Un estudio de la UCV identifica biomarcadores virales que podrían mejorar el diagnóstico de fibromialgia, fatiga crónica y covid persistente

El Grupo de Expresión Génica e Inmunidad de la Universidad Católica de Valencia detectó patrones moleculares que permiten diferenciar enfermedades con síntomas similares

Karen Giménez Orenga en el laboratorio del del Grupo de Expresión Génica e Inmunidad de la Universidad Católica de Valencia. Fuente :: Cedida por la UCV

Un estudio liderado por la investigadora Karen Giménez Orenga, del Grupo de Expresión Génica e Inmunidad de la Universidad Católica de Valencia (UCV), apunta a que antiguos virus integrados en el ADN humano, conocidos como retrovirus endógenos humanos (HERV), podrían convertirse en biomarcadores clave para el diagnóstico y seguimiento de enfermedades como el síndrome de fatiga crónica —también conocido como encefalomielitis miálgica—, la fibromialgia y el covid persistente.

La investigación, enmarcada en la tesis doctoral que ha defendido la investigadora, ha incluido el análisis de muestras de sangre de 302 pacientes con diagnóstico clínico definido, distribuidos en cuatro estudios experimentales independientes. Los resultados señalan el potencial de los HERV y de otros elementos virales relacionados como herramientas capaces de distinguir entre patologías que comparten síntomas similares.

Los HERV son secuencias procedentes de antiguos virus que infectaron a nuestros antepasados y quedaron integradas en el ADN, transmitiéndose de generación en generación. Durante décadas se consideraron “ADN basura” porque no codificaban proteínas como los genes clásicos. Sin embargo, hoy se sabe que cumplen funciones reguladoras y pueden influir en la respuesta inmunitaria.

El estudio evidencia que “la activación de estos retrovirus no es un fenómeno puntual, sino que puede mantenerse en el tiempo y estar vinculada a alteraciones del sistema inmunitario y a una mayor intensidad de los síntomas en pacientes con encefalomielitis miálgica, fibromialgia y covid persistente”, precisa Giménez Orenga.

Según la investigadora, los resultados “abren la puerta a mirar más allá de los genes codificantes y a explorar otras secuencias del genoma”, aunque insiste en que “se trata de datos preliminares que deberán validarse en cohortes más amplias”.

«La activación de estos retrovirus no es un fenómeno puntual, sino que puede mantenerse en el tiempo y estar vinculada a alteraciones del sistema inmunitario y a una mayor intensidad de los síntomas»

Biomarcadores para diferenciar enfermedades similares

Uno de los estudios realizados en el marco de la tesis, centrado en covid-19 y covid persistente, detectó la presencia mantenida de la proteína HERV-W ENV incluso meses después de la infección. Esta persistencia podría estar relacionada con una activación inflamatoria prolongada, cuando el sistema inmunitario no logra regresar a su estado basal, lo que contribuiría a síntomas como la fatiga crónica. Este hallazgo, tal y como apunta la biotecnóloga, sugiere que no todos los pacientes logran recuperar del mismo modo el equilibrio inmunitario tras pasar el virus.

Además, el análisis de marcadores inflamatorios, niveles de citoquinas y otros parámetros clínicos permitió distinguir a nivel molecular la covid persistente del síndrome de fatiga crónica y de la fibromialgia. En la práctica, esto significa que, aunque los pacientes puedan presentar síntomas parecidos, su organismo muestra señales distintas que permiten diferenciarlas.

Otra línea de la investigación permitió clasificar a los pacientes con encefalomielitis miálgica en subgrupos según el grado de activación de los HERV, lo que ayuda a explicar la heterogeneidad de la enfermedad y la distinta severidad de los síntomas. Este enfoque podría facilitar en el futuro estrategias terapéuticas más personalizadas.

En paralelo, el estudio del viroma sanguíneo reveló una mayor presencia del Torque Teno Mini Virus 9 (TTMV9), un virus común que suele utilizarse como indicador del sistema inmunitario. Su aumento en ciertos pacientes sugiere que en algunos casos podría existir una respuesta antiviral debilitada. Esto indica que el organismo podría tener más dificultades para controlar determinados virus y mantener una respuesta inmune eficaz.

