La fauna superviviente de Chernóbil

La vida se regenera después de la mayor catástrofe nuclear de la historia.

Antes de leer os invito a hacer un rápido juego previo.

Escuelas y parques sin vida, una noria eternamente parada y muñecas rotas y desnudas en las que una vez fueron camas. Hierros oxidados por el paso del tiempo, unos cochecitos que nunca llegaron a funcionar, y una gran pila de recuerdos olvidados. Así se encuentra actualmente Prypiat, vaciada de todo rastro de vida humana. Una ciudad fantasma.  

El 26 de abril de 1986 algo cambiaría para siempre en esta pequeña localidad situada al norte de Ucrania. A las 01h23 local, el reactor 4 de la central de Chernóbil, situada a tan solo 3 kilómetros, explotó debido a un error de manipulación, provocando emisiones radiactivas equivalentes a unas 200 bombas de Hiroshima y contaminando a gran parte de Europa. La mayor catástrofe nuclear de la historia de la humanidad se saldó con la muerte de miles de personas y la evacuación de otras tantas, que nunca regresaron a sus hogares. Las autoridades evacuaron un área de un radio de 30 kilómetros alrededor de la central y que incluía a Prypiat: la zona de exclusión.  Más de treinta años después, la naturaleza de Chernóbil ha recuperado lo que era suyo.

Imagen de los cochechitos de la feria local que esperaba ser inaugurada. Fuente: National Geographic

Un paisaje apocalíptico que sirve de paraíso natural a multitud de especies que han logrado ganarle el pulso a la radiactividad.  Alces, corzos, ciervos y lobos, entre otros, campan a sus anchas. “Hace diez años, era como un pueblo invadido por el bosque. Hoy es como un bosque que se ha tragado unos cuantos edificios”, explica Jim Smith, investigador de la Universidad de Porthsmouth (Reino Unido), que lleva años estudiando las consecuencias del desastre de Chernóbil.

Tras la catástrofe

La liberación de miles de átomos radiactivos, los radionucleidos, desencadenó en los organismos vivos una lucha a la que aún se enfrentan sus células. La radiación produce roturas en el ADN, bien directamente o a través de la aparición de radicales libres, que son ´trozos de moléculas´ que quedan a la deriva y son tóxicos pues destruyen a su vez más moléculas. Aunque existen mecanismos celulares para reparar los daños producidos en el material genético, altas dosis de radiación provocan la irremediable muerte de las células y los tejidos. Es como si una ráfaga de balas atravesara a los organismos.

En los días posteriores al accidente, se encontraron miles de cadáveres de insectos y restos de flores y vegetales en la zona de exclusión. Miles de pinos murieron adoptando una coloración rojiza que le da nombre al conocido como ´bosque rojo´. Según la Organización Mundial de Salud (OMS), murieron unos 9.000 animales, mientras que Greenpeace predice una pérdida de 93.000 de ellos.
Una multitud de animales domésticos, en los meses siguientes, nacieron con anomalías y malformaciones que han suscitado el interés de miles de curiosos y han servido a la industria de la ciencia ficción y a muchos mitos que se han creado en torno a esta cuestión. Y no son los pocos los estudios que avalan el aumento de las tasas de mutación en toda la fauna. Solo cuando las dosis de radiactividad no representaban una amenaza real para sus vidas, la fauna ocupó su hábitat anterior.

Modelo de un cuerpo de perro mutante. Fuente: Museo Nacional de Chernóbil, Kiev, Ucrania.

En la actualidad

Chernóbil se encuentra actualmente en una fase conocida por los científicos como ´fase de radiactividad crónica de dosis bajas´. Aunque las dosis son menores que las de años anteriores, siguen siendo miles de veces superiores a las normales en las zonas más contaminadas. Solo para hacerse una idea, la cantidad de radiación que recibe un individuo durante 10 días en esa zona es semejante a la cantidad de radiación que recibe un estadounidense en todo un año.

“La actividad humana parece dañar más los ecosistemas que un accidente nuclear”

La radiación, sin embargo, no es un obstáculo para la vida. La zona de exclusión está habitada por numerosas especies de animales salvajes; algunos ni siquiera vivían en la zona antes del accidente.  Todos ellos vagan libremente, acompañados de una vegetación exuberante que inunda las inmediaciones de la central y en un lugar totalmente inhóspito donde nadie podría imaginar que la vida fuera posible.

