“Igual que los neumólogos no animan a fumar, los nutricionistas no debemos invitar a comer alimentos insanos”

LUCÍA MARTINEZ | NUTRICIONISTA Y DIVULGADORA

Autora: Cristina Riera

Lucía Martínez (Asturias, 1981) es autora del conocido blog “Dime qué comes” y de cuatro libros. El último, “¿Qué le doy de comer?”, lo ha escrito a medias con el también nutricionista Aitor Sánchez. En las páginas ofrecen recursos, ideas y consejos prácticos tanto para padres como para el para personal sanitario sobre la alimentación de los más pequeños. También ha tenido en cuenta a las familias veganas, a las que proporciona múltiples opciones de menús y recetas. Invierte gran parte de su tiempo en la divulgación, aunque dice que no vive de ello. Además, es socia fundadora del Centro Aleris junto a Aitor Sánchez, con quien recientemente ha lanzado un podcast llamado “Zumo de Araña”.


Lucía Martínez durante las Jornadas de Ciencia y Periodismo – Marina Cantó

Lucía Martínez participó en las Jornadas de Ciencia y Periodismo que se celebraron el 28 de octubre en la Universidad Miguel Hernández. Compartió mesa redonda con Ana Belén Ropero, profesora de bioingienería y Cristina Palacios, biotecnóloga. Como explicó Lucía Martínez, “cuando se divulga sobre alimentación hay que tener en cuenta los aspectos científicos, la cultura gastronómica, las costumbres sociales, las creencias, la disponibilidad de alimentos de esa población y lo que está diciendo la industria alimentaria”. 

Pregunta. ¿Es necesario tener grandes conocimientos sobre nutrición para alimentar de manera correcta a los niños?

Respuesta. No, pero sí que es necesario tener espíritu crítico e informarse un poco porque hay mucha información incorrecta. Hay que aprender para diferenciarla.

P. ¿Los medios están detrás de esa información incorrecta?

R. Los medios colaboran cuando hacen artículos donde las fuentes no son buenas. También cuando cogen un estudio científico y sacan una conclusión descabellada para terminar haciendo un titular que no tiene nada que ver. Sin embargo, hay algo que es más culpable, y son las industrias alimentarias que hacen campañas de marketing sin ningún control. Muchas veces legales, pero que confunden a la gente. Tenemos unos estamentos gubernamentales que no lo están controlando y que tampoco se encargan de que la población tenga información más fiable. En ese escenario los medios serían los menos culpables.

P. ¿A quiénes benefician esas campañas?

R. A la industria alimentaria, que es a la que le interesa llenarse los bolsillos. La clase política no quiere hacer intervenciones donde se vaya a ver mermado el beneficio dentro de su propia legislatura. Las medidas de nutrición muchas veces dan resultados a largo plazo y por eso no se quieren meter ahí, es un gran hándicap.

P. Algo que aparece continuamente es que el desayuno es necesario y que también es la comida más importante del día. ¿Son mitos?

R. Así es. Si analizamos esa frase en nuestro contexto cultural, la comida más importante sería la del mediodía. Esto se usa para justificar desayunos totalmente insanos día tras día, que es lo que sucede en gran parte de la población infantil y adulta. No hay evidencia científica para hacer esa afirmación. Quien tenga hambre que desayune, pero alimentos saludables y no bombas azucaradas.

La palmera de chocolate en la merienda nos parece genial, pero nadie se la daría para cenar. Entonces, ¿a qué hora empieza a ser insana esa palmera?

P. ¿Se beneficia la industria alimentaria de sacar productos para una determinada hora del día?

R. No hay otra ingesta que tenga alimentos solo para ese momento. Hay cereales de desayuno y cacaos de desayuno. Sin embargo, no tienes patatas de cena, tienes patatas y ya está. Hay una gran industria que ha montado un marketing y una especulación con el desayuno muy fuerte. El desayuno y la merienda son los dos principales focos de darle a los niños alimentos insanos. 