Aunque estos hallazgos aún no se traducen en una prueba diagnóstica disponible, sientan las bases para el desarrollo futuro de herramientas clínicas basadas en biomarcadores moleculares.

Colaboración científica y proyección internacional

La investigación ha combinado trabajo de laboratorio con colaboración clínica especializada. La obtención y caracterización de los pacientes se realizó junto al Biobanco para la Investigación Biomédica y en Salud Pública de la Comunidad Valenciana (IBSP-CV) y con profesionales clínicos expertos en encefalomielitis miálgica.

El proyecto ha contado con financiación pública y privada, entre ellas ayudas predoctorales del programa VALi+d de la Generalitat Valenciana y el respaldo de la organización británica ME Research UK, además de fondos autonómicos y universitarios.

Durante este periodo, la investigadora ha realizado estancias en la Universidad de Cagliari (Italia) y en la Universidad de Oxford (Reino Unido), y ha consolidado colaboraciones con equipos internacionales como el del investigador Hervé Perron en GeNeuro.

Karen Giménez Orenga confía en que “aunque la investigación avanza de forma progresiva, el conocimiento sobre estas patologías complejas sigue creciendo y cada hallazgo contribuye a mejorar su comprensión y abordaje clínico”.

José Tena, biólogo marino: “Las medusas tienen un tipo de colágeno de mejor calidad que el que se encuentra en porcinos o bovinos”

El director del Instituto de Investigación y Ciencia Marina de la Universidad Católica de Valencia y colíder del proyecto COLMED, explica cómo las medusas pueden convertirse en un recurso con potencial biomédico

José Tena en su despacho de la UCV. Fuente :: Guillermo González

Cada verano —y cada vez con mayor frecuencia también fuera de temporada— grandes concentraciones de medusas llegan a las costas del Mediterráneo. Un fenómeno asociado al desequilibrio de los ecosistemas marinos que afecta tanto al turismo como a la pesca artesanal.

Frente a esta realidad, el proyecto COLMED propone un cambio de enfoque: convertir la captura accidental de medusas en una oportunidad dentro de la biotecnología azul. Tras dos años de trabajo, el equipo del IMEDMAR-UCV y del del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) ha enviado a revisión el artículo científico en el que demuestran el potencial del colágeno de estas especies para aplicaciones biomédicas.

Cooliderando esta investigación se encuentra José Tena, doctor en Ciencias Biológicas y director del IMEDMAR-UCV, con una amplia trayectoria en el estudio de los ecosistemas marinos. A lo largo de su carrera ha participado en numerosos proyectos de investigación centrados en la calidad ambiental y la biología marina, además de desarrollar una destacada labor docente y divulgativa.

Durante años las medusas han sido vistas como una molestia para la pesca y el turismo. ¿Cómo surge la idea de convertir esa captura accidental en una oportunidad científica?
Quienes trabajamos en biología marina nunca hemos visto a las medusas como una molestia. Es cierto que cuando llegan de forma masiva afectan al turismo y a la pesca, pero el problema real es el desequilibrio de los ecosistemas marinos. La reducción de sus depredadores ha favorecido su proliferación.

A partir de ahí, nos planteamos si aquello que hoy se percibe como un inconveniente podía tener también algún valor. Aunque el 98 % del cuerpo de la medusa es agua, contiene compuestos interesantes y ya existían algunos estudios previos que apuntaban a la calidad de su colágeno.

«El problema real es el desequilibrio de los ecosistemas marinos. La reducción de sus depredadores ha favorecido su proliferación»

El proyecto se ha centrado especialmente en la medusa de barril (Rhizostoma pulmo). ¿Qué características tiene esta especie y por qué resultaba especialmente interesante para el estudio?
Es una especie pelágica, es decir, vive suspendida en el agua del mar Mediterráneo, y puede formar grandes enjambres. En los últimos años estas proliferaciones se han intensificado por la falta de sus depredadores naturales. Precisamente por su abundancia y su impacto en la pesca, son especialmente interesantes como recurso potencial.

