José Tena, biólogo marino: “Las medusas tienen un tipo de colágeno de mejor calidad que el que se encuentra en porcinos o bovinos”

El director del Instituto de Investigación y Ciencia Marina de la Universidad Católica de Valencia y colíder del proyecto COLMED, explica cómo las medusas pueden convertirse en un recurso con potencial biomédico

José Tena en su despacho de la UCV. Fuente :: Guillermo González

Cada verano —y cada vez con mayor frecuencia también fuera de temporada— grandes concentraciones de medusas llegan a las costas del Mediterráneo. Un fenómeno asociado al desequilibrio de los ecosistemas marinos que afecta tanto al turismo como a la pesca artesanal.

Frente a esta realidad, el proyecto COLMED propone un cambio de enfoque: convertir la captura accidental de medusas en una oportunidad dentro de la biotecnología azul. Tras dos años de trabajo, el equipo del IMEDMAR-UCV y del del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) ha enviado a revisión el artículo científico en el que demuestran el potencial del colágeno de estas especies para aplicaciones biomédicas.

Cooliderando esta investigación se encuentra José Tena, doctor en Ciencias Biológicas y director del IMEDMAR-UCV, con una amplia trayectoria en el estudio de los ecosistemas marinos. A lo largo de su carrera ha participado en numerosos proyectos de investigación centrados en la calidad ambiental y la biología marina, además de desarrollar una destacada labor docente y divulgativa.

Durante años las medusas han sido vistas como una molestia para la pesca y el turismo. ¿Cómo surge la idea de convertir esa captura accidental en una oportunidad científica?
Quienes trabajamos en biología marina nunca hemos visto a las medusas como una molestia. Es cierto que cuando llegan de forma masiva afectan al turismo y a la pesca, pero el problema real es el desequilibrio de los ecosistemas marinos. La reducción de sus depredadores ha favorecido su proliferación.

A partir de ahí, nos planteamos si aquello que hoy se percibe como un inconveniente podía tener también algún valor. Aunque el 98 % del cuerpo de la medusa es agua, contiene compuestos interesantes y ya existían algunos estudios previos que apuntaban a la calidad de su colágeno.

«El problema real es el desequilibrio de los ecosistemas marinos. La reducción de sus depredadores ha favorecido su proliferación»

El proyecto se ha centrado especialmente en la medusa de barril (Rhizostoma pulmo). ¿Qué características tiene esta especie y por qué resultaba especialmente interesante para el estudio?
Es una especie pelágica, es decir, vive suspendida en el agua del mar Mediterráneo, y puede formar grandes enjambres. En los últimos años estas proliferaciones se han intensificado por la falta de sus depredadores naturales. Precisamente por su abundancia y su impacto en la pesca, son especialmente interesantes como recurso potencial.

Especies de medusas analizadas durante el proyecto. Fuente :: Ballesteros, A., Torres, R., Pascual-Torner, M., Revert-Ros, F., Tena-Medialdea, J., García-March, J. R., Lloret, J., & Gili, J.-M. (2025). Jellyfish Collagen in the Mediterranean Spotlight: Transforming Challenges into Opportunities. Marine Drugs, 23(5), 200. https://doi.org/10.3390/md23050200

El colágeno se ha popularizado mucho en los últimos años, especialmente en cosmética y suplementos. Desde el punto de vista científico, ¿qué es exactamente el colágeno y por qué es una proteína tan relevante en ámbitos como la medicina o la alimentación?
El colágeno es una proteína fundamental en nuestro organismo. Representa más de un tercio de todas las proteínas que tenemos en el cuerpo y es esencial para estructuras como la piel, los tendones o los tejidos musculares.

En medicina se utiliza como material de soporte y en cosmética para reforzar la función de la piel. También puede emplearse en forma hidrolizada, es decir, descompuesto en aminoácidos que el organismo puede utilizar para sintetizar su propio colágeno.

Uno de los resultados más relevantes del proyecto es que el colágeno extraído de la medusa de barril mantiene la estructura característica del colágeno tipo I, el más utilizado en aplicaciones biomédicas. ¿Qué implica este hallazgo desde el punto de vista práctico?
El colágeno tipo I es uno de los más interesantes desde el punto de vista biomédico porque es el que mejor se adapta a muchas aplicaciones en medicina, cosmética o alimentación. Lo relevante es que el colágeno de las medusas presenta esa estructura y, además, con una calidad muy elevada.