La vegetación florece en los lugares menos esperados. Fuenfe: National Geographic

«La amplia gama de animales que prosperan dentro de la zona evacuada por los humanos tras el accidente nuclear de Chernóbil ilustra la capacidad de recuperación de las poblaciones de fauna silvestre cuando se ven liberadas de las presiones de las actividades humanas», afirma Jim C. Beasley, investigador de la Universidad de Georgia (EE.UU.). De hecho,  el número de grandes mamíferos, incluyendo alces, corzos, ciervos rojos, jabalíes y lobos es similar a los de cuatro reservas naturales de la región, no contaminadas.

“La actividad humana parece dañar más los ecosistemas que un accidente nuclear”, sentencia Smith, en la misma línea. “Esto no quiere decir que la radiación sea buena para los animales, sino que las consecuencias de la ocupación humana, la caza, la agricultura y la silvicultura pueden ser mucho peores”, matiza. También sugiere que “es muy probable que las poblaciones de fauna salvaje actuales sean superiores a las existentes en la zona antes del accidente de la nuclear”. El lince europeo y el oso pardo europeo no habían sido vistos en la región desde hacía casi un siglo y los lobos alcanzan niveles poblacionales siete veces mayores en comparación con reservas no contaminadas por la lluvia nuclear.

Una gran cantidad de fungicidas y pesticidas fue extendida por los campos de los alrededores de Chernóbil durante los años anteriores al accidente. La contaminación química llegó a su fin en abril de 1986. Además, los bosques industriales de los aledaños de la central estaban sometidos a un férreo control por parte de los agricultores. Aquellos árboles que parecían enfermos eran inmediatamente talados para evitar la propagación de la enfermedad. «Desde el accidente, hay muchos árboles enfermos y muertos», asegura el científico Schargai Gassac. A juicio de este experto estudioso de las consecuencias del ser humano en los hábitats, paradójicamente, esta es la causa del aumento de la biodiversidad en los bosques: «Murciélagos, insectos, aves y mamíferos viven en los árboles viejos y huecos”, apunta.

Ejemplar de lobo gris europeo rondando por las inmediaciones de la central. Fuente: Sergey Gashchak

Por su parte, Anders Moller, miembro del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, critica que Chernóbil sea un paraíso natural, y afirma que este supuesto “se basa únicamente en informes anecdóticos; no en estudios empíricos”. Un estudio de 2009 liderado por este investigador reveló que el número de abejas, mariposas, arañas, saltamontes, y otros invertebrados, había disminuido en mayor medida en lugares contaminados con respecto a otras áreas. El estudio concluye que las especies de estos animales que vivían cerca del reactor nuclear de Chernóbil presentan más deformidades, incluidas la decoloración. «Normalmente los animales (deformados) son devorados con rapidez y es difícil escapar si tus alas no tienen el mismo tamaño», explicó Moller y añadió: «En este caso, encontramos un alto índice de anomalías en animales deformados». Algunas especies desarrollan conductas anormales. En el caso de las arañas, por ejemplo, tejen telas erráticas y tienen más y distintas manchas que otras de su mismo género en otra localización.

Más animales, pero radiactivos.

La realidad es que, independientemente de las alteraciones causadas por la radiación, los alrededores de Chernóbil son el hogar de una rica fauna de mamíferos. Es de esperar que esta fauna ingiera, a través de la cadena alimenticia y de su contacto con el suelo contaminado, miles de átomos de cesio y estroncio a diario. Los animales de Chernóbil son animales radiactivos, a pesar de su buen aparente estado de salud.

“Lo sorprendente es que los animales están logrando sobrevivir y multiplicarse con este enorme número de mutaciones”

Los ratones, a pesar de registrar altos niveles de radiactividad, mantienen una apariencia totalmente normal.  En 1995, un grupo de investigadores estadounidenses de la Universidad de Georgia detectó 46 mutaciones al analizar un gen en nueve ratones que se hallaban dentro de la zona restringida de 30 kilómetros, frente a sólo cuatro mutaciones en 10 roedores recogidos más lejos. “Lo sorprendente es que los animales están logrando sobrevivir y multiplicarse con este enorme número de mutaciones”, dice Ron Chesser, jefe del grupo. ¿Cómo son capaces de vivir y reproducirse como si nada estuviera ocurriendo en su interior?

