

“Aquí se ve la investigación con una mirada cortoplacista”

P. Ha estado en varias ocasiones en universidades de Estados Unidos. ¿Qué diferencias más destacables diría que hay entre la investigación en España y allí?

R. Son la noche y el día. Para empezar, el MIT o la Universidad de Stanford, que recibe todos los años alrededor de cientos de CV de los mejores estudiantes que quieren hacer allí el doctorado, son los máximos exponentes que están tirando del carro de la investigación. Luego, además, tienen al lado empresas como Adobe, Google o Facebook, que están invirtiendo muchísimo dinero en la investigación. Allí cuentan con la inversión, el apoyo y la convicción de que la investigación sirve, de que es una pieza fundamental para el desarrollo de un país, condiciones perfectas para que funcione. Además, tienen un modelo de investigación llamado Blue skies research, es decir, investigación abierta, que puede o no puede llevar a un producto, pero se reconoce su utilizad. En España, sin embargo, somos sobre todo ladrillo y turismo. Aquí se ve la investigación con una mirada cortoplacista, los proyectos duran tres años. Si encima te piden un producto o aplicación final, obviamente no puedo pensar muy a largo plazo, tengo que pensar en ideas puramente incrementales, no arriesgarme más. El modelo de investigación abierta lo echo mucho de menos aquí.

P. ¿Cómo ve la situación de la investigación en España en relación a políticas científicas?

R. Aquí no ha habido un político todavía que se ponga a apoyar algo de lo que no vaya a obtener beneficio de algún tipo dentro de su mandato. Aunque insisto en que la Ley de la Ciencia abre una puerta a la esperanza. Un país científicamente educado no se construye en dos días, hablamos de una o dos décadas. A ver si cambia.

P. ¿Cree que la sociedad conoce cómo funciona la investigación?

R. Tenemos mucho que hacer ahí y es un poco culpa de nosotros, los propios investigadores, quienes muchas veces estamos demasiado ocupados investigando como para divulgar. Yo lo hago siempre que puedo, aunque solo sea porque casi todo el dinero que manejo es dinero público y tengo la obligación de explicar a la sociedad en qué lo gasto. Por otro lado, creo que los medios cometen el error de no prestar atención a la ciencia, no hacen el esfuerzo por intentar crear una sociedad científicamente educada. Además, muchas veces, bien por falta de entendimiento o por llamar la atención, ponen titulares que crean falsas expectativas. Entonces, que la sociedad no conozca la investigación es un poco culpa de todos: del público por falta de interés, nuestra por falta de divulgación y de los medios por no tratar la ciencia más a menudo y más seriamente. Imagina que, en lugar de todos los programas basura, emitieran otros para educar científicamente a la gente. La sociedad que tendríamos de aquí a diez años sería diferente. Pero claro, eso no vende.

“Hace falta inspirar a la sociedad y tener metas difíciles”

P. ¿Considera que el científico está estereotipado?

R. Aunque no tengo una idea muy clara, sí creo que hay un cierto estereotipo, aunque no sé si es el principal problema. Hablando muchas veces con mis amigos, he visto que algunos no entienden la utilidad de ciertas investigaciones. Esto es algo que la gente tiene que saber, conocer qué beneficios traen. Ahí la prensa muchas veces falla mandando el mensaje equivocado, algo muy concreto y puntual. En EEUU hay un ejemplo muy claro, y es cuando Kennedy anunció en los años 60 que mandaría un hombre a la luna. Gracias a eso, ese país se convirtió en la primera potencia tecnológica y científica. Eso fue lo que dio lugar a que tanta gente allí quisiera dedicarse a la ciencia. Actualmente, está perdiendo su ventaja competitiva al ir limando cada vez más la importancia de la ciencia, y ahora con Trump mucho más. Entonces, no inspira a su población para que se dedique a ello, como ocurre en España, donde hace 15 años lo que la gente quería era irse a la construcción con 16 años y ganar 2.000 €, no dedicarse a la ciencia. Por ello, hace falta inspirar a la sociedad y tener metas difíciles que generen beneficios a todos los niveles.

P. Si la sociedad no conoce la investigación, ¿cree que los gobernantes tampoco?

R. Es un poco la pescadilla que se muerde la boca. Ahí yo creo que, si los gobernantes, que son la cabeza visible de la sociedad, comenzaran impulsando esto, poco a poco la sociedad iría reaccionando.

P. Incluso puede ser que los propios estudiantes tampoco sean conscientes.

R. Eso es algo que yo intento enseñarles muchas veces en la universidad. Yo mismo cuando estudiaba no sabía qué se hacía investigación a veces tan, tan buena en la Universidad de Zaragoza. Y eso es algo que veo en alumnos. Yo intento enseñarles lo que se hace aquí y que tengan opciones, que no piensen que investigar significa irse a EEUU.

P. ¿Qué opina de que generalmente se asocie la cultura con letras y raramente con ciencia y tecnología?

R. Es un tema que me enfada un poco. Por ejemplo, me enfada muchísimo cuando veo que algún famoso de estos que salen en programas de la tele se regodean de su falta de conocimiento en cosas tan básicas como podría ser el cálculo de un porcentaje. Es como regodearse en público de que no sabes leer. Nunca he visto en una entrevista sobre historia, por ejemplo, que digan que de eso no entienden nada. En entrevistas de ciencia, muchas veces. Falta aún muchísimo por hacer para que ese analfabetismo científico cambie.