“Quitarle el plástico a una magdalena no es más rápido que quitarle la piel a un plátano”

P. ¿Hay que variar la alimentación según la edad?

R. Tanto el niño de un año como los padres deben consumir los mismos alimentos. Lo que varía es el tamaño de la ración dependiendo de las necesidades de cada uno. En el caso de los niños muy pequeños cambian las texturas, a veces hay que dárselas más fáciles de masticar o tener cuidado con el atragantamiento.

P. ¿Hay algún nutriente que sea más necesario dependiendo de la etapa?

R. Los nutrientes necesarios son los mismos en todas las etapas. Puede haber variaciones en cuanto a cantidades dependiendo de la actividad que se haga en ese momento. Una persona que no padezca un problema específico y mantenga una alimentación saludable los iría cubriendo en toda su vida sin necesidad de centrarse demasiado en nada.

P. ¿Todos los niños deben comer la misma cantidad?

R. Cada persona es diferente y la cantidad depende de la actividad física, el peso, la altura o el momento vital en el que esté. Las necesidades son distintas e incluso varían según el día. No necesitamos todos los días lo mismo. En caso de que no haya patología no es necesario hacer un cálculo exacto de cada persona. Podemos dejar que se guíe por su apetito y saciedad, siempre y cuando la oferta de alimentos sea variada y saludable. Comer es algo que hay que hacer sí o sí, con lo que habría que dejarlo aparte de todo este tipo de chantajes de premios y castigos

P. ¿Es bueno que se les obligue a que se terminen la comida?

R. Para nada. Obligar a los niños a comer no es una buena idea. Un niño sano es perfectamente capaz de autorregularse y solo ellos saben qué tienen que comer. Las necesidades calóricas de los niños son muy variables. Aun siendo de la misma edad, altura y peso pueden tener necesidades calóricas incluso de un 50% de diferencia. El crecimiento no es lineal. No se crece cada día lo mismo y solo ellos saben lo que necesitan en ese momento. Nosotros lo que podemos hacer es poner a su alcance alimentos saludables y dejar que ellos mismos regulen la cantidad.

P. A veces, para que los niños se coman las verduras del plato, se les compensa con un dulce, ¿está bien?

R. Estamos usando como premio alimentos insanos y como castigos alimentos sanos. El niño se pregunta cómo algo que le dices que es malo se lo das como premio. Es lo mismo que decirle que hoy como premio vais a cruzar la calle con el semáforo en rojo. Eso lo hacemos con la comida. Por otro lado, no usamos ese tipo de juegos con otras cosas que también hay que hacer cada día como lavarse los dientes o bañarse. No se les dice que como han sido buenos no se lavan los dientes. Ese tipo de actitudes predisponen a una mala relación con la comida, incluso puede contribuir al desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria en edades más avanzada. 

P. Si los padres consideran que el niño come poco, ¿se le debe dar ultraprocesados para subir su ingesta?

R. No tiene ninguna justificación en un entorno como el nuestro de disponibilidad que se den alimentos insanos en dietoterapia. Un niño que esté sano, alegre, jugando y que no tenga ningún tipo de problema no está comiendo poco, aunque los padres opinen otra cosa.

Si hablamos de un niño con patología tenemos que prever una desnutrición. Igual que los neumólogos no invitan a fumar, nosotros no tenemos que invitar a comer alimentos insanos en ningún caso. Tenemos muchísimos recursos y el hecho de recurrir a ese tipo de alimentos lo que indica es que hay muy pocos recursos por parte del profesional y muy pocos conocimientos. No hay por qué pasar por alimentos que aumentan el riesgo de otro tipo de enfermedades en un niño, que en este caso ya estaría enfermo. Eso se hace en los hospitales, cuando hay un niño ingresado desayunando Cola Cao con galletas.