Especies de medusas analizadas durante el proyecto. Fuente :: Ballesteros, A., Torres, R., Pascual-Torner, M., Revert-Ros, F., Tena-Medialdea, J., García-March, J. R., Lloret, J., & Gili, J.-M. (2025). Jellyfish Collagen in the Mediterranean Spotlight: Transforming Challenges into Opportunities. Marine Drugs, 23(5), 200. https://doi.org/10.3390/md23050200

El colágeno se ha popularizado mucho en los últimos años, especialmente en cosmética y suplementos. Desde el punto de vista científico, ¿qué es exactamente el colágeno y por qué es una proteína tan relevante en ámbitos como la medicina o la alimentación?
El colágeno es una proteína fundamental en nuestro organismo. Representa más de un tercio de todas las proteínas que tenemos en el cuerpo y es esencial para estructuras como la piel, los tendones o los tejidos musculares.

En medicina se utiliza como material de soporte y en cosmética para reforzar la función de la piel. También puede emplearse en forma hidrolizada, es decir, descompuesto en aminoácidos que el organismo puede utilizar para sintetizar su propio colágeno.

Uno de los resultados más relevantes del proyecto es que el colágeno extraído de la medusa de barril mantiene la estructura característica del colágeno tipo I, el más utilizado en aplicaciones biomédicas. ¿Qué implica este hallazgo desde el punto de vista práctico?
El colágeno tipo I es uno de los más interesantes desde el punto de vista biomédico porque es el que mejor se adapta a muchas aplicaciones en medicina, cosmética o alimentación. Lo relevante es que el colágeno de las medusas presenta esa estructura y, además, con una calidad muy elevada.

De hecho, las medusas tienen un tipo de colágeno de mejor calidad que el que podemos encontrar en porcinos o bovinos. Esto abre una posibilidad de transformar un problema en un recurso potencial para aplicaciones biomédicas.

¿Cómo se obtiene el colágeno a partir de las medusas y qué partes del organismo resultan más útiles para este proceso?
El proceso es complejo. Se trabaja con el organismo completo, aunque la parte más interesante es la umbrela, donde se concentra la mayor masa corporal. Como está formada gran parte por agua, el primer paso es eliminarla mediante deshidratación. Después, el material se procesa en laboratorio para extraer el colágeno y separarlo de otros compuestos.

A pesar de la calidad del colágeno obtenido, ¿en qué punto real de desarrollo se encuentra el proyecto: estamos cerca de una aplicación industrial o todavía en una fase experimental?
Todavía estamos en una fase inicial. Sabemos que el colágeno es de muy buena calidad, pero para que el producto tenga un interés industrial real es necesario optimizar todo el proceso de extracción. La alta proporción de agua en el cuerpo de la medusa hace que la cantidad de colágeno que se obtiene sea reducida. Eso implica que, a día de hoy, sería un producto caro. El reto ahora es mejorar los procesos y hacerlos más eficientes para que puedan trasladarse al ámbito industrial.

«Todavía estamos en una fase inicial. Sabemos que el colágeno es de muy buena calidad, pero para que el producto tenga un interés industrial real es necesario optimizar todo el proceso de extracción»

El proyecto ha trabajado directamente con cofradías del Mediterráneo. ¿Cómo ha sido esa colaboración y qué ha aportado el conocimiento de los pescadores al desarrollo científico?
Ha sido una colaboración muy enriquecedora. A veces se piensa que hay distancia entre científicos y pescadores, pero en realidad compartimos el mismo objetivo de entender y conservar el medio marino. El conocimiento que tienen los pescadores sobre el mar es enorme y ha sido clave para el proyecto. Nos han ayudado a localizar enjambres de medusas, y eso ha permitido avanzar en la investigación y mejorar las técnicas de trabajo. Sin su participación habría sido mucho más difícil obtener resultados.