P. ¿Cómo cree que se podría mejorar la cultura científica?

R. Para empezar, dedicando menos recursos a ciertas cosas y más a otras como ciencia. Por otro lado, promoviendo la buena investigación, porque algo que hacemos en investigación en España es el “café para todos”. Yo creo que habría que apostar por buena investigación, aunque no sea para todos. Esta no es una idea muy popular, pero creo que el modelo actual no funciona del todo bien. Sería necesario analizar con criterio la calidad del proyecto, premiar la excelencia. Finalmente, sería necesaria más financiación porque al final todo se reduce a dinero: puedes hacer más actos, más promoción, mejor investigación, contratar a mejores investigadores que den lugar a mejores productos, estos generar mejores noticias, más programas de televisión, etc.

Ana Belén Ropero | Profesora de nutrición y divulgadora

“EN ESPAÑA SOMOS MUY PRODUCTIVOS CON POCO DINERO”

Tras 15 años dedicada a la investigación, la denegación de dos proyectos hace a la profesora de la Universidad Miguel Hernández de Elche cambiar el rumbo hacia la divulgación científica


Ana Belén Ropero.

Hasta el año 2012 investigaba el papel de los estrógenos en la regulación de la glucosa en sangre. Sin embargo, la denegación de dos proyectos de investigación y la consecuente imposibilidad de independizarse, sumado a la influencia que tuvo un compañero, hizo que Ana Belén Ropero Lara (Ibi, Alicante, 1973) decidiera abandonar ese mundo y dedicarse a algo completamente distinto. Actualmente, la profesora de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche intenta que la sociedad aprenda a elegir lo que come.

Pregunta. ¿Qué cambios notables ha visto desde sus inicios en la investigación respecto a la situación actual?

Respuesta. Antes de la crisis era relativamente sencillo conseguir un proyecto, no necesitabas grandísimos currículums porque en España llevábamos una trayectoria ascendente en los últimos 20-30 años, estaba evolucionando e íbamos siendo más conscientes de la importancia de la investigación. Lo que sucedió es que ese aumento progresivo se vio muy afectado cuando comenzó la crisis. En mi caso, puede ser que notáramos los efectos un par de años después que el resto de sectores, pero al final nos pilló. Esa caída se ha ido acuciando más en los últimos años, lo cual ha cerrado muchas puertas. Antes había más posibilidades de crear tu propio grupo y ahora es más complicado, aunque, en realidad, no ha sido nunca sencillo.

P. Entiendo que esto afecta, sobre todo, a los jóvenes que intentan desarrollar una carrera profesional en la investigación.

R. Ahora mismo, gente muy preparada que se encuentra en el extranjero vuelve a España y se incorpora a un grupo con un contrato postdoctoral, es decir, no se independiza. Entonces, se quedan atascados sin poder pedir proyectos, pues para ello necesitas determinada posición dentro de una universidad o centro de investigación, una vinculación laboral. No te vale con tener un contrato de uno o dos años si el proyecto va a durar tres. Puesto que en este momento no se crean nuevas plazas, es muy difícil crear nuevos grupos. Además, incluso cuando llegas a una posición laboral que te permite oficialmente solicitar un proyecto, el cual fue mi caso, tampoco lo puedes tener. Una de las razones es que, si llevas una línea de investigación y quieras hacerte independiente con una parecida, el inconveniente es que te piden que sea claramente diferente de la del grupo de origen. Sin embargo, te exigen resultados previos, algo que no puedes tener si has estado haciendo otra línea de investigación. Es decir, tú no puedes pedir al jefe del grupo que te deje una partida de su dinero para hacer una línea de investigación diferente cuando él tiene que justificar en qué lo ha dedicado y cumplir con los objetivos de su línea.

“Como hay poco dinero, suben el listón y exigen mucho”

P. Parece difícil salir de esa situación.

R. Sí, el problema es que, como hay poco dinero, suben el listón y exigen mucho. La gente que se mantiene ahí es gente que lleva en el sistema varios años con una investigación consolidada. Dado que te piden resultados previos, es necesario entrar en el círculo. Lo que sucede es que, si los proyectos son para tres años, la investigación cuesta mucho de hacer. Es decir, tú no puedes esperarte a hacer tu investigación en el momento en que te dan tu proyecto. De alguna manera tienes que cubrirte las espaldas porque en ese periodo de tiempo no puedes hacer experimentos y publicar varios artículos – pueden pasar más de 6 meses desde que se envía uno hasta que se publica – para que luego te vuelvan a dar otro proyecto, es muy poco tiempo. Los proyectos a tres años son una visión muy cortoplacista de la investigación, pues esta requiere de más tiempo.

P. ¿Qué alternativas hay?

R. Lo que está permitiendo el sistema actual es que pueda haber más de un investigador principal en un grupo de investigación, lo cual favorece que esa gente tenga una posición algo mejor que postdoctoral, un poco más de relevancia. Por ejemplo, hay grupos de investigación que están formados por grupos más pequeños que sí pueden dirigir jóvenes investigadores, de modo que pueden tener más capacidad de libertad. Sin embargo, no siempre sucede eso, pues depende del investigador principal y su concepto de grupo de investigación. Llega un momento en que necesitas tener tu propia línea porque tienes tus ideas, algo lógico. Ahora mismo es imposible, el grupo tiene su financiación para su proyecto y no sobra dinero para comenzar uno aparte.

