José Joaquín Mira, catedrático del Área de Psicología Social de la Universidad Miguel Hernández: «La sobrecarga del cuidador se asocia con un mayor riesgo de errores con la medicación en casa»

Un estudio de la UMH revela que uno de cada cuatro cuidadores informales ha cometido errores con la medicación de pacientes dependientes por agotamiento emocional.

José Joaquín Mira, catedrático del Área de Psicología Social de la Universidad Miguel Hernández e investigador. Imagen cedida por el entrevistado.

El envejecimiento de la población y el aumento de los cuidados en el hogar provocan cambios en el sistema sanitario español y en el rol de las familias. El catedrático de la Universidad Miguel Hernández José Joaquín Mira, referente en investigación sobre calidad asistencial y seguridad del paciente, participa en un estudio publicado en el Journal of Health Quality Research con 176 cuidadores de personas dependientes, que analiza cómo influye la sobrecarga emocional en los errores en la administración de medicamentos. Los resultados señalan que el desgaste psicológico, además de afectar al bienestar del cuidador, también pone en riesgo la seguridad del paciente, duplicando el riesgo de cometer errores.

Pregunta: En este contexto de envejecimiento de la población y aumento del cuidado a domicilio, ¿por qué es relevante este estudio?

Respuesta: Desde siempre, las personas cuidan de otras, esto no es nuevo. Sí lo es que, sobre todo en países desarrollados y en Europa, se están produciendo cambios acelerados en los últimos años, especialmente tras la pandemia de COVID: hay más personas que necesitan cuidados en casa porque vivimos más y la gente decide permanecer en su hogar el mayor tiempo posible. A las políticas de desinstitucionalización de los gobiernos, en parte por falta de recursos, se une la voluntad de quedarse en casa. Vivimos más años: el cambio más notable se ha dado en los hombres, que han aumentado significativamente su esperanza de vida. Esto implica que haya más personas con condiciones crónicas y no es gratis vivir más. Por tanto, más personas necesitan cuidados en casa y algo que siempre ha existido ahora cobra mayor relevancia.

P: Uno de cada cuatro cuidadores, 45 de los 176, dijo que había tenido algún incidente con la medicación. ¿Es más alto de lo esperado?

R: No, al contrario, es bastante razonable. Quienes cuidan a otros, o quien sigue un tratamiento crónico, sabe que hay confusiones y errores involuntarios que a veces tienen consecuencias. Igual que al movilizar a alguien sin técnica puedes lesionarte la espalda, en casa hay condiciones que afectan a la seguridad. En instituciones sanitarias llevamos años implantando protocolos para garantizarla, pero no debemos olvidar a los pacientes en casa. Aunque estén con familiares, también hay que velar por su seguridad. Ese es el objetivo de estos estudios.

P: ¿Cuáles eran los errores más frecuentes?

R: Principalmente, confusión por la apariencia de los fármacos, que muchas veces son parecidos. A veces hay varios cuidadores y falla la comunicación: equivocarse en la dosis, repetirla u olvidarla. También influye la conservación de los medicamentos: olvidar si deben ir en la nevera o dónde guardarlos. Algunos formatos, como las gotas, son más difíciles de dosificar. Son errores que en ocasiones pueden complicarse.

P: Cuando hablamos de cuidadores y pacientes, ¿a qué tipo de situaciones de cuidado nos referimos exactamente?

R: Nos centramos en personas dependientes que requieren ayuda diaria: alimentación, higiene, movilidad o tratamiento. No hablamos de cuidados puntuales, como cuidar a alguien con gripe, sino de quienes dedican muchas horas porque tienen a alguien dependiente a su cargo. En procesos largos, las rutinas pueden favorecer errores involuntarios. De los errores, estimamos que un 2% requiere atención sanitaria, es decir, tiene consecuencias más graves.

P: ¿Cómo influye la sobrecarga emocional en la gestión de medicación?

R: Es un tema recurrente en la investigación. Cuidar 24 horas al día, todo el año, influye en la vida personal y profesional. Es un reto para las instituciones. En Europa se han desarrollado leyes de dependencia con distintos grados de implantación. Nosotros hemos visto que una mayor sobrecarga emocional se asocia a más errores, con impacto en la persona cuidada.

P: ¿La sobrecarga emocional provoca errores, o existe una relación bidireccional entre sobrecarga e incidentes?

R: Son dos fenómenos que conviven. Por un lado, aumenta la probabilidad de error. Por otro, cuando ocurre un error con consecuencias, aparece lo que llamamos doble victimización: ya existe la carga del cuidado y además surge el impacto emocional del error. Sentirse responsable afecta, más aún si hay vínculo emocional. Esto puede cambiar la actitud al cuidar, demasiadas precauciones tampoco ayudan pues aumentan la carga emocional y pueden ser contraproducentes: tener precauciones estandarizadas es útil, pero pasarse de la raya suele tener un efecto contrario.

P: ¿Qué tipo de consecuencias? ¿Más ansiedad, por ejemplo?