Capturas accidentales de medusa Rhizostoma pulmo procedentes de pescadores artesanales españoles en el marco del proyecto COLMED. (A) Fragmentos de medusa desgarrados por las redes de pesca; (B) capturas accidentales de medusas recuperadas; y (C) redes de pesca enredadas con medusas. Fuente :: Ballesteros, A., Torres, R., Pascual-Torner, M., Revert-Ros, F., Tena-Medialdea, J., García-March, J. R., Lloret, J., & Gili, J.-M. (2025). Jellyfish Collagen in the Mediterranean Spotlight: Transforming Challenges into Opportunities. Marine Drugs, 23(5), 200. https://doi.org/10.3390/md23050200

Si las medusas pasan de ser un residuo a convertirse en un recurso económico, ¿existe el riesgo de generar un nuevo desequilibrio ecológico en el Mediterráneo?
El equilibrio del ecosistema marino ya está alterado, y precisamente por eso vemos más medusas que hace décadas. Además, su ciclo de vida hace muy difícil que puedan desaparecer por explotación pesquera. Las medusas producen miles de larvas, de las que en condiciones naturales solo sobrevive un pequeño porcentaje. El problema es que ahora, al haber menos depredadores, muchas más llegan a convertirse en medusas adultas, lo que genera esas proliferaciones masivas. Por eso creemos que aprovecharlas como recurso no supondría un riesgo de sobreexplotación.

A la luz de los resultados obtenidos, ¿cree que la valorización de las medusas podría convertirse en una fuente real de ingresos para la pesca artesanal y, al mismo tiempo, marcar una nueva línea estratégica en la gestión de los recursos marinos?
Potencialmente sí, pero a día de hoy todavía no estamos preparados para introducirlo como alternativa real de ingresos. Haría falta desarrollar infraestructuras, sistemas de almacenamiento y toda una red de empresas que trabajen en la extracción y el procesamiento del colágeno. Por otro lado, yo creo que sí, que puede abrir una línea interesante con este proyecto. No obstante, como ocurre en otros ámbitos de la investigación, los avances requieren tiempo, pero apunta a que esta línea puede generar innovación y transferir conocimiento útil a la sociedad.

María Dolores Bargues, Catedrática de Parasitología de la Universidad de Valencia: “Sin una coordinación interdisciplinar One Health hubiera sido imposible abordar lo sucedido en la DANA de Valencia”

Apenas diez minutos separaban el laboratorio de la Dra. María Dolores Bargues Castelló de la zona cero de una de las catástrofes climáticas más devastadoras de nuestro país. Catedrática de Parasitología de la Universidad de Valencia, subdirectora del Centro Colaborador de la OMS en Fascioliasis y del Centro de Referencia de FAO/Naciones Unidas para Parasitología, la Dra. Bargues lideró una respuesta científica inmediata tras la inundación del 29 de octubre de 2024 en Valencia. 

El trabajo dirigido por Bargues contó con el soporte de los proyectos PROMETEO (Generalitat Valenciana) y CIBERINFEC (CIBER-ISCIII, Ministerio de Sanidad), centrados en la prevención de riesgos epidémicos asociados a la DANA en Valencia. Su equipo cartografió el desastre a través de cuatro cuencas fluviales, identificando una diversidad de virus, bacterias y parásitos ocultos bajo el lodo y el barro, la mayoría eran patógenos para los seres humanos. A juicio de la también ex-presidenta de la Sociedad Española de Medicina Tropical y Salud Internacional, el enfoque One Health es la única vía para afrontar y gestionar los riesgos de un futuro marcado por la emergencia climática. 

Dra. María Dolores Bargues Castelló. Imagen cedida por la entrevistada

Ha trabajado en varios proyectos tanto internacionales como nacionales de gran envergadura. ¿Cómo se siente cuando el objeto de estudio ocurre solo a 10 minutos de su puesto de trabajo?

Fue una sensación de «tengo que hacer algo». Ante eventos catastróficos así, los agentes infecciosos circulan libremente por el medio ambiente y no tardamos ni tres días en reaccionar. Nos lanzamos a la calle con lo que teníamos; contábamos con más medios humanos que materiales, pero estoy muy orgullosa del esfuerzo que pudimos realizar.

Al final de la investigación se indica que el estudio está dedicado a los habitantes de Valencia y a los voluntarios. ¿Cómo vivió el equipo esa solidaridad mientras se realizaba el muestreo?