P. Tras sus estancias en el extranjero, ¿qué diferencias más destacables diría que hay respecto a la investigación en España?

R. En España somos muy productivos con poco dinero. No obstante, hay ocasiones en las que nos exigimos demasiado. En Estados Unidos, donde hay más dinero para la investigación, hay gente mala, buena y regular, igual que aquí. Pretendemos todos publicar en Nature o Science, [las dos revistas científicas con más prestigio] y eso no puede ser así. Algo distinto en EEUU es que allí tus ingresos dependen de tus proyectos, mientras que aquí tenemos nuestro sueldo. Aquí, siendo profesor, aunque no obtengas tus proyectos, sigues teniendo un sueldo. Allí está más en riesgo.

“En 2012 decidí dejar completamente la investigación”

P. ¿Ha tenido que abandonar alguna vez una línea de investigación?

R. He estado haciendo investigación durante 15 años sobre el papel de los estrógenos en la regulación de la glucosa en sangre. Hice mi tesis en la UMH, me fui tres o cuatro años fuera y en 2005 volví a España al mismo grupo de origen con un contrato postdoctoral. En el año 2011 solicité financiación en un par de ocasiones para un proyecto e independizarme del grupo. No lo conseguí, pues estábamos en plena crisis y comenzaba el “cuello de botella”. En 2012 decidí dejar completamente la investigación y ahora estoy retomando otras líneas.

P. Tras apartarse de ese camino, comienza un proyecto de divulgación científica.

R. Después de eso, comencé Badali con mi compañera del área de nutrición Marta Beltrá, un proyecto de promoción de la salud a través de una web de nutrición y una base de datos de alimentos. Esto lo hemos podido hacer con pequeñas ayudas de la UMH porque lo único que necesitamos es un ordenador y conexión a internet, aunque eventualmente también vamos a reconducirlo a la investigación. Además, nos han ayudado compañeros y estudiantes. Estamos intentado conseguir financiación, pero si no lo conseguimos, el proyecto puede seguir adelante, más lentamente, pero sale.

Marta Beltrá y Ana Belén Ropero. Fotografía de Belén Pardos.

P. ¿Cómo comienza a interesarse por la divulgación?

R. Esto de dejar una vía profesional y tomar otra no es algo que se haga a la ligera. Yo tenía un compañero que hacía y hace cosas de divulgación, Ernesto Caballero, quien me metió en este mundo. Estoy muy agradecida, puesto que gracias a ello descubrí que me gustaba divulgar. Cuando no me aceptaban los proyectos, vi que podía ser una opción hacia la que dirigir mi carrera profesional y, además, necesaria para la propia ciencia y la investigación.

P. Ahora que la conoce más a fondo, ¿cómo ve la situación actual de la divulgación científica?

R. Actualmente hay mucho movimiento, pero es un saco muy grande donde se incluyen actividades diversas que creo hay que ir trabajando. En algún momento habrá que pararse a pensar en qué es realmente la divulgación y qué es lo que queremos divulgar. Para ello, tiene que haber un reconocimiento de las instituciones y la sociedad para que podamos replantear qué vamos a divulgar. Además, científicos y periodistas tenemos que trabajar de la mano.

“La sociedad no conoce lo que hacemos, con lo cual los gobernantes tampoco”

P. ¿Cree que la sociedad conoce cómo funciona la investigación?

R. Conforme comencé a meterme en este mundo, me iba dando cuenta de que esos problemas que teníamos en investigación tras las crisis eran porque realmente la sociedad no sabe lo que hacemos, con lo cual los gobernantes tampoco. De hecho, durante todo el tiempo que estuve en la investigación a mi madre no pude contarle lo que estaba haciendo porque no lo iba a entender. Pero, ¿el problema era de mi madre o mío por no saber explicárselo?

P. ¿Qué opinión le merecen las noticias científicas en medios generalistas?

R. Revistas muy prestigiosas como Science cuentan con gabinetes de prensa que elaboran noticias que se entienden con facilidad y que los periodistas utilizan. Pero, ¿esas noticias son para la sociedad o para el ámbito científico? Yo creo que para este segundo. En muchas ocasiones, nos encontramos que un medio audiovisual tiene que contar en 30 segundos de qué ha tratado un artículo científico. A mí eso no me gusta porque no puedes coger un trabajo de investigación y en tan poco tiempo mostrárselo a gente que no tiene la suficiente cultura científica como para valorarlo. Generalmente, los resultados de una investigación son algo muy puntual, es decir, han tenido lugar en una situación concreta y con una serie de factores específicos. Sin embargo, los medios lo intentan extrapolar, lo cual es un error. No puede ser que pretendamos presentar a la sociedad un trabajo de investigación como algo concluyente. La investigación raramente nos puede dar esa respuesta rápida o ese titular que nos llame mucho la atención. Opino que ahí lo estamos haciendo mal tanto científicos como periodistas.