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Mesa redonda “Verdades científicas y mentiras que hacen pupa”- Cristina Riera

P. ¿Es más rápido y sencillo tomarte un desayuno ya preparado que prepararte uno saludable?

R. Esa es una excusa que demuestra pocos recursos. Muchas veces hace falta información. Quitarle el plástico a una magdalena no es más rápido que quitarle la piel a un plátano. Poner en un bol choco krispies no es más rápido que poner copos de maíz sin azúcar. Tomar leche sin Cola Cao es más rápido que ponérselo. Coger un puñado de frutos secos no es más lento que coger un bollo. Tomarte una tostada con tomate y aceite no es un trabajo inasumible hoy en día.

P. ¿La obesidad es una enfermedad? ¿Cuáles son las consecuencias?

R. Sí, es una enfermedad. La obesidad es un factor de riesgo para diabetes tipo 2, hipertensión, varios tipos de cáncer, apnea del sueño y además, genera un mayor riesgo de padecer infertilidad.

También es un problema a nivel psicológico. Las personas con obesidad tienen un mayor riesgo de depresión, ansiedad y puede ser un factor de exclusión social. En niños con obesidad hay un mayor riesgo de bulliyng y de acoso escolar. A las personas adultas con obesidad puede suponerles un problema a la hora de encontrar trabajo, especialmente a mujeres, que se les juzga más por la imagen.

P. ¿Cómo afecta la pobreza a la obesidad?

R. En las clases más humildes es donde mayores tasas de obesidad hay, tanto en adultos como en niños. Se dice que en ese tipo de enfermedades no transmisibles importa más el código postal que el código genético. Los barrios más desfavorecidos tienen menos infraestructuras y menos parques. Las familias con menos recursos económicos no solo es que no compren tantos alimentos saludables es que no pueden llevar a esos niños a actividades extraescolares deportivas.

En esa población es muy importante que cambiemos la comida insana que solemos llevar a los bancos de alimentos porque son los que tienen mayores tasas de obesidad. Es muy importante que se hagan campañas de salud pública en todos los ámbitos, no solo de comida saludable. También hay que poner polideportivos, habilitar parques e invertir en extraescolares asequibles deportivas.

P. Para combatir la obesidad infantil, ¿es necesario un cambio de alimentación en la familia?

R. No es viable ni aconsejable intentar que el niño coma diferente cuando el resto de la familia sigue comiendo insano. Si tiene malos hábitos es porque en casa los tienen. Es raro que haya un niño obeso en una familia donde los demás tienen buena salud y hacen deporte. La intervención nutricional en los niños siempre va enfocada a todo su entorno y así que sea el entorno el que acabe cambiando la alimentación del niño.

P. ¿Cómo pueden saber los padres que están alimentando bien a sus hijos?

R. Si el niño está alegre, no tiene ningún problema de salud, no se encuentra mal, va aprendiendo y desarrollándose dentro de la normalidad, en principio, no hay que temer de que le pase algo. Puede haber niños que estén bien y se estén alimentando de forma insana. La alimentación no es algo sobre lo que se ve el efecto a corto plazo, puede percibirse en meses e incluso en años. Habría que apelar al sentido crítico de los padres para hacer una revisión de lo que se está comiendo en casa y ver si se puede mejorar o no, e implementar cambios.

“Mucha gente cree que solo hay proteína de calidad en los alimentos de origen animal. Piensan que una comida sin carne o pescado ya no es una comida”

P. ¿Un niño puede ser vegetariano/vegano y estar saludable?

R. Sí.

P. ¿Por qué hay tanto miedo a que los más pequeños sigan esta alimentación?

R. Hay muchos mitos sobre esta alimentación, además de profesionales sanitarios que a falta de información tiran de mitos obsoletos. En España la formación en alimentación vegetariana es muy pobre o nula, incluso en las carreras de nutrición. Se van modernizando, pero hay muchos profesionales en activo que no han estudiado nada, o solo mitos. En vista de que la población vegetariana y vegana no deja de crecer estaría bien que hubiese una actualización e información de calidad. Así a esas familias podríamos darles respuestas igual que a las otras. Si ya hay mitos en la alimentación tradicional, en la vegetariana mucho más.