La palabra es sobrecogedor. En el terreno, es decir en la zona afectada, toda la gente se volcó en ayudarnos, incluso en sitios donde el acceso estaba prohibido por el peligro persistente. Hasta los mismos bomberos nos ayudaron a tomar muestras en parkings totalmente inundados. Fue una colaboración imprescindible y gratamente satisfactoria. Y desde el punto de vista científico, contamos desde el primer momento, con la colaboración del Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias, de la Universidad de La Laguna, liderado por el Dr. Jacob Lorenzo-Morales y del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Valencia, a través del grupo MiniAging del Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, dirigido por la Dra. Consuelo Borrás.

En el artículo se aborda el enfoque One Health como la única vía capaz de abordar de manera integral las consecuencias de desastres climáticos complejos. ¿Cómo ayuda este concepto a entender lo que pasó en Valencia el 29 de octubre?

Lo que pasó en Valencia tuvo consecuencias inmensurables que debían abordarse de forma multidisciplinar.  El enfoque One Health integra la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas. No solo analizamos agentes infecciosos, sino también las prácticas y conocimientos de la población, los animales que actúan como reservorios y la heterogeneidad del entorno. Sin una coordinación interdisciplinar hubiera sido imposible gestionar lo sucedido en Valencia. Gracias a este enfoque se ha podido definir un marco estratégico para poder mitigar y gestionar los eventos catastróficos, que van a ser cada vez más frecuentes debido al cambio climático.


«Nos tiramos a la calle con lo que teníamos: más medios humanos que materiales»


El estudio divide la zona afectada en cuatro cuencas. ¿Por qué fue tan importante cartografiar con detalle el territorio?

La zona afectada era tan inmensa que lo primero que hicimos fue evaluar las trayectorias del flujo hídrico para entender cómo se desplazaban los riesgos. Cartografiamos cuatro cuencas principales: el afluente del río Gabriel y río Júcar, el río Magro, la Rambla del Poyo y el río Turia. A su vez, cada una de estas cuatro cuencas fluviales o de ramblas comprende cuatro subzonas inundadas con características diferenciadas según la altitud decreciente que seguía el flujo del agua (desde el interior hasta el mar): desde las áreas silvestres y montañosas, pasando por las llanuras agrícolas y áreas urbanas, hasta llegar a la zona del lago de la Albufera. Es importante cartografiar con detalle el territorio porque no se puede explicar lo que encuentras en las zonas de baja altitud sin saber qué había en las zonas altas del interior ya que hubo un desplazamiento hídrico masivo.

¿Qué tipo de muestras recogieron durante las primeras semanas tras la riada? ¿Y qué les sorprendió más al analizarlas?

Durante las tres primeras semanas recogimos más de 111 muestras medioambientales, como muestras de agua, barro – lodo y polvo en condiciones de gran dificultad.  Lo que más me impactó fue la inmensa diversidad de agentes patógenos identificados: una treintena de microorganismos entre virus, bacterias, protozoos y amebas de vida libre, así como vectores de enfermedades como mosquitos, flebótomos y caracoles dulceacuícolas. Además de que la gran mayoría eran patógenos humanos y las muestras evidenciaban una fuerte contaminación fecal, tanto de origen humano como animal, lo que explica la alta incidencia de cuadros de gastroenteritis y diarreas en la población.

En el estudio mencionan que la presencia de los microorganismos también tiene un origen animal. ¿Cómo influye en el riesgo sanitario la muerte de casi 3000 animales?

La muerte de estos animales liberó al entorno numerosos patógenos que pueden transmitirse entre animales y humanos (zoonosis), contaminando el agua y, sobre todo, el lodo, lo que aumentó el riesgo de infección por contacto directo. El lodo resulta más peligroso que el agua porque actúa como un medio donde los patógenos se depositan y se concentran. Por este motivo cuando se da una catástrofe por inundación, la principal vía de transmisión es la contaminación fecal por contacto directo. Es esencial el uso de mascarillas y guantes, el lavado exhaustivo de cualquier alimento o bebida que vayamos a ingerir y la protección de pequeñas heridas en la piel para reducir el riesgo de infecciones. 