P. ¿Qué propondría para solucionar esto?

R. Se tiene que formar a la gente mediante divulgación científica, fuera de medios generalistas y sobre temas que ya estén muy afianzados y estudiados. Es decir, hasta que muchos grupos de investigación no se han puesto de acuerdo en unos resultados y coinciden, uno no puede decirle a la sociedad que eso es totalmente cierto. Y esto hay que hacerlo sin prisa. La comunicación científica requiere de tiempo para que salga bien. Los científicos tenemos que aceptarla, pues es parte de nuestro trabajo y se lo debemos a la sociedad. Además, hay que fomentar la actitud crítica desde pequeños para que, teniendo tú la información, seas capaz de valorarla y decidir. Sin embargo, me da la sensación de que hoy en día no la tenemos, ni en nutrición ni en nada. Y esa información tiene que venir de la investigación y la ciencia, sacarla del laboratorio, lo cual es complicadísimo.

P. Usted divulga a través de un blog, pero, ¿qué medio considera más adecuado para hacerlo?

R. La divulgación puede consistir desde la difusión de un artículo que se acaba de publicar, hasta cosas que se saben desde hace muchos años, algo común en nutrición y lo cual practicamos en Badali. Esto se puede hacer a través de muchos canales, como puede ser internet, donde gran parte de la información que se encuentra no tiene base ninguna y donde normalmente no se incluyen referencias. Otra opción son los eventos, tales como ferias. A este respecto, la ciencia corre un peligro importante, sobre todo en nutrición. Y es que, para llevar a cabo esas ferias, se necesita de una financiación que las instituciones públicas no tienen, por lo que en la actualidad se acude mucho a patrocinadores, que obviamente no ven con buenos ojos la crítica a sus productos. Mi opinión es que la divulgación hay que hacerla desde entidades institucionales. Una muy buena idea es a través de las Unidades de Cultura Científica.

P. ¿Cree que la profesión del científico está muy estereotipada?

R. Yo creo que sí, la gente no conoce cómo somos, por eso nos valora tanto, nos cree gente de mucho estudio. Pero nosotros somos personas normales que tienen características peculiares igual que las pueden tener periodistas o gente de cualquier profesión. Me gustaría que la gente realmente entendiera cómo funciona la investigación, algo complicado porque requiere de mucho tiempo.

“La investigación es muy exigente, requiere de mucho tiempo y es muy dura”

P. ¿Estos estereotipos afectan también a los investigadores?

R. Por mi experiencia personal, creo que sí. Los referentes que nosotros tenemos son gente excepcional. No solo por ser muy buenos, sino también porque hicieron de la ciencia su modo de vida. Para nosotros nuestro español en ciencias de la salud es Ramón y Cajal, un señor especial que dedicó su vida a esto. Y luego, para las mujeres, Marie Curie. Pero claro, son excepciones. Muchas veces te encuentras que los jóvenes que quieren iniciarse entran con la visión que tiene la sociedad, es decir, el estereotipo de que esta profesión es especial, lo que supone una idealización. Reconozco que yo tenía esa visión, pero con el tiempo va cambiando La investigación es muy exigente, requiere de mucho tiempo y es muy dura. Las personas vamos evolucionando y nos damos cuenta de que no hay que vivir encerrada en tu laboratorio, sino que también tienes que responder a la sociedad, tienes una vida personal…

P. ¿Cómo ve la situación de la mujer en la ciencia?

R. Yo conozco mujeres que son investigadoras principales y la mayoría entra dentro de dos categorías: o bien no tienen familia o pareja, o bien la pareja se dedica a lo mismo. En los hombres no ocurre esto. Actualmente, el peso de llevar una familia todavía recae en la mujer y eso es casi imposible de compaginar con una vida dedicada a la investigación, a menos que tu pareja también lo haga y pueda así comprenderlo y apoyarte. Además, el sistema tampoco está preparado para eso porque solo se tienen en cuenta los 4 meses de la baja maternal, pero tras ese tiempo sigues teniendo un niño que cuidar. Muchas mujeres quieren llevar esa vida idealizada de investigador y entran en conflicto con algo que también quieren: ser madre. De hecho, yo he visto malos comportamientos de investigadores hacia mujeres cuando han visto que son ellas las que trabajan en la investigación y los maridos los que han dejado su trabajo para irse, o venir aquí, con ella. O gente que, si los dos se dedican a la ciencia, dan por hecho que es el hombre el que va a ser investigador principal, cuando en realidad es ella la mejor o la que tiene más interés.

Alberto Ruiz Jimeno | Catedrático de Física Atómica, Molecular y Nuclear

“NUNCA HAY QUE RENDIRSE”

Tras una amplia trayectoria, el investigador de la Universidad de Cantabria fue nombrado el pasado año como el científico español más citado


Alberto Ruiz en el CERN.

Alberto Ruiz Jimeno (Logroño, 1952) colabora con el que posiblemente sea “el centro de referencia mundial en investigación científica”: la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN). Al catedrático de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Cantabria, quien forma parte de la Selección Española de Ciencia 2016, elaborada por la revista QUO cada año desde 2014, su experiencia le ha enseñado que trabajar duro tiene recompensa.

Pregunta. ¿Cuándo comienza su interés en la ciencia?

Respuesta. Desde pequeño me interesó la ciencia. La elección de la física fue consecuencia de un buen profesor en mis años previos a la universidad, que me hizo decantarme por esta disciplina.