“Tenemos una publicidad que no se detecta y que pasa como opinión o publicación desinteresada”

P. ¿Por qué dicen que es una imposición de los padres?

R. En la alimentación infantil todo es imposición de los padres. Desde el que toma bollycao al que toma leche con Cola Cao. A los niños se les impone la alimentación, los zapatos que van a llevar, el colegio al que van a ir o la marca del champú.

P. ¿Son una buena fuente de proteína las legumbres?

R. Sí, excelentes.

P. ¿Por qué no se les da tanto valor siendo un recurso saludable y económico?

R. Mucha gente cree que solo hay proteína de calidad en los alimentos de origen animal. Piensan que una comida sin carne o pescado ya no es una comida. También es un tema de practicidad, hay gente que no sabe cocinar legumbres. En cambio, todo el mundo sabe poner una pechuga de pollo en la sartén. A la gente no se le ocurre que con con este alimento puedes hacer hamburguesas o patés tipo hummus. No tiene buen marketing. Tampoco suele estar en los restaurantes, sobre todo sin carne.

También están los mitos de que las proteínas vegetales son incompletas. El garbanzo es una proteína completa y las legumbres que no lo son no pasa nada, las completamos con otros alimentos. Son una buena fuente de fibra y de hierro. 

P. ¿Es bueno que los niños que no son vegetarianos o veganos reduzcan su consumo de carne tomando alimentos vegetales como el tofu o la soja texturizada?

R. Sabemos que el consumo de la carne en los niños está por encima de lo recomendado. Las campañas públicas de salud enfocadas a alimentación infantil deberían enfatizar en alimentos como las legumbres o los frutos secos que tiene ventajas en la salud. Sin embargo, nos encontramos con lo contrario. 

Ahora que esos productos como el tofu o la soja están al alcance en los supermercados, son una buena opción. El tofu a los bebés y a los niños les viene muy bien porque es muy blando, tiene una textura y un sabor muy fácil. Los pequeños se lo suelen comer mucho mejor que la ternera. Siempre hablando de buenos procesados y no de ultraprocesados. No me refiero a salchichas y hamburguesas de tofu, esas como las de carne, cuantas menos mejor.

P. ¿Cómo deben actuar los padres frente a un entorno que considera radical la manera que tienen de alimentar a sus hijos?

R. Como adultos que somos, debería dejar de importarnos tanto lo que piensen los demás, sobre todo, si estamos convencidos de que estamos haciendo algo bien. Hay que tener personalidad y menos necesidad de aprobación. Se puede pasar o intentar involucrarse y proponer cumpleaños más saludables o mejoras en el comedor escolar. Depende lo que cada uno esté dispuesto a enfrentarse al entorno y cómo sea el entorno, no todos están igual de receptivos.

P. ¿Cómo afecta la publicidad de las familias de influencers que salen en las redes sociales?

Aún no sabemos cómo afecta porque es algo muy nuevo. Hasta ahora en los medios de publicidad tradicionales un adulto era capaz de identificar que lo que está viendo es un anuncio. En las redes eso se ha empezado a mezclar e incluso los adultos no distinguen si lo que están viendo es un consejo desinteresado o pagado. Es ilegal hacer publicidad encubierta en redes sociales, pero se sigue haciendo. Tenemos una publicidad que no se detecta y que pasa como opinión o publicación desinteresada. Esas familias o madres influencers venden una idea aspiracional. Nos enseñan vidas con casas muy bonitas, niños perfectos y vacaciones maravillosas. Las personas que les ven quieren ser como ellos. Quizás no lleguen a tener esa casa con la piscina ni a irse de vacaciones a las Maldivas, pero esas galletas sí que se las pueden comprar, o el zumo sí que se lo pueden dar a su hijo. Les deberíamos pedir responsabilidad a las personas con tanta influencia para que no engañen a sus seguidores y cuando les estén pagando lo digan. La ley obliga a avisar de las publicaciones pagadas, aunque no se haga.


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