 Contaminación de aparcamientos subterráneos y alcantarillas.
Fuente: Mas-Coma et al., 2025 DOI: 10.1016/j.onehlt.2025.101093

El estudio indica que el 60% de los fallecidos fueron ancianos, principalmente por factores físicos como vivir en plantas bajas o su menor movilidad ante el agua. Ustedes introducen el concepto de ‘inflammaging’ para analizar una amenaza distinta: la que aparece durante la limpieza y las hospitalizaciones posteriores. ¿Por qué este estado de ‘inflamación crónica’ hace que un patógeno del lodo, que quizá solo daría una diarrea leve a un joven, se convierta en una amenaza vital para una persona mayor?

El envejecimiento conlleva un fenómeno llamado «inmunosenescencia», que es el proceso de envejecimiento del sistema inmunitario. A medida que una persona envejece, sus defensas se vuelven menos eficaces y más desreguladas. Este proceso implica también una mayor inflamación crónica. Por eso, un patógeno del lodo que solo causaría una molestia leve en un joven puede ser más patógeno para una persona mayor por su menor capacidad para combatir las infecciones. Además, los ancianos fueron el grupo más vulnerable no solo biológicamente, sino también económica y psicológicamente, ya que la mayoría residían en plantas bajas de las calles céntricas de las poblaciones inundadas, donde los destrozos y las pérdidas fueron mayores. 


«Solo si ciencia, salud y política actúan de forma coordinada, las sociedades podrán afrontar el cambio climático»


El estudio habla de la necesidad de crear una “línea base extrapolable”. ¿Cómo puede este trabajo ayudar a gestionar futuras catástrofes climáticas, que cada vez son más frecuentes?

Las inundaciones representan el 40% de los desastres naturales y son responsables de un elevado número de víctimas. Con este trabajo hemos definido una línea de base que cualquier país puede extrapolar: un modelo que enseña cómo coordinar ciencia y política, y cómo monitorizar los agentes patógenos antes, durante y después de la crisis. Lo ocurrido en Valencia nos ha mostrado las deficiencias y ahora tenemos un modelo de referencia sobre cómo actuar para salvar vidas en catástrofes futuras similares. Además, fue vital que el conocimiento sobre estos agentes infecciosos llegara de inmediato a los hospitales y centros de salud para poder aplicar cuanto antes las medidas preventivas. Publicar el artículo de forma temprana en una revista científica de Open Access fue la mejor manera de compartir los resultados para su consulta y aplicación.

En las conclusiones menciona la necesidad de elegir gestores con “talento y habilidades verificadas”. ¿Qué considera que falló en la cadena de mando a la hora de la gestión de la gota fría? 

Lo más importante que podemos destacar de nuestra experiencia es que es necesaria una respuesta rápida, y coordinada.Sobre todo, liderada por especialistas. Solo si la ciencia, salud y política actúan de forma coordinada y adaptable, la sociedad podrá afrontar eficazmente los retos globales como el cambio climático o las emergencias sanitarias. Necesitamos fortalecer los sistemas de alerta temprana, incorporar la vigilancia ambiental pre y post- desastre, diseñar infraestructuras resilientes y apostar decididamente por la cooperación interdisciplinar bajo el marco de One Health. De aquí se desprenden múltiples lecciones que deben ser asimiladas tanto por los profesionales de las disciplinas implicadas como por los responsables políticos y de gestión gubernamental.

Ecoansiedad: ¿Por qué el clima nos quita el sueño?

¿Has sentido alguna vez una sensación de angustia al leer sobre el deshielo de los polos o los incendios forestales que cada vez son más frecuentes? No estás solo. El simple hecho de hacer “scrolling” en tu teléfono móvil cada mañana y leer noticias sobre sequías, inundaciones o incendios forestales se ha convertido, para muchos, en un ejercicio de ansiedad.