P. Colabora con algunos de los centros de investigación más prestigiosos en el campo de la física, como son el CERN de Suiza y el Fermilab de EEUU. ¿Cómo ve la situación de la investigación española respecto a estos países?

R. El CERN es un gran centro científico al que pertenecen muchos países europeos, España entre otros. De hecho, España es uno de los países con mayor peso en el CERN y obtiene un buen retorno de su inversión en el mismo. Por ello, no hay que verlo como algo externo, sino parte nuestra, muy importante. Actualmente es, posiblemente, el centro de referencia mundial en investigación científica. Fermilab es un gran centro de investigación americano, con proyección internacional. Y hay otros en el mundo, en la misma línea. El problema en España es la inversión en I+D y en capital humano, y de forma más acusada en la empresa privada. Ahí estamos muy por debajo de otros países del CERN, como Alemania, Francia, Inglaterra o Italia.

“Los problemas se van superando con la dedicación y la perseverancia”

P. Actualmente es vicerrector de Doctorado y Relaciones Institucionales de la Universidad de Cantabria, catedrático de Física Atómica, Molecular y Nuclear de esta misma institución, coordinador de la Red Temática Nacional de Futuros Aceleradores, y un largo etcétera. ¿Ha sido difícil llegar a donde está? ¿A qué tipo de problemas ha tenido que hacer frente desde que comenzó en la investigación?

R. He tenido que trabajar con mucho tesón y a la vez entusiasmo, porque siempre he creído en lo que hacía. Los cargos vienen dados, son un servicio que me han solicitado y estoy encantado de poder darlo, pero mi mayor vocación ha sido como científico de base, mientras he podido. Los problemas se van superando con la dedicación y la perseverancia, nunca hay que rendirse. De hecho, lograr un puesto permanente en la universidad era muy difícil cuando yo terminé el doctorado, como lo es ahora mismo, pero finalmente llegó.

“El problema que tenemos en España es que se dedica muy poco presupuesto a I+D”

P. Tras una amplia trayectoria durante la cual ha sido coautor de más de 1.000 artículos científicos y en la que ha acabado siendo nombrado el científico español más citado, ¿qué diferencias más destacables nota desde sus primeros proyectos a los últimos?

R. La ciencia en España ha avanzado muchísimo, gracias al interés de los propios científicos, su internacionalización y su dedicación. El nivel de preparación de los jóvenes es muy competitivo en el panorama internacional. Yo creo que el avance significativo se realizó en los años 80 del pasado siglo, gracias a una política de fomento de la calidad y de la movilidad. No obstante, el problema que tenemos en España, como ya he dicho, es que se dedica muy poco presupuesto a I+D, sobre todo en los niveles más altos del Gobierno. A nivel de Secretaría de Estado hay muy buenas intenciones y dedicación, pero no parece que haya suficiente interés en niveles superiores. Además, un Ministerio de Ciencia sería muy aconsejable, aunque no es suficiente con tener un Ministerio, sino que la I+D se considere realmente como inversión y no como gasto. Esto nos hace ser menos competitivos que otros países europeos. La sociedad aprecia a los científicos, pero los gobernantes no tienen una conciencia clara de la importancia de la investigación científica, tanto básica como aplicada. Además, hay muy poca I+D en la empresa privada [Aquí el Informe Cotec 2016 sobre innovación en España]. Eso es un gran problema a superar, si queremos estar en primera línea de los países industrializados y avanzados.

El investigador firmando la camiseta de la Selección Española de Ciencia 2016. Fotografía aportada por Alberto Ruiz.

P. Desde su punto de vista, ¿conoce la sociedad española en qué consiste la investigación?

R. No lo conoce suficientemente, pero se está realizando una gran labor de difusión en los últimos años, que está teniendo un alcance importante en la sociedad. Por ejemplo, se ha notado últimamente un incremento notable en el número de estudiantes que se matriculan en las carreras de física en España. Esta labor de transferencia a la Sociedad es parte de nuestra obligación como científicos.

P. ¿Cree que la profesión investigadora está estereotipada?

R. Cada vez menos, pero aún queda mucho camino por recorrer.

P. Teniendo en cuenta las cuestiones anteriores, ¿qué importancia atribuye a la divulgación científica?

R. Es fundamental. Hay que mostrar lo que hacemos a la sociedad en la que estamos y que nos financia nuestras investigaciones. Sin embargo, los comunicadores profesionales también deben trabajar en esta dirección, con mayor preparación y dedicación.

P. En ocasiones nos podemos encontrar en los diarios noticias científicas con titulares llamativos, que pueden confundir al lector y dar falsas esperanzas. ¿Qué opina al respecto?, ¿quién o quiénes son los culpables y cuál sería la solución?

R. En parte se debe a la pobre formación científica de los propios comunicadores. Pero también es debido a veces a los propios científicos que no saben expresarse adecuadamente. Hay que trabajar en equipo para lograr que las noticias sean realistas y equilibradas.