La respuesta a la pregunta anterior no es fácil. Una posible podría ser que “se encuentran en el límite de lo que pueden tolerar”, explica Chesser. Sin embargo, la explicación más aceptada es que la radiactividad en Chernóbil sigue un patrón desigual, con zonas contaminadas que lindan con no contaminadas. Con la lluvia, los radionucleidos de la nube nuclear cayeron en algunas regiones, algo que no sucedió en aquellas zonas donde no llovió. Por tanto, todos los animales no se ven igualmente afectados.

Una rica fauna habita la zona. Fuente: National Geographic

El accidente de Chernóbil ha convertido la zona en un ´laboratorio´ de gran interés científico donde es posible estudiar los efectos a largo plazo de la radiación sobre la vida.  La enorme presión radiactiva ha provocado adaptaciones en animales que habitualmente se observan tras muchas generaciones. “Ha habido muchos experimentos de laboratorio sobre los efectos de la radiación en animales y plantas, pero estos suelen ser bastante a corto plazo. Chernóbil nos permite estudiar los efectos en los animales después de años de exposición a la radiación”, explica Smith.

Por su parte, Tom Hinton, profesor de la Universidad de Fukushima, manifiesta que los resultados del análisis de la biodiversidad en Chernóbil “pueden ayudar a comprender el potencial impacto ambiental a largo plazo del accidente de Fukushima”.

La adaptación a lo extremo

Chernóbil es un ejemplo más de que la vida se abre paso en las condiciones más extremas. El extremo calor de unas aguas termófilas o las gélidas temperaturas de la Antártida sirven de hogar a diferentes especies que utilizan complejas estrategias de adaptación. La radiactividad no iba a ser menos. Las estrategias de la vida de Chernóbil para enfrentarse al enemigo invisible de la radiación no dejan de ser espectaculares. Algunas especies de plantas son capaces de adaptarse reteniendo la radiación en el tallo o en sus hojas, para evitar la propagación a las semillas.

No menos llamativas son las estrategias de las golondrinas. Timothy Mousseau es profesor de la Universidad del Sur de Carolina y desde 1999 estudia las consecuencias de la contaminación radiactiva sobre las poblaciones de aves, insectos y humanos de la región de Chernóbil, y las diferencias en la sensibilidad a la radiactividad en distintas poblaciones. Los trabajos de Mousseau determinaron que las golondrinas utilizan antioxidantes para combatir la multitud de radicales libres de las zonas más contaminadas. Cuando las golondrinas se quedan sin antioxidantes, los radicales libres destruyen sus tejidos, haciendo visibles los efectos de la radiactividad. Malformaciones como picos deformes o plumaje poco desarrollado, entre otras, fueron encontradas con frecuencia. Así mismo, Mousseau observó especies de estas aves que mostraron mejor capacidad de adaptación y menor daño a nivel genético que otras.

Vuelo de una golondrina en una zona contaminada.
Fuente: El Heraldo

Durante los últimos 31 años, hay poblaciones enteras de golondrinas que han desaparecido, pero las pocas que han sobrevivido son más resistentes. Un equipo internacional liderado por la investigadora Magdalena Ruíz-Rodríguez, de Almería, ha comprobado muy recientemente que ciertas poblaciones de golondrinas que viven en las zonas más contaminadas de Chernóbil presentan una mayor resistencia ante distintas bacterias, en comparación con otras poblaciones de golondrinas que viven en zonas menos o no contaminadas. “Las presiones selectivas en las zonas contaminadas con radioactividad fueron tan altas que sólo aquellos individuos que fueron capaces de sobrevivir a las nuevas condiciones pudieron mantenerse con vida y reproducirse”, apunta la investigadora.

Y así es como se encuentra actualmente Prypiat: vaciada de todo rastro de vida humana, pero rebosante de vida animal y vegetal.  Una fauna y una exhuberante vegetación que ve correr la radiación por su interior pero que ha sabido adaptarse a lo más extremo, sin la presencia del ser humano. Un misterio de la vida que aún los científicos tratan de comprender y una herida aún abierta que recuerda el terrible poder destructivo de nuestra especie. 

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2 pensamientos en “La fauna superviviente de Chernóbil

  1. Pienso que la explosión de la naturaleza, posterior a la nuclear, nos obliga a pensar que hay interés económico en hacernos creer que la energía atómica en su destrucción inmediata se continua con el tiempo. Hay otras matrices energéticas consideradas tolerables y son altamente perjudiciales, pero de eso no se habla ni se muestra.

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