De hecho, este malestar no es un fenómeno aislado: un estudio internacional publicado en The Lancet Planetary Health señala que casi el 60% de los jóvenes en todo el mundo se sienten muy o extremadamente preocupados por el cambio climático. Esto refleja como en los últimos años el cambio climático ha dejado de ser únicamente una crisis ambiental para convertirse en un desafío de salud pública. Este malestar definido por una mezcla de impotencia y tristeza tiene un nombre técnico: ecoansiedad

¿Qué es exactamente la ecoansiedad?

La ecoansiedad no es solo un tema de moda en internet o una enfermedad mental. Según explica la investigadora María Pastor Valero, de la Universidad Miguel Hernández (UMH), es una “respuesta emocional lógica y muy normal ante un problema que es real” .

Mientras que la ansiedad clínica a menudo carece de una causa clara, impide el funcionamiento diario y/o necesita un tratamiento médico, la ecoansiedad nace de una amenaza objetiva como es la crisis climática. Se manifiesta a través de sentimientos de tristeza profunda, pensamientos rumiantes sobre el futuro del planeta, desesperación e incluso sentimientos de negación. Solo se convierte en cuadros clínicos como depresión o estrés postraumático si estos sentimientos se vuelven crónicos o muy intensos.

Brisbane - Alan" por School Strike / Flickr / Licencia Creative Commons CC BY 2.0
«Brisbane – Alan» por School Strike / Licencia Creative Commons BY 2.0)

¿Cómo se mide un miedo global?

Para estudiar este fenómeno, la ciencia utiliza herramientas validadas internacionalmente. Una de las más destacadas es la escala Hogg, diseñada originalmente en 2021 para jóvenes en Australia y hoy es utilizada en diversos países.

Este instrumento consta de 13 ítems que evalúa la experiencia y las sensaciones sobre el clima de las personas en las últimas dos semanas.  A través de diferentes preguntas como «¿has tenido pensamientos repetitivos sobre el futuro del planeta?» o «¿has sentido angustia o ansiedad cuando piensas en el cambio climático?», se asigna una puntuación de 0 (nunca) a 3 (casi todos los días), sumando un total de 39 puntos. Esta puntuación permite a los epidemiólogos identificar qué grupos de población están sufriendo más.

¿La ecoansiedad nos afecta a todos por igual?

Uno de los hallazgos más reveladores de las investigaciones sobre la ecoansiedad es que no nos afecta a todos por igual ya que existe una brecha de desigualdad. Un estudio cualitativo realizado en Brasil revela que en lugares como las favelas de Sao Paulo (Brasil) los jóvenes viven el cambio climático como una amenaza directa; el medio a perder su casa por una inundación. En cambio, en jóvenes universitarios con un nivel socioeconómico alto, la ecoansiedad suele ser más “intelectualizada” generada por el flujo constante de información catastrófica en redes sociales. Por lo que la ecoansiedad es un espejo de la desigualdad social, ya que muestra una clara injusticia medioambiental asociada a la pobreza.

También se ha comprobado que la ecoansiedad golpea más fuerte a las mujeres jóvenes debido a una mayor conciencia social y preocupación por el futuro y a una mayor carga de responsabilidad en los hogares.

¿Cómo podemos gestionar este malestar?

La clave está en la comunicación y la acción colectiva. Mensajes alarmistas en los medios de comunicación o que buscan culpabilizar al individuo solo aumentan la angustia y el malestar en la población. En cambio, la comunicación debe incluir mensajes esperanzadores y contar historias de éxito local.

Proyectos de cooperación internacional, como el proyecto CLINE (Generation Climate Crisis), propone combatir la angustia mediante la creación de laboratorios ciudadanos. Se ha comprobado que cuando las personas se asocian con otras de la comunidad para realizar acciones proambientales, el nivel de ecoansiedad se neutraliza. Esto funcionan como una terapia en el que los niveles de angustia disminuyen.

Sentirte abrumado por las noticias del clima de hoy en día es una respuesta lógica y normal, pero, sobre todo, es importante entender que el conocimiento y la acción comunitaria son las herramientas definitivas para reducir las desigualdades sociales. Es posible que quizás este gran desafío nos obligue a conectarnos y dejar el aislamiento atrás para proteger no solo nuestro planeta, si no también nuestra salud mental.