“Cada vez hacemos más Gran Ciencia”

P. ¿Qué opina de que generalmente se asocie la cultura con letras y raramente con ciencia y tecnología?

R. La cultura es cultura, no tiene sentido restringir la cultura a las humanidades, como no tiene sentido hablar de ciencia sin las consideraciones filosóficas que acompañan a las grandes teorías científicas. La Cultura, con letras mayúsculas, implica conocimiento y transmitirlo es cultura. Si miramos al pasado, la división entre científicos y humanistas no estaba muy clara. Posiblemente ahora tampoco y, de hecho, cada vez hacemos más Gran Ciencia, Industria de la Ciencia, lo que implica una gran interdisciplinariedad. El CERN es un buen ejemplo de ello, allí podemos encontrar personas de casi todas las áreas de conocimiento, trabajando conjuntamente.

P. ¿Qué propondría para mejorar el nivel de cultura científica de la población española?

R. Hay que incrementar las actividades de divulgación en los medios, las redes, los actos culturales… Hay que dotar a la sociedad de una cultura científica, que aún no existe en España.

Luisa María Botella | Investigadora en enfermedades raras

“ESTO ES IMPOSIBLE DE AGUANTAR”

La científica del Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC se empeñó en encontrar a los enfermos de Telangiectasia Hemorrágica Hereditaria, hasta que dio con ellos


Luisa María Botella.

Para Luisa María Botella Cubells (Valencia, 1959) la investigación no ha sido un camino fácil. Su trayectoria ha sido una especie de “tira y afloja” durante la cual ha tenido que hacer esfuerzos constantes por seguir con su pasión: el estudio de la enfermedad rara Telangiectasia Hemorrágica Hereditaria (HHT). Asegura que solo se siente útil para los pacientes. Para el gobierno, en su opinión, los investigadores son “un estorbo”.

Pregunta. ¿Cómo son sus comienzos en el CIB-CSIC?

Respuesta. Yo entré en el CIB-CSIC en 1989, concretamente en el departamento de Biología Celular, donde hice hasta 1995 investigación básica con insectos. En ese año, por diversas cuestiones, me vi sin proyecto, sin laboratorio y con tan solo un despacho. Hasta 1996 me dediqué a ayudar a los estudiantes que entraban a ese departamento como becarios predoctorales, figura que en este momento casi ya no se ve en el CIB. Un año más tarde, me incorporé al laboratorio del profesor Carmelo Bernabeu con un proyecto del Plan Nacional de I+D+i, junto a una de las estudiantes a las que estuve ayudando. El paso fundamental fue que pasé de una investigación en un modelo de insectos a modelos humanos. Fue entonces cuando comencé a estudiar la endoglina, aunque por aquel entonces no sabía que mutaciones en esta proteína eran responsables de la aparición de la enfermedad rara Telangiectasia Hemorrágica Hereditaria (HHT). Eso lo descubrí revisando la literatura científica en 2001.

P. ¿Es entonces cuando comienza a interesarse por esta enfermedad?

R. En ese momento me entró la curiosidad por conocerla. Ese mismo año fui con mi jefe a un congreso mundial sobre HHT y vi que, salvo cuatro o cinco grupos de investigación, la mayoría de los presentes eran médicos exponiendo los síntomas de la enfermedad. Nosotros no la investigábamos aún y para mí aquello supuso un antes y un después. Me empeñé en conocer dónde estaban los pacientes de HHT, quién los atendía y si se hacía algún tipo de diagnóstico. Mi jefe me recomendó que no me metiera en eso porque, al tratarse de una enfermedad rara, era difícil encontrar hospitales que colaboraran, además de que por aquella época había poca financiación para su estudio. Tras mucho insistir, me propuso buscar médicos que conocieran algún enfermo en España e intentar hacer un esbozo de proyecto conjunto.

P. ¿Da al final con un médico interesado?

R. Sí, a un médico cántabro le encantó mi proyecto y, como la HHT afecta a muchos órganos, me puso en contacto con dos médicos de medicina interna. Fue un proyecto que pidió mi jefe al Fondo de Investigación Sanitaria, una de las dos fuentes que había junto con el Plan Nacional de I+D+i. Como aún no eran incompatibles, él tuvo su proyecto con una fuente de financiación y yo el mío con otra.

P. A partir de ahí comienza la investigación.

R. El Hospital de Sierrallana en Torrelavega (Cantabria), que fue nombrado en 2003 como hospital de referencia español por la HHT International Foundation, nos mandaba las muestras de sangre de los pacientes para hacer el diagnóstico genético. Para ello contamos con una becaria, África Fernández. Aunque en 2005 se acabó el proyecto, conseguimos otros dos: uno del Plan Nacional de I+D+i y otro de la Fundación Ramón Areces, gracias a lo cual pude contratar a otra becaria para que hiciera su tesis, Virginia Albiñana. Además, el grupo entró a formar parte de los Centros de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (CIBERER), creados en 2006, donde nos concedieron otros dos contratos. Fue la época dorada del laboratorio.

P. ¿Surgen complicaciones?

R. A finales de 2010 finalizó el proyecto de la Fundación Ramón Areces. Ese mismo año, debido a la crisis y los recortes, CIBERER no renovó el contrato a Lucía Recio, ayudante de laboratorio. Sin embargo, con el dinero que había para investigar la volví a contratar hasta finales de 2011, cuando finalizaba mi proyecto oficial. Mientras tanto, África acabó su tesis y a Virginia se le acabó la beca. Con lo cual, me vi sin dinero, sin proyecto y sola con María Luisa Ojeda, la otra plaza de contrato CIBERER que había quedado. Entonces, pensamos en financiación privada y se me ocurrió que una posibilidad podía ser participar en algún concurso de televisión.