De hecho, las medusas tienen un tipo de colágeno de mejor calidad que el que podemos encontrar en porcinos o bovinos. Esto abre una posibilidad de transformar un problema en un recurso potencial para aplicaciones biomédicas.

¿Cómo se obtiene el colágeno a partir de las medusas y qué partes del organismo resultan más útiles para este proceso?
El proceso es complejo. Se trabaja con el organismo completo, aunque la parte más interesante es la umbrela, donde se concentra la mayor masa corporal. Como está formada gran parte por agua, el primer paso es eliminarla mediante deshidratación. Después, el material se procesa en laboratorio para extraer el colágeno y separarlo de otros compuestos.

A pesar de la calidad del colágeno obtenido, ¿en qué punto real de desarrollo se encuentra el proyecto: estamos cerca de una aplicación industrial o todavía en una fase experimental?
Todavía estamos en una fase inicial. Sabemos que el colágeno es de muy buena calidad, pero para que el producto tenga un interés industrial real es necesario optimizar todo el proceso de extracción. La alta proporción de agua en el cuerpo de la medusa hace que la cantidad de colágeno que se obtiene sea reducida. Eso implica que, a día de hoy, sería un producto caro. El reto ahora es mejorar los procesos y hacerlos más eficientes para que puedan trasladarse al ámbito industrial.

«Todavía estamos en una fase inicial. Sabemos que el colágeno es de muy buena calidad, pero para que el producto tenga un interés industrial real es necesario optimizar todo el proceso de extracción»

El proyecto ha trabajado directamente con cofradías del Mediterráneo. ¿Cómo ha sido esa colaboración y qué ha aportado el conocimiento de los pescadores al desarrollo científico?
Ha sido una colaboración muy enriquecedora. A veces se piensa que hay distancia entre científicos y pescadores, pero en realidad compartimos el mismo objetivo de entender y conservar el medio marino. El conocimiento que tienen los pescadores sobre el mar es enorme y ha sido clave para el proyecto. Nos han ayudado a localizar enjambres de medusas, y eso ha permitido avanzar en la investigación y mejorar las técnicas de trabajo. Sin su participación habría sido mucho más difícil obtener resultados.

Capturas accidentales de medusa Rhizostoma pulmo procedentes de pescadores artesanales españoles en el marco del proyecto COLMED. (A) Fragmentos de medusa desgarrados por las redes de pesca; (B) capturas accidentales de medusas recuperadas; y (C) redes de pesca enredadas con medusas. Fuente :: Ballesteros, A., Torres, R., Pascual-Torner, M., Revert-Ros, F., Tena-Medialdea, J., García-March, J. R., Lloret, J., & Gili, J.-M. (2025). Jellyfish Collagen in the Mediterranean Spotlight: Transforming Challenges into Opportunities. Marine Drugs, 23(5), 200. https://doi.org/10.3390/md23050200

Si las medusas pasan de ser un residuo a convertirse en un recurso económico, ¿existe el riesgo de generar un nuevo desequilibrio ecológico en el Mediterráneo?
El equilibrio del ecosistema marino ya está alterado, y precisamente por eso vemos más medusas que hace décadas. Además, su ciclo de vida hace muy difícil que puedan desaparecer por explotación pesquera. Las medusas producen miles de larvas, de las que en condiciones naturales solo sobrevive un pequeño porcentaje. El problema es que ahora, al haber menos depredadores, muchas más llegan a convertirse en medusas adultas, lo que genera esas proliferaciones masivas. Por eso creemos que aprovecharlas como recurso no supondría un riesgo de sobreexplotación.

A la luz de los resultados obtenidos, ¿cree que la valorización de las medusas podría convertirse en una fuente real de ingresos para la pesca artesanal y, al mismo tiempo, marcar una nueva línea estratégica en la gestión de los recursos marinos?
Potencialmente sí, pero a día de hoy todavía no estamos preparados para introducirlo como alternativa real de ingresos. Haría falta desarrollar infraestructuras, sistemas de almacenamiento y toda una red de empresas que trabajen en la extracción y el procesamiento del colágeno. Por otro lado, yo creo que sí, que puede abrir una línea interesante con este proyecto. No obstante, como ocurre en otros ámbitos de la investigación, los avances requieren tiempo, pero apunta a que esta línea puede generar innovación y transferir conocimiento útil a la sociedad.