R: Más preocupación y exceso de control por miedo a que ocurran incidentes, lo que incrementa la carga mental del cuidado y termina favoreciendo la aparición de más errores. Involuntarios, pero se cometen. Estos sentimientos de responsabilidad y culpa hacen que las emociones no sean las más adecuadas para el cuidado.

«Cuando ocurre un error con consecuencias, aparece lo que llamamos doble victimización: la carga del cuidado sumada al impacto emocional del incidente»

P: En el estudio encontraron que había más riesgo de error en hombres que en mujeres. ¿Cómo interpretar esta diferencia?

R: Los hombres se atreven a hacer más cosas: siguen menos las pautas que las mujeres, por ejemplo, con las prescripciones y pueden tener errores en esta dirección. También hay un nuevo fenómeno: los hombres vivimos más que antes. Más hombres llegan a una edad en la que su pareja tiene dificultades o requiere cuidados. Pero pertenecen a una generación con menos experiencia en tareas domésticas. Se enfrentan a nuevas dificultades al proveer cuidados básicos en el hogar, que las mujeres, por tradicionales sesgos de género, han asumido. Esto genera diferencias con los hombres que solían tener una menor responsabilidad en tareas domésticas. Por tanto, ahora tienen más margen de comisión de errores involuntarios. Tampoco podemos afirmar que sea así en todos los casos, pero va en esta dirección. También hay diferencias biológicas en la respuesta a medicamentos en ciertos procesos y es un factor que no siempre se tiene en cuenta. Entre cuidadores informales hemos visto que hay algunas pautas que son distintas según el género, así que conviene comentarlo. Al formar a cuidadores puede ser útil, basándonos en errores que hemos visto, dar algún mensaje diferente a hombres y mujeres, aunque, al final, las recomendaciones básicas son las mismas para ambos.

P: ¿Podría el sistema sanitario hacer algo sobre la responsabilidad sanitaria que recae sobre las familias?

R: Cada vez somos más conscientes de que la información es clave. Ha habido escuelas de cuidadores informales. Hoy contamos con tecnologías digitales, lo cual es importante porque estos cuidadores no pueden acudir regularmente a formación presencial. Necesitan recursos accesibles desde casa. Es clave formar en medicación de riesgo y en uso de dispositivos médicos complejos. Materiales fiables e inmersivos pueden ser una alternativa eficiente que nos podríamos plantear.

P: ¿Qué señales indican si un cuidador está sobrecargado?

R: Principalmente la fatiga y la dificultad para recuperarse con el descanso, además del estado de ánimo. Es una situación exigente en tiempo y responsabilidad. Muchas personas lo identifican, pero no tienen salida porque el paciente necesita atención. Las ayudas sociales, aunque limitadas, dan cierto alivio y recuperación. Esta es una situación complicada de resolver, evidentemente. Estos tiempos libres o ayudas para que una persona pueda descansar unas horas, al menos algún día a la semana, suponen un alivio necesario para recuperarse.

P: ¿Detectaron culpa o miedo entre los cuidadores al hablar sobre incidentes con la medicación? ¿Se normaliza el agotamiento?

R: Los cuidadores han normalizado el agotamiento porque no tienen mucha alternativa, forma parte de su quehacer cotidiano. Hablar de errores cuesta en todos los ámbitos, también en el sanitario. Es una reacción humana. Tuvimos que ajustar las preguntas para obtener respuestas fiables. Es un reto al investigar en este campo porque se tiende a infrainformar, es decir, a no contar completamente los errores o a minimizarlos por esa doble victimización. Ese sentimiento controvertido entre “sé que no he hecho bien algo” y el miedo a alguna consecuencia muy negativa.

P: ¿Hubo algún testimonio llamativo?

R: Sí, situaciones cotidianas que reflejan la dificultad de organizar el día a día. Por ejemplo, administrar medicación con poca luz para no despertar al paciente y confundirse. O guardar medicamentos del paciente y de mascotas en el mismo lugar y mezclarlos. Son situaciones comunes.

«Los cuidadores han normalizado el agotamiento porque no tienen mucha alternativa»

P: ¿Qué le diría a un cuidador con burnout?

R: Si el cuidador está sobrecargado probablemente haya aislamiento. Es importante romperlo a través de asociaciones, apoyos sociales… Los servicios sociales tienen limitaciones, pero hay recursos disponibles y es una puerta donde se puede llamar. En centros de salud y hospitales existen grupos de formación y apoyo. Es importante mantener ese contacto social, porque alivia la presión y la sensación de soledad y alta responsabilidad.

P: Hacer piña.

R: Un poco, sí. Al final el ser humano encuentra por ahí una válvula de escape que funciona. Cuando hemos organizado grupos, fíjate, más que si era eficaz o no lo que hacíamos, una de las cosas que nos han dicho algunos cuidadores era: “Es la primera vez que alguien me pregunta”. Ese dato refleja una sensación de aislamiento.

P: ¿Estamos olvidando el papel de los cuidadores?

R: No, hay iniciativas en España y conciencia social. Otro problema distinto es si hay recursos suficientes porque el número de personas que cuidan a otras es enorme en nuestro país: cientos de miles de personas. No hablamos de un fenómeno aislado. Aún así sería necesario un plan más coordinado para abordar esta problemática social, clínica y humana.

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