Els rius secs emeten carboni: un estudi revela que poden generar quasi la meitat de les emissions totals

L’equip de la científica ambiental valenciana Alba Camacho Santamans demostra que les zones seques dels rius tenen un paper clau en el canvi climàtic, un factor ignorat fins ara.

Científics de l’Institut de Recerca de l’Aigua de la Universitat de Barcelona han dut a terme un estudi que demostra que les zones seques dels rius poden generar una part important de les emissions de carboni (C) cap a l’atmosfera, fins al punt de representar quasi la meitat (46%) del total en determinats casos. Fins ara, la major part de les investigacions s’havien centrat en rius amb aigua, ja que s’havia assumit que les emissions es produïen en aquestes àrees. La investigació, realitzada en un riu del nord-est de la Península Ibèrica, aporta una nova perspectiva sobre el paper dels ecosistemes fluvials en el sistema climàtic. 

El passat 22 de març va ser el Dia Mundial de l’Aigua i, en aquesta data tan assenyalda, es destaca la importància d’aquest element de la natura el qual es veu afectat de ple pel canvi climàtic. Les sequeres prolongades i la contaminació d’aigües en són algunes de les conseqüències. De fet, els períodes secs estan en augment (IPCC, 2021). Dels més de 162.000 km2 de cursos d’aigua que abans eren permanents, ara són estacionals (intermitents) o directament ja no contenen aigua. Aquest context resalta encara més la importància de l’estudi liderat per Camacho, el qual subratlla com els ecosistemes fluvials són essencials per a entendre l’impacte del canvi climàtic. La investigació realitzada en un riu del nord-est de la Península Ibèrica aporta una nova perspectiva sobre el paper dels ecosistemes fluvials en el sistema climàtic.

Les emissions de carboni, principalment en forma de diòxid de carboni (CO2) i metà (CH4), formen part del cicle natural del carboni, però, en excés, contribueixen a l’escalfament global. Quan el riu porta aigua, el carboni dissolt es transporta i pot ser alliberat a l’atmosfera. En canvi, quan el riu s’asseca, els sediments continuen alliberant C gràcies a l’activitat microbiana (principalment en forma de CO2). A més a més, s’han identificat moment d’emissions intenses, com quan l’aigua torna després d’un temps de sequera (rehumectació). En aquestes situacions, l’activitat biològica que hi és present s’hi reactiva i genera pics d’emissions o “hot moments”.

En el context actual de crisi climàtica, aquestes dinàmiques són especialment rellevants. L’augment de temperatura i la reducció de precipitacions estan fent que els rius mediterranis s’assequen amb més freqüència i durant més temps. Com apunta la mateixa Camacho-Santamans, “els rius intermitents ja s’assecaven naturalment durant l’època estival, però a causa de les alteracions antròpiques i del canvi climàtic s’assequen cada vegada més”. Les dades publicades en informes i estudis científics, també informen que aquest escenari serà cada vegada més habitual (IPCC, 2021), fet que implica que una part de les emissions de C podria estar sent subestimada si no es tenen en compte aquests espais.

Imatge de membres de l’equip d’investigació treballant a la riera de Fuirosos (Parc del Montnegre i el Corredor), ecosistema fluvial on s’ha fet l’estudi. Font: Alba Camacho Santamans

Les conclusions de la investigació suposen un canvi de paradigma en l’estudi dels ecosistemes fluvials. Segón el treball, no es poden entendre les emissions de C dels rius sense considerar conjuntament les zones amb aigua i les zones seques, ni sense tindre en compte la seua variabilitat temporal. Açò és especialment rellevant en rius intermitents, ja que representen una gran part de la xarxa fluvial global, explica l’article.

Actualment, l’equip investigador continua treballant amb l’objectiu d’ampliar aquestes observacions i comprendre com varien les emissions en diferents contextos. El seu propòsit és desenvolupar un model matemàtic que permeta extrapolar aquests resultats i estimacions d’emissions de C a tots els rius mediterranis. Comptat i debatut, es millorarà la predicció sobre el paper dels ecosistemes fluvials en el canvi climàtic.