Doctor Valero-Rodríguez, biólogo marino e investigador: «Los mayores impactos humanos se ven en los ecosistemas costeros porque es donde vive gran parte de la población mundial»

El investigador reivindica el papel de las algas y plantas marinas, porque sin ellas eventos como grandes tormentas arrasarían las playas

El doctor Valero-Rodríguez haciendo trabajo de campo en una zona costera. Foto: Aistė Klimašauskaitė 

Las vacaciones de Semana Santa están al caer, por lo que las zonas de costa pronto estarán llenas de bañistas y turistas. Sobre todo en la cuenca mediterránea, que suele ofrecer sol y buenas temperaturas en estas fechas. De la provincia de Alicante, concretamente de Crevillente, es originario Juan Manuel Valero Rodríguez, biólogo marino que lleva más de 10 años estudiando el impacto de diversas actividades y procesos en costa. Ha trabajado en España, Australia y Noruega, ahondando en los efectos de la presencia humana en ecosistemas locales y tiene varias publicaciones centradas en algas, piscifactorías y otros animales del litoral.

En términos de ecología, se habla mucho de “impacto”. ¿Podría definir que se considera impacto costero?

Un impacto es cualquier acción que afecta de modo negativo al conjunto ecosistémico de un lugar. En este caso concreto en costa.

¿Qué tipo de acciones o actividades generan impacto en las costas?

Algunos ejemplos incluyen las actividades de pesca, con el asociado consumo de combustible y contaminación, o el impacto turístico en la línea litoral por las aglomeraciones.

Esto conlleva, por ejemplo, un incremento de la actividad de plantas de tratamiento de agua que expulsan sus residuos en un sumidero a cierta distancia de la línea de costa, la cual, dependiendo de las mareas, puede verse afectada igualmente.

Ha mencionado el impacto turístico por aglomeración de personas. En breve las playas se llenarán de bañistas por vacaciones de Semana Santa. ¿Hay un efecto visible de esto en la costa o hay que llevar muestras al laboratorio para ver su impacto?

Ambos. En el primer caso, si hay una línea de costa congestionada y hay animales que necesitan de cierto aislamiento para su desarrollo, genera un impacto visible. Hay tortugas, en costas tropicales, que necesitan la playa totalmente desierta para anidar, para poner sus huevos. Pero se irán si hay turistas bañándose.

En el mar Mediterráneo, tenemos disminución de especies asociadas a la presencia humana. Por ejemplo, algunos bivalvos en playas del Pinet y otras playas de la región alicantina.

Los bivalvos, ¿son almejas?

Almejas, sí. “Chapinitas” que se llaman en el Levante. Tengo testimonios directos, de familiares. Mi padre solía veranear ahí muchas veces y las había en abundancia. Ahora casi no se encuentran o las hay en muy pequeña proporción.

Hay un impacto claro por la actividad humana, la aparición de pescadores furtivos, tanto de moluscos como de especies piscícolas… Los impactos de los que hablamos también pueden verse reflejados ahí.

Además, hay otras actividades asociadas a línea de costa como el establecimiento de acuarios. El ejemplo más famoso es el de Mónaco. Un técnico, limpiando los tanques del acuario, acabó vertiendo al mar el alga Caulerpa taxifolia. Esta alga no es autóctona y ha ido desplazando a las demás, invadiendo el Mediterráneo. En la actualidad ya ha ocupado más de 190 km de costa.

Respecto a las algas, en su investigación actual, está analizando la relación entre las poblaciones de algas y el cambio climático. ¿Por qué son importantes las algas?

Las poblaciones algales de costa, algunas de ríos también, son en principio el primer eslabón de lo que sería la cadena trófica marina. Es decir, si no tenemos algas en las que puedan vivir especies de peces, moluscos o artrópodos, es imposible que esas especies cumplan su función en la cadena trófica y puedan alimentar especies de interés humano, por ejemplo, salmones, merluza, etcétera.

Si no tenemos una biodiversidad saludable en las zonas de costa, por asociación todas las especies se verán afectadas y en última instancia repercutirá en el ser humano.

¿Y qué papel juega en esto el cambio climático?