“Una emisora de radio me facilitó hacer el casting de Atrapa un millón”

P. Al final, acaba yendo a uno.

R. En febrero de 2012, con motivo del día de las enfermedades raras, los medios de comunicación dieron bastante difusión. En una de las entrevistas por radio les comenté mi situación y les dije que estaría dispuesta a cualquier cosa para conseguir dinero. Otra emisora de radio me tomó la palabra y me facilitó hacer el casting de Atrapa un Millón, concurso de Antena3. Lo pasé y en junio fui con mi hermano. Ganamos 15.000 € y los 12.000 € que nos quedaron tras lo que se llevó hacienda los donamos a la Asociación de Pacientes de HHT, creada en 2005, aunque para mantener a una ayudante de laboratorio se necesitan 19.000 €. Sin embargo, esa fue la semilla que nos animó a hacer más cosas para volver a contratar a Lucía, algo que finalmente hicimos en octubre de 2012.

P. También participa en una campaña de difusión con la Asociación.

R. Sí, gracias a lo cual conseguimos tres ayudas importantes: 25.000 € de una señora que quiso permanecer en el anonimato, 50.000 € de la Fundación Heres y 20.000 € de la Organización de Estados Iberoamericanos, la cual puso la condición de que la mitad se invirtiera en hacer diagnósticos genéticos de gente de Iberoamérica, donde no se hacían todavía. Todo eso hizo que la Asociación tuviera un dinero y se plantease mantener a Lucía y contratar a tiempo parcial a otro investigador.

P. ¿Cuánta gente tiene actualmente con usted en el laboratorio?

R. A principios de 2013, gracias a la tesis doctoral de Virginia sobre posibles remedios terapéuticos para los pacientes de HHT, la vicepresidenta de la Alianza von Hippel-Lindau, asociación de otra enfermedad rara, me contactó para saber si una de esas terapias se podía aplicar para sus pacientes. Le dije que pensaba que sí y nos dieron un proyecto para abordar una terapia para esta segunda enfermedad. Con ese dinero contratamos a tiempo parcial a Virginia, y la otra media jornada se la pagaba la Asociación de HHT. De esta manera, recuperamos el laboratorio y así es como lo tengo hoy en día: Virginia, quien investiga ambas enfermedades, es contratada por CIBERER, Lucía por la Asociación de HHT y yo investigadora del CSIC. De vez en cuando, también tenemos estudiantes con proyectos fin de carrera y de máster.

De izq. a derecha: Virginia Albiñana, Luisa María Botella, María Luisa Ojeda y Lucía Recio. Fotografía aportada por Luisa María Botella

“El trámite burocrático para pedir proyectos se ha multiplicado por diez desde que entré en el CSIC”

P. ¿Qué cambios más notables ha visto desde sus inicios en la investigación respecto a la situación actual?

R. El trámite burocrático para pedir proyectos se ha multiplicado por diez desde que yo entré en el CSIC, te piden justificaciones continuamente, informes, etc. En mis comienzos, mi jefe pedía proyectos con tranquilidad y sin agobios, no como hoy en día. Además, ahora para pedir un proyecto te piden resultados previos, tesis doctorales dirigidas, proyectos propios y experiencia. Y si acabas de solicitarlo, ¿cómo vas a tener resultados previos? Es la pescadilla que se muerde la cola. En mi caso fue distinto porque cuando entré yo no era el jefe. Sin embargo, los que vienen de EEUU con publicaciones en las mejores revistas del mundo y con una cierta edad (hoy los que entran y quieren tener su propio grupo ya tienen más de 40 años), cuando se encuentran sin nada yo creo que les dan ganas de volverse. O tienes mucha necesidad de venir a España y vocación por ser investigador en este país, o no vienes porque es imposible.

P. Estuvo en la Universidad de Lund (Suecia) de 1986 a 1987, ¿qué diferencias más destacables diría que hay entre la investigación en España y en el extranjero?

R. Cuando volví a España noté enseguida una depresión post-estancia postdoctoral, lo cual pasa a todos. Un investigador español, fuera (en países occidentales desarrollados) tiene todas las posibilidades y técnicas más novedosas, además de presupuesto suficiente para poner en marcha sus propias ideas. Esto aquí no era así, no se utilizaban esas técnicas, no teníamos muchos aparatos, no había tanto dinero… En ese momento piensas que te tienes que olvidar de parte de lo que has aprendido para adaptarte a las posibilidades de aquí. Te ves un poco limitada y decepcionada. En otros países como EEUU, Inglaterra o Francia, sacas una plaza y te dan una financiación base para amueblar tu laboratorio y tener personal. Aquí, de partida, no tienes nada.

P. ¿Cree que la sociedad conoce cómo funciona la investigación?

R. No. De hecho, los que más podrían conocerlo, los estudiantes que están acabando, no tienen ni idea de lo difícil que es este mundo y de que hoy por hoy no van a poder quedarse en este país. Tampoco saben hasta el último año que, si quieren hacer tesis en España, van a necesitar una media de sobresaliente en la carrera para optar a beca, ya que dan muy pocas. Si lo hubieran sabido, se les hubiera creado desde el principio un estrés por sacar esa nota de corte, la cual actualmente está en un 8,8. En biología, como no tengas eso, no puedes hacer la tesis.