Ciertos fenómenos atmosféricos, como las olas de calor, se van haciendo más y más comunes. Hay organismos en costa, como algas de litoral, que tienen un sistema termorregulador con límites de tolerancia. Esos límites pueden verse afectados cuando hay una ola de calor y disminuir la capacidad de estos organismos para regularse.

Por ejemplo, no es lo mismo que un alga determinada sufra una hora de calor en un verano, que sufra cinco seguidas con solo dos días de distancia entre ambas. Eso sucede mucho en el sur, en el Mediterráneo, pero vemos como poco a poco va subiendo en latitud. Incluso en Noruega se están viendo ahora efectos en costa.

Las grandes lluvias que hemos podido ver últimamente, por ejemplo la Dana en Valencia del año pasado, ¿afectan este tipo de eventos a los ecosistemas costeros?

Sí, y afecta a muchas actividades humanas asociadas a costa también. Como ejemplo, a nivel ecosistema, si llegan al mar aguas cargadas de sedimentos y otros materiales, aumenta su turbidez, por lo que llegará menos luz al fondo. Por lo tanto, tendremos menor producción tanto de fanerógamas, que son plantas marinas, como de algas, porque ambas usan la fotosíntesis para proveerse de energía.

De las actividades humanas afectadas, tenemos el turismo, por supuesto, pero también hay otras a nivel económico que son bastante importantes para un país. Por ejemplo, la acuicultura. Un fenómeno como un temporal, puede llevar asociado a un movimiento de oleaje bastante alto. Muchas estructuras de las jaulas de acuicultura están diseñadas para soportar un cierto nivel de estrés. Si se llega a ese nivel o se sobrepasa, es probable que estas jaulas acaben con daños y esto puede ocasionar desde roturas de la estructura hasta la pérdida del cultivo.

Playa abarrotada. Foto: Pierre-Laurent Durantin para Pixabay.

En relación con los impactos visibles. Lo primero en que se suelen fijar los bañistas es en las algas sobre la arena de la playa y flotando en la orilla. ¿Podría deberse su presencia al impacto de la actividad humana?

Sí, desde luego. Uno de los efectos más patentes de la actividad humana en la costa es el incremento de nutrientes. Por ejemplo, cuando descargan las plantas de tratamiento de aguas, pueden tener un nivel de nitrógeno y fósforo elevado. Lo cual implica reservas para crecimiento y reproducción de algas, así se generan los llamados blooms o explosiones de crecimiento de este tipo de organismos. Estos fenómenos tienen un efecto nocivo a nivel paisajístico y son un riesgo para la biodiversidad. Cuando un alga concreta crece mucho más rápido que otras, puede llegar a monopolizar el espacio y acaparar la luz solar.

Se sabe que este tipo de impactos van a ir en aumento en un futuro, porque cada vez hay más gente viviendo en línea de costa. De hecho, los mayores impactos humanos se ven en los ecosistemas costeros porque es donde vive gran parte de la población mundial.

No es por desconfiar, pero ¿hay alguna forma de saber si las algas que llegan a la playa están ahí por causa de impacto humano?

Sí. Cuando los nutrientes que las algas utilizan para su crecimiento tienen origen humano, contienen un isótopo que es distinto de los de origen natural, son diferencias a nivel de su composición atómica. Por ejemplo, los isótopos 14 y 15 del nitrógeno. Ciertas herramientas científicas nos ayudan a, si no determinar cuál es la fuente concreta, sí el origen primigenio de las mismas. La literatura científica es amplia al respecto.

Hemos hablado de lo importante que son las algas y el efecto negativo que la actividad humana puede causar en su ecosistema. ¿Dejaremos de oír quejas sobre ellas algún día?

Lo cierto es que es irónico. Normalmente las personas se quejan de la presencia de las algas en playa, cuando son estos mismos organismos los que se aseguran de que su estado sea óptimo. Si no hubiesen algas o plantas en costa después una tormenta lo más probable es que ciertas playas desaparecieran. El arribazón, las algas y fanerógamas (plantas marinas) forman parte de la playa misma, sirven como barreras cuando el oleaje se lleva la propia playa y mantienen su estructura. Hay mucha gente que dice: «¿por qué no limpian la playa?». Bueno, quizá debamos pensar en cómo limpiar lo que se origina por nuestra causa.