P. En su caso, ¿sabía en qué consistía antes de empezar?

R. No, yo tampoco lo sabía. Sabía que era muy dura, que hay que dedicarle mucho tiempo y sacrificar tu vida personal, y así lo hice hasta que volví a España. Sin embargo, ni siquiera entonces lo sabía, puesto que yo no tenía que conseguir el dinero, sino mi jefe. Yo me preocupaba de hacer experimentos. Lo peor viene cuando tú eres el responsable de laboratorio y tienes que encargarte de hacer el proyecto, de las ideas, de dirigir a los demás y, además, de captar fondos para mantener un equipo. Ahí es donde hoy en día tropezamos. Crear un grupo supone tener mucha experiencia y un CV espectacular.

P. ¿Cree que la profesión científica está estereotipada por parte de la sociedad?

R. Hay dos tipos de estereotipos en la actualidad: el del científico raro que huye de la sociedad y está en su mundo con sus ideas; y el del científico muy inteligente capaz de hacer milagros. Ambos son erróneos, aunque sí es cierto que, si quieres ser científico a largo plazo, tienes que dedicar gran parte de tu tiempo y tu vida personal, lo cual hace que los científicos a veces seamos personas un poco introvertidas.

“La vocación por las enfermedades raras me entró siendo ya madura, si fuera más joven seguro que me voy”

P. ¿Cómo ve la situación de la investigación en España en la actualidad?

R. Yo diría que España, y lo siento por decirlo, no es un país en donde puedas desarrollar tu carrera investigadora. Los españoles son muy buenos científicos. Somos imaginativos, somos creativos, tenemos voluntad, inteligencia y nos arriesgamos donde otros igual tiran la toalla. Sin embargo, España es un país de turismo hoy en día, no de ciencia. Es así de duro. A mí, la vocación por las enfermedades raras me entró siendo ya madura, si fuera más joven seguro que me voy. Esto es imposible de aguantar, te deprimes, te afecta a la salud física y psíquica y sientes que para el gobierno no sirves para nada, que eres un estorbo y que les gustaría quitarse la poca inversión que hacen en ciencia y dedicarlo a otra cosa. Solo me siento útil para los pacientes.

P. ¿Considera que los gobernantes conocen la investigación?

R. No tienen ni idea, eso es lo malo. Desde 2011 no tenemos ni ministerio, estamos en el de Economía, lo que indica que lo que van a intentar es recortar todo lo que puedan y dar lo mínimo posible para investigar. Otro ministerio importante que tenemos para la investigación es el de Sanidad y los que están arriba tienen un perfil de políticos, no son ni médicos ni investigadores, entonces no tienen ni idea de nada. Así no vamos bien.

P. ¿Qué papel juega aquí la divulgación científica?

R. La importancia es total y completa. En mi caso, hasta que no llegó la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) y empezó a hacer difusión, nadie sabía en España lo que eran, nadie donaba dinero. FEDER, que se creó en 1999, firmó compromisos con el gobierno en 2006 y ha ido ganando una serie de derechos y la posibilidad de entrevistarse con el Ministerio de Sanidad, de tener acceso a fundaciones de bancos y comercios para que donen dinero. Esto ha sido gracias a la campaña de difusión. Si no fuera por esto, estaríamos estancados.

P. ¿Qué opinión le merecen las noticias científicas en medios generalistas?

R. En general, las noticias las veo mal llevadas. Se encarga a periodistas no especializados realizar reportajes de temas que desconocen por completo. La culpa es doble: periodistas no especializados y científicos con afán de notoriedad y repercusión. Ambos, juntos, pueden crear falsas expectativas a través de noticias que dan lugar a engaño.

P. ¿Qué propondría para solucionar esto?

R. Me gustaría que hubiera más periodistas especializados, que trabajasen en contacto con centros de investigación y así, conocer qué puede tener relevancia para la sociedad, cuándo contarlo y cómo. También me gustaría que los científicos fuéramos más realistas y supiéramos reconocer las limitaciones de nuestras investigaciones, estar seguros de los resultados antes de dar difusión. Creo que a todo científico le gusta difundir sus investigaciones, no solo en revistas especializadas, sino también en medios generalistas y que la sociedad las conozca.

P. ¿Cómo ve la situación actual de la mujer en esta profesión?

R. Aún hoy en día vemos que, aunque hay más estudiantes mujeres, a partir de ahí quedan frenadas debido al rol que la sociedad asocia a la mujer. Y si te tienes que marchar, frente a la disyuntiva de irte sola sin tu pareja y continuar en la investigación, o dejar esta y continuar con tu pareja en España, muchas veces la mujer elige la segunda opción. Hay mujeres que sí han llegado a altos puestos, muchas de las cuales no han sido madres o han tenido que sacrificar a la familia. En mi caso, he estado soltera y tengo un hijo adoptado. Al dedicarme a la ciencia mi vida personal se ha visto mermada. Y pasa con la mayoría. El problema es que la ciencia es muy esclava, llegas a casa y tampoco desconectas. Esto afecta tanto a hombres como mujeres.